Archivo de Noviembre 2007

SEMANA DEL 26/11 AL 1/12 EN CINECLUBES

Noviembre 26, 2007

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

 

Miércoles 28 de noviembre, a las 20.30hs:

Día noche, día noche, de Julia Lotkev, EE.UU., 2006.

91 minutos / No recomendada para menores de 13 años.

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Anna, de Alejandro González Iñárritu, México, 2007 y Artaud: Doble entrada, de Atom Egoyan, Canadá, 2007.

Día noche, día noche, la inquietante opera prima de Julia Loktev sobre una adolescente que decide inmolarse en Times Square a plena luz del día, elude el lugar común y humaniza la figura del terrorista sin por ello justificarlo. El film de Loktev es prácticamente mudo, aunque materializa la determinación y el dolor de quien decide matarse en nombre de una causa política, jamás develada en la película y cuidadosamente desmarcada del Islam (excepto por una escena menor), aunque sí vinculada al fundamentalismo religioso. Y si en apariencia los últimos 40 minutos de película giran en torno a una posible explosión, Día noche, día noche, paradójicamente, se convierte en una exploración vital y colorida de los actos cotidianos y la vida cosmopolita de una ciudad, así como también se descubre una solidaridad disponible y sorprendente entre quienes conviven en la Gran manzana. Estéticamente prodigiosa, los primeros planos se combinan con una concepción del sonido específica, y en esa amalgama Lotkev dota a algunas de sus escenas un suspenso casi existencialista. La música de la película es la ciudad, el multilingüismo y el pulso sonoro de la calle. Las manos y los rostros son los protagonistas. Cada detalle es un mundo. También hay una elección sobre los tonos, decisión que acompaña los estados de ánimo de la protagonista. Así, el sabor y color de una manzana, por ejemplo, puede convertirse, para quien mira, en una experiencia transcendental. Día noche, día noche deja constancia de que New York sigue siendo vulnerable. ¿Quién puede imaginar a una niña de 15 años a punto de dinamitarse?  (Roger Koza, programador)

CICLO DE CINE MUDO A LAS 18.45HS: La pasión de Juana de Arco, Carl Theodor Dreyer, Dinamarca-Francia, 1928.

LA FALDA: RESTAURANT UGOLINO, 9 DE JULIO 407

 

Jueves 29 de noviembre, a las 20.30hs:

TL-1: mi reino por un platillo volador, de Tetsuo Lumiere, Argentina, 2005.

115 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El secreto de la trompeta, Javier Fesser, España, 1995.

La película argentina más bizarra de los últimos tiempos es una cruza entre Buster Keaton, Chaplin, y especialmente Ed Wood, pero  también remite al universo televisivo de Chachacha (y Todo por dos pesos),  aunque sin el difuso cinismo de aquel programa característico de los 90. TL-1 pertenece al género del mock-documentary, es decir, una suerte de documental biográfico falso y en joda sobre un personaje que se llama Tetsuo Lumiere (nombre artístico del realizador y guionista de esta película), cuyo único sueño es hacer una película sobre una invasión extraterrestre en la ciudad de Buenos Aires. Su modelo es La guerra de los mundos de Byron Haskin, aunque su pasión cinéfila remite al cine mudo característico de la primera década del siglo XX. TL-1 es un film lunático e impredecible, en el que todos los personajes intentan contar la historia de este prodigio del cine clase b, aunque TL-1 es, esencialmente, una película sobre la pasión desmedida de hacer algo que uno ama sin que nada lo pueda detener. Éxito en el MALBA  de Buenos Aires durante el año 2006, el filme de Tetsuo Lumiere es un verdadero platillo volador en la constelación del cine argentino, aunque su humor y creatividad sobrepasan el contexto nacional. Cine clase b del mejor; cine legítimo, divertido, singular. (Roger Koza, programador)

ROSENBAUM Y EL CANON CINEMATOGRÁFICO

Noviembre 21, 2007

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  Por Roger Alan Koza

En la historia de la crítica de cine hay nombres que han dejado o dejarán una impronta. Los escritos de Bazin, por ejemplo, han alterado nuestro modo de escribir sobre cine, pero, esencialmente, han cambiado nuestro modo de ver cine. Lo mismo se podría decirse de Serge Daney. Si Bazin postuló una ontología de la imagen y con ello definió al cine en su función de recoger el tiempo en su duración, Daney fue quien supo comprender a fondo la relación entre el espectador y la imagen. Su pregunta de cómo uno debería aproximarse y acercarse a una imagen puntualiza el secreto del cinéfilo y precisa la tarea del crítico.

A diferencia de Bazin y Daney, Rosenbaum está vivo y en plena actividad. Su columna semanal en el Chicago Reader, desde que está disponible en la Internet, es un lugar obligado de lectura para todos aquellos que no viven en Chicago pero que entienden que la mirada de este crítico, siempre curioso y dispuesto a polemizar con la ortodoxia cinematográfica, es vital y lúcida para entender el cine en la actualidad.

Rosenbaum ha intuido desde el inicio de su carrera como crítico y amante del cine una concepción del cine en donde éste es un sistema abierto de conocimiento, un suplemento del mundo. La vieja idea de Langlois, la del cine como la universidad del pueblo, bien condensa parte del trabajo de Rosenbaum, aunque también su trabajo ha sido político, si se entiende por ello el esfuerzo constante de su escritura por dar visibilidad y hacer público un cine que queda relegado de la selección no natural del mercado,

Rosenbaum es uno de los pocos críticos que ha advertido el problema del canon en toda su profundidad, algo que excede las listas anuales de las 10 mejores películas propiciadas por las revistas especializadas. Se trata de pensar, elegir y promulgar un conjunto abierto, compuesto por películas desmarcadas de una tradición específica, siempre revisable y propenso a ser retomado para cambiarlo, que puedan entonces delimitar y dar cuenta de qué es el cine.

Nuestro diálogo comenzó una noche en Mar del Plata, en marzo del 2006. Quintín y Flavia de la Fuente estaban también presentes, Empezamos hablando de dos cineastas, cuyas películas, lógicamente, podrían formar parte de un canon alternativo. Eran dos mujeres, una rusa y otra iraní: Kira Muratova y Forough Farrokhzad. Gracias a Rosenbaum conocí a ambas realizadoras. Y es, en definitiva, lo que verdaderamente importa cuando se trata de la conformación del canon: descubrir y difundir películas no muy conocidas que pueden afectar y expandir nuestra percepción del arte cinematográfico.

RK: Veo un tipo de lógica secreta (o no tan secreta), si uno sigue los últimos libros que usted ha publicado. Desde Guerras del cine y el libro sobre Kiarostami de título homónimo, pasando por Movie Mutations hasta llegar a su Essential Cinema, toda su obra recientemente publicada parece estar dedicada a problematizar el concepto de canon. ¿Por qué debemos interesarnos por este concepto de reigambre religioso, confiscado por la estética, y más precisamente apropiado por la crítica literaria? ¿Cuál es la relevancia de pensar acerca del canon dentro del campo específico del cine?

J. Rosenbaum: Una de las razones, que tiene cierto peso en la actualidad e implica una nueva situación para el cine, es la inesperada disponibilidad de cientos de títulos, ahora editados en DVD, que no solían estar al alcance del espectador común. Esto es novedoso para la propia historia del cine. Potencialmente, el público, desde cualquier parte del mundo, puede acceder a cientos de películas, y subrayo el carácter potencial debido a los precios de los DVD que son a veces excesivamente caros. Y la consecuencia inmediata es que el espectador puede quedar abrumado a la hora de elegir debido a un exceso en la oferta. Por lo tanto, creo que brindar una orientación se vuelve una tarea importante, pues se tiene demasiadas opciones.

Otra de las razones, y quizás debería haber empezado por ella, que me acompaña desde el nacimiento de mi interés por el cine, es que para mí siempre ha sido muy importante la confección de listas de las mejores películas. Y he escrito cuán importante y educativo fue en su momento la lista de los críticos de la revista inglesa Sight and Sound sobre los diez mejores films, que empezó en 1962 y coincidía con el despertar de mi interés por el cine.

Irónicamente, cuando recuerdo aquel tiempo, la situación no era muy diferente a la actual. Quiero decir que cuando el cine empezaba a cautivarme, los libros de cine en inglés prácticamente no existían. Por supuesto, uno podía leer The Liveliest Art, de Arthur Knight, The Film Till Now, de Paul Rotha, The Rise of the American Film, de Lewis Jacobs. Recién se publicaban los libros de James Agee, y esto era todo lo que había. Por lo tanto, si uno quería aprender y cultivarse, la situación no era precisamente ideal.

 

Como muchos cinéfilos, tras ver por primera vez El ciudadano Kane quedé fascinado. Quise entonces saber qué decía Arthur Knight, quien afirmaba: “En fin, un típico film que impresiona a la audiencia que nada sabe de cine. En verdad, se trata, en términos cinematográficos, de una película nula”. Y luego leí The Film Till Nnow, en una nueva edición en manos de Richard Griffiths, y era tan solo un ataque contra El ciudadano Kane. Y así no pude hallar ningún análisis favorable.

En la actualidad, hay muchos libros en dónde buscar y constatar. Pero, nuevamente, puede que haya demasiados. Por consiguiente, se repite paradójicamente la misma situación: estamos entre la insuficiencia y la profusión. Poco o mucho para elegir. Por esta razón, se vuelve relevante intentar ofrecer una especie de guía.

Hubo un artículo que publiqué en el Chicago Reader que resultó ser el más leído. Se trataba de un ataque a la lista de las 100 mejores películas estadounidenses propuesta por el American Film Institute (AFI). Entendí que esto importaba a muchos lectores, pues había una respuesta ostensible a mi cuestionamiento. Así que decidí capitalizar todo eso de un modo diferente. En términos hollywoodenses: mi libro Essential cinema es una suerte de secuela de aquel artículo.

RK: De todos modos, usted ha ido un poco más lejos, pues si bien ha escrito una lista alternativa sobre las 100 películas más importantes de los Estados Unidos, una réplica que propone otro canon al celebrado por la AFI,  usted ha dado un paso más allá y ha intentado concebir una lista de películas representativas del cine mundial. En ese sentido, a diferencia de Harold Bloom y su archiconocida obra El canon occidental, libro seminal en el campo de la literatura, el suyo excede el dominio de Occidente. Además, visto desde una perspectiva cultural, esto parece ser una elección extraña para un crítico estadounidense.

JR: Sí, primero propuse una lista alternativa a la que consagró la AFI. Respecto a mi lista propuesta en Essential Cinema: Por supuesto, como ocurre con los estadounidenses, yo podía  ser acusado de querer conquistar el mundo entero. Así que de entrada sabía que buscaba un canon más allá de la visión chauvinista propia de muchos colegas. Quizás por ello mantuve un debate amigable con Adrian Martin hacia el final del intercambio epistolar que constituye Movie Mutations. Martin sostenía que los críticos occidentales suelen imponer sus propios parámetros críticos sobre las culturas foráneas. Parte de nuestra discusión giraba en torno a un film de Tsai Ming liang, ¿Qué hora es allí? Todo lo que puedo decir es que solemos cometer errores cuando pensamos y hablamos sobre películas extranjeras, pero eso no implica que no podamos aprender sobre éstas. Es un primer paso, aunque cometamos errores. Y claro está que soy un occidental. Y eso refleja mis elecciones.

Pero al mismo tiempo, me gusta pensar que, gracias a la cultura en la que estoy interesado y que Movie Mutations en parte intenta promover, vivimos en una especie de cultura global. Cuando se vive en una cultura semejante resulta vital y fundamental poder saber y ver a través del cine qué está aconteciendo en el mundo. Pues no tenemos muchas opciones, ya que no hay otros canales confiables de aprender respecto de lo que hoy está sucediendo en el mundo.

Por eso, uno de los grandes problemas de la actualidad, propios de los países más grandes e importantes, como Rusia, Estados Unidos y China, es que éstos terminan encerrados y circunscriptos a sus propias dificultades. Y por lo tanto, no son capaces de divisar otras problemáticas y otros países. Lo que lleva a una situación peligrosa si se tiene en cuenta el estado actual de nuestro mundo. Esto se refleja en cómo se ha percibido desde un inicio la guerra con Irak. Una comprensión errónea que jamás alcanza la posibilidad de reconocer la propia ignorancia. Lo que es mucho peor. Si de pronto alguien se detuviera y dijera “fue un verdadero error, no entendimos nada”, pero los estadounidenses nunca admiten nada. Y esa es la razón por lo que me violenté y me opuse enfáticamente a la última película de Terrence Malick, El nuevo mundo. Allí se postula: todavía tenemos que ser mucho más inocentes; algo que me enfureció.

RK: Essential cinema parece estar organizado bajo dos conceptos que enmarcan sus elecciones a la hora de proponer finalmente un canon internacional: en primer lugar, una preocupación ostensible por obtener un mayor conocimiento del mundo a través de las películas, un querer saber más sobre la realidad; en segundo lugar, las películas también deben ofrecer cierto placer y producir en el espectador una legítima satisfacción. Placer y realidad, acaso dos principios elementales de cómo nos podemos orientar respecto de las películas.

JR: Me gusta utilizar los términos placer y edificación. Pero suele ser más interesante cuando la edificación también es placer, algo que ocurre en muchas ocasiones. Hay que señalar que no se trata de dos actitudes opuestas sino de dos aproximaciones distintas que redefinen por qué vamos al cine. O por qué deberíamos ir al cine.

RK: Debido a que el cine es un arte y no un mero entretenimiento.

JR: El cine proporciona información.

RK: Me gustaría que pudiera definir un poco más el término  información, puesto que en español el vocablo información no parece denotar el mismo significado.

JR: Es cierto. Se trata de un uso poco habitual. Al hablar de información quiero decir educación. Así concibo mi trabajo como crítico en el Chicago Reader, pues lo que intento hacer es reunir y comunicar información sobre las películas que pueda ayudar al lector a tomar una posición crítica e inteligente respecto de ellas. Dar un tipo de información necesaria para que se pueda pensar lo que vemos.

Esto tiene una consecuencia inmediata respecto a la conformación del canon. El obstáculo a traspasar es, precisamente, el exceso de un clase de información que no es otra cosa que publicidad encubierta. El público, por momentos, no puede distinguir entre información y publicidad. De ese modo, parte de la función de la crítica es ayudar a mantener esta distinción. Y no es una tarea fácil, ya que el sistema de promoción y manipulación de los grandes estudios distorsiona y también excluye información relevante.

En este sentido fue paradigmático el caso del film Rosetta, de los hermanos Dardenne. Lo más significativo acerca de esta película era que la ley laboral sobre adolescentes de Bélgica había cambiado debido a la película. En el material de prensa de la compañía que distribuía el film en los Estados Unidos nada se decía respecto de ello; quizás no lo sabían. Y si lo hubieran sabido, probablemente tampoco hubieran dicho algo. Y esto es importante.

A menudo, se dice en la academia que aquello que decimos y escribimos debe estar vinculado y fundamentado ante algo constatable y objetivo. Y aun cuando la crítica es siempre subjetiva no significa que por ello no deba nuestro discurso relacionado con algo verdadero. Y por eso sostengo algo que he pensado desde siempre: la información que se debe ofrecer no es solamente de las películas, sino de su relación con el mundo, o cómo las películas hablan y montan un discurso del mundo. En algún sentido, esto es lo más importante para un crítico.

RK: De cierta forma, lo que usted está diciendo se relaciona con algo que ha afirmado el cineasta y crítico Olivier Assayas en una entrevista realizada por Mark Peranson y publicada en Cinemascope hace unos años. Assayas dice que las películas componen y exponen, de algún modo, el inconsciente de nuestra vida simbólica. Me parece que usted intenta clarificar críticamente ese inconsciente, si así se puede decir, tanto para sus lectores comunes como también para los cinéfilos.

JR: Así es. Pienso que esto es así desde mis comienzos, lo que ya se esbozaba en mi primer libro Moving places, en donde sostenía la tesis que las películas afectan, nos guste o no, el modo en el que vivimos. Y por lo tanto es conveniente dejar de ser un recipiente pasivo en este proceso que hacemos con las películas o las películas hacen con nosotros, y tomar un rol activo. Y es en ello en donde se puede definir la tarea de la crítica.

RK: Es decir, se trata de invalidar, ese dicho frecuente y abiertamente cínico, “es tan solo una película”. Su tesis valida un camino opuesto.

JR: Es tan solo una película… Sí, de hecho, termina siendo una suerte de chiste o situación paradójica. Tantas veces he recibido cartas de lectores diciéndome que “no insista ni me preocupe, pues es tan sólo una película”. Y mi respuesta es siempre la misma: “Y entonces  por qué se preocupa tanto en decírmelo”.

RK: Como sucede en la mayoría de los países, el publico ve esencialmente películas estadounidenses. Casi que el cine termina siendo un equivalente al cine que se produce en su país. Esto lleva implícito un sistema de validación sobre lo que es o no el cine. Y allí el Oscar tiene un papel preponderante. El Oscar como un sistema de consagración y legitimación de un canon determinado.

JR: Así es, aunque no solo los Oscars sino también la taquilla como argumento.

RK: Si las películas no son meramente películas, y si el Oscar y la taquilla funcionan como un criterio que selecciona lo que vemos y por tanto lo que debemos buscar y esperar de las películas, no cree que indirectamente, los Estados Unidos importa su propio aislacionismo al resto del mundo?

JR: Las dos grandes exportaciones de los Estados Unidos son las armas y su cine. Que están, de algún modo, vinculados. Son instrumentos de agresión.

RK: Hay algún tipo de películas realizadas en Estados Unidos que promuevan otro tipo de mirada sobre el cine. Todo lo que se estrena y vemos en Argentina es el cine que circula en el mercado internacional. Pero hay otro cine realizado en su país, y no me refiero con ello al mercantilizado y llamado cine independiente, que a veces sí  llega a estrenarse en nuestras salas. Por ejemplo, películas como The Mad Song of Fernanda Hussein, de John Gianvito, o An Injury to One,  de Travor Wilkerson, u otras películas de realizadores como Benning y Andersen. Aquí no llegarán a estrenarse nunca.

JR: Títulos como esos tampoco llegan a estrenarse comercialmente en mi país.

RK: ¿Aunque sean estadounidenses?

JR: Por supuesto. Como ustedes, nosotros también estamos sujetos al mismo problema. Es muy difícil saber que existen películas como las John Gianvito. Son los festivales en donde se puede ver este tipo de películas. Si no hubiera ido a festivales nunca hubiera podido ver películas como las que has nombrado.

RK: ¿La política de los autores, o su versión americanizada, la teoría de autor, ha sido un criterio de selección a la hora de confeccionar un canon provisorio como el suyo?

JR: Muchas secciones de Essential cinema sigue la lógica de la política de los autores. Un ejemplo es el capítulo de Preminger, aunque hay otras secciones, como en el caso de Mujer bonita, en el que el criterio evidentemente es otro. Depende un poco de las películas y las circunstancias. Pero la política de los autores sigue siendo una herramienta muy válida para organizar este exceso de información, como venimos diciendo, que necesita ser procesado para poder discernir lo que vemos. Así como en el pasado esta teoría posibilitó que se discutiera sobre algunas películas y realizadores que hasta ese tiempo no se tenían en cuenta. El caso de Hitchcock y el caso de Hawks, por nombrar dos grandes autores.

RK: ¿Qué rol cumplen los festivales en la formación del canon?

JR: Muy importante, es obvio, incluso tenemos una categoría, “películas de festival”, que muchas veces se utiliza peyorativamente. Pero que no se debe olvidar que la vida de estas películas se circunscribe a estos circuitos.

Peter Ward, el editor de Variety, dicho por él, un enemigo de la crítica, sostiene que la única razón por la que debe existir una película es de índole económica. Se trata casi exclusivamente de negocios. Y por tanto, los críticos son irrelevantes e innecesarios. Incluso muchas funciones de prensa se han dejado de hacer. O solamente hay funciones privadas para algunos críticos influyentes como Roger Ebert y la gente de su programa de televisión en Chicago. Así,  algunas películas obtienen una buena calificación de estos letrados del negocio del cine y ya no necesitan de otros críticos. Lo que prueba, una vez más, que no se trata de crítica sino de publicidad. El problema es que gente como Peter Ward entiende que esta situación es positiva. Lo que no se da cuenta es que el gusto es también lo que el público quiere y le gusta; está basado en lo que éste puede conocer. Y si uno controla la información por lo tanto controla también el gusto, o la apariencia del gusto. Lo que pienso es que nadie sabe lo que el público quiere. Y toda la gente que está involucrada en el negocio del cine dice ser expertos respecto del tema, intérpretes infalibles del gusto del público. En verdad, nadie sabe nada. No tienen ni idea. Es un símil de la bolsa en donde la especulación es la regla.    

RK: ¿Considera que su columna sobre DVDS en la revista Cinemascope funciona como una puesta en práctica de su teoría condesada en su libro sobre el canon cinematográfico, acaso como la difusión cartográfica de las películas que pueden ahora sí verse y podrían también conformar un canon alternativo?

JR: Es una práctica, y sí, en efecto, ello implica un ejercicio de canonización. Es complementario a mi trabajo como crítico. Utilizando algunas herramientas de mi profesión y buscando en dónde están disponibles aquellas películas que son valiosas, intento convertirme en una especie de guía del consumidor, si se quiere. Intento también señalar que existen caminos distintos para relacionarse y ver estos materiales. Y la libertad que tengo para escribir esta columna es inmejorable, lo que me permite hablar sobre el cine que más me interesa. Es distinto que cuando escribo para el Chicago Reader, en donde hay un diálogo constante con los editores y en donde no siempre puedo hacer lo que quiero. Es como un matrimonio en el que debo aceptar ciertas cosas a pesar de que no esté de acuerdo. Escribir esa columna en Cinemascope es una verdadera liberación, pues no tengo ninguna restricción.

RK: En El canon occidental Bloom reacciona y ataca a la deconstrucción y a otros métodos de análisis, pertenecientes a otras corrientes filosóficas y/o criticas, lo que él denomina en conjunto y con desprecio, la escuela del resentimiento. ¿Habría una escuela del resentimiento que funcione en el discurso crítico o discurso teórico en general acerca del cine?

JR: Existen varias versiones de corrección política. Esa es la principal crítica de Bloom. Lo que me resulta legítimo y consistente de su crítica es su señalamiento de cómo se ha tornado casi imposible enseñar literatura en las universidades de mi país. Si uno toma un curso de literatura no será precisamente un curso de literatura, del arte de la escritura.

Se trata de un tema prohibido, y que no es reconocido, probablemente, porque existe una vieja tradición en la cultura estadounidense que está en contra del arte, algo que ya estaba sugerido por Alexis de Tocqueville.

En muchos otros países y en otras tradiciones la relación con el arte es diferente. Se lo pondera, se lo ama, o en su defecto, se lo tolera. Y esto en la cultura estadounidense se lo puede comprobar, por ejemplo, en cuánto se invierte para las bandas de música militares y comparar dicho presupuesto con lo que se gasta para el resto de las artes.  La diferencia es un espanto. Así que no se trata solamente de indiferencia respecto del arte, sino más bien de un profundo desagrado y odio. Quizás esto explica por qué el arte se asocia con alguna clase social. No era así en el siglo XIX, por ejemplo. Shakespeare formaba parte de la cultura de masas, si se puede decir así. No se lo consideraba un autor difícil. Cualquier tenía ganas de ver una obra suya. Y de pronto, Shakespeare y el arte en general se convirtieron en ítems de consumo de la gente adinerada. Gente de clase media o clase alta dispuesta a pagar para ver una obra.

De todos modos, comparto las objeciones de Bloom, aunque por momentos creo que su posición se vuelve insostenible. Decir que el arte esta disociado de cuestiones políticas es un error. No tengo dudas de que uno de los problemas de la corrección política es que no es una política verdadera; es la política de la gente sin poder. Lo que resulta una parodia del control y el poder político. Se controla un nombre que se le otorga a un objeto. Puede parecer, por momentos, un poder político real, pero, en verdad, se trata de una parodia grotesca de política. Es como si se hubiera renunciado a cambiar la verdadera situación política. Y entonces todo pasa por concentrarse en la terminología.  

 

No puedo decir hasta dónde he podido profundizar y entender los lineamientos de Bloom. En gran medida porque no he leído mucho sobre crítica poética, y él, fundamentalmente, escribe sobre crítica poética. Pero leí El canon occidental. Muchas secciones me fueron de gran ayuda. Me gustó muchísimo lo que Bloom ha escrito sobre Cervantes. En mi último libro Discovering Orson Welles he utilizado algunas de sus ideas pero aplicándolas a Welles. Me parece que una de las cosas más interesantes que dice sobre Don Quijote es que el Quijote y Sancho Panza pueden ser leídos como dos personajes un poco tontos, pero juntos, los dos al mismo tiempo saben mucho más de lo que sabe el lector. Pienso que esta poderosa observación de Bloom es verdadera y sorprendente. Expande la lectura del libro y muestra por qué Don Quijote es una obra maravillosa.

Es cierto que el canon literario se establece a partir de un aprendizaje de siglos. Pero el proceso de canonización cinematográfica es distinto; por lo pronto, está muy localizado. Es un proceso que se determina en las universidades y sus Film studies, en lo que la taquilla ha impuesto, y en lo que el imperialismo estadounidense ha naturalizado. Desde los comienzos del Plan Marshall, quizás un poco antes, es cuando se establece una selección, más allá del mercado europeo.

Es obvio aunque sigue siendo importante señalar que el cine tiene una historia que pasa a penas los 100 años, a diferencia de la literatura en donde hablamos de siglos. Por consiguiente, la forma, el análisis crítico y la metodología de trabajo habrán de ser diferentes.

Por último, se podría decir que hay cierta ingenuidad académica en Bloom, cuando insiste en descartar los factores económicos de su problematización del canon. Pienso que tanto para la literatura como para el cine el factor económico tiene un lugar predominante.

* Fotos: 1) J. Rosenbaum y RK, foto de Flavia de la Fuente; 2) Ciudadano Kane; 3) El nuevo mundo; 4) Rosetta; 5) The Mad Song of Fernand Hussein; 6) Tapa del libro El canon occidental, de la editorial Anagrama.

Copyleft 2000-2007 / Roger Alan Koza

Esta entrevista aparecerá publicada en el número 5 de la revista La Rana, de próxima aparición.

INOCENCIA SALVAJE

Noviembre 21, 2007

**** Obra maestra *** Hay que verla ** Válida de ver * Tiene un rasgo redimible °Sin valor

Por Roger Alan Koza

GARREL, EL GRAN AUTOR INDEPENDIENTE

 

Inocencia salvaje, Francia, 2001.

Dirigida por Phillipe Garrel. Escrita por P. Garrel, Marc Chodolenco, Chilique Garrel, Arlette Langmann.

*** Hay que verla

Se estrena por vez primera un film de uno de los grandes cineastas franceses de los últimos 30 años, y con él se retorna a una vieja disputa teórica pero bajo un dilema moral: la política de los autores

Hubo una vez un tiempo en el que se hablaba de cine y se discutía, una época en la que existió una provocación llamada la política de los autores, un concepto compuesto que implicaba que un cineasta expresaba una mirada sobre el mundo en primera persona y que su modo de hacerlo era su concepción de la puesta en escena. Esa edad dorada de la crítica y la cinefilia, para muchos, pasó. Pero llega un filme de Garrel, y con él una invocación intempestiva: todavía existen los autores, los cineastas independientes, aunque el contexto solicita su extinción.

Hijo dilecto de la Nueva Ola francesa y admirador de Godard (también de Bresson y Eustache), el cine de Garrel de no ser casi siempre autobiográfico es por lo menos un extraño ejercicio experimental de psicodrama. Sus películas, viscerales y radicales, están plegadas de elementos personales: su vínculo con el mayo francés, su relación amorosa con la cantante Nico, una meditación constante sobre el cine y sus hacedores, tópicos que se universalizan en sus películas sin dejar de ser autorreferenciales. El cine para Garrel, como le confiesa a Francoise Etchegaray, en Phillipe Garrel, artista, es “un modo de sobrevivir”.

En esta película recién aludida, Garrel declara: “Todos los cineastas viven con la producción aventuras difíciles”. Este es uno de los problemas centrales que Inocencia salvaje habrá de abordar, pues en este cuento faústico y paradójico, un director de cine pretende hacer una película contra la heroína, y tras no hallar un productor que se interese en su proyecto termina asociado con un traficante de esa misma sustancia, interesado auténticamente en financiar su película.

El otro interés de Garrel pasa por hacer una película contra las drogas que no sea ni propaganda moralista, ni apología del consumo. Como dice su alter ego, encarnado por el escritor Medhi Belhaj Kacem a su padre en la ficción, interpretado por Maurice Garrel, lógicamente el verdadero padre de Garrel: “La droga se asocia con la rebelión. Los héroes son negativos pero son héroes, porque se rebelan o viven fuera de la sociedad”. En efecto: ¿cómo hablar sobre las drogas sin participar de ese discurso médico y policíaco que oblicuamente sanciona el placer y el derecho de los sujetos a determinar sus elecciones? En todo caso, Garrel intuye que las drogas son funcionales al sistema (y el cine, a menudo, también), una falsa rebeldía destinada al consumo, vocablo que de por sí ya revela su estéril desobediencia.

Rodada en cinemascope y en blanco y negro, el viejo colaborador de Godard, Raoul Coutard transforma cada plano en un viaje de luz; son encuadres gloriosos propios de un maestro de la fotografía del cine. Y ello se conjuga perfectamente por las cadencias de los planos generales y planos detalles, algunos que sintetizan la posición filosófica del filme, como ese primer plano de un cenicero y dos cigarrillos convertidos en cenizas mientras se establece un pacto que define la totalidad de la trama.

El primer film de Garrel se estrena en Argentina, Es un acontecimiento para cinéfilos. Garrel, uno de los pocos espíritus libres que están más cerca del arte cinematográfico que de la industria. Un realizador salvaje; quizás también inocente.

Copyleft 2000-2007 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en el mes de noviembre por el diario La Voz del Interior de la provincia de Córdoba.

SEMANA DEL 19 AL 26/11 EN CINECLUBES

Noviembre 19, 2007

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

Miércoles 21 de noviembre, a las 20.30hs:

El espíritu del Ártico, de Zacharias Kunuk, Canadá, 2000.

167 minutos / No recomendada para menores de 16 años.

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje, en el horario especial de las 20.10, Biodiversidad en las sierras de Córdoba, de Luis Volkmann, Argentina, 2006.

Sorprendente y fascinante desde el plano inicial al último, culturalmente compleja aunque ostensiblemente universal respecto de su trama, la primera película de ficción hablada en Inuktitut basada en un relato épico del siglo XI es una experiencia que puede remitir al espectador a su virginidad cinematográfica. Lo que vemos posee el impacto de una primera vez. Mítica y melodramática, todo empieza con una maldición. A continuación una disputa entre dos familias de un clan por una mujer. Luego un asesinato y una extensa persecución, uno de los momentos más elegantes y físicos en términos cinematográficos. Posteriormente, la disolución del sortilegio y la restauración del equilibrio. Narrativamente circular, El espíritu del Ártico presenta la Otredad cultural respetando las coordenadas simbólicas de este mundo, pero también traduciendo este universo a una experiencia que nunca es ajena. El chamanismo, la telepatía, la poligamia podrán ser extrañas, pero el amor, los celos, el parricidio, la venganza y el perdón son reconocibles.  El espíritu del Ártico revela un estilo de vida: de panorámicas a planos detalles, del horizonte infinito del ártico hasta el microcosmos minimalista del iglú, la cultura esquimal se define por una experiencia del espacio. Un territorio hostil y excesivamente abierto, en donde los esquimales han desarrollado por siglos sus ritos, sus juegos, sus melodías, sus vestimentas, incluso una dietética no apta para vegetarianos. (Roger Koza, programador)

CICLO DE CINE MUDO A LAS 18.45HS: El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, Alemania, 1920

LA FALDA: RESTAURANT UGOLINO, 9 DE JULIO 407

Jueves 22 de noviembre, a las 20.30hs:

Bamako, de Abderrahmane Sissako, Mali, 2006

115 minutos / Apta para todo público

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El frigorífico, de Peter Mullan, Reino Unido, 1996.   

Después de su debut en la competencia de Una Cierta Mirada del festival de Cannes, en el 2006, la última y magistral película de Sissako sobre un juicio imaginario al FMI y al Banco Mundial respecto de sus intervenciones en África (e indirectamente Latinoamérica), no ha dejado de exhibirse en diversos festivales y recibir elogios en donde sea que se muestre. Como en La vida en la tierra, Bamako, también nombre de la ciudad en la que transcurre la audiencia, Sissako permite entender la particular dinámica de la vida cotidiana de la capital de Mali, en un contrapunto preciso con los discursos de los jueces, fiscales y los representantes del pueblo que acusan a las dos organizaciones más odiadas en el Tercer Mundo. En verdad es un juicio sobre la injusticia capitalista globalizada, pero también localizada en un contexto cultural específico, aunque sin duda el caso es una extensión histórica de las múltiples empresas colonialistas características del viejo mundo. Lúcido y conmovedor, y también cómico (como lo sugiere magistralmente el pasaje en el que algunos personajes ven un Western humorístico, interpretado por el director palestino Suleiman y el actor Danny Gloover, que sintetiza la impunidad de cómo intervienen las grandes potencias en los conflictos políticos del mundo) Bamako es una película que si hubiese sido estrenada en el 2002 habría sido un éxito de taquilla nacional. Sin embargo, la actualidad de su crítica y su legítima rabia son inobjetables, y como decía Pino Solanas, tras verla en el último BAFICI: “¡Qué riguroso!”. Sin duda, Bamako, es una de las grandes películas de esta temporada. (RK)

El CIELO GIRA

Noviembre 12, 2007

**** Obra maestra *** Hay que verla ** Válida de ver * Tiene un rasgo redimible °Sin valor

Por Roger Alan Koza

EL VIENTO NOS LLEVARÁ

El cielo gira, España, 2004.

Dirigida por Mercedes Álvarez. Escrita por M. Álvarez y Arturo Redin.

*** Hay que verla

La extraordinaria opera prima de Álvarez es una tesis indirecta sobre la esencia del cine.

En una combinación perfecta entre El sol del membrillo, de Víctor Érice y En construcción, de José Luis Guerín, El cielo gira, de Mercedes Álvarez, ganadora indiscutible de todos los premios importantes de la séptima edición del BAFICI, pertenece a una tradición minoritaria del cine español, específicamente, la de Érice y Guerín, una que entiende al cine como ejercicio contemplativo, capaz de capturar lo extraordinario en la vida ordinaria y de atrapar en imágenes el tiempo en su duración. No se trata de una concepción narrativa del cine, pero ello no impide que en el registro se constituya un relato.

El título ya implica movimiento, un devenir. En efecto, el cielo gira, y quienes vivimos bajo ese cielo, nacemos, crecemos y morimos. La impermanencia es la regla. Así concibe Álvarez su regreso a su pueblo natal, Aldeaseñor, un páramo casi fantasma en la provincia de Soria, España. Parece la nada, el fin del tiempo. Allí, en donde a principios del siglo XX moraban 450 personas, hoy viven 14 hombres y mujeres, casi todos ancianos, y Álvarez ha sido la última en nacer allí. Su deseo explícito es filmar el trance de desaparición. Es decir, ver cómo un estilo de vida se extingue, lo que implica seguir meticulosamente un proceso lento pero constante, en donde un modo de habitar prescribe para siempre.

Por más de un año, Álvarez documenta el crepúsculo simbólico de su pueblo. Pero descubre en su estadía la lógica propia de la misma naturaleza. No todo muere para siempre. En verdad, la historia de Aldeaseñor y sus alrededores está sedimentada en la misma tierra y los vestigios arquitectónicos que todavía son perceptibles. Allí hubo dinosaurios, como enseña una anciana. Allí estuvieron los celtíberos y los romanos. Para los viejos pobladores el antiguo castillo árabe fue el objeto de múltiples cuentos de espectros de otro mundo. La historia, secretamente, permanece presente. Álvarez lo expresa poéticamente, en uno de los tantos instantes sublimes de su película, cuando reconstruye las crónicas de un olmo que yacía en el centro de su aldea.

Cosmológica y humorística, El cielo gira es también una difusa pero consistente meditación sobre los vínculos del cine con la pintura y la fotografía. La solidaridad entre estos tres artes visuales son ejemplificados en fundidos magistrales: un árbol en una colina de Aldeaseñor prolonga su existencia, a veces en un plano general, otras en el lienzo del pintor Pello Azketa, quien acompaña artísticamente a la cineasta.

En unos de las tantas bellísimas panorámicas, Antonino, el gran protagonista del film, camina cuesta arriba con otro amigo. Parecen filósofos peripatéticos: piensan caminando, y postulan entre pasos el carácter transitorio de sus vidas. El viento los llevará. Y así, mientras que los últimos pobladores discuten sobre los misterios del universo, unos aviones ultrasónicos cruzan el cielo rumbo a Irak. El mundo es uno.

Copyleft 2000-2007 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en el mes de noviembre por el diario La Voz del Interior de la provincia de Córdoba.

SEMANA DEL 12 AL 18/11 EN CINECLUBES

Noviembre 12, 2007

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

Miércoles 14 de noviembre, a las 20.30hs:

M, de Nicolás Prividera, Argentina, 2007.

150 minutos / No recomendada para menores de 13 años.

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Es un sueño, de Tsai Ming Liang, Taiwán, 2007.

Este notable documental, ganador a principios de marzo de la competición latinoamericana en el último festival de Mar del Plata y recientemente reconocido con el premio Runners up en el prestigioso festival de Yamagata, Japón, es, entre otras cosas, una película sobre la voluntad de saber. En primera instancia, el imperativo de querer saber sobre el paradero de Marta Sierra, madre del realizador, una bióloga que se desempeñaba en el INTA y fuera secuestrada en marzo de 1976. Pero M es mucho más que un drama familiar; se trata de una tragedia personal en un contexto social y político específico, y como tal este lúcido y valiente documental busca una verdad que trasciende la historia del realizador. En efecto, M de mamá, de muerte, de Montoneros, de Memoria. M, el nombre de una película necesaria. Una película sin concesiones que le hace una finta al vetusto sistema conceptual con el que se interroga a nuestra historia reciente y al presente todavía ligado él. Y un documental en primera persona, no sólo porque su director está involucrado en el relato, sino porque es un caso evidente de cine de autor, y del mejor. (Roger Koza, programador)

CICLO DE CINE MUDO A LAS 18.45HS: El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, Alemania, 1920.

LA FALDA: RESTAURANT UGOLINO, 9 DE JULIO 407

Jueves 15 de noviembre, a las 21.30hs:

Rize, de David LaChapelle, EE.UU., 2005.

84 minutos / Apta para todo público

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje La fiesta de la bofetada de los maricas, Guy Maddin, Canadá. 2003.

Recientemente exhibida en el festival de Mar del Plata, la opera prima de David LaChapelle fue unos de los títulos vistos a sala llena. El rumor decía que Rize era un documental visceral y sorprendente sobre algunas compañías de baile callejeras de los suburbios de Los Angeles. Pero Rize es, esencialmente, otra cosa. Aquí la danza ritual funciona como un desplazamiento creativo de una postergación social infinita. Estos bailarines son los hijos de Martin Luther King y las víctimas sociales de una sociedad polarizada por la diferencia de clase (y racial). Si no bailaran, lógicamente, asesinarían. En efecto, la pista de baile es una zona de guerra, y estos danzarines eligen ritualizar el suplicio de sus miserias en una expresión estética en donde el mismo cuerpo es la protesta y sus movimientos veloces la conjura de una bronca justificada. Bailan para vivir y no matar. Antes de que empiece la película una nota del realizador advierte que todo lo que se verá en la película no ha sido alterado en su edición. La aclaración es válida, pues estas coreografías sustraídas de la indignación son tan vertiginosas y veloces que no parecen ser reales. Un montaje pertinente al promediar la hora de película establece una genealogía entre estos estilos suburbanos denominados Clowning y Krumping con los pasos ancestrales bailados por pretéritas tribus del África. El vocablo inglés african american adquiere aquí una significación inesperada no exenta de connotaciones antropológicas y políticas. (RK)

BAFICI Y PRO: HUSH PUPPIES SÍ, PELÍCULAS NO

Noviembre 9, 2007

por Roger Alan Koza 

 

Está circulando, por varios medios electrónicos, una carta sobre la inminente posibilidad de que el BAFICI deje de existir. La carta, ejemplar y lúcida, está escrita por Fernando Martín Peña, actual director artístico del BAFICI. A continuación se la puede leer. Quiero creer que esta misiva habrá de generar un consenso crítico, capaz de defender el mejor evento cultural de nuestro país. Pero si el canal Ciudad Abierta dejará de existir en manos del todavía presidente de Boca, pensar que habrá de evaluar al BAFICI como algo innecesario no es improbable. Quizás lo interprete como si el BAFICI fuese Riquelme. Y de ser así, quizás crea que con el BAFICI ganará un campeonato cultural.

No vivo en Capital. Jamás hubiera votado a Macri. Pero viví allí, y no puedo dejar de pensar cuanta gente conocida, quienes supuestamente les importa la cultura, el arte y el conocimiento, votaron a este inescrupuloso ignorante de billetera abultada, supuesto administrador eficiente y exitoso, cuya eficacia habrá de pagarse caro. La política no es trabajo administrativo. La cultura no es entretenimiento sofisticado. Veremos qué pasará. Mientras tanto, faltan 5 meses, y en esta improvisación descabellada, el equipo del BAFICI desconoce su futuro. Un síntoma que va más allá de un festival de cine.

CARTA ABIERTA AL MINISTRO MISTERIOSO

Estimado señor o señora,

Quizá le sorprenda recibir la presente antes de ser designado por las autoridades electas, pero más me sorprende a mí no saber aún quién es usted. Admito que, como contratado de su ministerio, el enigma que rodea a su persona ha resultado ser un eficaz pasatiempo que nos mantiene entretenidos formulando pronósticos y traficando rumores. Pero al mismo tiempo, permítame confesarle que, como ciudadano, estoy asustadísimo. El tiempo dirá si su ausencia equivale a la ausencia de una política cultural, o si ésta existe y nadie se anima todavía a asumir la responsabilidad de llevarla a la práctica.

Debo decirle que desde noviembre 2004 soy el director artístico del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), evento de su Ministerio que es considerado el más importante de su tipo en Latinoamérica. Le aclaro que puedo asegurar esto sin pecar de inmodesto porque esa valoración fue lograda y consolidada por las gestiones precedentes. Lo que hicimos luego fue mantenerla, pese a los cambios institucionales, a las sucesivas complicaciones logísticas, a la debilidad estructural de un evento que todavía no está protegido por ley alguna y a los vaivenes del apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

Le cuento todo ésto porque el BAFICI es el motivo de la presente. Para llevarlo a cabo estoy contratado, como la mayor parte de mi equipo, hasta el mes de diciembre y, como el evento tiene lugar en abril, es evidente que su futuro es incierto. Hace unos meses tuvimos un par de conversaciones con el Sr. Ignacio Liprandi, que aparentemente representaba a las autoridades electas y nos ofreció continuar, pero dichas conversaciones fueron más informativas que concluyentes. Varios temas importantes quedaron pendientes y luego no volvimos a saber de él, por lo que nuestra impresión de incertidumbre se incrementó. Después nos llamaron de parte del señor Rodríguez Felder, que aparentemente representaba a las autoridades electas, y nuevamente nos ofrecieron continuar pero quien no continuó fue Rodríguez Felder.

El problema es que a esta altura del año se hace necesario tomar algunas decisiones básicas que dependen de su voluntad política, como por ejemplo si se hará el décimo BAFICI o no. Nosotros venimos trabajando desde mayo sobre la primera hipótesis, pero la decisión es suya, así como el presupuesto real que se le asignará y que quizá no tenga nada que ver con nuestras proyecciones, basadas en las cifras de las ediciones previas. Antes de que se entere por terceros, déjeme decirle que el BAFICI no proporciona rédito económico alguno, ya que el precio de la entrada no está en relación con el costo del evento. Si el BAFICI fuera económicamente rentable, hace años que sería un evento privado y de acceso mucho más restringido. Hemos trabajado con la convicción de que su principal rédito es cultural y reside en el hecho de acercar al público de la ciudad una muestra representativa de lo mucho que se produce durante el año y que los circuitos privados de nuestro país no quieren ni pueden contener. Seguramente el BAFICI no es suficiente para mejorar de manera definitiva la cultura audiovisual de una ciudad como la nuestra pero, hasta la fecha, es lo mejor que ha desarrollado su ministerio en la materia. Si le parece, otro día podemos charlar sobre la utilidad de que la ciudad tenga un circuito de salas propias, siempre y cuando Ud. no considere que, como ya nos han dicho otros allegados a las autoridades electas, “gastar más dinero en cultura sería obsceno”.

Con todas estas consideraciones en cuenta y suponiendo que Ud. quiera seguir adelante con la décima edición del BAFICI (con o sin nuestra planificación) le espera a Ud. un problema aún más complejo porque implica a la burocracia administrativa de la ciudad: cómo disponer de los fondos necesarios en tiempo y forma para preproducir semejante evento, dado que Ud. deberá comenzar a utilizarlos en el mes de febrero 2008 y la ciudad, por sus peculiares tiempos administrativos, no querrá dárselos hasta abril. Para lograr realizar sin tropiezos la edición 2007, por ejemplo, se hicieron previsiones económicas que comenzaron a tramitarse en el mes de octubre 2006. Pero para repetir esa experiencia hay que tener en cuenta dos variantes importantes: en primer término, éste fue un año electoral y esa circunstancia acelera sorprendentemente todas las voluntades; en segundo término, Ud. aún no está.

Es para compartir todas estas inquietudes que me pareció pertinente comunicarme con Ud. Lo hago a título estrictamente personal, aunque sospecho que no soy el único preocupado de su área. Por eso prefiero escribirle ahora, ya que cuando se revele el misterio de su identidad seguramente estará Ud. muy ocupado.

Cordialmente,

Fernando Martín Peña

DNI 20.521.275

LA VELOCIDAD FUNDA EL OLVIDO

Noviembre 5, 2007

 **** Obra maestra *** Hay que verla ** Válida de ver * Tiene un rasgo redimible °Sin valor

Por Roger Alan Koza

EL TEATRO DE LA MEMORIA

La velocidad funda el olvido, Argentina, España, 2006.

Dirigida por Marcelo Schapces. Escrita por M. Schapces, Julio Cardoso, Pablo Fidalgo, Paula Romero Levit.

* Tiene un rasgo redimible

La primera película de ficción de Schapces puede ser tan irritante como interesante, pero sus desaciertos no impiden saber valorar algunas de sus virtudes.

Lo mejor de la primera película de ficción de Marcelo Schapces es su título. Aforismo preciso, tesis sociológica de múltiples aplicaciones, incluso un perfecto diagnóstico sobre la relación contemporánea de cualquier espectador respecto de las imágenes. 

La velocidad no es cualquier vocablo. Indica una fantasía y una metafísica de nuestro ser en el mundo. Velocidad de conexión digital, velocidad de las comunicaciones, como esos anuncios radiales en los que se dice rápidamente las condiciones de una oferta, velocidad de las imágenes en el cine y en la televisión. ¿Qué cineasta puede hoy sostener un plano por más de dos minutos? Vivimos en “la revolución de la velocidad”, como se insinúa en un pasaje final.

Para un realizador, cuyo filme precedente fue el documental Che, un hombre de este mundo, la velocidad así entendida es un problema político. Y por eso es que este intento de interrogar, a partir de un relato de ficción, cómo la pasada dictadura militar ha afectado el psiquismo colectivo, merece atención. No suele ser el camino más transitado en nuestro cine vernáculo.

¿Cómo combatir la celeridad? Aparentemente, coleccionando datos, objetos, textos, al menos ese es el método que el joven Olmo ha aprendido de su padre, ambos afectados por la muerte (o quizás desaparición) de la madre y esposa, una titiritera, pero también militante montonera. Es una familia quebrada, y si bien el tiempo ha pasado, lo traumático persiste.

Así, un buen día, cuando la obsesión neurótica del padre quede eclipsada por un accidente, Olmo, acompañado por una española que conoce en una fiesta, viajará hasta Tui, un pueblo de España, un lugar simbólicamente relevante para comprenderse. Es que Olmo intuye que la memoria no es un oficio de recolección sino de redescripción, una conquista narrativa sobre la dispersión del recuerdo. Hay que hilvanar y significar la memoria.

Pero no se trata ni de una película convencional, ni de un filme político estándar. Su ambición puede remitir al universo psicótico de Lynch, quien materializa mejor que nadie la fragmentación de la psique. En efecto, La velocidad funda el olvido elude el relato lineal y toma por momentos la lógica de los sueños, más bien de una pesadilla.

En verdad, Schapces retoma algunos elementos del cine de Subiela, ese que opta por lo fantástico y lo metafórico para expresar una cosmología encantada, aquí politizada. Y así se escoge por la declamación extrema y el subrayado.

El texto deglute a la imagen. Véase cómo los prometedores travellings iniciales sobre los artículos coleccionados culminan con la advertencia: “Aviso a los incrédulos: no hay casualidad”. Y es tal la compulsión y necesidad por pontificar que los parlamentos se imponen sobre los planos. El teatro fagocita al cine. Y es una lástima, porque Schapces parece buscar un lenguaje. Algunos flashbacks, por ejemplo, son ingeniosos, como cuando Olmo es testigo y ve el pasado y su propio yo infantil, una elección estética que ya había utilizado David Cronenberg en Spider, otro film sobre deterioros psíquicos. O ese pasaje en el que las imágenes literalmente se expanden, como en un plano de Sokurov. Aunque Schapces no siempre confía en sus imágenes, y su concepción de la banda de sonido queda reducida a una omnipresente variedad de melodías, que incluso no parecen acompañar sonoramente la expresión visual.

La velocidad funda el olvido es paradójica. Su ambición la condena. Su filosofía ramplona debilita su inquietud política. Su apetito estético, a veces, la expone al ridículo. Pero no se la olvida fácilmente cuando se sale de la sala.

Copyleft 2000-2007 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada con algunas modificaciones en el mes de noviembre por el diario La Voz del Interior de la provincia de Córdoba.

SEMANA DEL 5 AL 11/11 EN CINECLUBES

Noviembre 5, 2007

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470 

Miércoles 7 noviembre, a las 20.30hs:

Una buena mujer, de Mike Barker, Reino Unido, 2004.

93 minutos / No recomendada para menores de 13 años.

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje, en el horario especial de las 20.20, Biodiversidad en las sierras de Córdoba, de Luis Volkmann, Argentina, 2006.

Esta perspicaz adaptación de una obra no tan conocida de Oscar Wilde, Lady Windermere, cuya trama original transcurre en Londres de 1892 pero que en esta versión cinematográfica la narración está situada en Amalfi, Italia, y en 1930, con los ecos de la depresión económica mundial, es un tratado exquisito sobre la hipocresía en general aplicada a una clase particular. En efecto, una clase social pudiente e hipócrita que pretende un estándar de moral, cuyo discurso inmaculado oculta y maquilla una práctica indecorosa, falsa y decadente. Se trata de cuidar las apariencias mientras el chisme sobre lo ajeno colma y anestesia la banalidad propia. Es este el universo social que habrá de visitar Stella, la buena mujer, en apariencia una inescrupulosa cuarentona que elige andar con ricos y que decide probar suerte en Europa para eludir deudas y una reputación dudosa. Pero no todo es lo que parece, y la dirección de Barker acentúa la perplejidad, quien además a través de una puesta en escena inteligente va sugiriendo la incompatibilidad entre el paisaje y esta cultura de la abundancia. En otro lugar Wilde dijo: La única diferencia entre santos y pecadores es que cada santo tiene un pasado y que cada pecador posee un futuro”. Epígrafe perfecto para la película y su desenlace, que no debería, por otro lado, ser pensado como una objeción al conjunto de la trama. (Roger Koza, programador)

FUNCIÓN ESPECIAL A LAS 18.45hs: Wittgenstein, de Derek Jarman, Reino Unido, 1993,

LA FALDA: RESTAURANT UGOLINO, 9 DE JULIO 407

 

Jueves 8 de noviembre, a las 20.30hs:

Buscando la comedia en el mundo musulmán, de Albert Brooks, EE.UU., 2006

98 minutos / Apta para todo público

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Dirección equivocada, de Elia Suleiman, Palestina, 2007.

Por primera vez desde su brillante debut con Real life (1979), Albert Brooks interpreta un personaje mitad ficción y mitad verdad llamado Albert Brooks, en esta ocasión un tipo que lidera una misión de Estado mal concebida sobre qué provoca risa en la gente de India y Pakistán. Cuestionándose y burlándose de sí mismo, Brooks combina sus cavilaciones sobre su menguante carrera como cómico con inquietudes respecto de la falta de inteligencia a la hora interactuar con países del Tercer Mundo. Rodada casi en su totalidad en Nueva Delhi, esta comedia provocativa no podría ser más contemporánea. Como siempre, su proclividad al realismo implica planos extensos y distantes, a veces desafiantes para la interpretación del espectador respecto de Brooks como figura de identificación o un tonto, aunque aquí su detestable personalidad está amansada, convirtiendo todo un poco más confuso. (Jonathan Rosenbaum, Chicago Reader)

UN ANIMAL LLAMADO HERZOG

Noviembre 3, 2007

  por Roger Alan Koza

 

Ahora que algunas voces conservadoras, tras la muerte de Bergman y Antonioni, decretan el fin del cine de autor, un sofisma propio de una generación de cinéfilos y de cierta crítica perezosa en cotejar en dónde están hoy los autores, es menester hacer memoria y resistir ante este ejercicio de retórica crepuscular. El cine de autor, categoría difusa aunque útil, existe. Sokurov, Kiarostami, Bartas, Iosseliani, Godard, Tarr, Oliveria, Van Sant, Haneke, Alonso, Martel. La lista podría ser muy extensa.

Werner Herzog es un autor indiscutible. Icono de una cinefilia pasada y uno de los miembros más versátiles del llamado Nuevo Cine Alemán, todavía hoy el realizador germano y responsable de El enigma de Gaspar Hauser (1974), Fata Morgana (1971), Fitzcarraldo (1982) sigue haciendo películas. Como antaño, Herzog puede hacer documentales y ficción, pero su búsqueda y obsesiones como artista están intactas, acaso han madurado. En efecto, una cierta predisposición a filmar lo que todavía carece de imágenes, una indagación sobre las conductas extremas en los hombres, un interés constante por todo aquello que constituya una excepción a la regla: enanos, volcanes, esquizofrénicos, conquistadores dementes, sobrevivientes, comunidades heterodoxas, vampiros.  

 

El primer cortometraje de Herzog, Herakles (1962), es un buen ejemplo. Extraña película. Todo empieza en un gimnasio en el que se retratan cuerpos característicos del fisicoculturismo, para luego mostrar un conjunto de bombardeos sobre poblaciones y ecosistemas. Un paulatino montaje paralelo, que por momentos remite al cineasta cubano Santiago Álvarez, sumado a una banda de sonido incompatible con las imágenes, produce un efecto de percepción enrarecido, en el que se vincula la peculiaridad del cuerpo humano y sus fuerzas con el poder de destrucción. Sin embargo, la elección de este tipo de deportista contiene una significación precisa: es un ejemplar exótico de la especie, un freak anatómico.

 Pero hay una figura constante en el cine de Herzog, un personaje mudo e impersonal, cuya presencia es el cuerpo del lenguaje, de las culturas, de la civilización. Es la Tierra ofrecida como paisaje, y luego también concebida como morada, como extensión (in)finita de saqueo y conquista, como espejo orgánico en donde los hombres se descubren como especie, como fuente de lo extraordinario; en síntesis, como lo Otro de la civilización.

En una entrevista realizada por Lawrence O’Toole en la revista Film Comment de noviembre-diciembre de 1979, el propio Herzog decía: “¿Cómo podemos recuperar la inocencia de la visión, nuestra visión que ha sido terriblemente contaminada? Tenemos que encontrar nuevamente imágenes adecuadas. ¿Qué le hemos hecho a nuestros paisajes? Hemos avergonzado a los paisajes”. En efecto, quienes hayan visto La Soufriére (1977), Lecciones de oscuridad (1992), Signos de vida (1968) pueden predicar de la cita del realizador el por qué de esas películas.

Lo cierto es que el Herzog del siglo XXI prosigue con sus obsesiones pretéritas. Y después de un fallido film de ficción, El Invencible (2001), es en el documental de ensayo en donde puede constatarse la evolución de sus primeras obsesiones en un nuevo contexto histórico y clima cultural global. El tiempo lo ha convertido en un realizador curiosamente cercano a la poética de Darwin, cuyo mérito indiscutible es proponer una imagen de nuestra especie como una especie entre especies, no siendo los hombres el punto culminante de la evolución, sino una de sus derivas más complejas. Y eso implica una evaluación sobre cómo esta especie ha habitado sobre los paisajes de la Tierra.

 

La salvaje lejanía azul (2005), pertinentemente comparado con Odisea en el espacio 2001 (1968), de Kubrick, es fundamental. Utilizando material filmado por la NASA en una de sus tantas exploraciones espaciales y en conjunto con otro material registrado en las profundidades de la Ántártida, Herzog propone una fantasía de ciencia ficción que, como dijera alguna vez, “tiene la habilidad de articular imágenes que se asientan profundamente en nosotros, y que él las puede hacer visibles”…

EL ARTÍCULO COMPLETO SE PUEDE LEER EN QUID, REVISTA EDITADA POR YENNY EL ATENEO, EN EL NÚMERO DE OCTUBRE Y NOVIEMBRE 2007.

* Escribí este artículo un poco antes de que se publicaran dos textos sobre Herzog en nuestros medios: uno que apareciera en Ñ, y el otro, el excelente ensayo escrito por Tomás Abraham, que se puede leer en www.lalectoraprovisoria.wordpress.com Curiosa coincidencia, casi Jungiana, para lo que gusten (no es mi caso), pero coincidencia al fin. El origen del artículo fue a propósito del Dossier de la revista Quid sobre la naturaleza y el hombre.

Copyleft 2000-2007 / Roger Alan Koza