Archivo de Abril 2008

HANNIBAL, EL ORIGEN DE MAL

Abril 29, 2008

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

 GENEALOGÍA DE UN AMORAL

 

Hannibal, el origen del Mal, Reino Unido, Francia, Italia, República Checa, 2007.

Dirigida por Peter Webber. Escrita por Thomas Harris.

 ° Sin valor

Un bodrio más de Lecter, y otra prueba de que lo que importa es por qué se ven estas películas.  

Un modo frecuente de minimizar los efectos de las películas que vemos es repetir el mantra “son solo películas”. Pero las películas, casi siempre, son síntomas del imaginario social de una sociedad determinada.

En Películas como política, el crítico estadounidense Jonathan Rosenbaum vinculaba la ovación recibida por Hopkins al recibir su Oscar por interpretar a un psicópata en El silencio de los inocentes (1991) con la primera invasión a Irak, y señalaba un correlato ideológico y contextual respecto del aplauso cerrado y victorioso con el que el congreso validaba las palabras de George Bush.

La conjetura de Rosenbaum pretendía descifrar la encanto narcisista de los espectadores mientras se intentaba destituir a  un dictador llamado Hussein, relegando los daños colaterales del proyecto: víctimas inocentes, parte también del menú del psiquiatra. Así como la invasión tuvo su segunda parte, la saga de Lecter ahora alcanza su quinta edición, aunque aquí se trata de una precuela: ¿cómo se deviene en psicópata y caníbal?

La tesis inicial promete: un psicópata no solamente es producto de un trauma familiar, sino también le condiciona un contexto histórico y político. Aquí, la segunda guerra mundial, en plena disputa entre nazis y soviéticos sobre el destino de Lituania. La guerra psicotiza y pervierte, y así el infante Lecter habrá de ser testigo de un evento traumático que involucra la muerte de su hermana pequeña. Lo que viene después habrá de ser un esbozo de la biografía de un monstruo, una cruza de samurái, futuro Freud y anatomista, cuya inspiración principal será una tía japonesa (interpretada por la excelente actriz china Gong Li,) con la que no faltarán los motivos edípicos del caso, posible reminiscencia (fallida) al viejo Lecter y la detective Clarice.

Lamentablemente, el trazo grueso habrá de psicologizar (y desculpabilizar) las decisiones del joven Lecter para soportar aquello que se resiste a ser simbolizado. Cada flashback explicará la conducta evitando cualquier ambigüedad. Una genealogía de Lecter implica inteligencia, y ni siquiera Thomas Harris, responsable de las novelas y guionista en esta ocasión, aporta matices o sugerencias perspicaces.

La película precedente de Webber pertenecía a otra liga del mercado del cine, esa que se conoce como la del cine-arte. En esa instancia, ensayaba sobre la historia detrás del famoso cuadro de Vermeer, “La joven de la perla”. El resultado era tan mediocre como en Hannibal, el origen de mal, aunque Webber denota cierta preocupación por los planos en el cine, a pesar de que su puesta en escena lo lleve a mostrar una decapitación como si fuera un instante sublime: rueda una cabeza y suenan las bellas cuerdas de Shigeru Umebayashi.

¿Quién es Hannibal Lecter? Poco importa. El misterio no está dentro de los circuitos de su cerebro sino en la fascinación experimentada por miles de espectadores ante un Lord y un caníbal concebido como paradigma de lucidez. En la era del hiperconsumo, un sujeto que ya no consume objetos sino sujetos es mucho más que una estrella diabólica. Es lo siniestro de un sistema socioeconómico condesado en un personaje.

 Copyleft 2000-2008 / Roger Alan Koza

 Esta crítica fue publicada durante el mes de abril por el diario La Voz del Interior de la provincia de Córdoba.

SEMANA DEL 28/4 al 4/5 EN CINECLUBES

Abril 28, 2008

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

30 de abril, a las 20.30hs: Haneke en foco

El tiempo del lobo, de Michael Haneke, Austria-Francia-Alemania, 2003

113 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El regalo, de Raoul Ruiz, Francia, 2007

Uno de los grandes cineastas europeos de la actualidad, cuya preocupación como artista es nada menos el devenir de la civilización occidental y el malestar concomitante en nuestra época. Si en El séptimo continente, su opera prima, Haneke intentaba develar la estructura nihilista de la clase media austríaca para luego centralizar años más tarde sus investigaciones sobre el desencanto europeo en Código desconocido, en El tiempo del lobo, una fábula sobre el fin del mundo para gente pudiente, la cuestión pasa por entender la disolución del contrato social en su máxima expresión o, en su defecto, cómo sobrevivir a una existencia dominada por el mero interés egoísta. Fábula de nuestro tiempo, el film no da explicaciones: algo ha sucedido y Europa está devastada. Una familia conducida por Isabelle Huppert intenta sobrevivir. Hay comunidades dispersas compuestas de las sobras étnicas de Europa. Literalmente oscura, la dirección de Haneke es magistral: luz natural, planos secuencia formidables, nada de música y un elenco numeroso que constituye un personaje colectivo. La penúltima escena, que compromete a un niño que intenta llevar al acto una parábola creída por algunos sobrevivientes, es de una solidez formal admirable, de lo que se predica una tesis filosófica: creer, tener ilusiones, es un modo de poder soportar la realidad desnuda, sin la protección simbólica necesaria para poder funcionar como personas. (RK)

LA FALDA: RESTAURANTE UGOLINO, 9 DE JULIO 470

1 de mayo, a las 20.30hs:

Buenas días, noche, de Marco Bellocchio, Italia, 2003

105 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Es un sueño (3), de Tsai Ming Liang, Taiwán, 2007

El lúcido director de La sonrisa de mi madre suspende su anticlericalismo cómico para explorar audazmente las contradicciones de la izquierda radical italiana de la década del ‘70. El caso en cuestión: el secuestro y posterior asesinato del primer ministro y líder del partido Demócrata Cristiano Aldo Moro, por parte de las Brigadas Rojas en 1978. Onírico y político, Bellocchio retrata una época, y elige el vínculo de la única mujer del grupo con el prestigioso mandatario para exigir coherencia en la militancia, sin eludir el interés legítimo de querer comprender la extraña fascinación experimentada frecuentemente entre secuestradores y rehenes. Absorbente, estimulante, Buenas días, noche es otra prueba de la estatura del realizador que en Italia, junto a Nanni Moretti, cree todavía en un cine capaz de movilizar el instinto utópico. (RK)

VILLA GIARDINO: SALA TEATRO-CINE ALEJANDRO GIARDINO

4 de mayo, a las 20.30hs:

Viernes a la noche, de Claire Denis, Francia, 2003

90 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Cine erótico (3), de Roman Polanski, Polonia-Francia, 2007

Los primeros 40 minutos de película pueden ser entendidos como un concierto de música concreta de la ciudad de París. El conjunto de la trama puede ser visto como un bello e inquietante sueño. Y en la obra de Claire Denis, la gran poetisa del cine materialista, Viernes a la noche es una pausa conceptual respecto de su especialidad temática, los efectos del colonialismo en la vida europea (y personal), aunque su otra obsesión, el cuerpo como superficie de deseo (del otro), sí está presente aquí. En efecto, un embotellamiento espantoso que tiene paralizado a París es el contexto en el que una mujer a punto de mudarse con su prometido vive una experiencia amorosa con un extraño que recoge en la calle, sugestionada por un llamado solidario transmitido por la radio. Atmosférica y elegante, Denis filma los autos como si fueran extensiones del cuerpo humano, cápsulas de velocidad que al no poder circular se convierten en accesorios inútiles. Es una metáfora del progreso. Pero el auto es también el lugar del viaje y del encuentro, acaso una extraña intersección entre lo público y lo privado. Y es en ese artefacto propio de la Modernidad en el que Denis motoriza una meditación sobre el choque de los cuerpos, o cómo es posible que dos cuerpos se atraigan y se entrelacen. (RK)

CINECLUB CON LOS OJOS ABIERTOS EN LA FALDA

Abril 28, 2008

PROGRAMACIÓN ABRIL-MAYO 2008

EN EL RESTAURANTE UGOLINO, 9 DE JULIO 407

El cine es la universidad del pueblo, dijo alguna vez Henri Langlois, mítico director de la cinemateca francesa. ¿No es el cine hoy el opio del pueblo? Si mi pregunta retórica es correcta, la propuesta de un cineclub debe estar orientada a formar a un público y a despertar una mirada crítica sobre lo que vemos y cómo vemos lo que vemos.

Es decir, no se trata solamente de ver otro cine, sino de advertir y deconstruir un tipo de mirada que está colonizada por la concepción estadounidense del plano, planos concebidos para impactar y por eso montados velozmente, estímulo que no respeta la inteligencia observacional del espectador, a quien considera un idiota (incluso un film como el último de los Coen participa de esta lógica). Con esta declaración de principios, en una cultura en donde la neutralidad es sinónimo de respeto democrático por las diferencias, largamos una nueva temporada del cineclub en Ugolino, La Falda.

Un lector desprevenido puede creer al leer los párrafos precedentes que se trata de un curso de política audiovisual, un concepto que espanta y que puede alejar a más de uno. Sería una pena que así fuera, pues la programación de este primer bimestre garantiza placer, deslumbramiento, sorpresa, conocimiento. El conjunto de películas que se exhibirán, ninguna de ellas estrenadas ni editadas comercialmente en nuestro país, pueden ser vistas como sumo disfrute, pero sin obliterar por esto un aprendizaje respecto del mundo y el cine. Un cineclub es un gimnasio audiovisual, una práctica perceptiva y cognitiva en la que puede experimentarse la misma sensación de satisfacción que se tiene tras correr 70 km., nadar 100 largos o hacer saltos de Ashtanga Yoga. Pero todo entrenamiento exige un esfuerzo: en su traducción a esta propuesta es nada menos que acercarse, ver y perseverar en la presencia continuada.

Ayuda también que el espacio elegido sea Ugolino, porque la gastronomía puede ser un buen precalentamiento para ver una película. Y porque es Ugolino, además, un espacio consolidado en la localidad de La Falda en el que no sólo se cocinan buenos alimentos, sino también se ofrece sistemáticamente otro tipo de dieta destinada a nutrir, si se quiere, el espíritu.

Roger Alan Koza, programador

 

17 de abril, a las 20.30hs: Película de apertura

Diez canoas, de Rolf de Heer, Australia, 2006

92 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El ejemplo del Airón (13), de Lluis Galter, España, 2007

 

24 de abril, a las 20.30hs:

Cine, aspirinas y urubúes, de Marcelo Gomes, Brasil, 2005

99 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Tres minutos, de Theo Angelopoulos, Grecia, 2007

 

1 de mayo, a las 20.30hs:

Buenas días, noche, de Marco Bellocchio, Italia, 2003

105 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Es un sueño (3), de Tsai Ming Liang, Taiwán, 2007

 

8 de mayo, a las 20.30hs:

Chamamé, de Cosima Lange, Alemania, 2007

104 minutos / Apta para todo público

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje La fundición (3), de Aki Kaurismäki

 

15 de mayo, a las 20.30hs:

Una buena mujer, de Mike Barker, Reino Unido, 2004

93 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Cine erótico, de Roman Polanski, Polonia-Francia, 2007

 

22 de mayo, a las 20.30hs:

Una vez, de John Carney, Irlanda, 2007

85 minutos / Apta para todo público

Antes de la película se proyectará el cortometraje La Jetée, de Chris Marker, Francia, 1962

 

29 de mayo, a las 20.30hs:

Los niños del barrio rojo, de Zana Briski y Ross Kauffman, EE.UU., 2004

83 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Es un sueño (3′), de Tsai Ming Liang, Taiwán, 2007

21 BLACKJACK

Abril 21, 2008

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

LAS MATEMÁTICAS DE LA BANALIDAD

21 Blackjack, EE.UU., 2008.

Dirigida por Robert Luketic. Escrita por Steinfield y Allan Loeb

° Sin valor

Una de las tantas películas de casinos en la que perdemos plata y tiempo, aunque algunos colegas parecen quedar fascinados con este tipo de películas mediocres y cretinas.

¿Se puede hacer una película sobre la opulencia sin pactar con ella? Esta no es, naturalmente, una pregunta de Hollywood. Como suele suceder siempre, todas las películas en las que se afana a un casino, los costos previos de planificación del atraco son excesivos. Para robar hay que invertir, esa es la premisa. Y como también se acostumbra, a menos que sea una remake de Robin Hood, el hurto no es distributivo.

Narrativamente fluida y estéticamente esquemática, 21 blackjack concentra su historia en los derroteros sorprendentes  (y ligeramente verídicos…) de un estudiante del MIT que sueña con llegar a Harvard pero que no tiene el dinero para pagar sus estudios. La opción es ganar una beca imposible: compiten casi 70 genios y uno solo será el elegido. El héroe en cuestión podría ser Peter Parker, pues posee los mismos rasgos inocentes de aquel y sin dudas pertenece a una clase social que no tiene la riqueza suficiente para costear una educación de excelencia.

Estudiar, trabajar e inventar con sus amigos artefactos científicos en los ratos libres, todo eso constituye la vida ejemplar del joven Ben. Pero cambiará cuando su profesor de matemáticas lo invite a una aventura grupal que nada tiene que ver con las vernáculas cruzadas pitagóricas de Adrián Paenza, sino con la aplicación de la aritmética a la estafa. Aceptar este emprendimiento tendrá sus consecuencias.

Robert Luketic fue responsable de Legalmente rubia, una película menor pero perspicaz y honesta en la que se establecía un discreto elogio al conocimiento y a su empleo responsable. Allí destilaba una ética del saber y una sensibilidad de clase. Algo diametralmente opuesto sucede con 21 blackjack. Aquí se celebra la manipulación, el engaño y la traición como elementos cancheros y justificados para cumplir metas personales. A su vez, hay una cierta fascinación por Las Vegas, paradigma y fantasía de un sistema socioeconómico, cuya fealdad luminosa y arquitectónica aquí se la retrata como si el objetivo de la cámara estuviese frente a un triunfo de la voluntad humana sobre el desierto.

21 blackjack, como la mayoría de las películas manufacturadas en el país de los Oscar, suma planos a toda velocidad. Es la regla de vértigo, cuya operación sobre el espectador disminuye la percepción a través de una excesiva estimulación de imágenes rápidas, de tal modo que no se pueda pensar lo que se ve. Y aunque Luketic, en un pasaje vistoso, se apropie de cierta estética característica del Wong Kar Wai de principios de los ‘90 (la escena en la que Ben está inmóvil y el mundo a su alrededor está hiperacelerado), su película pocas veces estimula la sensibilidad y la inteligencia.

Explicarlo todo, subrayar, jamás arriesgar y apostar a lo seguro, 21 blackjack pertenece a ese batallón de películas que todos los jueves invaden las salas y nos entrenan a no pensar. Subestimar a la audiencia, infantilizarla hasta al hartazgo y hacerle creer en la inocencia del entretenimiento, ese es el programa del cine hamburguesa que juega con nosotros utilizando los mismos trucos del villano interpretado por Spacey.

 Copyleft 2000-2008 / Roger Alan Koza

 Esta crítica fue publicada durante el mes de abril por el diario La Voz del Interior de la provincia de Córdoba.

SEMANA DEL 21 AL 27/4 EN CINECLUBES

Abril 20, 2008

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

23 de abril, a las 20.30hs: Herencia y presencia del Cristianismo

Mary, de Abel Ferrara, EE.UU., 2005

85 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje A la memoria del día pasado, de Sharunas Bartas, Lituania, 1990. (Cortesía del cineclub La Quimera)

En uno de los libros más lúcidos y pretenciosos sobre un cineasta, la brillante crítica Nicole Brenez sostiene que uno de los ejes conceptuales del cine de Ferrara es la concepción de que “el cine moderno existe para discutir y estar frente a frente ante el Mal contemporáneo”. Adicción, Maldito policía, Blackout son películas que de un modo u otro se enfrentan con distintas facetas del Mal, y Mary no es la excepción: aquí la lucha es contra el cinismo como temple existencial, en una película que intenta abordar el misterio de la fe (cristiana) sin acudir a la vileza y perversión de Mel Gibson y su film La pasión de Cristo, o la heterodoxia extrema aunque fascinante de Scorsese en La última tentación de Cristo (aludido aquí por uno de los personajes). Tres escenarios para Mary: un programa de televisión en el que se intenta abordar el enigma de Cristo, una actriz (Juliette Binoche) que tras interpretar a María Magdalena peregrina a Jerusalén en una conversión mística y el estreno de un film controversial sobre Cristo. Historias yuxtapuestas, a veces elegantemente entrelazadas por un fundido encadenado típico de Ferrara, y con una impronta femenina que intenta cuestionar el poder fálico de la institución religiosa. (Roger Koza, programador)

LA FALDA: RESTAURANTE UGOLINO, 9 DE JULIO 470

24 de abril, a las 20.30hs:

Cine, aspirinas y urubúes, de Marcelo Gomes, Brasil, 2005

99 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Tres minutos, de Theo Angelopoulos, Grecia, 2007

Esta bellísima e intimista meditación indirecta sobre la violencia y su expresión bélica se hilvana a partir de una trama mínima: durante la Segunda Guerra Mundial un alemán vive en el sertón brasilero pasando cine ambulante, método de seducción para vender sus revolucionarias aspirinas. El alemán cimienta una amistad con un campesino. Y cuando Brasil rompe las relaciones diplomáticas con Alemania, el extranjero deviene en un enemigo potencial, y tendrá entonces que huir o esconderse. Desprovisto de cualquier ornamento folclórico, Gomes explora un contexto rural que a pesar de la distancia en el tiempo poco debe haber cambiado, y su interés parece ser querer advertirlo. Pero la gloria de Cine, aspirinas y urubúes consiste en su delicada y austera puesta en escena, capaz de transmitir emociones reconocibles sin la manipulación característica del cine contemporáneo y eludiendo todo tipo de subrayado que indique una interpretación determinada. La sugerencia es la regla. La sutileza, una norma. Y la magia, si se quiere, la del cine, una alusión, acaso un milagro, como lo experimentan algunos campesinos en plena noche mirando absortos la ciudad de San Pablo proyectada en una pantalla. (RK)

VILLA GIARDINO: SALA TEATRO-CINE ALEJANDRO GIARDINO

27 de abril, a las 20.00hs:

El espíritu del Ártico, de Zacharias Kunuk, Canadá, 2000

167 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El regalo, de Raoul Ruiz, Francia, 2007

Sorprendente y fascinante desde el plano inicial al último, culturalmente compleja aunque ostensiblemente universal respecto de su trama, la primera película de ficción hablada en inuktitut, basada en un relato épico del siglo XI, es una experiencia que puede remitir al espectador a su virginidad cinematográfica. Lo que vemos posee el impacto de una primera vez. Mítica y melodramática, todo empieza con una maldición. A continuación, una disputa entre dos familias de un clan por una mujer. Luego, un asesinato y una extensa persecución, uno de los momentos más elegantes y físicos en términos cinematográficos. Posteriormente, la disolución del sortilegio y la restauración del equilibrio. Narrativamente circular, El espíritu del Ártico presenta la Otredad cultural respetando las coordenadas simbólicas de este mundo, pero también traduciendo este universo a una experiencia que nunca es ajena. El chamanismo, la telepatía, la poligamia podrán ser extraños, pero el amor, los celos, el parricidio, la venganza y el perdón son reconocibles. El espíritu del Ártico revela un estilo de vida: de panorámicas a planos detalles, del horizonte infinito del Ártico hasta el microcosmos minimalista del iglú, la cultura esquimal se define por una experiencia del espacio. Un territorio hostil y excesivamente abierto, en donde los esquimales han desarrollado por siglos sus ritos, sus juegos, sus melodías, sus vestimentas, incluso una dietética no apta para vegetarianos. (RK)

BAFICI 2008 (7)

Abril 19, 2008

Faltan dos días y todo terminará. El BAFICI sigue siendo un momento único para todo aquel que ame el cine y quiera saber algo más del mundo. Hoy leí una nota sobre el festival en el Ámbito Financiero, el diario indentikit por excelencia, en donde ninguneaban esta edición. Cretinos y periódicos amarillentos hay en todos lados. Lo cierto es que no pude hacer el diario día a día del BAFICI como me hubiera gustado. Veo 6 películas por día en búsqueda de films para el festival de Hamburgo, en el que programo cine latino e iberoamericano. Sin embargo, en estos días subiré tres notas sobre varias películas vistas. Mientras pueden consultar la lista de recomendadas. Pero sugiero no perderse Go go tales, de Ferrara, un film de una libertad admirable e Historias extraordinarias, un “épica” pop sorprendente, inclasificable, de un realizador que tiene instantes de genialidad y que reinventa los vocablos combinados de asociación libre. No se las pierdan. (Roger Koza)

BAFICI 2008 (6)

Abril 17, 2008

OTRAS RECOMENDADAS PARA LOS DÍAS QUE QUEDAN (VER LISTA ANTERIOR)

1. SÜDEN, de Gastón Solinicki. (El regreso de Maurice Kagel, después de 40 años a la Argentina, es aquí retratado con justeza y precisión, en un documental en el que Kagel piensa la música, aunque indirectamente sirve para pensar el cine)

2. INTMIDADES DE SHAKESPEARE Y VICTOR HUGO, de Yulene Olaizola. (Extraño y difuso documental con giros sorprendentes sobre un personaje multifacético, cuyo tema esencial es el misterio de la identidad y la percepción errática de los otros).

3. UNITED RED ARMY, de Koji Wakamatsu. (La última película de este director japonés es una exploración radical y exigente sobre la subjetividad revolucionaria en su costado fanático y extremo. Ideal para contrastar el debate “No matarás” en otro contexto histórico y social).

Fotos: el fotograma pertenece a United Red Army.

BAFICI 2008 (5)

Abril 15, 2008

DOS PELÍCULAS EN LA NATURALEZA DE NATURALEZAS DISTINTAS

Por Roger Alan Koza

Cuando vi el film de Kawase en Cannes escribí en otro lugar: “Uno de los premios sorpresivos fue el de la extraordinaria realizadora japonesa, Naomi Kawase, cuya obra maestra Shara había competido en el 2004. La conmovedora El bosque del luto, cuyo lirismo refinado está orientado a contar una historia mínima, el viaje por el bosque de una enfermera y un anciano hacia la tumba de su mujer, podrá ser lenta y, acaso para algún ojo muy americanizado, aburrida, pero es una de las películas donde la belleza es la regla: en un momento los dos personajes juegan a las escondidas en un jardín en las colinas de algún pueblo japonés. La combinación entre planos detalles y planos generales no hace más que exaltar lo hermoso del mundo, una búsqueda cada vez menos presente en el cine actual. Aunque la maestría de Kawase alcanza su máxima expresión en un pasaje que transcurre en una noche lluviosa en el bosque: el calor del cuerpo humano puede ser el testimonio material más contundente de qué significa estar vivo.” Sobre este pasaje, tras un segundo visionado, como dicen los españoles, nada quisiera cambiar. Pero en esta segunda oportunidad, el encuentro con el film de Kawase fue decepcionante. Sus virtudes siguen siendo las mismas, pero sus defectos se hacen más visibles.

Un realizador a quien respeto muchísimo aunque no siempre le correspondo en sus opiniones sobre determinados colegas suyos (yo defiendo el cine de Alonso, Serra, Martin, él sospecha y los ataca) me dice sobre el film de Kawase: “una cruza de Los muertos y Rain Man“. Discutimos un poco, pues su ironía es obvia y sabe que yo no habré de asentir respecto de su sentencia envenenada, hasta que logramos convenir en algo: existen películas chill out.

Las categorías genéricas son extrañas. Una cierta tendencia del cine francés, decía Truffaut, y execró al cine de qualité. Y está el cine choronga con el que El Amante intentó desprestigiar (merecidamente) a Las invasiones bárbaras, y el cine de “Nueva Sinceridad”, con el que los alemanes clasifican en los videoclubes a los films de Wes Anderson, Sofia Coppola, Noah Baumbach, etc. ¿Por qué no bautizar bajo el lema de films chill out a todas las películas narcotizantes, esas que secretamente pretenden apaciguar espiritualmente con sus imágenes el malestar del mundo, los antagonismos de él?

Hay algo de esto en el film de Kawase. Hay belleza pero también hay simplificaciones inadmisibles, recursos baratos y una filosofía zen de bolsillo que sobrevuela la totalidad del metraje.

Un ejemplo: Kawase compone una escena casi a oscuras en la que los dos personajes quedan a la intemperie en el bosque. El abrazo desnudo entre los dos personajes se viene anticipado en el inicio por una especie de oficio religioso en donde un monje budista demarca una diferencia ontológica respecto del mero existir corporal de una existencia simbólicamente relevante. Un personaje duda si está vivo o no lo está, y el monje hace entonces una distinción fundamental para toda escuela budista: existe una diferencia entre el vacío vaciado y el vacío fundante. Hasta aquí todo bien. Pero luego Kawase acentúa discursivamente la tesis inicial sobre el sentido de la vida, y en el bosque hasta uno de los personajes repite literalmente las preguntas del monje. Este refuerzo discursivo no viene solo. Hay también un motivo melódico interpretado por un piano, motivo que en un pasaje del film el personaje principal toca por su cuenta. Además, Kawase suma una cajita de música y una aparición fantasmal de quien se le está dedicando el luto. Un fantasma baila con un loco.

Y es una lástima, porque no solamente hay planos bellísimos, sino que también el film posee una atmósfera particular en la que se incluye a la tercera edad y su derecho de vivir, existir y ser filmada.

“Aquí no hay reglas”, dice uno de los personajes, aforismo que se repite unas cuatro veces. Parece casi una declaración oblicua de la misma Kawase, que no confía en su sensibilidad y transgrede una regla justa y sabia: en el cine conviene mostrar, no decir.

 

Esta opera prima dirigida por Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas es una excepción dentro del cine mejicano, cuyas variables van de películas ensimismadas en problemáticas existenciales insignificantes, propia de una clase específica y pudiente (Malos hábitos, Enemigos internos, Espérame en otro mundo, All inclusive, pasando por la película aduana rumbo a Hollywood (Cuarón, Iñarritú, Del Toro) hasta la diversidad de los jóvenes independientes, como Ernesto Contreras (Párpados azules) y Fernando Eimbcke (Lake Tahoe), los minimalistas kaurismáticos, y sin olvidar el miembro distinguido del club Cannes, Carlos Reygadas, cuya Luz silenciosa, en este Bafici, habrá de agrupar detractores y defensores por igual. Dicho en otras palabras, el cine mejicano es diverso, y expresa el fermento de una posible industria.

Cochochi parece una película de Kiarostami, más precisamente el film ¿Dónde queda la casa de mi hijo? Aquí no hay que devolver un cuaderno sino encontrar un caballo. Se trata de una travesía, casi cósmica y por momentos cómica, de dos niños por el valle de Okochochi, quienes tienen que entregar unos medicamentos a unos abuelos. En el viaje, el caballo desaparece. Quizás se los robaron, quizás el nudo estaba mal hecho.

Es un periplo de conocimiento, y para quien mira el film es un viaje de descubrimiento. Así se revela, paulatinamente, una cultura indígena que convive con la tecnología básica de Occidente: medios de transporte y de comunicación. La radio es la web del pueblo. Hay otra música, otros instrumentos, hay otro idioma. Pero hay también una advertencia: “Quizás al caballo se lo robó un blanco”: “Los blancos quieren todo para ellos”.
Formalmente consistente, Cochochi evita el turismo audiovisual y la curiosidad etnográfica. Es más bien el registro delicado de dos niños en un posible rito de pasaje. Singular, universal, diferente, podría ser la sorpresa de la competencia.

COPYLEFT 2000-2008 / ROGER ALAN KOZA

SEMANA DEL 14 AL 21/04 EN CINECLUBES

Abril 15, 2008

LA CUMBRE: CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

16 de abril, a las 20.30hs:

Primavera en un lugar pequeño, de Tian Zhuangzhuang, China, 2002

116 minutos / Apta para todo público

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Viajé 9000 kilómetros para dártelo, de Wong Kar Wai, China, 2007

Tian Zhuangzhuang, uno de los grandes maestros del cine chino, ha tenido una carrera difícil debido a su abierta franqueza política, y esta película de 2002 fue su primera película tras su largometraje El cometa azul de 1993. Se trata de una remake de Primavera en una pequeña ciudad, una obra maestra de Fei Mu, realizada en 1948 y considerada como la mejor película nacional por quienes hablan mandarín pero desestimada por casi todo el resto. Un joven doctor visita a un aristócrata enfermo, quien es un viejo amigo, y a su mujer alienada, quien fuera muchos años atrás el primer amor del médico. Los otros dos personajes son la hermana del aristócrata y un envejecido sirviente, y esta concentración le da a la puesta en escena una fuerza enorme. Este drama cargado de erotismo podrá ser menos excelso que el original, pero es, de todos modos, una obra asombrosa y hermosa. (Jonathan Rosenbaum, Chicago Reader)

LA FALDA: RESTAURANT UGOLINO, BUENOS AIRES 470

17 de abril, a las 20.30hs: Película de apertura

Diez canoas, de Rolf de Heer, Australia, 2006

92 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El ejemplo del Airón (13′), de Lluis Galter, España, 2007

Una de las películas más fascinantes de los últimos años y sin duda un ejercicio hermenéutico excepcional en donde un director “Balanda” (el hombre blanco) intenta aproximarse sin la imposición de su cosmovisión a una cultura ancestral para realizar un film comunitario. Como advierte el gran actor aborigen David Gulpilil, el narrador en off de este mítico e inteligente relato, previamente a ironizar respecto de la celebrada inscripción narrativa de la trilogía de La guerra de las galaxias, “es una gran historia, aunque no es la de ustedes”. Y, en efecto, el universo de los Yolngu, sus prácticas, sus costumbres, sus creencias constituyen un contexto formidable para ser abordado en el cine, y aunque se trate de un verdadero Otro cultural no deja de confrontar con aquellos rasgos más universales de los hombres. Que este gran cuento esté centrado en el deseo amoroso de un joven por una de las tres mujeres de su hermano mayor es una excusa. La anécdota es la introducción a todo un mundo. Si hay un tema ubicuo en el film es el misterio de la vida y la muerte, pues del relato cosmogónico inicial Diez canoas concluye con una ceremonia sepulcral, más parecida a un trance visual que a una escena lúgubre, en la que se explicita una tesis metafísica: la unión entre los individuos y un magma existencial, el charco inicial como se llama aquí, destino de todo ser viviente particular una vez concluida su vida. Los planos generales ofrecen una composición de lugar. La dialéctica entre los planos fijos y en blanco y negro respecto de los planos secuencia móviles y un vivaz color sirve para dinamizar y separar dos relatos yuxtapuestos, aunque en un tiempo muy lejano, incluso mítico. Es un viaje a la Era del sueño, pero también un ejemplo excelso de narración, uno que bien puede definir una de las características singulares de nuestra especie: su voluntad de narrar. (Roger Koza, programador)

 VILLA GIARDINO: SALA TEATRO-CINE ALEJANDRO GIARDINO

20 de abril, a las 20.00hs:

Una vez, de John Carney, Irlanda, 2007

85 minutos / Apta para todo público

Antes de la película se proyectará el cortometraje No se necesita traducción, de Michael Cimino, EE.UU., 2007

El título en inglés de este pequeño y grandioso film de John Carney es Once, y bien podría titularse Once again, “Una vez más”, porque es sin duda el deseo que surge del espectador cuando descubre esta pieza de cámara, acaso un musical propenso, paradójicamente, a un difuso realismo social. En Dublín, un músico (callejero) y también empleado de una ferretería (paterna) conoce a una mujer en la calle mientras interpreta una de sus canciones. Luego harán música, quizás se amen. Esta versión proletaria de Letra y música transmite la misma felicidad de esa película, pero se desmarca de esa quimera mercantil en donde hacer música se asocia al éxito y a la fama. Aquí, la música es una labor cultivada para cuidar la propia dignidad y una expresión catártica para conjurar el propio desencanto. Una vez hace visible la mentada comunicación entre músicos, pues permite en varios pasajes ver cómo se compone grupalmente, dejando asentado que la música es una actividad colectiva (y también ofrece un retrato del músico que nada tiene que ver con las drogas y la vagancia, aunque sí, discretamente, con la rebeldía). Como film musical está en las antípodas de productos miserables como High School Musical, la artificialidad sofisticada de Chicago o el sadismo cool de Sweeney Todd. Los planos secuencia extensos y un registro directo del sonido en varias ocasiones producen un efecto de extrañamiento sobre las reglas del género, operación estética que compensa el glamour del musical canónico y le otorga un profundo sentido humano. (Roger Koza, programador)

BAFICI 2008 (4)

Abril 12, 2008

Otras películas que se pueden ver en estos días.

El BAFICI es inabarcable y el cinéfilo, propenso a la obsesión, puede ser insaciable. Son 13 días, más de 400 películas, y las matemáticas y la planificación no llegan a templar la legítima y a veces patológica ansiedad. La cinefilia, después de todo, como decía Daney, es una suerte de enfermedad, y los festivales son internaciones voluntarias.

Todos los festivales tienen sus películas Must, sus OVNIS, sus tesoros escondidos, sus películas relax e incluso sus bodrios. Quizás para el exigente intransigente, Once y Sonic Mirror, pueden ser películas para otra ocasión, distracciones más que elecciones justas para el cinéfilo que sabe muy bien acerca de la aridez anual de la cartelera cinematográfica. Pero ambas películas pueden servir de descanso y respiro: para poder seguir viendo pero sin esfuerzo. Ideal para la tercera del día, si es que uno piensa ver seis. Estas películas, en efecto, no exigen, relajan, y no por ello son dispensables. Y si a uno le gusta la música, hasta pueden convertirse en películas queridas, aunque si se tiene cierto entrenamiento musical o si se es músico, la de Kaurismaki habrá de satisfacer un poco más las expectativas del entendido.

Quien haya tenido el disgusto de ver la última entrega de los Oscars podrá recordar uno de los pocos reconocibles momentos humanos, en esa fiesta de potenciales psicóticos millonarios totalmente alejados del mundo real: el título ganador de mejor tema original para una película se la llevó Fallen slowly, de Glen Hansard, compositor, intérprete y protagonista de Once. Sorprendido dio las gracias y se llevó la famosa estatuilla. En su honesto agradecimiento, involuntariamente, establecía una distinción lingüística entre un ustedes y un nosotros, pues la acompañaba Markéta Irglová, la otra protagonista del film. Es cierto: eran artistas de otra especie. Pero más sorprendidos quedaron estos otros, las estrellas, y nosotros, los televidentes, cuando tras la pausa comercial y proseguir con la ceremonia Irglová volvió para poder hablar y entonces agradecer y dedicar su premio a todos los músicos independientes. Jon Stewart se limitó a decir cuán arrogantes eran estos tipos.

En un bello artículo de Adrian Martin sobre el género musical en la versión inglesa de Movie Mutations, hay una cita de Agnès Varda en la que se refiere a su marido, Jacques Demy, a propósito de sus películas, que en parte puede ser aplicado a Once: “Jacques no era un cineasta radical. Pero lo que era radical era su deseo de llevar la música, la canción y la danza a ciertos lugares que estaban disociados de estos elementos, como por ejemplo la lucha de clases”. El pequeño y noble film de John Carney poco dice sobre la lucha de clases, pero sí sitúa la música, la canción y la danza en una clase específica, la trabajadora, pues se trata de un musical propenso, paradójicamente, a un difuso realismo social.

En Dublín, un músico (callejero) y también empleado de un negocio (paterno) de reparación de aspiradoras conoce a una mujer en la calle mientras interpreta una de sus canciones. Luego harán música, quizás se amen. Esta versión proletaria de Letra y música transmite la misma felicidad de esa película, pero se desmarca de esa quimera mercantil en donde hacer música se asocia al éxito y a la fama. Aquí, la música es una labor cultivada para cuidar la propia dignidad y una expresión catártica para conjurar el propio desencanto. Una vez hace visible la mentada comunicación entre músicos, pues permite en varios pasajes ver cómo se compone grupalmente, dejando asentado que la música es una actividad colectiva (y también ofrece un retrato del músico que nada tiene que ver con las drogas y la vagancia, aunque sí, discretamente, con la rebeldía).

Como film musical está en las antípodas de productos miserables como High School Musical, la artificialidad sofisticada de Chicago o el sadismo cool de Sweeney Todd. En sus mejores momentos, el film de Carney puede remitir a esa obra maestra de Terence Davies llamada Voces distantes, en el que la música popular funciona como un patrimonio comunal capaz de neutralizar la desdicha y de garantizar instantes de placeres que no se pagan con dinero. Pero el film de Davies no tiene concesiones, y Once, de vez en cuando, elige los caminos más transitados. Sin embargo, los planos secuencia extensos y un registro directo del sonido en varias ocasiones producen un efecto de extrañamiento sobre las reglas del género, operación estética que compensa el glamour del musical canónico y le otorga un profundo sentido humano.

De los dos hermanos Kaurismaki, Mika es el menos prestigioso, y quien crea que por el apellido habrá de ver algo parecido a los pasajes musicales de El hombre sin pasado u otras de sus películas, pues habrá de sufrir una decepción. Pero Sonic Mirror se deja ver, principalmente, porque el ex baterista de Mahavishnu Orchestra, Billi Cobham, uno de los pocos bateristas que trastoca la naturaleza rítmica de su instrumento (Stewart Copeland, Paul Wertico, Neil Pearlt podrían ser otros) alcanzando cierto matiz melódico, es un tipo simpático y curioso, además de ser un gran músico.

Estéticamente convencional, Kaurismaki se dedica a seguir a Billy Cobham en Finlandia, Brasil y Suiza. En el país del realizador, Cobham toca con una orquesta numerosa. Suena bárbaro, y a quien le guste el jazz habrá de estar satisfecho con este segmento. También quedarán conformes quienes estén interesados en las raíces africanas de la música brasilera. La incursión de Cobham por el norte de Brasil no sólo le permite al músico constatar otras concepciones rítmicas, sino también recordar su propia infancia, no tan alejada a la de varios de los niños brasileros con lo que juega y hace música.

Pero Kaurismaki está interesado en demostrar un concepto al que Cobham subscribe y patenta: el espejo sonoro. Diríase que se trata de una suerte de terapéutica implícita en la creación e interacción musical que supone siempre a un otro, y que aquí tendrá su prueba empírica en el penúltimo pasaje del film, en el que Cobham ofrece un concierto experimental en un instituto de autistas de Suiza, invitado allí por la insistencia de uno de los pacientes devoto del baterista. Quizás no sorprenda a los músicoterapeutas, pero el bello descontrol entre autistas y músicos profesionales devenido en “espejo sonoro” justifican los 79 minutos de película.

* Fotos: 1) fotograma de Once; 2) fotograma de Sonic Mirror.

COPYLEFT 2000-2008 / ROGER ALAN KOZA