Archivo de Enero 2009

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

Enero 31, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

EL NIÑO DE LA ESVÁSTICA

 El niño con el pijama de rayas / The Boy in the Striped Pyjamas,  EE.UU., 2008

Escrita y dirigida por Mark Herman

° Sin valor

Una película sobre el Holocausto, cuyo humanismo kitsch tiene sorpresas poco agradables.

El crítico judío de cine Stuart Klawans, quien solía pensar que el límite de películas sobre el Holocausto debía detenerse en los seis millones de títulos, tras la proliferación ostensible de los últimos años, propuso una moratoria. Decía en Nextbook: “Al reinterpretar, volver a encuadrar, y reinventar el pasado, estas películas están comenzando a ensombrecer la misma historia que pretenden conmemorar”.

Si se tienen en mente películas con sed de Oscar como La vida es bella y Los falsificadores, Klawans parece ostentar un argumento convincente, aunque el reciente levantamiento de la excomunión al obispo Richard Williamson y compañía, quienes sostienen que el Holocausto jamás aconteció, puede ser una objeción atendible: siempre es bueno recordar e insistir sobre el espanto. Pero recordar a cualquier precio es otra cosa. Banalizar, infantilizar, despolitizar, es decir hollywoodizar la Shoah, más que rememorarla es naturalizarla y transformarla en espectáculo.

El niño con el pijama de rayas, basada en el exitoso libro homónimo de John Boyne, transcurre en tiempos de la deportación de judíos en Berlín. Un oficial nazi y padre de familia, en el nombre de la patria y en su debida obediencia, tiene que dirigir un campo de concentración (Auschwitz, en el libro). Mudarse de Berlín es un drama familiar. Ni su esposa ni sus dos hijos parecen felices con la vida en el “campo”. Vileza obliga.

Así, comienza una nueva vida. Mientras papá sistematiza el exterminio y mamá se ocupa de la casa, Bruno, un niño de ocho años, se siente solo y aburrido. Su hermana mayor perfecciona su sensibilidad aria, y no está para entregar su imaginación a la aventura. Desde la ventana de su cuarto, Bruno descubrirá una “granja” en la que trabajan niños con pijamas. Aprenderá que los granjeros son judíos, y escuchará que éstos son una amenaza para el bienestar alemán. Pero nada impedirá que desarrolle una amistad con un niño de su edad, Shmuel, un granjero sin dientes que vive detrás de los alambres de púa y con quien jugará a la pelota.

Herman dirige su película sin sutilezas. El humo negro de un tren en la noche remite luego a una chimenea asesina. Un conjunto de muñecas apiladas en un sótano simboliza aniquilación en masa. Un pedazo de pan se devora. Ya en el inicio, Herman establece una perspectiva: en un plano subjetivo general en picado, Bruno mira una fiesta nazi en su casa. Su mirada supone una distancia, y le será correspondida por su abuela, quien critica el régimen. A partir de ese momento, comienza un ejercicio de manipulación sobre el espectador que, protegido por la supuesta inocencia de la infancia, culminará en un infame pasaje en donde la angustia del padre nazi y el destino de su hijo prevalecen sobre una multitud asesinada.

En una escena, el staff nazi ve una película de propaganda sobre la vida cotidiana en los campos. Parece un kibutz, una postal del paraíso. Bruno espía y así vuelve a creer en su padre. Lo que sucede con él es exactamente lo que pasa con la película: su fábula humanista nos protege y trastoca lo siniestro en un cuento de niños.

 Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada por el diario La Voz del Interior en el mes de enero, 2009

HISTORIA(S) DE LA REVOLUCIÓN

Enero 29, 2009

 Por Nicolás Prividera

1.

En estos días se cumplen cincuenta años de la revolución cubana, uno de los momentos cruciales en la historia del siglo XX, porque muy pronto la Cuba de Castro iba a convertirse en un escenario central de la “guerra fría” (con el clímax de la “crisis de los misiles”), que tendría consecuencias no sólo en lejanas geografías (como el hasta entonces ignorado Viet-Nam) sino también en la misma América Latina, donde esa revolución alentaría movimientos insurgentes y su consecuente represión, extendida en los ‘70 hasta desembocar en las dictaduras más feroces de las que la región tenga memoria.

La revolución cubana, que fue soñada como la primera de muchas, fue en realidad la última revolución (y la única victoriosa) del siglo XX, y ese destino selló con sangre la discusión que la revolución había generado por entonces, entre quienes planteaban su “excepcionalidad” y quienes proponían exportarla. Esa discusión también había recorrido el mundo luego de la revolución rusa, y también fue ahogada con sangre. Pero en aquel momento la revolución cubana volvió a encarnar la pura fuerza de la revolución, con su teleología inexpugnable, incluso más allá de cualquier (¿parcial?) derrota. (Y aún hoy -frente al fin de la teleología de la Historia- a veces nos complace pensar que, como dijo un sobreviviente, “somos los ejércitos derrotados de un ideal invencible”.)

La revolución triunfó, pero sus epígonos y enemigos no. A esa curiosa variación le debemos infinitos hechos: la sobrevida de Castro a varios presidentes norteamericanos que anhelaron su muerte. La patrulla perdida del Comandante Segundo en la selva de Salta, derrotado finalmente por la espesura de la espera. Los peregrinajes turísticos, los retiros militantes, las reclusiones médicas. Los infinitos discursos de Fidel Castro en la Plaza de la Revolución. Las canciones de amor y guerra (de la guerra como amor a la patria, según el culto de José Martí) por Silvio Rodríguez. El curioso nombre de “Cuba libre” para una bebida con tanta cola como ron. El sincrético barroquismo soviético-caribeño del inexpugnable film Soy Cuba. La celebración nostálgica de La Habana para un infante difunto. La colonización cubana de Miami. La abusiva remake de Scarface. El rostro extático del Che al final de La hora de los hornos. La cara del Che repetida en remeras y publicidades y pancartas (y el hombro de Maradona). Las malas imitaciones del Che (así en el cine como en la vida). Pero también la única segunda parte buena de la historia del cine: El padrino II.

2.

Las películas sobre la revolución se enfrentaron al problema del cine “histórico” en general, que no es más que la exacerbación de lo que desveló al cine desde sus orígenes: el problema de la representación. Pues la representación (política y mimética) parece opuesta, por definición, a la Historia, que es precisamente aquello que no se puede repetir, que no puede ser re-presentado. La Historia, como sus protagonistas, es imposible de replicar (es decir: de copiar e impugnar).

El cine histórico sufre la maldición del facsímil: puede ser verosímil, pero nunca verdadero. La revolución cubana lo supo, e intentó en un primer momento crear no un cine que glorificara su pasado, sino atento a vislumbrar su propio futuro (incluyendo el futuro del cine). Pero fue el intento mismo el que se quedó sin futuro (devorado por la burocracia, como en todas las revoluciones del siglo): Historia(s) de la revolución (con su estética neorrealista) era el cine del pasado y Memorias del subdesarrollo (con sus guiños modernistas) el cine del futuro… Pero la memoria de la revolución empezó a limitar su proyección, a convertirse en un literal “museo de la revolución”.

Y las películas sobre la revolución, que se impusieron a las películas desde la revolución, copiaron ese viejo modelo (al tiempo que la prematura muerte del Che lo convirtió en el ícono perfecto para la devoción, a la vez que un perfil imitable: las películas sólo podían ilustrar su fracaso, y así cantar su mayor gloria). Lo mismo sucedió, con ánimo inverso, con sus detractores: los revolucionarios devinieron maleantes de historieta (como en el Che! de Richard Fleisher). Y sin embargo, por otra de esas paradojas de la Historia, la aproximación más interesante sobre la revolución cubana provino desde las entrañas mismas del monstruo, de su más conspicuo archienemigo, del corazón del Imperio. Y no me refiero sólo al correcto retrato de Guevara debido a Sodebergh y Del Toro, cuya sola corrección ya es una proeza, sino a la representación lateral (y por eso más aguda) que de la revolución cubana hizo Coppola en la citada continuación de El padrino (culminación de su crítica epopeya sobre la formación del capitalismo americano).

Como recordarán, el clímax de El padrino II transcurre en la Cuba (pre)revolucionaria: allí Michael Corleone descubre que ha sido traicionado por su hermano, y traza su venganza. (A un amante de la opera como Coppola no se le escapa que la tragedia familiar es paralela a la tragedia histórica -esa fue la gran lección que la opera extrajo del mundo barroco de Shakespeare-: rotos sus lazos de sangre durante la caída del Batista, los hermanos Corleone se separan con un beso mientras los rebeldes entran en la ciudad, escapando cada uno por su lado.) Pero la escena a la que quiero referirme tiene lugar antes, en la terraza de un gran hotel: allí, alrededor de una torta que representa a la Cuba entregada al juego y la prostitución, la mafia planea el reparto de la isla. El único que alberga dudas es Michael Corleone, quien rememora ante los comensales la escena que presenció al llegar a La Habana: un hombre prefirió morir con sus captores antes que entregarse. “¿Y qué te dice eso?”, pregunta Hyman Roth. Y responde Corleone: “Que ellos pueden ganar”.

La escena recuerda otra, inversa y real, contada por Osvaldo Bayer. El Che hablaba ante un grupo de intelectuales, a quienes exponía como se podía hacer la revolución en Argentina, siguiendo el modelo cubano: un grupo de hombres sube a las sierras, logra el apoyo popular, y cuando se siente fuerte baja a tomar el poder. Todos asienten, y sólo Bayer se atreve a alzar su voz para contradecir al Comandante: “Pero las fuerzas contrarrevolucionarias son muy poderosas, tienen todo el poder del Estado: primero le van a mandar a la policía, luego a la gendarmería, y finalmente al Ejército…” Guevara lo miró con profunda tristeza (y aun hoy Bayer, que cuenta la anécdota sabiendo que tenía razón, entiende también las inevitables razones de Guevara: un revolucionario no puede dudar de la revolución), y sentenció: “Son todos mercenarios”.

Lo notable de ambas escenas, la real y la ficticia, es que se basan en (no poder) escuchar la voz del otro. (Y esa es la mayor cualidad de quienes logran narrarlas: ponerse en el lugar del Otro y darnos su versión, permitiendo la distancia crítica.) Pero aunque la reflexión de Corleone es, desde la vereda opuesta, la misma de Guevara (hay momentos en que hasta los mercenarios pierden), Roth sigue adelante con su plan reaccionario así como Guevara llevó a cabo su plan revolucionario: los dos pierden, pero en momentos diversos de la Historia. (Porque ellos no ignoraban, tampoco, que los hombres -para bien o mal- actúan a ciegas, en condiciones que desconocen, sin saber a ciencia cierta -a pesar de las diversas teleologías del bien y del mal- como terminará su Historia.) 

FOTOS: 1) Guevara y Del Toro; 2) fotograma de Che!

COPYLEFT 2009 / NICOLÁS PRIVIDERA

ECOS DE LA QUINTA MUESTRA

Enero 28, 2009

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Todo ha terminado, pero encontré una entrevista en un sitio del Valle de Punilla. El periodista Federico Rudolph, de la página web Asiespunilla, me hizo una larga entrevista. Pensé que desgrabarla y editarla habría de ser un verdero embrollo, un trabajo tedioso. Pero lo hizo, y su edición refleja muy bien algunos de los fundamentos de por qué sostengo un cineclub hace casi ya 10 años, y por qué vamos por la Quinta edición de esta muestra de cine. Se titula: Cine y cultura para todos. La nota completa la pueden leer en la dirección a continuación (Roger Koza)

http://www.asiespunilla.com.ar/home/news.html,N=372  

(Foto de Luciana Borrini)

SIETE ORACIONES SOBRE UNA MUESTRA DE CINE

Enero 26, 2009

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Por Roger Alan Koza

Centro y periferia: el inicio de esta edición de la muestra fue simbólicamente perfecto: no solamente estuvo la sala casi completa, lo que una reconocida artista de la zona denominó misteriosamente como bautismo, sino que la composición del público de esa función fue utópicamente heterogénea. El film inaugural fue Süden, película que se estrenó tres días después en Buenos Aires en el cine del MALBA. Una de las virtudes de la película de Solnicki es precisamente democratizar el acceso de un género musical a diversos públicos. Es ostensible que Süden excede el retrato del músico y se constituye como un discurso sólido sobre el espacio del arte en la vida de una sociedad. En ese sentido, es probable que la función del martes 6 de enero haya sido la mejor que ésa película jamás habrá de tener. ¿Por qué? En la sala Berti, había un grupo de 23 personas provenientes de San Carlos Minas y Serrezuela, dos localidades del norte de Córdoba golpeadas sistemáticamente por la pobreza estructural, material y simbólica, de nuestro país. Como sucede con muchas economías regionales del siglo pasado, el principal recurso de Serrezuela consistía en la explotación maderera, por lo cual esas tierras, tras año de explotación, han sido devastadas. Allí también pasaba el ferrocarril, y las vías funcionaban como una conexión vital con las ciudades más importantes del país. Eran otros tiempos. En el siglo XXI, este tipo de pueblo parece una zona habitada por fantasmas. En Serrezuela, las bolsitas de plástico atraviesan el paisaje, los chanchos conviven al aire libre con los pobladores, la tierra es yerma y nada hace pensar que allí se ha desarrollado una pasión cinéfila. Es así que un grupo intergeneracionaL, quienes empezaron a trabajar en una radio comunitaria, fundaron un cineclub. Desde hace más de 2 años, proyectan en la calle. Entusiastas y curiosos, casi siempre vienen a la muestra. Y así lo hicieron este año. Y vieron Süden, y les gustó muchísimo. Es decir que Kagel, de pronto, devenía popular, y llegaba a un público insólito que probablemente nunca habrían de pisar el MALBA.

El silencio del cine y en el cine: el diseño de sonido de las películas mainstream es ruidoso. Todo debe sonar fuerte y pocas secuencias carecen de música. De allí que el pochoclo y sus masticadores compulsivos no molesten en demasía, al menos si uno está viendo películas como Crepúsculo y Australia. Pero si uno se enfrenta a películas como Pan de azúcar, Día noche, día noche, Un condenado a muerte se ha escapado, todas exhibidas en la muestra, el juego entre silencio y sonido adquiere dimensiones sensoriales incompatibles con ciertas conductas naturalizadas del espectador contemporáneo. El silencio campea y el soliloquio del espectador se pone a prueba. Hay aquí un desafío sensorial y una discreta pedagogía sobre el aparato perceptivo de quien mira.

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Irse del cine: la gran sorpresa de esta edición de la muestra fue que pocas veces el público presente se retiró antes de que finalizara una película, algo que ocurre en todos los festivales y que durante el 2008 había sido una dolorosa constante en las funciones del cineclub. ¿Cuáles son las condiciones de escape? ¿Cómo se llega a la determinación de querer levantarse e irse? Todo sujeto es libre de hacerlo, pero de ello también se puede aprender. La impaciencia y el aburrimiento, categorías propias del orden de lo psicológico, suelen ser los móviles de esa decisión de fuga. En efecto, un cineclub y una muestra (o festival) deben ir a contramarcha de una lógica narrativa y audiovisual propia del cine de Hollywood. No se trata de una mera cuestión de colonización cultural sino más bien de una sigilosa modulación integral sobre todos los órdenes de recepción del espectador frente a una imagen. Un plano fijo de Costa, cualquier secuencia extensa de Béla Tarr, la “lentitud” de Tian Zhuangzhuang, las coreografías de Hou sin un telos narrativo, problematizan el orden del discurso cinematográfico y su lectura concomitante. Quien mira, de ese modo, no puede evitar ser interpelado. Si así llegara a acontecer, si el espectador se permite sostener su mirada, un cierto placer desconocido le espera al paciente y al curioso. De lo contrario, habrá de creer que una película distinta es Vicky Cristina Barcelona, o mediocridades más edulcoradas como Los falsificadores y tantos otros títulos que pasan por alternativa del cine hollywoodense. Lo cierto es que no hubo éxodos masivos; me animo a decir que muy pocas veces alguien se fue antes de que terminara. Es más: el film de Costa sobre los Straub, ¿Dónde yace tu sonrisa?, fue calurosamente aplaudido. Había unas 40 personas, afuera hacía 34 grados y empezó a las 6 de la tarde, siendo éste un lugar de vacaciones.

La palabra del público: “No sabía que era así”, me dice el productor de un canal de televisión de la zona, quien siempre apoyó el cineclub (y las cinco muestras), pero que jamás llegó a venir a una función. Pero esta vez sí lo hizo, y tras ver la nueva de Herzog, Encuentro en el fin del mundo, insólitamente candidata a los Oscars 2008, quedó fascinado. Tuve la impresión de que su caso, el tipo que nunca viene (quizás por prejuicios, quizás por falta de tiempo) era emblemático: en su sorpresa se descubría otra experiencia posible con el cine. En la misma línea, un espectador desconocido me envió un mail diciéndome que había visto con su hijo de 10 años El viaje del globo rojo, y que a éste le había encantado. Decía el padre: “no tiene entrenamiento para ver otro cine, pero igual le gustó”. En otras palabras: una muestra de cine, un festival, tienen la obligación de deconstruir el discreto poder de la autocracia del gusto.

Las películas de las seis de la tarde: en un primer momento había pensado inventar una sección llamada Cinefilía extrema, incorregible e incurable. Se trataba de un espacio en el que quería programar películas como Juventud en marcha y películas afines. Lo había pensado para las 15 horas de los tres miércoles correspondientes a la muestra; es decir, un horario totalmente divorciado de la premisa veraniega. Finalmente, no lo hice, pero sí intenté que todas las películas de la primera función fueran radicales, películas sin concesiones, títulos que no despertaran expectativas equívocas: “A esta hora, lo que se da es muy exigente”. Confieso que esta premisa se aplicó también a otros horarios, aunque en éstos sí había películas más afables y accesibles. Y fue ése horario la sorpresa de la muestra. Siempre hubo mucha gente. Allí, más de 40 personas, descubrían el L’ Atalante, de Vigo, El viajero, de Kiarostami, o Ladrón de caballos, de Tian.

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¿Qué es el cine?: una programación debe sugerir una respuesta a la pregunta de Bazin. Todas las películas de la muestra, sin excepción, constituían respuestas abiertas pero precisas al respecto. Un solo plano de Vigo, incluso todo su cortometraje A propósito de Niza, era suficiente para que cualquier espectador expandiera su concepción de cine.

Los números y los datos: pasaron más de 1.200 personas por la muestra. 100 personas fueron becadas y hubo unos 40 invitados. Se vendieron más de 40 abonos. Se proyectaron películas de Francia, Rusia, Dinamarca, Israel, Argentina, Bélgica, Brasil, Austria, Polonia, China, Senegal, Egipto, República del Chad, Yugoslavia, Reino Unido, Hungría, Portugal, Irlanda, Italia. Excepto Süden, el resto de las películas jamás han sido estrenadas comercialmente en Argentina. Algunas sí se exhibieron en cinematecas o festivales, otras ni siquiera en esos espacios valiosos y alternativos. Ninguna de las 32 películas programadas fue bajada de Internet. Para 10 películas hicimos, especialmente para la muestra, las traducciones y los subtítulos. Se distribuyó 4.000 folletos por los puntos centrales de La Cumbre. Se hicieron 500 programas, de los que se vendieron un 65%. 4 personas trabajaron exclusivamente en los 9 días de trabajo. Todas las funciones empezaron en horario, excepto las de apertura y clausura, y hubo un solo corte de luz en todas las funciones. La lluvia, en esta ocasión, no molestó.

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El martes 5 de enero de 2010, a las 21.30 horas, largaremos la Sexta Muestra de Cine Independiente de La Cumbre. Aunque falte una eternidad, ya están elegidos los directores en foco, una nueva sección y algunas películas de la sección Clásicos para un canon. El resto de la programación se completará durante el año en curso. Nosotros ya estamos trabajando.

Fotos: Luciana Borrini

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA

MARLEY Y YO

Enero 24, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

LADRAR EN INGLÉS

Marley y yo / Marley & Me,  EE.UU., 2008

Dirigida por David Frankel. Escrita por Don Roos y Scott Frank.

*Tiene un rasgo redimible

Excesivamente estimada por mis colegas, esta supuesta comedia romántica tiene algunas virtudes, pero su ideología rampante, estética y política, la convierten en un film más entre otros, a pesar de Owen Wilson y 13 perros simpaticos para interpretar a Marley.

A pesar de que los cuadrúpedos más simpáticos de la tierra no están exentos de ser una opción en el menú de algún país lejano, lo cierto es que la mascota universal por excelencia es el perro, el mejor amigo del hombre. Así, Lassie, Rintintín, Benji, Beethoven son algunos de los célebres canes que han pasado por el celuloide, y, ahora, a la nómina de consagrados se agrega uno nuevo: Marley, tributo al cantante jamaiquino.

Si la premisa del amor profesado a los perros es universal, esto no implica que la expresión afectiva con los cachorritos sea experimentada por todas las culturas del mismo modo. En el final de Marley y yo, una voz en off postula que un perro no distingue razas, ni ricos, ni pobres, pues ama incondicionalmente sin esas clasificaciones discriminatorias características de nuestra especie. Puede ser así en los perros, pero no en los hombres. El vínculo con las mascotas está sesgado por la pertenencia cultural. Compárese, si no, Marley y yo con La cueva del perro amarillo. Lo que gira alrededor del sabueso en ambas películas son experiencias inconmensurables.

Basada en el bestseller de título homónimo de John Grogan sobre su propia historia personal, la versión cinematográfica se publicita como una comedia romántica, y posiblemente lo es en la primera parte de la película: John (O. Wilson) y Jenny (J. Aniston) están recién casados. Son periodistas: ella, columnista; él, reportero. El cambio de estado civil coincide con otro cambio: mudarse de Michigan a Palm Beach, es decir, substituir la nieve por el sol. Allí crecerán como profesionales, pero la incógnita consiste en saber si crecerán como familia.

Entre concebir un hijo y comprar un labrador, los periodistas eligen, en primera instancia, la segunda opción. Y no será un perro común, pues éste podrá desde devorar los muebles y tragarse un fax hasta frotarse con un cocodrilo de juguete. Marley es un perro hiperquinético, pero adorable. Y cuando la pareja sí opte por tener hijos, Marley será casi un consanguíneo. Así transcurrirán 12 años de vida familiar y laboral; no todo será felicidad, e insinuarlo es una de las virtudes del film.

Ocasionalmente humorística y narrativamente paradójica, Marley y yo tiene un propósito consciente y una agenda inconsciente. Frankel trabaja muy bien sobre las vacilaciones de los personajes. John siempre mide su propia vida con la de un colega suyo, quien alcanzará el pináculo del periodismo y mantendrá su condición de soltero. Jenny también tendrá su crisis. En otras palabras, ellos están en un estadio en donde lo que se ha elegido es materia de revisión. En segundo lugar, Frankel celebra acríticamente el sueño americano. Todos pueden progresar. Se trata, solamente, de hacer el esfuerzo, tanto como ser personal y creativo: tan sólo escribiendo columnas periodísticas es suficiente para vivir en una mansión. Todas las panorámicas sobre Florida constituyen un striptease ideológico. Adquirir es el ethos de una nación.

En efecto, Marley y yo expresa la quintaesencia de un estilo de vida (y también de una concepción de cine). Suenan las cuerdas y el piano, la familia americana está reunida, ¿cómo podría estar ausente esa criatura que garantiza la pureza de una institución sacrosanta?

 Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada por el diario La Voz del Interior en el mes de enero, 2009

FOTOS DE LA TERCERA SEMANA DE CINE INDEPENDIENTE DE LA CUMBRE

Enero 23, 2009

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Minutos antes de la función de clausura

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Julián Aubrit (traductor de varias películas y corrector del programa impreso), Viviana Ollúa (administración, auspicios, boletería y otros), Alejandro Cozza (cinéfilo y dueño del videoclub El séptimo arte)

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Una ayudante de fierro: Betty Font

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Armonías de Werkermeister

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¡Increible! Hay cola para entrar al Berti

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Desde el hoyo: la mujer de la derecha parece la vieja cajera del cineclub, Lucy Pravia, pero es una de las actrices de Medusa 

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Parecen los Straub, pero son los Corbalán, los mejores ayudantes del mundo

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La luz de la calle también proyecta.

Fotos de Luciana Borrini

ÚLTIMA SEMANA DE LA QUINTA MUESTRA DE CINE INDEPENDIENTE DE LA CUMBRE

Enero 20, 2009

La última semana es cinematográficamente poderosa. Tiene, sin dudas, un evidente sesgo de cine de autor, aunque prefiero expresarlo en su versión más cinéfila: veremos un cine característico de la noción de política de los autores.

En efecto, los nombres propios aquí indican una concepción de cine: Herzog, una vez más, con su última película condensa una mirada sobre el mundo y su cine: su Antártida no está poblada por pingüinos consagrados como especie ejemplar. Allí están sus excéntricos, los que viven en el límite de lo civilizatorio. Quien tiene también una mirada excéntrica es Hou. Su lectura sobre París y su relectura del viejo clásico El globo rojo, exceden la cita y la visita. El viaje del globo rojo es la obra de un genio, como dijo el crítico Jim Hoberman, y además está Juliete Binoche en un papel que si no es el mejor de su carrera, al menos poco tiene que ver con sus interpretaciones precedentes.

En esta semana van tres películas esenciales: El viajero de Kiarostami, opera prima del iraní que condensa todo su cine; Rosetta, la mejor película de los hermanos Dardenne, cuyo efecto extradiegético es una indicación de que el cine es mucho más que cine. Ésa película cambió la ley laboral para adolescentes en Bélgica; Ladrón de caballos, la gran película del mejor realizador de la Quinta Generación de cine chino, Tian Zhuangzhuang, es una película-trance, como si uno estuviera literalmente en el sonido de un mantra y en el espacio mágico de una mandala, aunque curiosamente, Ladrón de caballos, trastoca esa imagen tan occidental (y de clase media) de creer que el Budismo Tibetano es el Bien Supremo sin fisuras.

Otras: Zizek, en Guía de cine para pervertidos, demuestra que el cine es mucho más que un espectáculo; más bien se trata de un sistema de modulación del deseo y una exposición material y fantasmal de fantasías colectivas, noción que comparte con el realizador Olivier Assayas. Y está el gran Béla Tarr con Las armonías de Werkermeister, para mí, su mejor película con Satantango, cuyo inicio es uno de los mejor principios de la historia del cine; y, como dice mi amigo y crítico de cine Fernando Pujato, un principio que al verlo uno se siente mejor. Y están Chahine, Breillat, Gordon y Keret.

En otras palabras, apostamos por otro cine mientras las carteleras se inundan con los posibles ganadores de los premios de la academia y sus apologetas inescrupulosos le otorgan su bendición en revistas culturales “baratas” y periódicos porteños de mucha tirada. El vocablo cine no es sinónimo de norteamericano. Los esperamos. (Roger Koza)

TERCERA SEMANA

MARTES 20

18.40hs: El psiquismo en fotogramas

Guía de cine para pervertidos, de Sophie Fiennes, Reino Unido, 2006

150 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Querido teléfono (17′), de Peter Greenaway, Reino Unido, 1976

22.00hs: El ojo lúcido (Documentales)

Encuentros en el fin del mundo, de Werner Herzog, EE.UU., 2007

83 minutos / ATP

Antes de la película principal se proyectará Maestros (11′), de Alexander Kluge, Alemania, 1963

00.15hs: Horizontes contemporáneos

El sexo es una comedia, Catherine Breillat, Francia, 2003

95 minutos / No recomendada para menores de 18 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje La lámpara (8′), de Roman Polanski, Polonia, 1959

MIÉRCOLES 21

18.15hs: Clásicos para un canon

El viajero, de Abbas Kiarostami, Irán, 1974

71 minutos / ATP

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Mamíferos (11′), de Roman Polanski, Polonia, 1959

20.00hs: Clásicos para un canon

Rosetta, de Jean-Pierre y Luc Dardenne, Bélgica, 1999

90 minutos / No recomendada para menos de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje La parabólica (13′), de Xavi Sala, España, 2007

22.00hs: Horizontes contemporáneos

El viaje del globo rojo, de Hou Hsiao Hsien, Francia-Taiwán, 2007

115 minutos / ATP

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Taris (8′), de Jean Vigo, 1931 (Jean Vigo en foco)

00.15hs: África no es Animal Planet

Silencio…estamos filmando, de Youssef Chahine, Egipto, 2001

108 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El trabajo del sueño (11′), de Peter Tscherkassky, Austria, 2001

JUEVES 22

18.00hs: Clásicos para un canon

El ladrón de caballos, de Tian Zhuangzhuang, China, 1986

88 minutos / ATP

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Prólogo (4′), de Béla Tarr, Hungría, 2004 (Béla Tarr en foco)

19.50hs: Béla Tarr en foco

Las armonías de Werckmeister, de Béla Tarr, Hungría, 2000

146 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Thi Loaa (4′), de Remo Bianchedi, Argentina, 2008

22.30hs: Película de clausura

Medusa, de Etgar Keret y Shira Geffen, Israel, 2007

78 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Ana (12′), de Gabriela Trettel, Argentina, 2007

00.20hs: Horizontes contemporáneos

Atorado, de Stuart Gordon, EE.UU., 2007

94 minutos / No recomendada para menores de 18 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Intervalos (7′), de Peter Greenaway, Reino Unido, 1968

FOTOS: Herzog y Kiarostami; 2) El ojo de Hou Hsiao hsien.

FOTOS DE LA SEGUNDA SEMANA DE CINE INDEPENDIENTE DE LA CUMBRE

Enero 19, 2009

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Esperando por Varda… Hasta ahora, después de Súden, la pelicula que trajó más gente y despertó más aplausos.

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Preparativos: encuadre, sonido, brillo, importante, pues se viene Bresson

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Desde la boletería, así se veía espiar al condenado de Bresson

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Mi gran amiga checha me preguntá qué puede ver el jueves.

Fotos de Luciana Borrini

Para leer más sobre las películas ir a http://ojosabiertos.wordpress.com/2009/01/02/quinta-muestra-de-cine-independiente/  o pinchar a su derecha, en la columna de Entradas recientes, en Quinta Muestra de Cine Independiente.

Para ver el trailer de la Quinta Muestra pinche aquí: http://www.youtube.com/watch?v=LuU0Bq2VlpU&feature=channel_page

CÁSATE CONMIGO OTRA VEZ

Enero 17, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

LA BÚSQUEDA DE LA (IN)FELICIDAD

 

Cásate conmigo otra vez / Ira & Abby,  EE.UU., 2006

Dirigida por Robert Cary. Escrita por Jennifer Westfeldt.

*Tiene un rasgo redimible

Quienes extrañen al (sobrevaluado) Woody desde que dejó Nueva York, este film suplente podrá satisfacer, aunque su mediocridad es más evidente que la de su modelo.

Mera casualidad, o quizás decisión consciente y erudita de los distribuidores, la tercera película de Robert Cary, cuyo título original es Ira y Abby, escrita y protagonizada por Jennifer Westfeldt, fue rebautizada aquí con el nombre Cásate conmigo otra vez, título que remite directamente a ese género lúcido que el filósofo Stanley Cavell denominó ‘comedias de enredo matrimonial’.

En La búsqueda de la felicidad, Cavell dice que este tipo de comedias “tiene como heroína a una mujer casada; y lo que impulsa la trama no es que la pareja protagonista se reúna, sino que se reúna de nuevo, que se reúna otra vez. De aquí que la realidad del matrimonio esté sujeta a la realidad o la amenaza del divorcio”. Así descripto el género, Cásate conmigo otra vez pareciera ser un paradigma de esas comedias que fulguraron en el viejo Hollywood de la década del ‘30, algo que Westfeldt y Cary tal vez reconocen, pues en un pasaje central se ve a uno de los héroes de antaño: James Stewart.

Ira es neurótico, judío, estudiante crónico de psicología, un emo adulto y sofisticado de clase media neoyorkina, incapaz de pensar en algo más importante que su propio yo. Sus padres son analistas (no terapeutas), razón por la cual sus 12 años de diván no deberían sorprender a nadie. Un buen día, su Freud personal le anuncia un final inesperado. “Un análisis sin progresos”, le dice al analizado, una sugerencia valiente, ya que la tarifa por préstamo de oídos y escucha profesional es de unos 200 dólares por sesión. “Viaje, termine su tesis”.

Ira no tomará el consejo. Su periplo será otro: primero, anotarse en un SPA; segundo, enamorarse de Abby, una empleada del establecimiento y casarse casi al instante. ¿Irracional, impulsivo? Abby es casi un ángel; todos recurren a ella: escucha, consuela, aconseja, hasta puede transformar a un asaltante desesperado en un cachorrito necesitado; además, como ángel, Abby no está reñida con los instintos más elementales.

Pero la felicidad es transitoria. Las nupcias conllevan lazos familiares, que, en este caso, no habrán de ser ornamentales. La aventura matrimonial, una dudosa proeza en la que dos sujetos que creen conocerse insisten en hacerse felices, no está exenta de dudas y desacoples. Abby y Ira van a divorciarse, y no serán los únicos, aunque aquí todos tienen su segunda oportunidad.

Cualquier reminiscencia con las comedias a las que alude Cavell se desdibuja a medida que esta suerte de sitcom extensa en 35mm avanza. No hay elegancia formal alguna; tampoco un aprendizaje de los personajes por el que se pueda dilucidar junto a ellos la obstinación colectiva por comprometerse con otro. El mayor brío estético es la construcción de un sueño, y alguna secuencia de grupo propia de Woody Allen, como cuando Ira le informa a sus padres de su eminente boda y la cámara se mueve de un lado al otro. Así, la mayor sabiduría no pasa del aforismo: “Nunca conoceremos al otro”.

En el desenlace se reivindicará la monogamia como bienaventuranza, pero, sin proponérselo, se insinúa que el matrimonio es más un vía crucis que otra cosa.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada por el diario La Voz del Interior en el mes de enero, 2009

PROGRAMACIÓN DE LA SEGUNDA SEMANA DE LA MUESTRA DE CINE INDEPENDIENTE DE LA CUMBRE

Enero 13, 2009

Esta semana empieza con todo: Bresson, Varda, Mambety. A la noche va una película tapada: Dia noche, día noche. Mañana tenemos a Resnais y un film que retoma el lenguaje humorístico de Tati: El iceberg. Le sigue una film brasilero, de un linaje de la cinematografía de ese país que se desmarca de películas atroces y fascistas como Tropa de elite. Después va la última de la última de Sayles, de lo mejor que hizo en años. El jueves salimos con la opera prima de Tarr, seguida de la magistral Dong, pasando por otro film africano que demuestra que la cinematografía de ese continente es sofisticada y más que atendible, diríase, necesaria. Después va una de von Trier, poco pretenciosa y estimulante para pensar la filosofía empresarial dominante de nuestro tiempo; un film de von Trier que no es misógino, aunque sí ligeramente misántropo. Los esperamos en reposera como Varda. Parece que está en vacaciones, pero no se distrae: filma, piensa, se divierte; es cine, del mejor. Bajo ese semblante, largamos la segunda semana. (Roger Koza)

SEGUNDA SEMANA

MARTES 13

17.50hs: Clásicos para un canon

Un condenado a muerte ha escapado, de Robert Bresson, Francia, 1957

101 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje A propósito de Niza (23′), de Jean Vigo, Francia, 1930 (Jean Vigo en foco)

20.00hs: África no es Animal Planet

Hienas, de Djibril Diop Mambety, Senegal, 1992

112 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje 47 años atrás (3′), de Youssef Chahine, Egipto, 2007

22.00hs: El ojo lúcido (Documentales)

Las playas de Agnès, de Agnès Varda, Francia, 2008

110 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje El afilador (7′), de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet, Italia, 2000

00.15hs: Horizontes contemporáneos

Día noche, día noche, de Julia Loktev, EE.UU., 2006

91 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Los padres (6′), de Xavi Sala, España, 2003

MIÉRCOLES 14

18.00hs: El psiquismo en fotogramas

Mi tío de América, de Alain Resnais, Francia, 1980

123 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Asesinato (2′), de Roman Polanski, Polonia, 1957

20.15hs: Horizontes contemporáneos

El iceberg, de Fiona Gordon, Bruno Romy y Dominique Abel, Bélgica, 2005

84 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Dos hombres y un armario (15′), de Roman Polanski, Polonia, 1958

22.10hs: Horizontes contemporáneos

Cine, aspirinas y urubúes, de Marcelo Gomes, Brasil, 2005

99 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará El combate del siglo XX (1′), de Remo Bianchedi, Argentina, 2007

00.10hs: Horizontes contemporáneos

Honeydripper, de John Sayles, EE.UU., 2007

123 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje En el instituto (3′), de Xavi Sala, España, 2006

JUEVES 15

18.00hs: Béla Tarr en foco

Nido familiar, de Béla Tarr, Hungría, 1977

100 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Manufraktur (3′), de Peter Tscherkassky, Austria, 1985

20.00hs: El ojo lúcido (Documentales)

Dong, de Jia Zhang-ke, China, 2006

68 minutos / ATP          

Antes de la película principal se proyectará el mediometraje Cero en conducta (43′), de Jean Vigo, Francia, 1933 (Jean Vigo en foco)

22.15hs: África no es Animal Planet

Temporada de sequía, de Mahamat-Saleh Haroun, República de Chad, 2006

96 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Hiyab (8′), de Xavi Sala, España, 2005

00.15hs: Horizontes contemporáneos

El jefe de todo esto, de Lars von Trier, Dinamarca, 2006

99 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Ventanas (4′), de Peter Greenaway, Reino Unido, 1974

Para leer más sobre las películas ir a http://ojosabiertos.wordpress.com/2009/01/02/quinta-muestra-de-cine-independiente/  o pinchar a su derecha, en la columna de Entradas recientes, en Quinta Muestra de Cine Independiente.