Archivo de Abril 2009

EL RENACIMIENTO DE LA CINEFILIA

Abril 30, 2009

por Roger Alan Koza

Sin duda, el vocablo ‘renacimiento’ ha perdido su vieja fuerza semántica, esa ligazón con un período histórico, un poco impreciso, en el que el conocimiento paulatinamente iba prescindiendo de la tutela de la fe. El Renacimiento del siglo XV no era solamente un nuevo diálogo con la tradición previa a la cristianización de Occidente, sino una extraña dialéctica entre el pasado y el futuro. Se abandonaba la eternidad; se iniciaba una incursión sobre el porvenir.

Hoy también se habla del renacimiento. El término posee connotaciones curativas, estilísticas, espirituales, hasta políticas; ¿no estamos frente al renacimiento del keynesianismo, por ejemplo? Lo que renace, se supone, alguna vez ha muerto. La palabra seduce. Del renacimiento se predica, lógicamente, un movimiento vital.

Cuando se cumplían 100 años del nacimiento del cine, hubo voces notables que anunciaron la muerte del cine. Godard, Daney y Sontag concebían que ese arte extraordinario y tardío, propio del siglo XX (un descubrimiento de luz cuya importancia era equivalente al hallazgo del fuego), era violentado por un régimen audiovisual industrial y publicitario, capaz de traicionar el poder propio del cine: ver el mundo, conocerlo, visualizar la alteridad radical de quienes viven en él. Así, el espectáculo, un modo de mirar para no ver nada, se había convertido en una política global.

Hoy, las imágenes están en todos lados: en los subtes, en las calles, en los inmensos carteles de un edificio, en los aviones, en los teléfonos, en los hospitales, en los bancos, en los bares. Ya no muestran nada; son un paisaje inerte desvinculado del implícito contrato entre el ojo y el objetivo de la cámara. Es la era de las imágenes móviles, como dice Peter Sloterdijk. Imágenes que nada tienen que ver con las que la pretérita cinefilia valoraba y adoraba. En efecto, los cinéfilos veían cine no como un mero entretenimiento, sino como una forma de entrenamiento, no exento de placeres. Uno de los pocos pasajes genuinos de Los soñadores (2003) de Bernardo Bertolucci es aquel en el que los personajes imitan una escena de un film de Godard en el que unos jóvenes corren por un museo. La distancia entre la vida y el cine era, tímidamente, indiscernible.

¿Qué es la cinefilia? Una traducción inmediata, literal, sería ‘amor por el cine’, neologismo del siglo XX cuya resonancia más a mano podría ser la de la filosofía, cuyo significado etimológico, se sabe, es ‘amor por la sabiduría’. Esta asociación entre filosofía y cinefilia no es caprichosa. La filosofía supone una actitud de sospecha sobre los sobreentendidos que regulan la vida en común, un acecho racional y metódico sobre el sentido común que naturaliza situaciones, vínculos, prácticas. Filosofar es horadar en lo implícito valiéndose de nuevos conceptos que permitan ver las cosas de otro modo. Por eso, la expansión del vocabulario va más allá de un uso florido y elegante de un idioma. Decir ‘pecador’ no es lo mismo que decir ‘perverso’; señalar a un sujeto como invertido no es lo mismo que reconocerlo como gay, lo que se ve perfectamente, para citar un ejemplo cinematográfico, en Milk, el reciente film (menor) de Gus Van Sant.

El cine es, en este sentido, filosofía por otros medios, pues una cámara puede mostrar algo que no veríamos sin ella. En efecto, desde sus inicios, el cine permitió visualizar aquello fugaz y transitorio para la mirada. La invención de los planos cinematográficos alteró nuestro sistema perceptivo. Un primerísimo plano de un punto específico del perímetro de un cuerpo constituía una novedad en la relación de los hombres con su cuerpo. Además, el cine inauguró un modo de relación con la Historia. Bastaría pasarle los 30 minutos de Noche y niebla de Alain Resnais, la primera película sobre el Holocausto, para que el obispo Williamson reconozca sin artilugios que su impostura fue siempre un desprecio consciente sobre los judíos. En otras palabras, el cine permite pensar con los ojos, entrever lo que se resiste a ser mirado, un diván óptico por el que los hombres pueden ver lo que está en la superficie pero a lo que no podrían acceder sin esa prolongación eficiente e implacable de una cámara.

La diferencia entre filosofía y cine es evidente: la primera exigía, al menos en sus comienzos, conocimientos geométricos accesibles a unos pocos; se trataba, ciertamente, de una elite esotérica. El cine, en cambio, fue exotérico y popular desde un principio. Por eso, la cinefilia consistía, secretamente, en un amor a la sabiduría, si por ello se entiende y se reconoce que no se posee un saber que se necesita y que puede estar en las películas, un saber que puede cambiar no solamente lo que vemos sino cómo nos vemos.

Nuevamente, ¿qué es la cinefilia? En un bellísimo artículo en honor al crítico Serge Daney, Peter Wollen decía que la cinefilia era “una obsesiva fascinación por el cine, hasta el punto de permitirle dominar tu vida. A Serge Daney, volviendo atrás, la cinefilia le parecía una enfermedad, un mal que se convertía en un deber, casi un deber religioso, una forma de autoinmolación clandestina en la oscuridad, una exclusión voluntaria de la vida social. Al mismo tiempo, una enfermedad que producía un inmenso placer, momentos que, mucho después, uno reconocía que le habían cambiado la vida”. Después Wollen habrá de proponer una fórmula lacaniana para corregir, amablemente, la de Daney, pero eso aquí no importa.

Lo que sí importa es detectar una relación con el cine. La cinefilia, pasión secular y difusa espiritualidad atea, consiste en un trabajo en el que el espectador deja de ser un observador pasivo para convertirse en un explorador inmóvil cuyo viaje radica en asimilar perspectivas múltiples acerca de todo. Se trata de una ascesis que no insiste en la purificación sino en la edificación, una práctica sobre la intimidad por la cual se puede superar el egotismo e incorporar, por consiguiente, una batería de conceptos capaz de rediseñar la sensibilidad en todas sus dimensiones. No se puede ser el mismo tras abrazar el cine de Bresson: lo táctil deviene en una nueva experiencia. No se puede ser el mismo una vez que uno aprendió junto con Lynch cómo las fantasías atraviesan lo que denominamos realidad. No se puede ser el mismo si uno aprende a sentir la pobreza y la voluntad para superarla a través de la Trilogía de Apu del director indio Satyajit Ray, el reverso ético y estético exacto de esa abominación abyecta llamada Slumdog Millionaire. Ciertos pasajes de películas son, para el cinéfilo, fragmentos de su propia biografía. Por eso, el encuentro con una nueva película constituye una promesa de recambio, acaso de renacimiento.

La cinefilia ha muerto, dicen algunos. La emblemática década del ‘60, se dice, primero en Francia y luego en el resto de Europa, experiencia colectiva que tuvo sus efectos en otros continentes, encontró en las cinematecas y los cineclubes lo que en siglos lejanos se denominó academias y liceos. Eran centros de formación, gimnasios en donde los cinéfilos se entrenaban sin descanso. Fue en la década del ‘90, cuando se decretó la muerte de las ideologías, del sujeto, el fin de la historia, del arte, que se anunció también la muerte del cine. Un disparate sociológico, sin duda, un gran relato heraldo del fin de todos los relatos. En un artículo lúcido y doloroso Susan Sontag decía: “Si la cinefilia ha muerto, el cine, por tanto, ha muerto… no importa cuántas películas, por muy buenas que sean, se sigan haciendo. Si el cine puede resucitar, será únicamente gracias al nacimiento de un nuevo género de amor por él”.

Los profetas del desencanto ya no solamente dicen que el cine murió. También decretan el fin del cine en salas. Hay un cierto placer siniestro en sus anuncios, pues creen que su tiempo ha sido el mejor de los tiempos. Sin Ford, Hitchcock, Bergman, Antonioni, Kurosawa, sin las salas míticas de la primera cinefilia, ven en el multiplex la erosión de una edad de oro. Pero no advierten que una nueva legión de cinéfilos puebla la tierra. A menudo intercambian películas por la web y participan en sitios diversos. Van a los festivales de cine, pues éstos funcionan como peregrinaciones a un lugar sagrado en el que se verá lo que nunca llega, lo que en el vocabulario del resentido se traduce como mero esnobismo del nuevo cinéfilo. O también forman cineclubes para poder ver junto a otros aquello que la industria y el mercado del cine excluyen. Es que si el Renacimiento surgía a propósito de la capitulación de un interminable tiempo ligado al oscurantismo, la nueva cinefilia se topa con un oscurantismo de otro signo: el espectáculo de Hollywood o la vida hollywoodizada, un fenómeno ubicuo, una máquina colosal de distracción y superstición.

FOTOS: 1) Fotograma de Goodbye Dragoon Inn; 2) Serge Daney; 3) Susan Sontag.

Esta nota fue publicada por la revista Quid-El Ateneo, abril-mayo 2009.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA

LLEGARON LOS TURISTAS

Abril 28, 2009
**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

NO RECONCILIADOS

Llegaron los turistas / Am Ende kommen Touristen , Alemania, 2007.

Escrita y dirigida por Robert Thalheim.

** Válida de ver  

Es una película menor y no está exenta de pasajes malogrados, pero no deja de ser una película valiente y una excepción generacional, a la hora de abordar un tema que suele deslumbrar a la Academia; no será el caso, y eso habla muy bien de la película.

“Pretendemos que todo sucedió una sola vez, en cierto momento y lugar. Cerramos nuestros ojos a lo que nos rodea y ya no escuchamos el inacabable grito de la humanidad”. Las últimas oraciones de Noche y niebla, de Alain Resnais, el primer filme sobre los campos de concentración, iban acompañadas de travellings sobrios y sórdidos sobre los escombros de las “ciudades” del horror, entre ellas, Auschwitz. Llegaron los turistas visita ese mismo territorio, hoy llamado Oswiecim, una pequeña ciudad y un rutinario museo de la memoria.

Sven, un joven alemán, elige el servicio social (y no militar) para cumplir con sus obligaciones con la patria, “prestación” que se puede efectivizar tanto en su país como en el extranjero. Su destino involuntario es trabajar en un hostel cerca del museo de Auschwitz, y su tarea particular consiste en cuidar a un sobreviviente, el octogenario señor Krzeminski, quien oficia de memoria viviente ante los visitantes, la mayoría estudiantes de Alemania.

Sven aprenderá a través de sus vínculos cómo el pasado persiste en el presente, ya no en forma de antisemitismo, sino a través de un impreciso resentimiento. “El ejército alemán ha regresado a Auschwitz”, dice en polaco uno de los personajes (centrales), quien más tarde tendrá que dejar involuntariamente su cuarto para dárselo al joven Sven. Eso no impedirá que Sven pueda enamorarse de la hermana del desposeído, una guía del museo, pero eso no lo convertirá en un cretino, pues es evidente que Sven es un buen alemán.

Ocurre que Sven es una excepción generacional. Él entiende el hiato generacional, la brecha inconmensurable entre el que vivió el espanto y el que supo, décadas más tarde, de su existencia. Hay una escena clave en la que Krzeminski dialoga con un grupo de jóvenes en una cita en el museo. Éstos no saben qué preguntar. El horror se les presenta como un tópico exterior y lejano. La máxima curiosidad pasa por corroborar los números borrosos inscriptos en la piel de Krzeminski. Más tarde, éste le dirá a Sven: “Que les muestren La lista de Schindler. Eso es más impactante”, aseveración lúcida que apunta hacia la hollywoodización del Holocasuto, es decir, la explotación de un espectáculo moral que propicia una cándida reconciliación histórica y el confort del espectador.

El joven realizador Thalheim apela a la discreción para mostrar las transformaciones físicas y edilicias de la región. Se ve, por ejemplo, cómo un viejo pabellón se ha transformado en un barrio simpático. Casi no hay panorámicas, y sólo se alcanza a divisar, mientras los enamorados pasean en bicicleta, hacia la derecha de un plano general, la vieja estructura de los campos. Pero lo más inquietante es ver cómo Llegaron los turistas, al igual que La cuestión humana, vincula al capitalismo corporativo con el pretérito nazismo. La naturalización del desprecio y la racionalidad que lo justifica es una bestia de mil caras.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada con otro título por el diario La Voz del Interior en el mes de abril de 2009

SEMANA DEL 27/04 AL 03/05 EN CINECLUBES

Abril 27, 2009

PELÍCULA DEL MES / SEMANA DEL CINECLUBISMO CORDOBÉS

29 de abril, a las 20.30hs:

Aquiles y la tortuga, de Takeshi Kitano, Japón, 2008

119 minutos / No recomendada para menores de 16 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Los inocentes, Colectivo Arte Proteico, Argentina, 2002

La última película de Takeshi Kitano pertenece a una trilogía en la que Kitano ha intentado conjurar su supuesto bloqueo creativo. Si Takeshis’ y Glory to the Filmmaker más bien confirmaban el diagnóstico, en Aquiles y la tortuga Kitano demuestra que su talento está intacto y que no hay muchos cineastas como él en la escena contemporánea. Después de una presentación animada en la que se revisita la paradoja del movimiento de Zenón de Elea en torno a la figura de Aquiles y la tortuga, la película se divide en tres períodos en la vida de un pintor fracasado. Desde la niñez de Machisu, pasando por su juventud, hasta llegar a su vida adulta (en ese estadio interpretado por el mismo Kitano), Aquiles y la tortuga es un humorístico y sensible ensayo sobre la naturaleza del arte en general y la pintura en particular. Aquí Kitano parece sugerir el carácter contingente de lo que se entiende y establece por obra de arte: ¿con qué criterio se determina el valor estético de una pintura? Machisu, a lo largo de toda su vida, ha pintado y lo ha probado todo: copiar a los grandes maestros, apostar a sus impulsos e instintos, probar con el azar. No hay dudas: su vida es la pintura, aunque nadie lo descubra y jamás pueda vivir del arte. La supuesta falta de originalidad de Machisu y sus pinturas (sin excepción, todas realizadas por el propio Kitano) funciona dialécticamente y en contraposición con la singularidad creativa de la película y del cine del realizador. Una gota de sangre se convierte en una pieza artística; un plano cenital sobre unos estudiantes pintando funciona como una pintura en movimiento; un travelling hacia atrás sobre un cuadro de una escalera se transforma en una instalación. Kitano siempre busca pintar con su cámara, aunque sepa y afirme que el arte solamente tiene valor después de que un cuenco con arroz esté garantizado. (Roger Koza, programador)

Ver el trailer del film en: http://www.youtube.com/watch?v=i1xTRU1MPLU

VILLA GIARDINO: SALA TEATRO-CINE ALEJANDRO GIARDINO

PELÍCULA DEL MES / SEMANA DEL CINECLUBISMO CORDOBÉS

3 de mayo, a las 20.00hs:

 

Las playas de Agnès, de Agnès Varda, Francia, 2008

110 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Mi padre tiene 100 años, de Guy Maddin, Canadá, 2005

“¿Qué es el cine?”, se pregunta Varda, el único miembro femenino de la Nouvelle Vague, cuando su película-autorretrato está a punto de culminar. Su respuesta es baziniana: “La luz que viene de algún lado capturada por imágenes, algo oscuras y coloridas”. Y agrega: “Aquí, me siento como si hubiera vivido en el cine, que el cine es mi hogar. Pienso que siempre viví en él”. Esta película sobre sus memorias es indirectamente un ensayo sobre cómo constituir una existencia singular en obra de arte, o cómo el arte puede componer la identidad de un sujeto. A punto de convertirse en octogenaria, Varda, una auténtica espigadora con una cámara, selecciona materiales diversos (recuerdos de su infancia, escenas de sus películas, fotografías propias, pinturas, instalaciones, material de archivo) e intenta hilar una narración sobre su propia vida. Sus playas, el paisaje que se encontraría si se pudiera ver en su interior, son los recuerdos, que, como queda establecido en la primera escena, son espejos sostenidos por otros para poder reconocerse. La vida de Varda está atravesada por el siglo XX y sus amistades y sus intereses son un buen ejemplo: la constitución del cine moderno, la segunda guerra mundial, Vietnam, la revolución cubana, los movimientos libertarios de la década del ‘60, Jim Morrison, espigadores desconocidos, Chris Marker (al que se lo ve en su versión gatuna), Godard (al que se lo ve sin anteojos), Jane Birkin. Un buen segmento de la película gira en torno a su marido, el cineasta Jacques Demy, a quien Varda sigue amando, a pesar de su muerte temprana. Ésta es la película de una persona libre; no hay muchas, aunque pensemos lo contrario. (RK)

Ver el trailer en: http://www.youtube.com/watch?v=67QSUP4ST3k

CRÍTICA DEL PÚBLICO (1)

Abril 25, 2009

Por Nicolás Prividera

1.

El espectador nunca está fijo: cambia como cambia el cine. El espectador “medio” (si existe tal cosa) se divide hoy según un doble espectro etario: los adultos sólo van al cine a revivir el “cine de qualité”, y los jóvenes a no perderse el último “tanque” de moda. En el medio está el espectador “cinéfilo”, que muchas veces hace de su supuesto amor una perversión. Por ejemplo, cuando es capaz de verse diez películas por día en el BAFICI sólo por estar en la onda. (Y nadie que no esté entrenado, como críticos o programadores -y aun así no es recomendable, si se quiere “procesar” con tiempo lo que se ve- puede ver tres o más películas por día y asimilarlas.) Pero ese mismo espectador no va al cine si la película se estrena… Y no porque la consiga en Internet (además, el espectador que baja películas no es mayoritariamente el cinéfilo, sino el que busca ver antes -o gratis- los “tanques” de Hollywood).

El problema, entonces, es que aun ese público cinéfilo (el menos difuso que tiene el llamado “cine independiente”) tampoco es de por sí un ideal. Y el BAFICI expresa bien sus límites: pues si bien es motivo de alegría que un festival así tenga mucho público (cosa que lo distingue de otros festivales similares, que se hacen casi sin espectadores), la cuestión es que buena parte de ese público no es “fiel” más que al espacio cool del Festival (en el que se matan por abarrotarse de películas que no verían fuera de ese espacio…). Es decir: que esos espectadores demuestran un interés cuantitativo más que cualitativo y eso define también su cualidad como público: cuando vemos a alguien sacando 40 entradas para el BAFICI (cosa bastante común), podemos colegir que lo único que está haciendo es satisfacer una compulsión consumista (que no deja de serlo por estar enfocada hacia una actividad “cultural”, sino todo lo contrario: es una muestra más de la segmentación del consumo…)

2.

No podemos pensar el público sin pensar el contexto cultural, degradado desde la dictadura y que la democracia no pudo recuperar, sino todo lo contrario: el menemismo, como continuación económico-cultural de la dictadura, terminó por redefinir totalmente el campo social (a tono con la ola neoliberal post-caída del muro de Berlín, que ahora parece tocar a su fin con la caída de otro muro, el de Wall Street). En ese contexto surgió el “Nuevo Cine Argentino”, que a más de diez años de su aparición enfrenta a una crisis de identidad (en relación a ese público que sólo le fue fiel esporádicamente): o bien se vuelve parte del sistema (o aspirar a serlo, sin siquiera conseguirlo, ya que aun sus películas más exitosas y populares no alcanzan a ser grandes éxitos de taquilla) o bien acepta convertirse en un arte de la resistencia (como en el caso del cine que no aspira a ser aceptado en el circuito comercial).

Un camino intermedio (y tal vez el que menos resigna) es el de Lucrecia Martel, cuyas películas tienen dimensión industrial y formato independiente (aunque esto parece volverse insostenible, visto que La mujer sin cabeza “sólo” llevó poco más de 30.000 espectadores a las salas): ahí se jugará la suerte de su próximo proyecto, El Eternauta, basado en la más popular historieta argentina más popular de la historia… La ventaja de Martel es que tiene el apoyo de una gran compañía (“El Deseo”, de Almodóvar) y que no necesita apoyarse en el mercado interno y en los subsidios del INCAA. En ese sentido es un caso excepcional, que tampoco puede ser trasplantado (como el modelo Llinás) a los que pretenden hacer cine independiente.

3.

El cine argentino ya no tiene la respuesta masiva que alcanzó en momentos políticos claves, como el 73 -representado por el Moreira de Favio -o la primavera democrática -con la Camila de Bemberg-, que quedaron en la memoria como mojones irrecuperables. El público cambió, como cambió la industria del entretenimiento, y como cambió la economía y política del país. Argentina, aun siendo el tercer país en la región, esta muy atrás de México y Brasil, países con muchos más millones de habitantes, pero que también han sabido sostener sus pantallas y espectadores. El cine argentino tiene éxitos espasmódicos, que a esta altura son hasta impredecibles para las grandes producciones “populares” que antes eran un número puesto todos los años.

Lo que debería ser claro a esta altura, entonces (mucho más para el cine “independiente”), es que la batalla por el público está perdida hace rato: no sólo por la progresiva reducción de espectadores (en términos globales) o el cambio en los consumos (cable, DVD, etc.), sino porque la hegemonía de la TV (y multimedios que sólo cuidan sus productos, frente a una TV pública que descuida el cine nacional) se ha convertido en el frente de nacional: frente a una programación cada vez más chata(rra), el cine sólo puede ser un espacio de resistencia cada vez mas pequeño. Una balsa del Titanic en la que pocos entran, y donde cada vez hay menos espacio para los independientes (sobre todo si viajan en tercera clase).

Copyleft 2009 / Nicolás Prividera

REBOBINADOS

Abril 22, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

EL PUEBLO DEL CINE 

Rebobinados / Be Kind Rewind, EE.UU., 2008.

Escrita y dirigida por Michel Gondry.

** Válida de ver  

A pesar de sus ostensibles debilidades y cierta tendencia sensiblera, la última película de Gondry reproduce, en parte, la pasión de los cineclubistas por mostrar cine a toda costa.

El cinéfilo (y crítico) incrédulo podrá rezongar y el espectador ocasional sentirse impertérrito, pero para cualquiera que ame el cine la cuarta película de Michel Gondry puede remitirle un poco a la sobrevaluada Cinema Paradiso y a cualquier fábula cinematográfica de Frank Capra, aunque en clave pop y surrealista. En verdad, Rebobinados es susceptible de varias lecturas, pero afirma, sea cual fuere la interpretación elegida, un vínculo entre el espectador y el cine que excede al cinismo que califica a las películas como meras películas.

En un suburbio de Nueva Jersey, finamente ilustrado en un plano aéreo, persiste un videoclub. En ese mismo edificio, dice el dueño del local, Fletcher (D. Glover), vivió alguna vez el legendario pianista de jazz Fats Waller, una presencia fantasmal y mítica que funciona como una deidad popular. Su negocio está en crisis, y puede, además, perder el edificio. Las exigencias municipales cuestan mucho.

En un intento de modernizar su negocio, Fletcher investigará un poco a la competencia, mientras que su local será atendido por un joven ingenuo llamado Mike (M. Def) y un amigo de éste, Jerry (J. Black), quien experimentará tras un sabotaje fallido una suerte de magnetización corporal. Sin que él lo sepa, la mera presencia de Jerry borrará las películas de alquiler. Desesperados, largarán con sus películas “originalmente piratas”. Por cada título perdido harán y filmarán su propia versión casera, lo que precipita un éxito impredecible y una participación de sus clientes en las remakes, que van de Los cazafantasmas a 2001: Una odisea del espacio. En cierto momento, habrá una intervención legal: las películas versionadas poseen derecho de autor. La nueva apuesta será imprimir la leyenda: un documental colectivo sobre el viejo Waller.

Todas las películas de Gondry indagan sobre el rol de la fantasía en la identidad personal y colectiva. Su sublime Eterno resplandor de una mente sin recuerdos se beneficiaba de la asociación libre creativa del guionista Kaufman; desde La ciencia del sueño hasta aquí, Gondry ha escrito sus guiones, y lo que se percibe es una impronta de un universo infantil, como si la realidad fuera el sucedáneo de un juguete. En Rebobinados, esto se traduce en un amateurismo y una concepción del cine artesanal, aunque hay un plano secuencia en el que se ven fragmentos recreados de varias películas que confirma la pericia formal del director.

Esencialmente popular, Gondry postula una experiencia comunitaria del cine, la que está ligada al formato analógico de 35mm y al viejo VHS. No se trata de satanizar la digitalización del cine, pero sí de advertir que en la era digital el cine se privatiza. Una realidad irreversible, que no se puede rebobinar.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en el mes de marzo de 2009

SEMANA DEL CINECLUBISMO EN CÓRDOBA

Abril 21, 2009

semana-del-cineclubismo

SEMANA DEL 20 AL 27/ 04 EN LOS CINECLUBES

Abril 20, 2009

LA CUMBRE: SALA LUIS BERTI, BELGRANO 470.

22 de abril, a las 20.30hs: Película de apertura de temporada

Un cuento sobre la felicidad, de Mike Leigh, Reino Unido, 2008

118 minutos / No recomendada para menores de 13 años

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje Mi padre tiene 100 años, de Guy Maddin, Canadá, 2005

Mike Leigh, uno de los grandes realizadores británicos en actividad, apuesta a la felicidad pero no por ello se entorpece su lucidez para establecer un vínculo entre sus personajes y la sociedad que elige retratar en un tiempo histórico preciso. Si su personaje central, Poppy, una maestra de primaria excesivamente alegre, prefiere no leer El camino a la realidad, eso no significa que su jovialidad esté definida por un desprecio por lo real. La vitalidad de una mujer de 30 años y su empeño por vivir feliz no están exentos de obstáculos o motivos que indiquen que ese estado de ánimo no es propiedad de la mayoría. Poppy constatará la tristeza en su represivo y sufriente profesor de manejo, un niño de su clase, un esquizofrénico perdido en la calle, o en la mera opulencia de los yuppies. Este film sobre Londres, mujeres y el placer de aprender es fluido y elegante, y, como en toda película de Leigh, las interpretaciones son, paradójicamente, creíbles y estereotipadas, en parte por su método de trabajo, que implica meses de ensayo, y por su anhelo dramático y filosófico de que los personajes representen ciertas cualidades humanas específicas. Tanto el sofisticado montaje del inicio mientras Poppy conduce su bicicleta como el grandioso último plano panorámico en el que Poppy y una amiga disfrutan de un día en el río expresan una esperanza, extraña para el realizador de Naked y El secreto de Vera Drake, pero tan legítima y auténtica cuando no se engaña a la audiencia. (Roger Koza, programador)

Pueden ver el trailer: http://www.youtube.com/watch?v=jCI96syZYaA

ACTIVIDAD ESPECIAL: 25 DE ABRIL A LAS 18.00HS, EN EL MUSEO MUJICA LÁINEZ, A PROPÓSITO DE LA SEMANA DEL CINECLUBISMO EN CÓRDOBA: ¿PARA QUÉ SIRVEN LOS CINECLUBES?, CONFERENCIA DICTADA POR ROGER KOZA.

VILLA GIARDINO: SALA TEATRO-CINE ALEJANDRO GIARDINO

PELÍCULA DEL MES / SEMANA DEL CINECLUBISMO CORDOBÉS

26 de abril, a las 20.00hs: Película de apertura de temporada

El viajero, de Abbas Kiarostami, Irán, 1974

71 minutos / ATP

Antes de la película principal se proyectará el cortometraje No todos los trenes van al mar, de Natalia Cárdenas, Argentina, 2008

El primer largometraje de Abbas Kiarostami contiene, potencialmente, la totalidad de su cine y, como suele ocurrir con las operas primas de los grandes maestros, se trata de una obra maestra. Como en los cortometrajes anteriores a El viajero, los protagonistas son los niños, aunque no se trata en este caso de un film con fines pedagógicos. La historia: un niño obsesionado por ir a Teherán a ver un partido de fútbol empieza a juntar dinero como puede. Tiene que escabullirse del control de su familia y el colegio. En un pasaje bellísimo, el niño oficia de fotógrafo escolar con una cámara que no funciona. Por cada foto posa un alumno de la escuela, incluso algunas madres. De algún modo, Kiarostami destituye la inocencia para convertirla en expresión poética. En otras palabras, determinados eventos ordinarios son trastocados para elevarlos a un contexto extraordinario. Como ocurriría tres décadas después con Offside, de Jafar Panahi, discípulo de Kiarostami, el fútbol y el deseo de un niño por entrar a la cancha funcionan indirectamente como un espejo en el que se reflejan la incompatibilidad e inconmensurabilidad entre el mundo adulto y el de la niñez. La cámara, como en ¿En dónde está la casa de mi amigo?, se mantiene irrestrictamente a la altura del niño que sostiene el relato. Es una perspectiva, una premisa ética y estética. Y también un análisis político: la niñez no es una institución, es más bien una forma que se institucionaliza. En el estadio tiene que esperar unas horas hasta que comience el partido que tanto espera. Explora la cancha y sus alrededores. Observa nadar a otros niños en una pileta del club y decide dormir una siesta. Todo esto no sólo sirve para que Kiarostami introduzca dos secuencias oníricas en las que se pueden ver las posibles puniciones que le esperan al niño, sino también para determinar el cruce entre el deseo y la ley en un orden social específico. Tan magistral es esta pieza temprana que tiene la delicadeza de ocultar su perfección. (RK)

ESTRENOS EN DVD (1)

Abril 18, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

DOMICIO DESCONOCIDO / UNKNOWN ADDRESS, KIM KI DUK, COREA DEL SUR, 2001  (*)

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Autodidacta, provocador, ex-militar, pintor, extrañamente popular en Occidente e impopular en su país de origen, Kim Ki-duk debe ser el único director coreano cuyo nombre no es ajeno a la audiencia vernácula. El fenómeno de Primavera, verano, otoño invierno… y otra vez primavera, esa película falsamente budista que tanto le debe a Mandala y ¿Por qué Bodhidharma se ha ido al Este?, lo convirtió en una suerte de gurú sofisticado de un difuso género en alza: el new age cinema.

 Dirección desconocida habrá de ser una desilusión si el espectador está ávido de experiencias transcendentales. Nada de incienso, artes marciales, mantras, simbolismos y prácticas ascéticas, a lo sumo un par de escenas con flechas, aunque lejos del bestseller Zen en el arte del tiro con arco. Lo que sí se podrá verificar es la genealogía de la violencia de todas las películas de Kim.

En efecto, esta película coral que transcurre en la década del ‘70 refleja con nitidez los efectos sombríos de la Guerra de Corea, la posterior participación de Corea del Sur en la Guerra Fría y la extensa dictadura del general Park. No se trata de una película de guerra, pero sí cómo ésta se interioriza. Así, Kim elige mostrar la vida de cinco jóvenes: un mestizo, hijo de un soldado estadounidense, cuya madre espera por una carta de su marido; una chica con un ojo enceguecido, hija de un héroe de guerra; un joven pintor, también hijo de un soldado condecorado; dos estudiantes patoteros obsesionados con la cultura yanqui. El resto de los personajes son “sobrevivientes” de guerra, aunque la presencia bélica por excelencia son los soldados norteamericanos de una base militar cercana al pueblo. Los aviones, los helicópteros, la pornografía, las drogas, la lengua inglesa atraviesan la vida cotidiana. No hay una historia particular, excepto la que se desprende de la interacción cotidiana de todos sus personajes.

El film más político de Kim hasta la fecha no economiza en metáforas: las vidas de estos hombres y mujeres son vidas de perros. En su característico lirismo grotesco, varios perros se molerán a palos, aunque en esta ocasión la violencia extrema no será sublimada por ningún bellísimo plano saturado de compasión budista.

***

PIÑA EXPRESS / PINAPLE EXPRESS, DAVID GORDON GREEN, EE.UU, 2008 (**)

pineapple_expressCualquier película (y género) tiene derecho a existir. En el paraíso imaginario del séptimo arte, un filme sobre dos fumetas irresponsables pero queribles, que terminan participando en una suerte de guerra de pandillas vinculada a las drogas, posee la misma legitimidad que una película sobre la marginalidad o la esperanza. Aunque si uno mira sin prejuicios, Piña express no es ninguna tontería. En última instancia, ésta es una película sobre la amistad masculina, no exenta de un difuso erotismo, en donde se respira libertad y se ve una saludable anarquía narrativa.

El elegante plano inicial muestra un desierto y en esa nada se percibe una entrada camuflada. Es 1937. Dos militares se adentran a ese centro de experimentación clandestino del ejército: allí, un soldado lleva siete minutos fumando el artículo 9, una poderosa cannabis sativa que décadas más tarde se llamará “pineapple express”. Interrogado por un superior, el soldado responde con una pregunta: “¿Sabe cuál es mi problema con este circo llamado ejército? Muchos hombres”. Luego hace un llamado a la libertad. Dictamen del General sobre el artículo 9: “Es ilegal”. Los placeres no son convenientes para las sociedades puritanas.

 Después de este prologo, filosóficamente esencial, sigue un disparate, en donde Seth Rogen y James Franco (el primero un notificador legal, el segundo un dealer que vive en pijamas y vende la yerba en cuestión), en el transcurso de un día, quedarán involucrados con mafias diversas. Mientras escapan nacerá una amistad.

El productor (y a veces director) Apatow es conocido por Ligeramente embarazada y otras películas y series. Pero la diferencia de este delirio que remite por momentos a las películas de Cheech y Chong y varios títulos del género “buddy movies” es quién está detrás de cámara: el poeta cinematográfico de Carolina del Norte, David Gordon Green, un “familiar” de Terence Mallick, cuyo filme Legado de violencia destilaba todo su talento. Verlo dirigir este filme “menor” es una sorpresa, aunque si uno mira con atención los tiempos de las escenas, las persecuciones automovilísticas, y, en especial, toda la secuencia que transcurre en un bosque, podrá reconocer la firma de un cineasta. No se equivocaba Emmanuel Burdeau, el editor de los Cahiers du cinéma, cuando en un simposio en el festival de Nueva York celebraba la existencia de Piña express.

***

El último bandoneón (**): Documental honesto y didáctico, aunque a veces en el límite del género, sobre el tango en general y el bandoneón en particular, en torno a la figura del gran Rodolfo Mederos y una de sus alumnas, Marina Gayotto. La película de Saderman se dedica a seguir los pasos de Gayotto, una joven bandoneonista que toca en los colectivos y que, tras una audición, estudiará con Mederos y formará parte de la Nueva Orquesta Típica. Un retrato multigeneracional sobre el tango, que, como dice Mederos citando a Macedonio Fernández, “es lo único seguro en la cultura porque no consulta con Europa”.

Esta reseñas fueron publicadas en el diario La Voz del Interior durante el mes de febrero y marzo.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA

CUENTA REGRESIVA

Abril 16, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

LOS NÚMEROS MIENTEN

 

Cuenta regresiva / Knowing, Australia, 2009.

Dirigida por Alex Proyas. Escrita por Ryne Douglas Pearson, Juliet Snowden, Stiles White

° Sin valor

Otro director con cierto talento, Alex Proyas, se entrega a la seducción milenarista hollywoodense en una película cuya única importancia reside en ser síntoma de un sistema de creencias dominante.  

No es tarea de sociólogos indagar sobre el extraño vínculo entre el injerto capilar de Nicolas Cage y los bodrios que interpreta desde su cambio de look. Pero sí compete a la sociología del espectáculo considerar la fascinación estadounidense por imaginar una y otra vez el fin del mundo (léase Estados Unidos) en las películas provenientes de Hollywood. El 11 de septiembre sucedió primero en el cine.

Todo empieza en una escuela en 1959. Una niña gana un concurso escolar: todos los alumnos deben imaginar el mundo en 50 años. Todos hacen sus dibujitos, pero la autora de la propuesta escribe compulsivamente números. En realidad no escribe, se los dictan: Lucinda está canalizando.

La totalidad de la producción infantil queda resguardada en un hoyo hermético en el patio de la escuela. Medio siglo después, los niños de la misma escuela verán cómo imaginaban el mundo sus antepasados, aunque los números de Lucinda, una vez descifrados, revelen que no habrá ni siquiera un año para soñar con el futuro.

El destinatario de los números de Lucinda es otro niño con problemas: su madre ha muerto y su padre, un astrofísico del MIT, está siempre ocupado. Como Lucinda, escucha voces y también ve seres extraños. Son niños con un sexto sentido. Pero John Koestler (Cage) cree en la racionalidad científica. Entre el determinismo y el azar, como explica ante sus alumnos, es decir, entre ver que todo pasa por algo y sostener que todo es fruto de la combinación accidental de elementos químicos y mutaciones biológicas, John elige una versión desencantada del cosmos: nada tiene un porqué. No es la perspectiva de la película. Y John, a medida que descifra los números, descubrirá que hasta el atentado contra las torres gemelas estaba en la carta.

En Ciudad en tinieblas, Alex Proyas estaba interesado en ver las grietas de nuestro orden simbólico: ¿qué vigilan y esconden las creencias que tenemos como ciertas? Era una película de ciencia ficción sobre nuestra especie estudiada por un staff de alienígenas. Pero Cuenta regresiva no es ciencia ficción sino metafísica de ficción, propia de un país supersticioso en el que el creacionismo compite con el darwinismo. Dios no juega a los dados.

Cuenta regresiva colecciona lugares comunes por doquier y toma prestados elementos dramáticos que van desde Encuentros cercanos del tercer tipo a Sexto sentido. Lo mejor del filme pasa por la digitalización de las catástrofes, aunque un plano satelital en varias escalas sobre nuestro mundo es lo más elegante que ofrece Proyas. Hasta que una postal espantosa de un segundo Edén, con Adán y Eva incluidos, constituya la nueva esperanza de nuestra especie.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en el mes de abril de 2009

ALAIN RESNAIS EN FOCO

Abril 14, 2009

AVENTURAS EN EL MISTERIOSO ÓRGANO QUE PIENSA

Roger Alan Koza

En la reciente edición del festival de cine independiente de Buenos Aires, se exhibió una película sobre filósofos titulada Vida examinada, de Astra Taylor. Un grupo de pensadores contemporáneos caminan y platican sobre sus temas predilectos. Más allá de los segmentos de Cornel West y Slavoj Zizek, el filme fracasa, porque mostrar amantes de la sabiduría disertando no es lo mismo que filmar el funcionamiento del pensamiento. La premisa de Talyor consistía, después de todo, en ¿cómo filmar una idea? ¿Cómo filmar el pensamiento, la memoria, la fantasía? Resnais siempre supo la respuesta.

“Una persona es una memoria que actúa”, se afirma en Mi tío de América. Esta declaración condensa la totalidad del cine de Alain Resnais. En efecto, su cine es un viaje caleidoscópico al misterioso e insondable territorio del cerebro y las complejas operaciones de este órgano del que tan poco conocemos. El legendario crítico de cine Serge Daney decía sobre el cine de Resnais: “Todo lector de crucigramas sabrá de qué hablo si digo que ver un film de Alain Resnais es una actividad que podría ser definida como «deporte cerebral»”.

Nacido en 1922, Resnais fue primero director de fotografía y montajista. Cuando uno ve un filme de Resnais la sucesión de planos que lo componen parece orquestarse como si las imágenes fueran frases musicales. No es extraño entonces que los personajes de Conozco la canción expresen sus sentimientos cantando, no al modo de un musical, sino como si las canciones pensaran por ellos y estructuraran su mundo emocional. La música planea en su cine.

A Resnais se lo suele confundir como un miembro de la Nouvelle Vague, el mítico grupo conformado por Godard, Truffaut, Rohmer, Rivette, quienes forjaron un concepto moderno del cine. No fue un extranjero de aquella banda de cineastas radicales, pero Resnais fue moderno antes que todos ellos. Hace un año en Marienbad y Muriel son películas ultramodernas realizadas al inicio de la década del ‘60.

Mi tío de América es un filme esencial: combinando divulgación científica y narrativa, ciencia y ficción, la película es un ensayo fluido y lúcido, aunque perturbador, de nuestros comportamientos más inconscientes pero también visibles y reconocibles. Bajo el marco conceptual del ya fallecido Henri Laborit, un heterodoxo neurólogo conductista, tres personajes, interpretados por Depardieu, Nicole Garcia y Roger Pierre, ejemplifican una teoría sobre la conducta basada en la división de nuestro cerebro en tres secciones según la cual el homo sapiens es al mismo tiempo un reptil, un mamífero y un ser humano propiamente dicho. Quizás pueda molestar ser equiparados con ratas de laboratorio, pero ver el desenvolvimiento de un político, una actriz y un gerente empresarial, y sus dramas, pasiones y fantasías, convierte a todo el experimento en un espejo temible y fascinante en el que cualquier espectador puede ver su propio rostro, su propio deseo. La puesta en escena es magistral, y la inteligencia formal de Resnais compite en exactitud con las apariciones de Laborit explicando los laberintos pulsionales de la naturaleza humana.

Es que el tema central del cine de Resnais es la especie humana. Y es por eso que fue él quien mostró por primera vez el Holocausto en imágenes. Esa elegía de la dignidad humana llamada Noche y niebla (y los primeros 20 minutos de Hiroshima mon amour) permanecerá como una advertencia sobre lo que puede hacer el hombre, ese curioso animal racional.

***

PROGRAMACIÓN COMPLETA

CINECLUB HUGO DEL CARRIL DE LA CIUDAD DE CÓRDOBA

Jueves 16/4, 15:30 hs.
Sábado 18/4, 23:00 hs.

HIROSHIMA MON AMOUR

Hiroshima mon amour, Francia, 1959, 35mm, 90′)
Dirección: Alain Resnais. Guión de Marguerite Duras.
Con Emmanuelle Riva y Eiji Okada.
También en programa
NOCHE Y NIEBLA

(Nuit et brouillard, Francia, 1955, 35mm, 32′)
Dirección: Alain Resnais. Texto: Jean Cayrol. Voz: Michel Bouquet.

Jueves 16/4, 18:00 hs.
Sábado 18/4, 20:30 hs.

HACE UN AÑO EN MARIENBAD

L’Année dernière à Marienbad, Francia, 1961, 35mm, 89′)
Dirección: Alain Resnais. Guión de Alain-Robbe Grillet.
Con Delphine Seyrig, Giorgio Albertazzi, Sacha Pitoëff.
También en programa
LAS ESTATUAS TAMBIÉN MUEREN
(Les statues meurent aussi, Francia, 1953, 35mm, 30′)
Dirección: Alain Resnais y Chris Marker. Voz: Jean Négroni.

Jueves 16/4, 20:30 hs.
Sábado 18/4, 18:00 hs.

MURIEL (EL TIEMPO DE UN RETORNO)

(Muriel, ou le temps d’un retour, Francia, 1963, 35mm, 114′)
Dirección: Alain Resnais. Guión de Jean Cayrol.
Con Delphine Seyrig, Jean-Pierre Kerien, Nita Klein.
También en programa
EL CANTO DEL ESTIRENO
(Le chant du styrène, Francia, 1958, DVD, 19′)
Dirección: Alain Resnais. Guión: Raymond Queneau. Voz: Pierre Dux.

Jueves 16/4, 23:00 hs.
Sábado 18/4, 15:30 hs.

STAVISKY, EL AUDAZ ESTAFADOR

Stavisky…, Francia, 1974, 35mm, 115′)
Dirección: Alain Resnais. Guión de Jorge Semprún.
Con Jean-Paul Belmondo, Charles Boyer y Francois Périer.

Viernes 17/4, 15:30 hs.
Domingo 19/4, 23:00 hs.

MI TÍO DE AMÉRICA

Mon oncle d’Amérique, Francia, 1980, 35mm, 125′)
Dirección: Alain Resnais. Guión de Jean Grualt sobre textos de Henri Laborit.
Con Gérard Depardieu, Nicole Garcia, Roger Pierre.

Viernes 17/4, 18:00 hs.
Domingo 19/4, 20:30 hs.

MELO

Mélo, Francia, 1986, 35mm, 112′)
Dirección: Alain Resnais. Guión de Resnais, sobre una pieza teatral de Henri Bernstein.
Con Sabine Ázema, Fanny Ardant, Pierre Arditi.
También en programa
TODA LA MEMORIA DEL MUNDO
(Toute la mémoire du monde, Francia, 1956, 35mm, 21′)
Dirección: Alain Resnais. Texto: Rémo Forlani. Voz: Jacques Dumesnil.

Viernes 17/4, 20:30 hs.
Domingo 19/4, 18:00 hs.

CONOZCO LA CANCIÓN

(On connaît la chanson, Francia / Reino Unido / Suiza, 1998, 35mm, 120′)
Dirección: Alain Resnais.
Con Pierre Arditi, Sabine Ázema, Jean-Pierre Bacri, André Dussollier, Agnès Jaoui, Lambert Wilson, Jane Birkin.
También en programa
GUERNICA
(Guernica, Francia, 1950, 35mm, 13′)
Dirección: Alain Resnais y Robert Hessens. Voces: María Casarès y Jacques Pruvost

Viernes 17/4, 23:00 hs.
Domingo 19/4, 15:30 hs.

CORAZONES

(Coeurs, Francia, 2006, 35mm, 121′)
Dirección: Alain Resnais.
Con Pierre Arditi, Sabine Azéma e Isabelle Carré.

Alain Resnais, de GUERNICA a CORAZONES (Clásicos e inéditos) se exhibe con la colaboración de la Embajada de Francia en Argentina, Alianza Francesa Córdoba y Distribution Company.

FOTOS: 1) Alain Resnais; 2) fotograma de Mi tío de América; 3) fotograma de Noche y niebla

* Este artículo fue publicado con otro título por el diario La Voz del Interior durante el mes de abril 2009.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA