Archivo de Julio 2009

CONQUISTA DE LO INÚTIL

Julio 31, 2009

UN TRAVELLING DE HERZOG

Por Roger Alan Koza

conquista-de-lo-inutil-herzogLos diarios son un género literario extraño. Un antiquísimo libro como Las confesiones es un antecedente de cómo desplegar (e inventar) la intimidad en prosa, reconociendo, a pesar del supuesto carácter de privacidad, un lector privilegiado, el Altísimo en el caso de San Agustín, y un imaginario lector desconocido, en el caso de cualquier escritor ligado a esta tradición literaria. Nadie escribe porque sí, y menos aún sin el deseo de que las pupilas de un Otro potencial reparen sobre las páginas que ya no están en blanco.

Los diarios de filmación no siempre suelen ser interesantes, y hasta cierto punto pueden ser insignificantes en términos literarios. Pero Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo) más que un diario de filmación es la expresión subjetiva de Herzog. Abarca un tiempo específico (desde junio de 1979 a noviembre de 1981) y coincide, azarosamente, con los preparativos de una película y el rodaje de la misma.

No es cualquier película. Es Fitzcarraldo, una de las grandes películas de Herzog, en donde un hombre enamorado de la ópera atraviesa la selva peruana transportando un barco. Una empresa delirante, una proeza hiperbólica y ridículamente sublime. Leyendo las 272 páginas de Conquista de lo inútil más que aprender sobre los secretos de un rodaje se entrevé una mirada filosófica.

El cine de Herzog ha sido desde sus inicios una peregrinación en los límites de la civilización, lo que en su perspectiva es también un paso más allá de la razón. La locura, fenómenos extremos de la naturaleza, comunidades heterodoxas, utopías dementes constituyen los tópicos dominantes de su cine. Este diario abandonado, crónicas que Herzog describe como “paisajes interiores, nacidos del delirio de la jungla” y que revisita recién en 2004, momento en el que se publica, incluye transcripciones de un discurso filosófico desordenado aunque coherente en el que se destila una suerte de naturalismo darwinista poético cifrado en una curiosidad extrema, matizado por un pesimismo discreto. Dice Herzog: “La selva, exclusivamente en el presente, si bien está involucrada en el tiempo, permanece por siempre sin edad. Para todo ello algo como la justicia sería una contradicción”.

No obstante, el animal preferido de Herzog, tanto en el libro como en sus películas, es el hombre, esa criatura definida por el habla y el uso del pulgar. Herzog permanece atento a las diferencias culturales. La selva peruana, algunos viajes a países limítrofes de Perú, incluso ciertos pasajes en los que Herzog está en EE.UU. funcionan como datos empíricos para un ensayo lúdico sobre la naturaleza humana. “La vida, esa pasión inútil” (la pretérita provocación de Sartre) podría ser un lema de su escritura. Así, Kinski, el intérprete principal de la película, compite en importancia con la selva, las mujeres indígenas dan de mamar a los chanchos y a los perros, los resabios coloniales se materializan. Escribe Herzog: “Un sector de la asamblea se levantó con una hostilidad que yo sólo conocía por los relatos de antiguos navegantes, con la diferencia de que los nativos llevaban remeras con «John Travolta Fever» y «Disneyland»”.

Quienes busquen una meditación sobre el arte cinematográfico poco encontrarán en Conquista de lo inútil. El término plano, concepto cinematográfico por excelencia, rara vez es empleado por Herzog, excepto cuando imagina algunas panorámicas sobre la selva. Este diario de filmación contiene algunos chismes (sofisticados): Coppola, Jack Nicholson, Glauber Rocha, Syberberg, entre otros, aparecen en estas páginas, incluso Jagger, quien participó en el rodaje, aunque finalmente las escenas que involucraban al cantante de los Rolling Stones quedaron descartadas. Hasta el gordo Porcel y Olmedo forman parte del elenco impensable de este libro apasionante, un libro que conjura, en su lectura, “la fatiga de los hombres, la carga de los sueños y los suplicios del tiempo”.

Conquista de lo inútil (Diario de filmación de Fitzcarraldo), por Werner Herzog, Editorial Entropía, Buenos Aires, 2008, 272 páginas.

Esta crítica fue publicada por el diario La Voz del Interior durante el mes de julio 2009.

EL CANON INTERNACIONAL DE EREZ PERY (ISRAEL)

Julio 29, 2009

Conocí a Erez Pery en octubre del 2008. Fue un encuentro veloz, aunque los pocos minutos que compartimos fueron suficientes para saber que nuestro vínculo recién empezaba. Pery estaba enloquecido con Historias Extraordinarias, film que estaba programado en Vitrina, la sección de cine latino e iberoamericano que programo desde septiembre del 2006 en el Festival Internacional de Cine de Hamburgo, Alemania. Fue allí cuando surgió su idea de invitarme a programar una sección de cine mejicano para el festival que con tan buen criterio dirige en Sderot, al sur de Israel.

En junio de este año volvimos a vernos, ahora en su festival y compartimos el tiempo necesario para saber que siempre tendré a un hermano a kilómetros de distancia. En Israel pude constatar que Pery es un lector ávido de Deleuze y Derrida: su tesis doctoral gira en torno al vínculo secreto entre los planos grúa que aparecen en Ciudadano Kane y los mismos tipos de planos que se pueden ver en el inicio de Noche y niebla.

Él me decía, a propósito de mi pedido e interés por establecer una conversación sobre el canon cinematográfico. “Querido Roger: Sinceramente odio tener que escribir la lista de mis 10 películas preferidas de todos los tiempos. Generalmente, no suelo prestarme a este tipo de ejercicio. Pienso que calificar a las películas de este modo está vinculado a una perspectiva capitalista y no me puedo relacionar con algo así. Pero debido a que somos hermanos voy hacer una excepción y te daré mi lista, que nunca será la lista definitiva y que siempre estará cambiando según mi estado de ánimo. No prestes atención a la enumeración; para mí son todas número uno”.

Agradezco su gentileza llamada excepción.

Roger Alan Koza

LAS ELEGIDAS DE EREZ PERY

Blow Up (Antonioni)

Citizen Kane (Wells)

Noche y niebla (Resnais)

Hotel Terminus (Marcel Ophuls)

Histoire(s) Du Cinema (Godard)

La ventana indiscreta (HItchcock)

Sunset Boulevuard (Wilder)

Umberto D (De Sica)

Chinatown (Polanski)

Hiroshima Mon Amour (Resnais)

FOTOS: Hiroshima mom amor.

SEMANA EN LOS CINECLUBES DEL 27/07 AL 02/08

Julio 27, 2009

LA CUMBRE: SALA LUIS BERTI, BELGRANO, 470

29 de julio, a las 20.30hs:

El hombre de Londres, de Bela Tarr, Hungría, 2008

135’ / +13

Mediometraje, a las 19.30hs: Carta a Jane, de Jean-Luc Godard y Jean-Pierre Gorin, Francia, 1972

Después de las complejas narraciones de Satantango y Las armonias de Werckmeister, el maestro húngaro Bela Tarr trabajó sobre una novela de Georges Simenon hasta quedarse con lo esencial: en una ciudad portuaria fría y decadente, un trabajador ferroviario es testigo de un crimen mientras vive en una torre, lo que tendrá algunas consecuencias. Se trata de un film sobre el acto de ver y de escuchar, matizado por una sugestiva banda de sonido minimalista y una asombrosa fotografía en blanco y negro a cargo del cineasta alemán Fred Kelemen. Los lentos movimientos de cámara y los planos prolongados inducen a un tipo de trance ligado al asombro, permitiendo al espectador tener tiempo para pensar e implicarse más allá de lo que se muestra. (Como el propio Tarr ha señalado: “La cámara está, al mismo tiempo, tanto adentro como afuera de la película”.) El distinguido elenco cuenta con las presencias de Tilda Swinton y de la actriz húngara Erika Bok, quien participó en Satantango cuando tenía 11 años y que en la actualidad promedia los 20. (Jonathan Rosenbaum)

VILLA GIARDINO: SALA TEATRO ALEJANDRO GIARDINO

2 de agosto, a las 20.00hs: Víctor Erice en foco

El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, España, 1974

93’ / ATP

Cortometraje: A propósito de Niza, de Jean Vigo, Francia, 1930

“Érase una vez…” Con esta frase de cuento infantil empieza la ópera prima de Erice, primera obra maestra del realizador en la que ya pueden percibirse los rasgos centrales de toda su obra: rigor formal, tiempos narrativos lentos, un interés demarcado por cierto grado de vecindad entre la conciencia onírica y la vigilia, superpuesta con otra zona de indefinición respecto de la diferencia entre el cine y la vida, la ficción y la realidad. En plena dictadura franquista, una niña se deslumbra con la proyección de Frankestein (1931), en una función de cine ambulante. La fascinación por aquel monstruo, que en un pasaje del film de Whale se encuentra con una niña de edad similar a la pequeña Ana de este relato, habrá de tener un impacto existencial en ella que determinará su crecimiento. Erice filma la niñez, edad de la incertidumbre y estadio de la pregunta, y de esto se predica una meditación lúcida sobre lo dicho y lo no dicho que incluye la interacción familiar, la interpretación cinematográfica y la historia ominosa de una España fascista. (Roger Koza)

PARADOR RETIRO

Julio 25, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

LOS NÓMADES DEL ASFALTO

Parador Retiro, Argentina, 2008.

Escrita y dirigida por Jorge Colas.

***Hay que verla  

Premiada en los Festivales de Mar del Plata  y Marfici, la película de Jorge Colas consigue desarticular el humanismo televisivo característico a la hora de retratar la miseria y la desposesión, e interroga, por consiguiente, una institución específica que funciona como un síntoma social y político.

El asombro que suscita un atardecer, el reflejo de la luna sobre el mar o cualquier fenómeno natural encuadrado y fotografiado por un cineasta es un misterio. El espectador parece predispuesto al encantamiento, como si por sus propios ojos no pudiera capturar la luz del mundo. Por algún motivo perverso se ha naturalizado nuestra mirada cuando caminando por la calle vemos a un sujeto dormir en una vereda. Esa confrontación mecánica con lo siniestro puede también ser conjurada por el cine: no se trata, lógicamente, de asombro, sino de sostener la mirada ante alguien que vive en el espanto, sin girar la cabeza como si ese gesto garantizara inmunidad ante la desgracia.

Es por eso que el riguroso documental de Jorge Colas adopta una modalidad nada televisiva y sí muy cinematográfica, la del documental observacional. Nada de entrevistas, nada de placas informativas, ninguna voz en off que constituya un discurso capaz de organizar el registro. Se trata de radicalizar la observación, de permanecer con la mirada (y la cámara) hasta convertirse en un fantasma mecánico que registra segmentos vivos de una institución, la vida de sus sujetos, los espacios, los ritos, las relaciones de poder. La imagen es la palabra, la puesta en escena un discurso.

Parador Retiro es un refugio asistencial (y existencial) nocturno del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En un galpón cuadriculado con más de 200 camas, una al lado de la otra, hombres de todas las edades y no necesariamente de una única clase social van todos los días a dormir, comer y bañarse, incluso hasta cuentan con servicio médico. Son habitués, lo que no significa que sus camas estén reservadas, algo que en el invierno adquiere un significado preciso: ser puntual es sinónimo de no morirse de frío.

En el período de un año, Colas consigue componer un retrato fidedigno de quienes viven en el parador y su funcionamiento. Se ven algunos personajes y ciertas rutinas. Se los ve charlar, comer, mirar un partido de fútbol, dormir, despertar. Algunos diálogos exteriorizan el deterioro psíquico que produce la indigencia, aunque el humor nunca es ajeno a los intercambios. Colas, al respecto, es respetuoso: un disparate teológico en boca de un hombre no es motivo de burla; tampoco lo es mostrar la versión completa de “Tomo y obligo” interpretada por un viejo. Las visitas médicas son todo un descubrimiento. Justamente allí se percibe algo insensato, que se constata tanto en un test delirante de un interno frente a una notebook como en la descripción, por parte de un residente, del médico como el doctor Mengele.

En su desenlace Parador Retiro deviene contundente. Cuando Colas abandona el parador siguiendo a una ambulancia que lleva a un interno, la película revela que estuvimos en un Club Mediterranée de la miseria; una gran mayoría pertenece al club del desamparo infinito.

 Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en el mes de julio de 2009

PARADOR RETIRO: UN DIÁLOGO CON EL DIRECTOR JORGE COLAS

Julio 23, 2009

UNA CÁMARA EN EL OLVIDO COTIDIANO

Por Roger Alan Koza

Parador Retiro es un documental sólido y necesario que se dedica a retratar la vida de quienes viven en las sombras, aquellos que desconocen el término propiedad y erran por las calles en búsqueda de techo. Algunos de ellos consiguen cama y comida en centros de asistencia que funcionan como viviendas transitorias; Parador Retiro, es uno de esos lugares. Allí, Jorge Colas descubre un microcosmos que reproduce algo esencial y tenebroso de la vida de nuestro país. La película, que se estrena el jueves en nuestra ciudad, es un ejemplo de una tarea irrenunciable del cine: dar visibilidad a todo aquello que por motivos diversos se resiste a ser pensado y mirado por quienes viven en la abundancia o simplemente tienen el consuelo de un salario y un hogar.

***

Roger Koza: ¿Por qué eligió Parador Retiro? ¿A qué se debe la decisión de trabajar en un registro observacional?

JC: El primer contacto que tengo con el tema fue a partir de un programa de televisión. En “Punto Doc” estaban haciendo un informe en el Parador Retiro. Inmediatamente me impactó mucho este lugar, su construcción fría, casi abstracta, sus doscientas camas una al lado de la otra, sin ningún tipo de división, sin intimidad posible.

En el transcurso del programa, el periodista comienza a hablar con alguno de los hombres que dormían allí. Uno de estos entrevistados, era un muchacho de más o menos mi edad, comienza a contar su historia de vida y termina diciendo que él era universitario, que hasta hacía poco tiempo estudiaba Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, la carrera que yo hice. En ese momento, el punto de impacto fue aún mayor, era pensar que absolutamente cualquiera que llevara una vida medianamente “normal”, a partir de ciertas circunstancias de la vida o del destino, podría perderlo todo y tener que recurrir a un lugar como el Parador.

Desde aquel primer momento supe que la película debía ser un documental de observación. Sentía que este espacio, estas personas, el funcionamiento de esta institución, conformaban el material adecuado para ser registrado desde este punto de vista, sin entrevistas, sin voz en off, sin placas informativas. Que el espectador pueda ver a la gente vivir su vida en ese lugar y que sea a través de lo que se ve, que se descubra qué es lo que sienten y qué es lo que piensan. Me parece que es mucho más interesante que si te lo dijeran directamente en una entrevista mirando a cámara.

RK: Su película transmite mucho trabajo: ¿cuánto tiempo le llevó trabajar en el filme? ¿De cuántas horas de filmación surgió este film de 80 minutos?

JC: El proceso total de la película, entre la idea y la copia final fue de unos tres años. Comenzamos con un trabajo muy profundo de acercamiento a la población del Parador. Al principio ellos no sabían quienes éramos y lógicamente nos cuestionaban, se pensaban que éramos del gobierno, o de la policía o de la televisión, y fue sólo a partir del tiempo y del compromiso que ganamos la confianza de los habitantes del Parador. Entonces íbamos a tomar mate con ellos, jugábamos a las cartas, hablábamos durante horas, fuimos a pasar una navidad con ellos. Estuvimos así prácticamente un año sin filmar una sola imagen, hasta que un día sentimos que ya éramos parte del lugar y recién entonces nos permitimos llevar una cámara y comenzar a filmar.

El rodaje fueron unas siete semanas en distintos períodos a lo largo de un año. En todo ese tiempo, y al tratarse de un documental de estas características, grabamos muchísimo material, más de cien horas. Y transformar esas cien horas en ochenta minutos nos llevó otro año de trabajo, buscando la estructura y las historias que compondrían la película.

RK: Hay una idea precisa de puesta en escena: ¿cuál fue la intención a la hora de mostrar en planos generales el lugar, incluso en momentos en donde los “internados” no están durmiendo?

JC: Quería transmitir esta idea de espacio frío, despersonalizado, casi abstracto. Para esto nada mejor que esos planos lejanos, a nivel del suelo o muchas veces desde una altura elevada. Creo que la película se maneja permanentemente en una suerte de tensión entre esta distancia y la intimidad de las personas, entre la frialdad de la construcción de algo que nunca da la idea de hogar y la calidez de sus personajes y sus historias. Pensamos mucho en esto desde la puesta, desde la estética y desde el lugar moral en donde nos plantábamos como equipo de rodaje. 

RK: El plano final resignifica la totalidad de la película, ¿por qué decidieron elegir ese pasaje como cierre del filme?

JC: Una de las pautas formales que nos impusimos al comienzo del rodaje, fue mantenernos siempre dentro de las cuatro paredes del Parador. Queríamos que la realidad exterior y el contexto general del presente de la ciudad, se filtre muy de a poco en el espacio, casi por hendijas, en lo que dicen, en lo que escuchan, en lo que les pasa. Una realidad que los castiga pero que permanece todo el tiempo fuera de campo.

Al final de la película, la cámara sale del Parador por primera vez, a partir de un hecho muy puntual y a mi modo de ver muy justificado desde lo narrativo. Este hecho nos servía de excusa para mostrar otra cara de la situación social que estábamos retratando, para mostrar la gran cantidad de gente que queda afuera de los paradores, por falta de lugar o directamente por no querer ir a un lugar de estas características, y que duerme en las calles de Buenos Aires.

RK: Ciertos pasaje parecen casi reinterpretados, como si hubiera un guión propio de una ficción, ¿todo el registro fue espontáneo?

JC: Absolutamente todo lo que está en la película es espontáneo. Debo reconocer que al principio, en las primeras jornadas de rodaje, le sugeríamos a algunas personas con las que teníamos más confianza, que hablen de algún que otro tema. Todas esas conversaciones sonaban forzadas y antinaturales, no nos servían. Entonces decidimos dejar de intervenir sobre la realidad y pasamos a estar atentos, esperando que algo suceda o muchas veces sumándonos a charlas o situaciones que ya estaban iniciadas. Con el paso del tiempo, la gente se fue “olvidando” de la presencia de la cámara y cada uno de los integrantes del equipo técnico era parte del lugar. Entonces las cosas acontecían como si no estuviéramos.

RK: ¿Cómo eligieron a los personajes? ¿Cómo trabajaron con ellos? ¿Cuál fue la reacción tras ver la película, si es que la vieron?

JC: Siempre me impactó la gran variedad de personas que encontrábamos el Parador: jóvenes, ancianos, gente que vivió en la calle durante años o gente de clase media que empezó a caer. Quisimos trasladar esta visión al desarrollo de la película, buscando un equilibrio en cuanto a que historias seguir y cuanto tiempo dedicarle para armar una paleta de historias lo suficientemente amplia y atractiva.

En este sentido, durante el rodaje, seguíamos o les prestábamos más atención a ciertas personas viendo como se relacionaban con sus compañeros, con el entorno, con la institución. Como la población del Parador es de carácter transitoria, muchas veces nos pasaba que algunas de las personas que seguíamos durante jornadas enteras, de un día para el otro desaparecían sin dejar rastro, sin que nadie sepa nada de ellos. Eran historias que no se llegaban a desarrollar o a construir, en un sentido más vinculado a una narrativa de ficción, entonces todas esas historias quedaban afuera.

También durante el montaje tuvimos que dejar muchas historias afuera por cuestiones de tiempo o de estructura, nos teníamos que centrar en un grupo de personas que sean reconocibles para el espectador y que sean estos personajes los que hagan avanzar el relato.

En el momento del estreno de la película en el Cine Malba de Buenos Aires, pudimos rastrear a unos cuantos de los protagonistas de la película, que hoy por hoy ya no están en el Parador. La experiencia fue realmente emocionante, el público los saludaba y los felicitaba al terminar la proyección. Ellos estaban contentos por ver la película después de tanto tiempo y se sorprendían por cómo habíamos armado la historia a partir de tantos fragmentos de sus días en el Parador. Incluso alguno de los protagonistas era la primera vez que iba a un cine; debe ser muy shockeante ir al cine por primera vez y verte en una película como esta.

 

RK: ¿Hubo alguna indicación, límite o sugerencia por parte de quienes dirigen Parador Retiro? ¿Qué respuestas se suscitaron tras ver la película?

JC: Nosotros rodamos bajo la gestión de Telerman en Buenos Aires y la verdad es que no tuvimos ningún tipo de inconveniente ni condicionamiento. Tanto Patricia Malanca, la funcionaria de quien dependía el Parador, como Angélica Reichenbach, la directora en aquel momento, nos abrieron libremente las puertas del lugar.

El problema surgió después, cuando sobre el final de la postproducción quisimos hacer unas tomas de sonido dentro del Parador y volvimos a pedir el permiso habitual. Había cambiado la gestión, era Macri el Jefe de Gobierno. Entonces comenzaron a darnos vueltas hasta que se sinceraron y nos dijeron que no nos iban a dar la autorización, que no podíamos entrar más al lugar. Era evidente que no querían que se muestre esta realidad.

Recién ahora, después de que la película ganó el Festival de Mar del Plata y de la buena repercusión ante el estreno en Buenos Aires, comenzó algún acercamiento con el Gobierno de la Ciudad y la posibilidad de proyectar en algún momento la película dentro mismo del Parador Retiro para la gente que actualmente está en el lugar.

RK: Es notable el trabajo sobre el sonido y su diseño: ¿cómo concibieron el registro y cuánto hubo de trabajo posterior?

JC: Nos enfrentábamos a una situación sumamente compleja. A un galpón gigante con techo de chapa, sumémosle la reverberancia de doscientos hombres hablando, el ruido de dos televisores a todo volumen, ventiladores, extractores, timbres y teléfonos. Fue un desafío que Pablo Demarco y Carlos Olmedo, los sonidistas de la película, lograron sortear mejor de lo que suponíamos, tomando ciertas precauciones, buscando las situaciones menos comprometidas y aprovechando los momentos más silenciosos.

Contábamos sólo con un micrófono boom y un grabador digital. No podíamos intervenir demasiado en las rutinas cotidianas del Parador, incorporando más de un micrófono o colocándoles inalámbricos a la gente del lugar.

También se trabajó mucho la postproducción de sonido, no sólo en el hecho concreto de limpiar de ruidos el registro sino que hubo que regenerar climas, buscando siempre reproducir la sensación sonora tan particular de cuando uno está allí adentro.

RK: ¿Reconoce en su película influencias estéticas y concepciones del documental?

JC: Particularmente siempre me gustó el documental de observación, preferentemente el francés. Hace años en una edición del Doc Buenos Aires pude descubrir a Raymond Depardon, de quien admiro toda su filmografía (Reporteros, San Clemente, Urgencias). También me gusta mucho Nicolás Philibert (Ser y Tener), la construcción de los “personajes”, su acercamiento hacia ellos y ese fino equilibrio entre la institución y las personas.

RK:  ¿Cuál es su próximo proyecto?

JC: Estoy trabajando en “Gricel”, un documental cantado, una suerte de ópera documental que retrata la historia de amor entre el compositor José María Contursi y una chica de Capilla del Monte que se llamaba Gricel. No es sólo la historia de uno de los tangos más bellos sino también una historia de amor que atraviesa décadas y que va más allá del tiempo y del olvido. Gran parte del rodaje será en Capilla del Monte, Córdoba.

Esta entrevista fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior de la ciudad de Córdoba durante el mes de julio 2009.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA

FANTASÍAS ANIMADAS DE AYER Y HOY

Julio 21, 2009

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Por Nicolás Prividera

Esta notita tendrá un inevitable sesgo subjetivo, una maldita mirada infantil. Y ese es el problema con las películas animadas: han quedado hegemónicamente acorraladas en la sección de “infantiles” (pese a la sugestiva Betty Boop o el impúdico gato Fritz). Ese fue un efecto del Imperialismo de Disney. O tal vez no, tal vez el Imperio Disney fue sólo un animado avatar de la temible división del trabajo impuesta por el capitalismo: para el caso es lo mismo. Detesto tanto a Disney, que es mejor que quede claro de entrada (ya habrá tiempo de ir explicando por qué, si es que algún infante difunto aún no lo entiende). Pero eso no significa que no pueda apreciar los dibujos animados por el arte. Me gustan, por caso, McLaren, El viaje de Chihiro, los Loney tunes de la Warner y Tex Avery.

Lo que no comparto es el extraño fervor de los críticos por el cine de animación. Más bien me parece un gesto moderno cool (salvar a los bujos de su destino menor) que encubre un despropósito de proporciones: ¿Ratatouille o Wall-E calificadas como mejores películas del año, compitiendo con films de verdad? (Esa es la cuestión: es ridículo compararlas con films de acción real. Si es que aún queda acción real. Y films…) Este es el otro efecto lateral de la digitalización: lo invadió todo, y resucitó a varios muertos. Pues todos sabemos que el cine de animación tuvo un descongelamiento digital. El Imperio Disney sólo recaudaba por sus viejos clásicos, sus programas de TV y su isla de la fantasía, pero estaba más congelado que el Tío Walt. Disneyland parecía condenado a ser Neverland. Entonces llegó el hada Pixar y los ejecutivos vivieron felices para siempre.

La única verdad es la realidad: el ciudadano Disney era un sujeto odioso. Su personaje más representativo era el Tío Rico, esa caricatura del capitalista bonachón (¿No leyeron Para leer al Pato Donald, de Dorfman y Mattelart? Ah, no, eso era antes del fin de las ideologías…). Alguien debería dedicarle una película al ciudadano Disney, aunque ya no queda un Welles a su medida (miren el bodrio que hizo Scorsese con el impresentable Hughes). El tío Walt llevó el fordismo y el macartismo al mundo del dibujo animado. Al mundo de su producción, quiero decir, porque el Tío Walt adormeció para siempre el dibujo animado en la ilustración edulcorada de las viejas buenas fabulas, y nos condenó a una eterna fábula de animalitos parlantes. (A eso se limita la expectativa, año tras año: ¿A qué nuevo bicho hará hablar Pixar?  ¿Una cucaracha, una ladilla, una ameba?)

Volvamos al inicio, antes que los dinosaurios poblaran la tierra: ¿Alguien recuerda como eran los films animados antes de que los enterrara la empresa del Gran Hermano de Disneyland? El cine de animación fue inicialmente una forma del arte abstracto, la última expresión de la vanguardia de los ‘20, pero su rápido congelamiento en la escala zoológica (gracias al imperial Disney de los ’30) lo condenó a no explorar ya nada del mundo, sino la nada misma: la na-hada. Algo hemos avanzado, claro: Wall-E es mucho menos manipuladora que Bambi (¡y hasta tiene mensaje ecológico!). Está muy bien para los niños en edad escolar y para los adultos que no lleguen ni a 2001. Para el resto del mundo (críticos incluidos) es altamente recomendable una buena dosis de la única vacuna conocida… Pero (¡ay!) el multiforme fulgor amarillo de Los Simpson no durará para siempre. Tarde o temprano su estrella se apagará. En cambio, Disney es eterno. Como el peronismo.

FOTOS: 1) El viaje de Chihiro; 2) Buscando a Nemo.

Copyleft 2009 / Nicolás Prividera

MANIFIESTO

Julio 21, 2009

CICLO /MANIFIESTO

El tercer martes de cada mes desde las 20.15 hs.

ULTRA, San Martín 678. Entrada Gratis.

 

MARTES 21 DE JULIO

FÉLIX BRUZZONE, NICOLAS PRIVIDERA Y SÚPER SIEMPRE (SERGIO BIZZIO, ALFREDO PRIOR, FRANCISCO GARAMONA Y ALAN COURTIS)

Intelectuales y artistas ponen en escena sus manifiestos estéticos, políticos y existenciales. Los invitados tendrán la libertad de confeccionar textos en los que manifiesten sus creencias o desarrollar una performance artística en la que sienten las bases de su producción. De este modo tomarán una posición frente al mundo, frente a la realidad, frente al arte.

Coordinan: Diego Erlan / Hernán Vanoli

Martes 21 de julio

Félix Bruzzone, Nicolás Prividera

y Súper Siempre (Sergio Bizzio, Alfredo Prior,

Francisco Garamona y Alan Courtis)

Manifiesto

Género político por naturaleza, más allá de su contenido, el manifiesto implica el deseo de proponer, trazar fronteras, prometer y volver a ordenar el mundo, confiados en la potencia del propio lenguaje. En épocas donde el nihilismo ocupa todos los discursos, decir Manifiesto implica jugarse, implica decir «en esto creo».

Si la vorágine digital y la sobreoferta de escrituras parecen devorar cualquier principio de individualidad, nosotros invitamos a decir: Manifiesto. Grito al aire o microdenuncia cotidiana, el ciclo propone revisitar acciones artísticas, políticas, relacionales, donde la fiesta de su declamación permita que los diferentes manifiestos de músicos, artistas y escritores nos sumerjan en las aguas correntosas de su poética de la transformación.

INVITADOS

Félix Bruzzone nació en 1976 en la ciudad de Buenos Aires. Participó en antologías como Uno a uno, Buenos Aires escala 1:1, En celo, Nuevas voces para una nueva navidad, Hojas de tamarisco . Es licenciado en letras, maestro primario, coeditor en Editorial Tamarisco (www.hojasdetamarisco.blogspot.com) y desde hace algunos años vive de limpiar piletas de natación en Don Torcuato. 76 (Tamarisco) es su primer libro de cuentos y Los topos (Mondadori), su primera novela.

Nicolás Prividera nació en Buenos Aires en 1970. Es egresado de la facultad de Ciencias Sociales (UBA) y de la Escuela Nacional de Cinematografìa (INCAA). Su ópera prima, M (2007), ganó el premio a la mejor película latinoamericana y el premio de la crítica internacional (FIPRESCI) en el Festival de Mar del Plata, así como el Runner-up Prize en el Festival de Yamagata (Japón), entre otros. Colabora regularmente en los blogs “Ojos Abiertos” y “La Lectora Provisoria”.

Súper siempre Es la banda de música experimental que formaron Sergio Bizzio (escritor), Alfredo Prior (poeta, artista plástico), Francisco Garamona (poeta, editor) y Alan Courtis (músico, ex integrante de Reynolds). Acaban de grabar un disco, Juicio al perro, que presentarán el 10 de agosto en el Auditorio de Malba. Además editarán un disco doble, con material ya grabado, “en el que participan varios invitados que (como la mitad de los integrantes originales) no saben tocar”.

ULTRA
Sala de conciertos y eventos. Restaurant. Bar. Arte.

San Martín 678

Buenos Aires

Argentina
Tel 54 11 4312 5605

Prensa: Marianela 15 6561 8935

SEMANA EN LOS CINECLUBES DEL 20 AL 26/07

Julio 20, 2009

LA CUMBRE: SALA LUIS BERTI, BELGRANO 470

PELÍCULA DEL MES

22 de julio, a las 20.30hs:

Sonata de Tokio, de Kiyoshi Kurosawa, Japón, 2008

119’ / +13

Mediometraje, a las 19.30hs: Carl Theodor Dreyer, de Eric Rohmer, Francia, 1966

Narrativamente impredecible y estéticamente sobrio, el film de Kurosawa concentra su relato en la secreta pauperización de la clase media japonesa; la institución elegida es una familia, constituida por dos hijos, esposa y el espantoso concepto, aquí pertinente, de jefe de familia. El más pequeño todavía está en la escuela, mientras sueña con aprender música. La mirada de Kurosawa es micropolítica y estructural. El Tokio de Kurosawa es despiadado: un hombre de 40 años, en términos laborales, es prácticamente un anciano. En esa ciudad, además, hay ollas populares, y parece ser normal que la visiten los ejecutivos despedidos. Es un orden social piramidal y excluyente. Así descripta, Tokyo Sonata parece ser una novedosa aproximación del realizador al realismo social, y en un principio lo es. Sin embargo, cuando la película se acerca al epílogo, Kurosawa le impone al relato un devenir fantástico aunque contenido. Un conjunto de situaciones inverosímiles (un robo, un hallazgo de dinero, un accidente callejero, una absurda visita a la comisaría) altera inesperadamente la totalidad del registro, una aceleración de la crueldad por vía del absurdo que podrá ser inverosímil pero que está subordinada a una coda extraordinaria, momento en el que el arte se constituye como el único consuelo confiable. Kurosawa hace de la elipsis un efecto sobrenatural. El niño, al que vemos siempre cerrar el piano cuando termina sus clases y nunca vemos tocar, cierra la película interpretando a Debussy. Es un instante sublime, un envés de los silencios totales que acompañan a las escenas más dolorosas de la película. (RK)

VILLA GIARDINO: SALA TEATRO ALEJANDRO GIARDINO

FUNCIÓN SUSPENDIDA

25 de julio, 20.00hs:

Honeydripper, de John Sayles, EE.UU., 2007

123’/ +13

Cortometraje: Patria, de Susana Barriga, Cuba, 2007

EL ARTISTA

Julio 18, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

 LAS TRAMPAS DEL CONSENSO

El artista, Argentina, 2008.

Dirigida por Gastón Duprat y Mariano. Escrita por Adrián Duprat.

** Válida de ver  

Un film celebrado por la crítica vernácula, cuyo tema es indiscutiblemente actual y que sin embargo no consigue desmarcarse de aquello que acusa.

El consenso, esa palabrita tan mimada, ese concepto político y estético cuya dulzura pacificadora permite soñar con un mítico mundo sin conflictos e incertidumbres sobre lo bello y lo feo, ese ejercicio discreto de revocar el pensamiento en aras de un bienestar del asentimiento colectivo, detiene la insolencia de interrogar y conjura la duda, consagra una obra y destierra a un artista. ¿Cuáles son los criterios de validación de una pintura? ¿Quién lo decide? ¿Cómo se reconoce una obra de arte? ¿Cómo se constituye un consenso? ¿Cómo se fabrica a un artista?

Estas preguntas atraviesan El artista, una historia paródica y trágica que gira en torno a un enfermo psiquiátrico (interpretado por el escritor Alberto Laiseca) cuyo léxico se limita a la palabra ‘pucho’ y que cada tanto dibuja. Poco se sabe de él: es viejo y está postrado en una silla de ruedas; su nombre es Romano. Su enfermero, Ramírez (el músico Sergio Pangaro), colecciona las pinturas, y un día las presentará como suyas en un concurso.

Así, inesperadamente, nacerá un artista, pues los críticos, los marchands, los galeristas verán en la “producción artística” de ese paciente anónimo, al que desconocen porque la autoría la asume Ramírez, una obra interesante y singular. ¿Descubren o inventan? De esta defraudación, que indirectamente cuestiona el concepto de autor, se predican varios equívocos que llevarán a Ramírez a ser un artista novel, incluso de alcance internacional.

Tras sus pasos en la pantalla chica con Televisión Abierta, procedencia ostensible en la puesta en escena del documental Yo presidente, Gastón Duprat y Mariano Cohn demuestran en El artista una voluntad formal que se percibe desde los planos iniciales. Los encuadres son obsesivos, casi manieristas. Una decisión inteligente es la de mantener en un total fuera de campo la obra de Ramírez-Romano. Vemos al artista, jamás su obra, lo que implica también un apunte sociológico sobre la supremacía del autor respecto de su obra. Duprat y Cohn radicalizan la apuesta cuando en una exposición el espectador asume la perspectiva del cuadro: no se ven los cuadros sino cómo los mira el público de la galería. Es un pasaje ingenioso, un espejo de miradas, que también sugiere cierta nadería y banalidad del discurso académico y estético, o los modos de hablar e interpretar, en este caso, la pintura.

Pero El artista no es inmune a su señalamiento crítico. La presencia ocasional de León Ferrari, Horacio González y Fogwill, como así también la del mismo Laiseca en el protagónico, constituye, secretamente, una petición de consenso. Son figuras pesadas del quehacer cultural, nombres que legitiman cualquier propuesta, incluyendo una película.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en el mes de julio de 2009

ESTRENOS EN DVD (4)

Julio 15, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

ÚLTIMA PARADA 174, BRUNO BARETTO, BRASIL, 2008. (*)

aff_227Los planos iniciales de la decimoctava película del director de Gabriela y Doña Flor y sus dos maridos, Bruno Barreto, son elocuentes: se ve un televisor en donde se transmite una de las tantas telenovelas brasileñas. Son actores caucásicos cuyos dramas pasionales no solamente son ridículos, sino obscenos. La cámara abandona el rectángulo catódico y se focaliza en una mujer que mientras fuma amamanta a su hijo. Es una casa humilde. Acusándola de adicta, un líder de una banda de las favelas se lleva a su hijo. La madre desolada sale a caminar. Barreto opta por un paneo horizontal de izquierda a derecha. Desde la favela el paisaje explicita la desigualdad. En efecto, la composición edilicia de Río de Janeiro es una evidencia sociológica: la riqueza está concentrada, la pobreza también. Es un buen inicio para un filme que pretende inspeccionar dramáticamente los antagonismos e injusticias de un país paradigmático de Latinoamérica.

El punto de partida de Barreto es la toma de rehenes por parte de un joven desesperado llamado Sandro en un colectivo de línea de Río de Janeiro, en junio del 2000. Acontecimiento mediático memorable: dos años más tarde, José Padilha realizó un documental sobre el caso, Bus 174.

Inspirado tanto por aquel suceso como por el documental, Barreto intenta reconstruir en clave de ficción la vida y el contexto del protagonista, aunque también presta atención a la supuesta madre del desposeído (Última parada 174 sugiere que la madre de Sandro quizás no era su madre). Sandro vivió casi toda su vida en la calle, tomó y vendió drogas, permaneció analfabeto, estuvo preso y quiso ser rapero. Ni el reencuentro con su madre, ni la ayuda de un asistente social de una ONG prototípica de los ’90, pudieron redimir los efectos que tiene un sistema socioeconómico sobre la constitución de la identidad de una criatura reducida a la supervivencia salvaje.

Última parada 174 no es una gran película, pero evita la estetización sinvergüenza del mundo marginal como ocurría en Ciudad de Dios, y también la mirada fascista de Tropa de elite, dos películas abominables sobre los destituidos ciudadanos de las favelas cariocas. Aquí, las calles y los personajes dotan de autenticidad a este relato esquemático y con algunos subrayados innecesarios, pero, finalmente, rescatable, pues Barreto dista de ser pretencioso y prescinde de los característicos golpes bajos del género.

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HERMANASTROS / STEP BROTHERS, ADAM MCKAY, EE.UU, 2008 (**)

step-brothers-poster-ferrel “Es en la familia en donde nuestra nación encuentra esperanza, y nuestros sueños tienen alas”. Parece la declaración de un mediocre filósofo chauvinista, o la sentencia de un poeta kitsch que ve en la patria una inspiración excluyente. La primera reacción del espectador puede ser de sospecha. Pero, tras unos segundos, se revela el autor: George W. Bush. Es un anuncio que condensa el espíritu de la comedia: doblegar el sentido común; deshacer, gentilmente, las expectativas y las creencias que resguardan el orden establecido. Toda gran comedia es una secreta denuncia sobre el estatuto de nuestras prácticas cotidianas.

El punto de partida de Hermanastros es la inverosímil situación de dos hombres de cuarenta años que todavía viven con sus padres: el comediante Will Ferrell y uno de los mejores actores secundarios de Hollywood: John C. Reilly. En una conferencia, el padre de uno y la madre del otro terminarán compartiendo una noche de pasión y una vergonzosa aunque común confesión: sus hijos, verdaderos adultos, todavía viven con ellos. De la cama al altar, se constituye una nueva familia. En un principio, los hermanos rivalizarán por todo, pero la convivencia y otros miembros de la familia habrán de unirlos inesperadamente. Infantiles y narcisistas, pero también auténticos y socialmente inadaptados, los hermanos confrontarán con todos aquellos que les demanden normalidad, en especial el padre, interpretado por el excelente Richard Jenkins. Así, la realización de un videoclip sellará el fin del consentimiento paterno.

Como sucedía en Napoleón Dinamita, Hermanastros exacerba la estupidez extrema de sus héroes, de tal modo que el contexto social parezca inteligente y los otros personajes representen el arquetipo de lo correcto y normal, hasta que paulatinamente ese modelo se trastoque en una imbecilidad irredimible. La persistencia en la irresponsabilidad por parte de los personajes de Ferrel y Reilly doblega, en el desenlace, toda una concepción respetable de cómo se debe vivir. Justo cuando parecen ser domesticados, el disparate prevalecerá: Ferrell canta ópera mientras Reilly toca la batería. Es el sonido de una rebeldía que ya ni siquiera los jóvenes parecen cultivar.

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EL BAÑO DEL PAPA, CÉSAR CHARLONE Y ENRIQUE FERNÁNDEZ, URUGUAY, 2007 (**)

Calurosamente recibida en el Festival de Cannes 2007, esta comedia ligeramente anticlerical y, por momentos, costumbrista, gira en torno a una visita del Papa Juan Pablo II a un remoto pueblo de Uruguay, en la frontera con Brasil. Es 1988, y el pueblo en su conjunto lo experimenta no sólo como un evento de fe, sino también como una oportunidad económica. Ésa es la lectura que hará Beto (César Troncoso), un simpático contrabandista menor, que montará un baño público para los miles de fieles que visitarán, hipotéticamente, el pueblo.

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AMOR EN LA NIEVE / SNOW CAKE, MARC EVANS, CANADA-REINO UNIDO, 2006 (°)

Drama predecible y supuestamente intimista, en el que un hombre, tras haber cumplido una condena penitenciaria, se ve involucrado en el destino fatal de una familia, después de tener un accidente automovilístico cuando viajaba junto a él la hija de una madre autista. Esta película de segunda categoría abrió el festival de Berlín en el 2006, probablemente porque Alan Rickman (el ex-convicto) y Sigourney Weaver (la progenitora) garantizaban cierto glamour. Pero lo único valioso de este telefilm con ribetes de autoayuda es la presencia de Carrie-Anne Moss (la Trinity de Matrix), quien interpreta a una vecina liberal de la damnificada; un alivio para el personaje de Rickman, y también para el público.

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RODNEY, DIEGO RAFECAS, ARGENTINA, 2009 (°)

Después de su sobrevaluada Un Buda, Diego Rafecas prosigue en su búsqueda metafísica con esta pieza de esoterismo trash, con toques de policial y retrato costumbrista, en la que un niño (índigo) de 10 años, espiritualmente avanzado, vive con su madre incapaz de sostener material y simbólicamente su vida. Todos los personajes que giran alrededor de su vida experimentan crisis diversas, aunque encuentran cierto sosiego en el bar que le da nombre a la película. Es un acierto que el director no juzgue a sus personajes, pero su crítica al materialismo secular se diluye en el último pasaje del filme, en donde el sustento de la vida espiritual yace en las bondades de un familiar millonario.

Todas las críticas fueron publicadas por el diario La Voz del Interior durante otoño 2009.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA