Archivar como 30 abril 2012

EL MAL DEL SUEÑO / SCHLAFKRANKHEIT

abril 30, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza
UNA SALUDABLE ENAJENACIÓN
El mal del sueño / Schlafkrankheit, Alemania, 2011

Escrita y dirigida por Ulrich Köhler

*** Hay que verla

Gran película del joven realizador alemán, uno de los grandes títulos del año

A pesar de que el colonialismo como tema político y académico parece anacrónico, incluso bajo un revival nacionalista intempestivo que sugiere confusamente su actualidad, hay un conjunto de películas recientes que insisten tanto en la persistencia de una práctica característica del hombre caucásico como en la insuficiencia de la razón blanca para interpretar culturas ajenas. Filmes notables como La locura de Almayer, Tabú, El río solía ser un hombre y El mal del sueño, sin culpa ni vergüenza, dislocan el punto de vista del colonizador.

Ulrich Köhler sitúa su historia en Camerún. La primera mitad del filme se concentra en el Dr. Velten, un médico alemán que desconfía casi por igual de los militares que controlan las rutas como de sus sirvientes, pero que lidera con compromiso un programa médico destinado a contrarrestar “el mal del sueño”. “Misionero”, le dirá su hija, que recién llega de la “civilización” a visitar a sus padres. Más tarde, su mujer y su hija volverán a Europa, y el relato revelará que unos tres años después el Dr. Velten espera un hijo de una mujer de la aldea.

Por un largo tiempo, el médico alemán queda en fuera de campo y el filme introduce un nuevo “héroe” vestido de blanco, de nacionalidad francesa pero descendiente de africanos. Alex trabaja para la Organización Mundial de la Salud y su primera misión es realizar una auditoria del trabajo del Dr. Velten. Tal vez la inexperiencia de Alex explique su idealismo. Antes de viajar a África, Alex asiste a una conferencia sobre ayuda a países subdesarrollados. El orador concluye: “Sólo el mercado puede resolver los problemas de África”. La disconformidad de Alex es ostensible. También lo será su perspectiva sobre el mundo, radicalmente dislocada a medida que habite la tierra de sus ancestros.

Lo que sucede luego es paradójicamente lógico e inasible. Los médicos comprenderán los límites de su tarea, y Köhler orquestará paulatinamente una puesta en escena donde los signos de lo real perderán su claridad y distinción. Desde una escena extraordinaria en la que Alex se transformará en un partero improvisado hasta el hipopótamo del epílogo, tal vez el nuevo cuerpo del espíritu de un hombre, El mal del sueño hace que nuestros mitos y certezas experimenten una saludable enajenación. O simplemente confrontar con la alteridad sin la protección simbólica de quien cree representar cabalmente a la humanidad. No es poco para una película.

Esta crítica fue publicada en otra versión en el diario La voz del interior durante el mes de abril 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

UNA ENTREVISTA CORTA SOBRE SOBRE CORTOMETRAJES

abril 29, 2012

Meshes of Afternoon

RESPUESTA A CORTÓPOLIS

Cortópolis: ¿Cuál es la potencialidad del corto como formato?

Roger Koza: La respuesta es sencilla: el inicio mismo del cine, por una cuestión técnica, implicó que el cortometraje fuera, sin tener ese nombre, el formato exclusivo. Su duración alcanzaba para ir desarrollando un lenguaje, inventar formas, aun más allá de la inquietud narrativa que pronto habría de imperar en el imaginario de los nuevos cineastas. Basta nombrar cuatro películas notables de un estadio muy posterior en la evolución del cine para entender que la duración no define la grandeza de una obra: La casa está oscura de Farrokhzad, Las estaciones y Los habitantes de Peleshyan y Toda la memoria del mundo de Alain Resnais.

C: ¿Qué aprendiste haciendo cortos?

RK: No soy cineasta, y no tengo ningún interés en convertirme en uno, pero viendo cortometrajes aprendí que el misterio del cine excede el tiempo. En ese sentido, una película no necesita tener una duración interminable; a veces, dos minutos, diez minutos, alcanzan para contar una historia (La vendedora de fósforos de Renoir, La jetée de Marker), develar un mundo y una experiencia (El niño ciego de Van der Keuken), inventar un lenguaje (Meshes of the Afternoon de Maya Deren) o simplemente expandir el cine a una dimensión desconocida que trastoca el modo de pensar la imagen y el sonido (De l’origine du XXIe siècle de Godard). Quisiera decir algo más: con lo que todo cineasta debe confrontar en la actualidad es con la tentación de confundir un cortometraje con un clip o una publicidad. El primer indicio de esto es el tratamiento de la luz en el formato.

C: ¿Cuál fue el último corto que viste que te dejó pensando?

RK: El último cortometraje que vi fue Saute ma ville de Chantal Akerman, su primera película, de 1968. Lo que me impresionó fue cómo en esos 10 minutos estaba condensada gran parte de las obsesiones formales y conceptuales que se verían después en toda su obra. El otro film que me impresionó y vi recientemente es Memorias de una mañana de José Luis Guerín: una película sobre la soledad infinita y la relación que existe entre sujetos y edificios.

Esta entrevista será publicada por el comité de organización del Festival Latinoamericano de Cortometrajes, Cortópolis. 

Roger Koza / Copyleft 2012

SEMANA DEL 30/04 AL 06/05 EN CINECLUBES

abril 29, 2012

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

2 de mayo, a las 20.30hs:

Sobreviviendo a la vida (teoría y práctica), de Jan Svankmajer, República Checa, 2011

108’ / +13

Cortometraje: Luminaris (6’), de Juan Pablo Zaramella, Argentina, 2011

Esta introducción amable y elemental al psicoanálisis en manos del maestro checo Jan Svankmajer, a pesar de su voluntad didáctica, no traiciona ni el estilo del director ni sus obsesiones, aquí matizadas pero siempre presentes. El deseo ha sido siempre uno de los temas preferidos del responsable de Conspiradores de placer, pero aquí la exploración, en contra de todos los pronósticos, es mucho más ortodoxa; los fetiches se circunscriben legítimamente a una cartera de cocodrilo y las perversiones escasean. Como le explicará en su primera sesión la analista de Evzen, un oficinista que atraviesa una crisis existencial a mitad de su vida, “los sueños no son sino deseos que se cumplen”. En efecto, Evzen está obsesionado con una bella mujer cuyo nombre se va desplazando y cambiando a medida que ella aparece en sus sueños, y a la que el protagonista, que está casado, no logra ni identificar ni asociar con nadie de su vida “real”. Las gallinas, los huevos, los reptiles, una vieja que dice ser Napoleón o Brahma, fajos de billetes con el semblante de esa mujer misteriosa, una calle, un cine llamado “Mundo”, juguetes específicos son algunos de los signos que se repiten en la trama onírica; los detalles dispersos a lo largo de toda la película son fundamentales. El característico impulso surrealista de Svankmajer lo lleva a trabajar una puesta en escena que no distingue con claridad los eventos de naturaleza onírica de los diurnos, como si el realizador estuviera sugiriendo una interacción mucho más poderosa que la usual entre esos dos estados de experiencia. En ese sentido, la animación (stop motion) y el registro de cámara también se entremezclan, y el trabajo de montaje acentúa constantemente el paso heterodoxo de primerísimos planos a planos generales, de tal modo que la contigüidad siempre resulta enigmática, lo que sucede aun con las proporciones asimétricas entre objetos y sujetos. Si bien durante las sesiones los retratos de Freud y Jung se disputan los logros de la terapeuta, la orientación es más freudiana que jungiana (y lacaniana), pues la resolución del trauma del protagonista es casi una pieza ilustrativa de un buen manual introductorio al psicoanálisis freudiano. (Roger Koza)

El extraño caso de Angélica / O Estranho Caso de Angélica

abril 27, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza
FANTASÍA LUSITANA
El extraño caso de Angélica / O Estranho caso de Angélica, Portugal-España-Francia-Brasil, 2010

Escrita y dirigida por Manoel De Oliveira

**** Obra Maestra

Otra película inagotable del maestro portugués, el highlander de Oporto. 

“No me canso nunca porque no voy deprisa”, decía hace dos años Manoel de Oliveira, antes del estreno mundial de El extraño caso de Angélica en Cannes 2010. La declaración sería insignificante si se tratara de un director cualquiera, pero no son muchos los que teniendo 104 años filman casi una película por año.

El único director vivo que empezó su carrera en tiempos del cine silente quería rodar este filme en 1952. Han pasado décadas para que esta fantasía metafísica adquiriese materia y forma. ¿Qué es exactamente? ¿Una historia de amor entre un espíritu femenino y un hombre? ¿Una meditación filosófica libre sobre cómo las circunstancias determinan el rumbo de una existencia? ¿Un secreto y extraordinario “documental”, situado en Peso da Régua, una ciudad a 100 kilómetros de Oporto, sobre los campesinos que aún hoy en una época de mecanización del trabajo trabajan con sus manos en los viñedos?

Después de un plano general nocturno sobre Régua, plano topográfico típico del realizador, vemos un automóvil estacionado y un hombre gritando frente a un negocio de fotografía. Es tarde, llueve y no hay nadie en la calle, pero el hombre necesita desesperadamente un fotógrafo. Pero el fotógrafo no está y se sugiere un reemplazo.

Isaac, fugitivo judío (y portugués) que viene de Medio Oriente, es joven, un poco taciturno y vive solo. Será él quien tenga que registrar con su cámara a Angélica, una bellísima mujer recién casada, hija de una familia rica y católica, que ha muerto demasiado joven. Si bien podría ser una secuencia lúgubre, la escena es lúdica y hasta homeopáticamente cómica. El primer chiste es sobre la religión de Isaac, el segundo pasa por cómo iluminar correctamente a la occisa.

Pero sucederá algo insólito. Tras la primera foto, en plena búsqueda de foco, Isaac verá por su cámara que Angélica le sonríe. ¿Es una alucinación? Quienes la velan no han visto nada, quizás la fotografía constituya una prueba objetiva del gesto imperceptible del cadáver sonriente. Isaac se enamora paulatinamente. Soñará con ella y volará oníricamente por encima de la ciudad, se obsesionará hasta la enajenación. Quizás el espíritu de Angélica lo visite cada tanto y entonces, más que de un delirio, tal vez se trate de un romance entre un espíritu y un ser vivo.

Si bien la trama central se circunscribe al cortejo metafísico entre Isaac y Angélica, el amor físico y terrenal de la película es el que Manoel de Oliveira le profesa a este mundo y en especial a los aldeanos lusitanos.

Esta crítica fue publicada en La voz del interior durante el mes de abril 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

Aquí se puede leer otra crítica que escribí hace un tiempo atrás sobre este film.

EL GUARDIA / THE GUARD

abril 27, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza
EL RACISTA BONACHÓN
El guardia / The Guard, Irlanda, 2010

Escrita y dirigida por John M McDonagh.

** Válida de ver 

Una ópera prima interesante, feliz en su liviandad y cómoda en su correcta incorreción política.

No es Kowalski, es un tal Boyle. No es polaco sino irlandés. Menos aún es Eastwood en otro rol de cascarrabias con prejuicios racistas de todo tipo, sino uno de esos actores secundarios que cuando uno los ve en una película ya sabe que algo bueno tendrá. Brendan Gleeson encarna aquí a un sargento solitario de algún pueblo perdido de Irlanda. En algún momento dirá: “El racismo es parte de mi cultura”, sentencia de la que se predica más de la mitad del humor de El guardia, una comedia negra y ocasionalmente un thriller.

La ópera prima de McDonagh revela desde el comienzo su humor, su incorreción, su estética y el espíritu de su protagonista. Un auto va a toda velocidad por una ruta cercana al océano. Planos cenitales del vehículo se intercalan con planos no del todo convencionales que muestran que el conductor y sus acompañantes van de fiesta, hasta que un sonido específico marque algo inesperado. La escena terminará con el sargento tomándose un ácido.

Después habrá un asesinato con posibles tintes religiosos, una operación de narcotraficantes por medio billón de dólares y la aparición de un nuevo personaje: un agente del FBI, interpretado por otro gran actor secundario, Don Cheadle. En principio, este policía racista que se considera el último independiente no parece el indicado para trabajar junto con un agente afroamericano. Boyle cree que los narcos son negros o mexicanos, pero detrás del racista sincero hay un buen tipo.

En El guardia los traficantes discuten sobre Nietzsche y Bertrand Russell, la madre de Boyle defiende a Dostoiveski y su hijo a Gógol, las referencias cinéfilas son constantes y la comparación entre irlandeses y estadounidenses (e ingleses) es un punto de referencia central en la construcción cómica del filme. La cultura es aquí tanto un móvil humorístico como un conjunto de citas diversas que indican una perspectiva. En dos ocasiones, el agente extranjero tendrá dudas sobre su compañero irlandés: ¿es un estúpido o es inteligente? Es indudable la respuesta, y también lo que el propio director parece creer, después de tantas citas, acerca de su propia película. Y no se equivoca.

Esta crítica fue publicada en La voz del interior durante el mes de marzo 2012.

Roger Koza / Copyleft 2012

UN MÉTODO PELIGROSO / A DANGEROUS METHOD

abril 24, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza
EL NACIMIENTO DEL INCONSCIENTE

Un método peligroso/ A Dangerous Method, Reino Unido, Alemania-Canadá, Suiza, 2011

Dirigida por David Cronenberg. Escrita por Christopher Hampton.

**** Obra maestra

Como sucedió con Spider en su momento, la nueva película de Cronenberg es mucho más de lo que parece y con el tiempo se la reconocerá como la gran película que es. 

¿Cómo filmar un discurso, una idea, el inconsciente? En una escena extraordinaria, quien fuera primero paciente, amante y discípula de Carl Jung y luego paciente de Sigmund Freud, Sabina Spielrein, tras dosificar sus arranques de histeria, colabora con Jung en su “laboratorio”. Es un test: una mujer (la esposa de Jung) debe responder con una palabra a otra palabra pronunciada por Jung. Sus manos reposan sobre un soporte metálico, lo que permite medir las asociaciones inmediatas de sus respuestas. Sabina desconoce el vínculo entre Jung y el sujeto del experimento, pero, por la pausa en dos respuestas, deduce que esa mujer está en crisis con su esposo. “¿Es su mujer?” le preguntará a Jung. En el habla se descifra algo más allá del sentido ordinario, entre las palabras repiquetea el inconsciente. Hoy lo sabemos, 108 años atrás ni lo imaginábamos.

Esta iniciación accesible al psicoanálisis freudiano y amable pero contundente crítica al oscurantismo jungiano, más allá de su tema, es caligrafía cinematográfica del más alto nivel. Lo que sucede desde 1904 en adelante pasa frente a nosotros con suma delicadeza e imperceptible precisión. Las elipsis son exactas, los diálogos justos, el sentido del humor pertinente, las interpretaciones perfectas, y a quien le moleste la elongación mandibular de Knightley y sus gestos corporales hiperbólicos puede revisar el material de archivo de la época. Más que una aproximación distante y canchera al nacimiento de un saber, Cronenberg intenta viajar en el tiempo y convertirnos en testigos del génesis de un discurso que alteró nuestro modo de nombrar nuestras conductas.

Los acontecimientos son lineales: del viaje inicial en carreta donde Sabina grita desesperada al travelling hacia adelante sobre la figura de Jung con el que cierra el filme, veremos desde la transformación de la histérica en teórica y sus prácticas masoquistas con Jung hasta las disputas entre el padre del psicoanálisis y uno de sus “hijos” transgresores. Paciente y amante, Sabina es el vector de dos triángulos amorosos: con Jung y su esposa, y con Jung y Freud, en términos simbólicos. Objeto del deseo y sujeto teórico, será ella quien le permitirá a Freud pensar el instinto de muerte. La represión sexual no sólo se explica por cuestiones morales: subyace un temor a perder la sensación del yo en la experiencia.

Un método peligroso oscila entre una historia de amor fallida y una confrontación con los límites del saber psicoanalítico. El pragmatismo de Freud, según Jung, reduce la experiencia humana a la sexualidad. Para Freud, la telepatía y el esoterismo y sus variantes ponen en peligro una ciencia en formación, demasiado judía para la ortodoxia científica. Causalidad versus casualidad, necesidad versus azar, darwinismo tardío versus sabiduría perenne, biología versus metafísica, pero también una tensión discreta entre el judaísmo secular de Freud y la espiritualidad difusa de su discípulo ario. El antisemitismo no se nombra, pero se intuye en la desmedida atracción de Jung por Sabina.

Quienes esperen algunas escenas escandalosas tendrán que revisar Pacto de amor o Crash. En verdad, la película de Cronenberg más cercana a Un método peligroso es Spider, y si allí el director intentaba materializar la experiencia esquizofrénica en un expresionismo contenido y paradójico, además de problematizar el complejo de Edipo, aquí la propuesta es más clásica y lo que importa no es mostrar las piruetas físicas de la libido sino los esfuerzos discursivos por encontrar un vocabulario que en su descripción de nuestros deseos y actos inconfesables atenúe la represión y el sufrimiento.

El montaje, como en Spider, es casi invisible, pero hay una inteligencia selectiva y dialéctica entre las escenas. De una “paliza” se puede pasar a una escena familiar, y ejemplos así abundan. En varios pasajes se refuerzan las contradicciones, y en los pasajes terapéuticos, donde la palabra es la protagonista, el lente utilizado trastoca las proporciones entre quien escucha y quien habla: el modo de registrar el cuerpo implica también una modalidad de expresión; el cuerpo es parte de la palabra, física de letras.

Un método peligroso es una de las grandes películas del año. Sólo un distraído puede pensar que Cronenberg está aquí circunspecto y reprimido. La elegancia ostensible de la puesta en escena y la gentil lucidez de Cronenberg para exponer la invención de un léxico que cambió nuestro modo de interpretar la conducta humana son notables.

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior en abril 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

SEMANA DEL 23 AL 29/04 EN CINECLUBES

abril 24, 2012

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

25 de abril, a las 20.30hs:

El río solía ser un hombre, de Jan Zabeil, Alemania, 2011

80’ / ATP

Cortometraje: Sin título (23’), de Lisandro Alonso, Argentina, 2011

De la panorámica aérea e impersonal que abre la película a la panorámica subjetiva de clausura, íntegramente personal, el protagonista de este viaje minimalista al corazón de las tinieblas habrá adquirido la sapiencia que sólo se puede obtener después de una experiencia radical de descentramiento: cualquier cultura, a pesar de la secreta arrogancia que la postula como punto de vista universal, es una entre otras. La ópera prima de Zabeil, coescrita con su intérprete principal, el ascendiente Alexander Fehling, transcurre en algún lugar del África no especificado (aunque se trate de Botswana). Un joven emprende, sin un rumbo específico, un viaje en canoa en un río de aguas quietas. Mientras él descansa y duerme, un nativo conduce, pesca y lo protege para que no sufra una insolación. Entre ellos prevalece la cordialidad y la curiosidad. A la noche el nativo le dirá que están en la tierra de los animales, que hasta un elefante podría atacarlos, pues ellos pueden ser percibidos como una presencia amenazante; el alemán revelará su profesión, y como actor imitará los sonidos del elefante. A la mañana habrá una sorpresa, y el actor quedará completamente solo en el territorio de las fieras. El trabajo sobre la percepción audiovisual es extraordinario: la vida salvaje, más que revelarse, se escucha; los planos generales acentúan la soledad del personaje y varias secuencias nocturnas suscitan una ansiedad primitiva desprovista de toda protección simbólica. Zabeil aprovecha magistralmente la elipsis para resolver instancias de suspenso y además elige muy bien las escenas para denotar el cambio secreto que experimenta el único europeo de un relato en el que la racionalidad blanca resulta insuficiente para interpretar el lenguaje de los otros. (Roger Koza)

LA PARTE AUTOMÁTICA: IMPRESIONES IMPRECISAS SOBRE EL BAFICI 2012 (SEGUNDA PARTE)

abril 23, 2012

Por  Roger Koza

En principio, como todos los años, el festival fue un éxito. En la conferencia de premiación, lo primero que expresó Lombardi, el Secretario de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, fue un número: “la cantidad de público subió un 15%”. Quienes estábamos presente deberíamos haber respondido en coro: “Pues entonces suba un 30% el presupuesto”. Inmediatamente, relacionó el porcentaje con la calidad de la oferta y felicitó a los programadores del BAFICI. El imperativo cuantitativo (más público, más películas) debe estar coordinado con otro imperativo, el estético, y una vez más hemos cumplido. Ése fue el mensaje.

¿Qué se puede objetar de un festival que exhibió Tabú, de Miguel Gomes, y películas extraordinarias como Hors Satan, Las canciones, This Is Not a Film, Puntos suspensivos, Small Roads, The Day He Arrives, Sin título (Carta para Serra)? (Podría agregar unos 15 títulos más, aunque también se podría objetar la presencia de una cantidad similar de películas que parecían venir de un outlet de festivales). ¿Cómo no celebrar un BAFICI que publicó dos libros sobre cine, uno de ellos del genial crítico y teórico cinematográfico Jim Hoberman? Hay motivos para sentir felicidad, palabra que los programadores repitieron como un mantra cada vez que presentaron una película.

Las grandes apuestas nacionales del BAFICI no tuvieron la resonancia esperada, pero, si se trata de datos, dos filmes vistos en el BAFICI estarán próximamente en Cannes. Villegas, de Gonzalo Tobal, una película interesante sobre dos primos que viajan juntos (con agendas distintas) al pueblo que le da el título al filme, tiene algunos pasajes buenos y unos 30 minutos finales, con instantes notables. Las interpretaciones de Esteban Lamothe y Esteban Bigliardi, además de ser magníficas, confirman que hay una nueva generación de actores en el cine nacional, y ellos, sin duda, son hijos del BAFICI (y del teatro independiente porteño). Los salvajes, el ambicioso filme de Alejandro Fadel, no se llevó nada, pero los rumores indican que la semana que viene, cuando la Semana de la Crítica, sección paralela del Festival de Cannes, anuncie su programación, este film sobre cinco jóvenes que se escapan de un reformatorio y se refugian en la naturaleza será parte del festival más importante del mundo. El simbolismo pletórico del film y la ostensible capacidad de Fadel detrás de cámara parecen suficientes para los programadores galos. Así las cosas, todo parecía tranquilo en el Abasto, pues ni siquiera el veneno discursivo de Thierry Fremáux, director artístico de Cannes, que dijo “el cine argentino se suicidó”, pudo con la criatura.

La última controversia ahora pasa por los detractores de Policeman, la película ganadora de esta edición. El filme de Lapid, cuya importancia está en mostrar las contradicciones internas (e injusticia distributiva) del Estado de Israel, es un filme sólido si se lo compara con otros en competencia, por ejemplo Snowtown, pero menor si se analiza la selección y la película ganadora del año pasado. Habrá que analizar a fondo la perspectiva política del film, su punto de vista. Por lo pronto, no se llama “Los rebeldes”, sino policía.

Es una buena noticia, sin duda, que un filme como Papirosen, de Gastón Solnicki, haya ganado la competencia argentina. Su retrato familiar es en verdad la reinvención de un género y un relato que pone la vida de una familia en el contexto de la gran Historia: el judaísmo, el Holocausto, el menemismo, la vida de los ricos, todo se ve en el filme de Solnicki, y la perspectiva elegida es justa y lúcida. En este BAFICI se confirmó una evidencia: Solnicki es un cineasta importante.

Una vez más una gran película como Los últimos cristeros, de Matías Meyer, no se llevó ningún premio. Es una verdadera injusticia, pues el western teológico de Meyer sobre los últimos soldados de Cristo en plena etapa crepuscular de las guerras cristeras en México a fines de la década del ’20, hace tiempo que merece mayor atención. En la competencia de Cine del futuro, como se sabe, ganó Es la Tierra, no es la luna, de Gonzalo Tocha. A pesar de las buenas intenciones del realizador, y un tema apasionante, el retrato curioso sobre un pueblo y su gente en el “fin del mundo”, aquí la isla de Corvo, en las Azores de Portugal, el film de Tocha es más un proyecto genial que una película lograda. Sus defensores son muchos, y entre ellos hay gente convencida de las virtudes inobjetables del film. Este “work in progress” de casi tres horas de duración no parece tener un hilo conductor firme y un concepto que estructure su profusión de planos. Son apuntes dispersos, algunos interesantes, otros banales, y su director, por momentos, tampoco sabe muy bien qué hacer detrás y delante de cámara. Bestiaire, de Coté, como De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor, y, naturalmente, la película recién mencionada de Meyer, eran títulos superiores.

Sucede que el pasado, el presente y el futuro fueron en este BAFICI el tiempo de un festival simbólicamente cercano, tal vez demasiado cercano. Fue el kairos de Locarno, un festival que posee una agenda precisa y clara, y el que tiene objetivos bien delimitados. En el BAFICI, no hay dudas, triunfó Locarno. En efecto, las tres películas ganadoras empezaron su carrera global en el festival que dirige Olivier Pére. No es un dato menor; es una indicación, un signo, una parte visible de la identidad del BAFICI actual.

¿Y entonces? En la serenidad que viene tras 12 días de cataclismo cinéfilo llegó la hora de pensar y evaluar. Justamente, porque todo funciona bien, supuestamente, hay que sospechar. No por maldad, sino porque la homeostasis para un festival no es un fin deseable. Tal vez se trata de conjurar la parte automática, convocar el desorden creador y retomar el vértigo de otros tiempos. Si algo le faltó a esta decimocuarta edición fueron sorpresas, o el discreto encanto de la incomodidad frente a algo enteramente nuevo.

Este artículo fue publicado en otra versión por La voz del interior en el mes de abril 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

PROGRAMACIÓN COMPLETA EN CINECLUBES ABRIL-MAYO 2012

abril 23, 2012

El río solía ser un hombre

Una entusiasta del cineclub intentaba explicarme qué le había sucedido desde nuestras primeras funciones en El Triángulo, en junio de 2003, el viejo bar ubicado en las únicas cinco esquinas de La Cumbre. Insistía en una experiencia en la que se entremezclaban sus recuerdos de niña y adolescente yendo al cine, su etapa madura como espectadora de cine de arte en la ciudad de Buenos Aires y algunos episodios extracinematográficos vinculados a un grupo de estudio. Me decía, como muchos otros, que ya extrañaba el cine(club), y que se le había hecho un poco largo el tiempo de espera, aunque reparaba en nuestro acierto –según ella– de haber iniciado nuestra “cinemateca” en el videoclub Delta (Belgrano 202). Como lo hemos comunicado en varias ocasiones, en cada cambio de estación dejamos siete títulos de nuestro catálogo, films que ya han pasado por la programación de los ciclos anuales y las muestras de verano; es un modo de extender la experiencia de los miércoles (y de las tres semanas de verano) y también una forma de que otros conozcan un poco nuestro criterio estético.

En esa línea, para este año planeamos agregar funciones en otro día y en otro horario. La idea será pasar, tal vez un fin de semana por mes, en un horario en el que no funcione el cine comercial, algunas películas de una duración poco convencional. ¿Habría alguien dispuesto a ver un film que dura siete horas? ¿Estarían con nosotros desde las 11 de la mañana hasta las 6 de la tarde? Una prueba de cinefilia extrema, pero digna de hacerse por lo menos una vez en la vida.

Este año, en el que cumplimos 10 años consecutivos en La Cumbre funcionando como cineclub, volveremos a insistir, fuera del horario central, con cine experimental o de mayor riesgo formal. También programaremos en horarios alternativos algunas series televisivas realizadas por grandes maestros del cine moderno (cineastas que hoy ya resultan clásicos). La idea es poder entender la apropiación cinematográfica de la televisión que hicieron algunos nombres rutilantes de la historia de cine y que el espectador, por consiguiente, pueda comparar las series de hoy, que gozan del beneplácito de muchos, con aquellas realizadas por directores de peso. Nosotros tenemos una hipótesis, pero no es el momento de exponerla. Por ahora, sólo pretendemos dar lugar a una experiencia de contraste.

Pero volvamos a las declaraciones de la entusiasta. ¿Qué nos quiso decir? ¿Qué dice sin decirlo del todo, a propósito del cine y del significado de un cineclub? ¿Qué busca alguien en el cine? El cine no es un evangelio, el cine carece de predicadores. En una época cultural en la que todavía se paga una entrada para escuchar a iluminados decir cómo se debe vivir, en un clima social en el que los pequeños placeres y miserias del individuo circunscriben la totalidad de la existencia, el cine es un ejercicio colectivo de conciencia y crítica. Una película presenta un mundo, una concepción del mundo. Se ven hombres y mujeres, en sus luchas, sus deseos, sus amores, sus esperanzas, sus contradicciones. En el cine (y en los grandes cineastas sin excepción) nunca se nos dice qué debemos pensar, sino más bien se nos interpela a pensar y sentir de múltiples formas. Es un recinto de preguntas, un lugar para descentrarse de las creencias que se tienen para, sin padecerlo e incluso disfrutarlo, mirar la vida desde un set alternativo de creencias. Cine como ejercicio, cine contra el filisteo acomodado que cree saberlo todo, ese pastor de nuestras inquietudes que administra nuestro inconformismo y nuestro deseo de devenir otros.

Bienvenidos a una nueva temporada.

Roger Koza, programador.

 LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

25 de abril, a las 20.30hs:

El río solía ser un hombre, de Jan Zabeil, Alemania, 2011

80’ / ATP

Cortometraje: Sin título (23’), de Lisandro Alonso, Argentina, 2011

2 de mayo, a las 20.30hs:

Sobreviviendo a la vida (teoría y práctica), de Jan Svankmajer, República Checa, 2011

108’ / +13

Cortometraje: Luminaris (6’), de Juan Pablo Zaramella, Argentina, 2011

PELÍCULA DEL MES

9 de mayo, a las 20.30hs:

Érase una vez en Anatolia, de Nuri B. Ceylan, Turquía, 2011

158’ / +13

16 de mayo, a las 20.30hs:

Miel, de Semih Kaplanoglu, Turquía, 2010

103’ / ATP

Cortometraje: Pregúntale a papá (12’), de Hal Roach, 1919 (Harold Lloyd en foco)

23 de mayo, a las 20.30hs: Imamura en foco

La balada de Narayama, de Shohei Imamura, Japón, 1983

130’ / +13

30 de mayo, a las 20.30hs:

El último verano, de Jacques Rivette, Francia, 2009

84’ / ATP

Cortometraje: El Sena (30’), de Joris Ivens, Holanda, 1957

TIERRA SALVAJE: IMPRESIONES IMPRECISAS SOBRE EL BAFICI 2012

abril 19, 2012

Los salvajes

Por Roger Koza

Había un fantasma que venía acechando por el Abasto, sede del BAFICI: los diálogos de pasillo y los textos que se publican en blogs y diarios tenían un tema excluyente. Sucede que un gran film como Tierra de los padres, de Nicolás Prividera, un film radical y políticamente incómodo, una relectura fílmica y discursiva del nacimiento (y la evolución) de la Nación, no quedó programado en el BAFICI. Dos cartas abiertas del director publicadas en Micropsia, blog de Diego Lerer en la influyente página Otroscines.com, han suscitado un debate intenso que, si hubiera generosidad e inteligencia, sería una gran oportunidad para pensar a fondo un festival de cine tan singular como éste. De todos modos, una película ausente venía ocupando el lugar del debate político y estético en esta decimocuarta edición del BAFICI.

Después de Los salvajes, de Alejandro Fadel, la competencia internacional tiene un primer candidato firme, y quizás el eje de la discusión tendrá a partir de ahora otros matices. Este año, a diferencia del año pasado, con cinco películas de un nivel superlativo, no parece haber grandes películas, pero con Los salvajes llegó otra controversia. Se trata sin duda, del film más maduro de un modelo cinematográfico, uno que el BAFICI valida año tras año.

Los salvajes se resiste a una simple asimilación: el escape de un correccional de menores de 5 adolescentes empieza como una película de fuga y termina siendo una suerte de retrato sobre lo primitivo con pinceladas míticas y religiosas. Será un film discutido por largo tiempo. La concepción formal del film es absoluta: no hay intersecciones entre planos cerrados y abiertos. Sin escalonamiento alguno, de un primer plano se sigue un plano general. Los procedimientos de montaje son radicales, también su coraje narrativo: los personajes desaparecen cuando resultan más interesantes. Después llega el misticismo, la abstracción metafísica, la purificación. Hay algo de El señor de las moscas, a mi parecer, libro y películas más cercas de este universo presentado por Fadel, aunque en el cuento y en la(s) película(s) los niños que devienen salvajes pertenecen a una clase social aristocrática, y en el film de Fadel, el despojo material es una condición de existencia. Uno de los desaciertos ostensibles del film de Fadel es el diseño de sonido y las elecciones musicales. Son subrayados disonantes respecto de sus imágenes, una decisión casi caprichosa. Lo ominoso se anuncia siempre, tiene un tono. Por otro lado, el misticismo difuso y paulatinamente omnipresente implica otro tipo de tonalidad, y aquí se presenta otro contraste: a la materia de la imagen se le impone una profusión de signos. Simbolizar y musicalizar en exceso; estas son las acciones que debilitan a Los salvajes.

En la competencia nacional, La chica del sur, de José Luis García, es una candidata a llevarse algo. El director de Cándido López vuelve a demostrar que los mejores documentales son aquellos donde el cineasta atiende a la realidad y la incorpora a la puesta en escena. Aquí, el film se divide en dos. En 1989, por azar, el director reemplazó a su hermano en un congreso internacional juvenil de política revolucionaria, en Corea del Norte. García será testigo de un evento nacional: una joven llamada Lim Sukiung, ciudadana de Corea del Sur, cruzó la frontera desobedeciendo la cultura anticomunista de su país con un objetivo simbólico preciso: la reunificación de Corea. García se interesa por el personaje y registra el evento. Mucho tiempo después intenta rastrear el paradero de Lim, hasta que finalmente se (re)encuentra con ella, primero en Seúl y después en Buenos Aires, 20 años después. La chica del sur evidencia un cambio de mentalidad política que excede a coreanos y argentinos. Se trata de un film sobre el encuentro entre dos extraños, unidos sin saberlo del todo por una transformación imperceptible en cómo un sujeto se percibe en el mundo. El secreto de La chica del sur reside precisamente en darle visibilidad a una mentalidad inconmensurable entre una época pretérita, dominada por una subjetividad política y una nueva, en la que predomina una subjetividad humanista.

Las pibas

Por otra parte, dos “clásicos” del BAFICI, Gustavo Fontán y Raúl Perrone, demostraron ser fieles a los caminos trazados al comienzo de sus carreras. En La casa, Fontán convierte su hogar familiar en una entidad fantasmal donde los recuerdos reposan en los objetos. Es un filme sensorial sobre el espacio íntimo y la finitud de los sujetos y objetos. Y la resistencia de una demolición. Perrone, en Las pibas, cada vez más depurado y radical, cuenta la historia de un amor lésbico juvenil en un contexto social específico. Con un poco más de 90 planos, y en una hora, Perrone logra un retrato justo de la alienación laboral. Los repetitivos sonidos de una fábrica castigan, pero el discreto consuelo de un abrazo amoroso puede contrarrestar un poco la monotonía en la cotidianidad de los desposeídos. Es para mí su mejor película.

El film que despierta pasiones y entusiasmos justificados, del que todos hablan, el que renueva la fe en el cine, es Tabú. La obra maestra de Gomes, una historia de amor controversial (una mujer embarazada se enamora de un hombre que no es el padre de su futuro hijo) en un contexto colonial, es sólo el pretexto para exponer el deseo de ficción. La película de Gomes no sólo retoma ligeramente Tabú de Murnau, sino que también revive la tradición clásica del cine norteamericano (Ford y Hawks). No se trata de citas, más bien de un reconocimiento de la fuerza cinematográfica del pasado en función de hacer algo completamente nuevo. Si la medida del festival es Tabú, la distancia entre este filme y las películas en competencia es demasiado grande.

Germania

Después de Los salvajes, la ópera prima de Fadel, una de las tres películas argentinas de la competencia oficial internacional, las otras dos venían precedidas de augurios y expectativas. Germania, de Maximiliano Schonfeld, es un debut importante. Muchos dirán que remite a Luz silenciosa de Carlos Reygadas: la mayoría de sus protagonistas pertenece a una comunidad alemana establecida en Entre Ríos; hablan un dialecto cercano al alemán y también español. Una familia se dedica a la producción avícola. El emprendimiento está en crisis, y los dos hermanos, que viven con su madre, también lo están. Es posible que se muden y, además, la adolescente de la casa está embarazada. Schonfeld sugiere tensiones diversas (de clase, familiares, económicas) nunca las explicita y materializa con su cámara un sentimiento flotante de desamparo sin privarse de algún toque humorístico.

La segunda película de Gabriel Medina, La araña vampiro, arranca con una cita de Kerouac, lo que la vincula inmediatamente con el viaje iniciático. Argumento sencillo: el joven protagonista viajará con su padre a la montaña y una araña lo picará. Morirá, excepto si una araña de la misma especie lo vuelve a picar. Así, emprenderá un viaje acompañado de un guía que lo lleva por las montañas en búsqueda de su antídoto. La araña vampiro recuerda un poco a Dead Man (sin Johnny Depp y sin Jarmusch) en clave cómica e irónica (en ese sentido, la guitarra que suena un poco a Neil Young). No hay grandes revelaciones, tampoco secuencias cómicas inolvidables (excepto una y al final); el film tiene sus virtudes, pero por alguna razón, no funciona del todo.

Entre las películas que se perfilan para obtener el premio máximo está Nana, ópera prima de Valérie Massadian, que ya ha ganado premios en Valdivia y Locarno, festivales que comparten con el BAFICI una línea estética. Massadian filma a una niña llamada Nana; la vemos jugar, alimentar el hogar, buscar leña, ordenar su pieza. Estar frente a una cámara parece gustarle. Esta actriz de cuatro años es formidable. Massadian mantiene su registro casi siempre en planos medios y generales. El padre permanecerá en un total fuera de campo, y su madre, vestida siempre con una pollera primaveral y unas botas de invierno, se muestra vigorosa y autosuficiente. Se trata de un microcosmos matriarcal; allí ambas mujeres, madre e hija, son poderosas, y el mundo rural en el que viven no resulta inhóspito. Sin duda, se trata de una de las películas más sólidas de la competencia.

Falta poco para que la decimocuarta edición finalice. Tabú, seguro, quedará en nuestro recuerdo. Del resto, posiblemente, de esas películas que tuvieron su aparición por primera vez aquí, el tiempo las ubicará en el lugar que merecen. Las discusiones rápidas de pasillos, los calificaciones veloces y otros juegos de adultos (o no tanto) destinados a consagrar o execrar un film, característicos de la cinefilia, impiden pensar.

Este texto fue publicado en otra versión por el diario La voz del interior durante el mes de abril 2012. 

Copyleft 2012 / Roger Koza


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