Archivar como 16/05/12

FESTIVAL DE CANNES 2012 (02): TRAPERO Y SUS DESCENDIENTES

mayo 16, 2012

Caetano, Frémaux y Trapero

Por Roger Koza

Todos los grandes directores de la nueva generación de cineastas en Argentina han pasado por Cannes: Lisandro Alonso, Lucrecia Martel, Adrián Caetano y Pablo Trapero. Este último se ha convertido en el realizador dilecto de Thierry Frémaux, director artístico del festival y uno de los hombres más poderosos en el panorama cinematográfico mundial. Excepto por Trapero, dijo, “el cine argentino se ha suicidado”.

Trapero, como suele suceder, apuesta fuerte. Elefante blanco, que se estrena mañana en Argentina y que aquí se verá recién el próximo lunes, parecía ser un filme ideal para la competencia mayor: curas revolucionarios, rabia tercermundista, grandes actores y mucha ambición escénica. Su inclusión en Una Cierta Mirada, la segunda competencia oficial en Cannes, no debe ser interpretada como un pulgar hacia abajo de último minuto. Frémaux piensa sus competencias con otra lógica, menos dual y antagónica, más cubista y paradójica. La competencia oficial no es la Primera A del cine y Una Cierta Mirada una suerte de categoría menor, una división secundaria. Trapero no es el River del cine en búsqueda de un ascenso merecido. En esta sección suele haber más riesgo, es decir, menos glamour y más cine. Es por eso que este año puede ser el año de Trapero, su definitivo pase simbólico a la liga de directores que hacen y escriben la historia del cine.

También estarán los descendientes de Trapero. Los salvajes, de Alejandro Fadel, cuyo paso por el BAFICI fue un poco fallido, tiene aquí su recompensa inesperada; su inclusión en la Semana de la Crítica, sección paralela en Cannes, es un premio mayor.

Se podría decir que el filme de Fadel prosigue con la fórmula que Trapero ha concebido pragmáticamente a lo largo de una década de trabajo. Se trata de hacer un cine de autor con vocación de género, o, dicho de otro modo, una combinación inteligente entre clasicismo narrativo y modernidad en la puesta en escena, fórmula que en cineastas galos como Jacques Audiard (el director de Un profeta) alcanza su máximo perfeccionamiento. Es ése el paradigma de Trapero, y también el de Fadel: grandes relatos, elegancia formal. ¿Repetirá Fadel con Los salvajes lo que Giorgelli consiguió con Las acacias el año pasado?

Por ser primeras películas, otros dos largometrajes argentinos compiten transversalmente por la Cámara de Oro: Infancia clandestina, de Benjamín Ávila, que forma parte de la prestigiosa selección de la Quincena de los Realizadores, y Villegas, de Gonzalo Tobal, sorpresivamente programada fuera de competencia, que también se vio recientemente en el BAFICI. Las tres películas argentinas tienen chances.

Esta nota fue publicada por La voz del interior durante el mes de mayo 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

FESTIVAL DE CANNES 2012 (01): PASIÓN DE LOS FUERTES

mayo 16, 2012

Por Roger Koza

Irresistible para los directores, seductor para las estrellas, indispensable para los críticos y programadores de cine de todo el mundo, necesario para los distribuidores, adictivo para los cinéfilos, el festival de Cannes es la fiesta del cine por excelencia, el único evento que, junto con la noche de los Oscars, acapara todos los años la atención del mundo, como si se tratara de un mundial de fotogramas.

Como siempre, la iconografía revela la ideología en cuestión. Las contradicciones del festival son visibles. El año pasado, el póster tenía como protagonista a Faye Dunaway. Este año le toca a Marilyn Monroe, un ícono perfecto para la ocasión: estrella psicoanalizada y mujer de un escritor como Arthur Miller, sintetiza el espíritu de este clásico del cine: profundidad y frivolidad, aunque las películas dirigidas por mujeres seguirán siendo una excepción en las competencias anuales.

Este año pisarán la famosa alfombra roja las estrellas de Hollywood de ocasión: Brad Pitt, Robert Pattinson, Bill Murray, entre otros, y sus pares galos: Jean-Louis Trintignant, Isabelle Huppert, por citar algunos. Y estarán los fetichistas de siempre, capaces de arrancarle un mechón de pelo a una diva, y los voyeristas fanáticos que desde las ocho y diez de la mañana, hora de inicio de la primera función, ya se acomodan en sus escaleras y asientos encadenados frente al ingreso al gran Teatro Lumière. Cannes es acaso un carnaval secular, poco primitivo en su apariencia, pero no muy lejos del éxtasis que le proporciona a sus fieles.

Festival esquizo y paradójico, Cannes suele alimentar el glamour como si se tratara de un precio a pagar por sus riesgos. Los bodrios estadounidenses son obligatorios y algún que otro espanto francés se proyectará para cumplir con el protocolo. Y al mismo tiempo, en las antípodas, se podrán ver por primera vez las películas de los grandes maestros del cine contemporáneo. En competencia oficial, sin ir más lejos, estarán los últimos filmes de Kiarostami, Haneke, Resnais, Hong Sang-soo, Cronenberg. ¿Quién puede protestar frente a estos nombres? Y se conocerán también los nuevos trabajos de los autores noveles o casi consagrados vía Cannes, los futuros cineastas que algún día tendrán el estatus de maestros, pues Cannes legitima y escribe el único canon que discute la supremacía de Hollywood. En la edición 65 vuelven el director de Gomorra, el italiano Matteo Garrone, con Reality, el australiano Andrew Dominik con Killing Them Softly, y el brasileño Walter Salles, que presenta su filme beatnik On the Road. Tal vez un récord: Carlos Reygadas, una vez más, iniciará su periplo festivalero en la Riviera Francesa con su cuarta película, Post Tenebras Lux. No hay dudas: será una de las controversias de esta edición, como lo fue en su momento Batalla en el cielo y su famosa felatio inicial. La nueva película de Reygadas no sólo transcurre en la casa del director y sus citas autorreferenciales son tan evidentes como equívocas, sino que el escándalo será inevitable ni bien promediando la mitad del filme una orgía en algún lugar impreciso de Francia robe la atención de la platea. La escena es extraordinaria, pues Reygadas alcanza lo sublime donde sólo suele haber sordidez y perversión.

Abbas Kiarostami

¿Quién ganará este año? Se puede prever algún favoritismo discreto. El presidente del jurado será Nanni Moretti, y esto implica una clave de lectura. El realizador de Habemus Papam: El psicoanalista del Papa, además de ser un director de cine consagrado, es un cinéfilo de pura cepa, y entre los directores en competencia él tiene sus predilectos. Si Like Someone in Love, de Abbas Kiarostami, rodado en Japón, es un filme notable, Moretti, que admira al iraní (como lo demostró en El día del estreno de Close Up, un cortometraje que rodó a propósito del estreno en su propia y mítica sala de cine de la obra magna del director de El sabor de la cereza, uno de los homenajes más amorosos que un director de cine le ha dedicado a otro), será Kiarostami un candidato firme a levantar el 27 de mayo la estatuilla de la Palma de Oro.

Con favoritos e ignotos, Cannes, no obstante, es el festival donde lo impredecible se impone en materia de triunfadores y honores. ¿Quién iba a imaginar que Las acacias se llevaría el año pasado la Cámara de Oro? ¿Quién hubiera podido predecir el triunfo de Rosetta en 1999, cuando los hermanos Dardenne eran sólo dos directores oriundos de Bélgica? Las pasiones se desatan en Cannes, año tras año, pues en el país donde se inventó la cinefilia el cine se discute y se vive como si se tratara de un ultimátum de los dioses para que los mortales tomen partido por ciertas películas que representen la excelencia del arte cinematográfico.

Este artículo fue publicado por el diario La voz del interior durante el mes de mayo 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

LA COLUMNA DE JORGE GARCÍA (10): DOS PELÍCULAS DEL BAFICI

mayo 16, 2012

Whore’s Glory

Por Jorge García

Como ya he señalado en otra nota, más allá de la innegable medianía que signó al último Bafici- hubo dentro de su abultada oferta varios títulos de interés. La cinematografía austríaca es –como la de muchísimos países –prácticamente desconocida en estas pampas y en lo que hace a los festivales los dos directores de ese origen más reconocidos son Michael Haneke (que me gusta mucho) y Ulrich Seidl (a quien aprecio bastante menos). Las dos películas a las que me referiré no casualmente pertenecen a realizadores que han estado conectados con estas dos figuras.

Michael Glawogger, quien trabajara como asistente de Seidl, tiene una carrera consolidada, con unas quince películas en su haber, entre ficciones y documentales, siendo sus obras más reconocidas las pertenecientes a su llamada trilogía de la globalización y el trabajo que integran Megacities, Workingman´s Death y Whore´s Glory, la película a la que me referiré brevemente. No conozco la primera, pero sí la segunda, un poderoso testimonio sobre diversas actividades laborales extremas filmado en distintos lugares del mundo, que ofrecían una cruda y descarnada mirada sobre diferentes aspectos de la explotación del hombre por el hombre. Whore´s Glory es otro potente documental, en este caso centrado en la prostitución ejercida  por mujeres en diferentes lugares, muy distintos en lo cultural y lo religioso. Así el film está dividido en tres episodios, uno ambientado en Bangkock, otro en un bazar de la zona roja de Bangladesh y el tercero en un poblado fronterizo de México. En el primero, no casualmente titulado La pecera, en un prostíbulo para sectores de clase media y media alta  las mujeres son exhibidas detrás de una especie de jaula, donde son elegidas en una suerte de lotería por los clientes a través de un número. El capítulo está muy cuidado en cuanto a la composición visual, el uso del color y la música y presenta a las prostitutas satisfechas de ser un objeto de competencia entre clientes que regatean precios y las intercambian sin escrúpulos. El segundo, por contraste, ofrece un cuadro mucho más sórdido, con las muchachas sometidas a una dictatorial madama y angustiadas por tener que ejercer ese trabajo como única alternativa de subsistencia, Aquí las entrevistas se desarrollan en espacios cerrados y opresivos que producen la sensación de una imposibilidad absoluta de escapatoria. El tercer episodio transcurres en un poblado en la frontera de México con Texas, donde en unas míseras casuchas,  las prostitutas ejercen su oficio de manera mecánica y apelando al característico humor negro de los mejicanos. Hay además en este tramo  un testimonio desopilante de una puta cubana ya retirada en el que narra varias de sus aventuras. Un film que al que hay que agradecerle que deje de lado cualquier ligazón con el sensacionalismo  gratuitos y al que eventualmente puede cuestionársele no profundizar en aspectos tan determinantes del oficio como la explotación y tráfico de seres humanos.

Diferente es el caso de Markus Schleinzer quien trabajara varios años como director de casting, en particular en varias películas de Michael Haneke. Cierta influencia de este se puede detectar en algunos aspectos de Michael, su ópera prima, más allá de que se trate de una obra que muestra a un realizador con indudables rasgos personales. A priori, centrar una película  en los últimos meses de la vida de un pedófilo puede resultar chocante para algunas almas sensibles  (la película fue mayoritariamente rechazada por la crítica cuando fue presentada en el festival de Cannes) pero, en cualquier caso, lo que sorprende en Schleinzer es la madurez con que acomete su singular proyecto. Por cierto que el film no es –como se ha sostenido en varios lugares- la historia de la relación entre un pedófilo y el niño al que tiene secuestrado (el chico permanece fuera de campo la mayor parte del film) sino la meticulosa descripción del funcionamiento de la mente de un hombre con una vida aparentemente normal  ( es empleado de una empresa de seguros) pero que –como una suerte de Dr Jekyll y Mr Hyde- posee una monstruosa doble personalidad, algo que recuerda al protagonista de la excelente Las horas del día, de Jaime Rosales. El tono plácido de la primera secuencia, en la que le prepara el desayuno a un niño que podría ser su hijo, pronto se ve distorsionado por la presencia en el lugar de cortinas metálicas y puertas acondicionadas contra ruidos y con pesadas trabas que indican que el niño no es su pariente sino su prisionero. Con una puesta en escena tan fría y distante como rigurosa y evitando en todo momento la tentación de caer en la sordidez, el director va trazando un preciso retrato de un psicópata que tras su existencia convencional oculta oscuros sustratos, perceptibles, por otra parte, en sutiles detalles de su conducta o de manera más abierta en la escena que echa de su casa a una compañera de trabajo que lo visita inesperadamente. Película incómoda de ver, perturbadora por momentos y con un final conciso y ejemplar, muestra a Schleinzer –más allá de los que han tratado de presentarlo como una suerte de sub-Haneke sin mayor talento- como un director claramente a seguir.

Jorge García / Copyleft 2012


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