Archivar como 3/07/12

LA ERA DE HIELO 4 / THE ICE AGE 4

julio 3, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza
LA EVOLUCIÓN LÚDICA
La era de hielo 4: la formación de los continentes / Ice Age 4: Continental Drift, EE.UU., 2012
Dirigida por Steve Martino y Alastair Fothergill y Mike Thurmeier. Escrita por Michael Berg y Jason Fuchs
 
** Válida de ver

Sin sorpresas y con algunos aciertos, este cuento evolutivo en clave de cine de aventuras está a la altura de su propuesta y cumple con sus objetivos.

A prepararse: llegan las vacaciones y las películas dirigidas al pueblo infantil llueven, ocupan las salas y estampan hasta los envoltorios de las ofertas dietéticas. Entretener y vender es el imperativo, pero también transmitir algunos supuestos valores universales, comprensibles para un niño indio, o austríaco, o argentino. Los dibujos animados son el esperanto de una esperanza misteriosa: construir una infancia globalizada.

Como sea, el inicio es fenomenal. ¿Un gag evolutivo? La deriva de los continentes –se propone aquí en forma de una hipótesis lúdica– fue ocasionada por la desesperación obsesiva de la ardilla Scrat por atrapar y devorar la famosa bellota. En efecto, intentando atrapar el fruto que comanda su deseo, Scrat llegó hasta el centro de la Tierra y alteró el equilibrio geológico. Así, un acontecimiento azaroso y banal puso en movimiento al planeta en su conjunto y desde entonces sus paisajes y ecosistemas se transformaron para siempre.

El accidente evolutivo en cuestión pone en marcha el relato. Ver a los animales lidiar cada tanto frente a las consecuencias de una “falla” del principio de regularidad de la naturaleza es filosóficamente fascinante, una deriva colateral del argumento. Así, el mamut Manny, su esposa e hija, además de Sid, el perezoso, y el tigre Diego tendrán que escapar de las sacudidas geológicas que ponen en riesgo la vida animal. Las bestias están obligadas a huir. Literalmente, las montañas pueden caer sobre ellos y el suelo partirse en mil pedazos. Manny, Diego, Sid y su abuela (un personaje nuevo) quedarán flotando en un iceberg y la corriente los llevará muy lejos, mientras que la familia de Manny permanecerá en lo que queda del viejo “hogar”. De allí en adelante habrá un solo objetivo: reunirse con la familia.

Y no será fácil porque el océano no está deshabitado ni exento de peligros. Las mareas y los tornados acechan y las sirenas tientan, aunque el verdadero peligro yace entre la niebla: un navío-iceberg de piratas es liderado por un mono feroz, el Capitán Tripa. Allí viaja también la tigresa Shira, que pronto llamará la atención de Diego. Los piratas no son precisamente amigables y Manny y los suyos tendrán que ingeniárselas para liberarse de ellos.

La era de hielo 4 conquistará a casi todos: los personajes son queribles, los gags de la ardilla efectivos y nadie podrá quedar impávido frente al anhelo de un padre que sólo quiere volver a estar con su familia. La familia es el valor supremo, el modelo preferencial. La biosfera puede alterarse, pero el ideal humano presupuesto en los animales trasciende el legado evolutivo y la contingencias. Será Diego quien exprese la superioridad de pertenecer a una familia frente al mero ser parte de una manada, incluso cuando se advierta que no se trata de una institución inmaculada. Al comienzo, al perezoso lo abandona su familia y de paso le dejan a su abuela como un regalo.

Lejos del secreto western de la primera entrega, La era de hielo 4 es una sencilla película de aventuras, acaso una de piratas en clave evolutiva, adornada por citas literarias y cinematográficas diversas. La textura del mar, unas ardillas que vuelan en hojas de árboles y la minuciosidad del ínfimo movimiento capilar de las criaturas salvajes justifican la opción en 3D. Un relato aceptable, un poco de goce visual y algunas travesuras de Scrat: la cuarta entrega de la saga no es ni más ni menos que eso.

Esta crítica fue publicada por La voz del interior en otra versión y con otro título durante el mes de junio 2012.

Roger Koza / Copyleft 2012

SEMANA DEL 02 AL 08/07 EN EL CINECLUB

julio 3, 2012

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

4 de julio, a las 20.30hs:

El camino de Meek, de Kelly Reichardt, EE.UU., 2010

104’ / +13

Mediometraje, a las 19.30hs: El decálogo: Capítulo 5 (55’), de Krzysztof Kieslowski, Polonia, 1989 

La cuarta película de Kelly Reichardt confirma su lugar en el contexto del cine independiente estadounidense: es ella la directora por excelencia. Después de calibrar sutilmente los efectos psíquicos y sociales del difuso movimiento libertario de los sesenta en Vieja alegría y sopesar el malestar socioeconómico contemporáneo en la extraordinaria Wendy y Lucy, Reichardt elige un hecho verídico que tuvo lugar en 1845 en Oregon como punto de partida de un relato en el que interroga esencial y oblicuamente el mito fundacional de su nación: inmigrantes blancos e indios, religiones caucásicas y creencias paganas, civilización y barbarie constituyen los ejes simbólicos de este western minimalista que remite en cierto sentido a Caravana de valientes. Como John Ford, Reichardt aprovecha el paisaje desértico como una prolongación de un paisaje espiritual: la aridez de la tierra es un correlato perfecto de la aspereza de un mundo simbólico aún en su fase preliminar y en vías de constitución. Todavía “las mujeres son el caos y los hombres la destrucción”. Tres familias viajan con sus respectivas carretas, conducidas por un guía poco confiable llamado Meek. El camino (más bien el atajo) elegido por éste no parece ser el más apropiado y las provisiones no son suficientes, de tal modo que ni siquiera hallar un “manantial” de oro resulta providencial: la escasez de agua, en ciertas circunstancias, es un valor supremo. En este contexto, la aparición de un indio puede ser tanto una salvación como una maldición, y los viajeros discutirán al respecto, a veces en un tono radical: “¿Agua o sangre”. El camino de Meek es materialmente fascinante: los majestuosos planos generales, los elegantes fundidos encadenados, los travellings perfectos, la claridad y oscuridad justa de sus escenas diurnas y nocturnas son inolvidables; en algún sentido es una película táctil. La relevancia política del film excede al tiempo histórico en el que transcurre el relato, y como se insinúa en el último acto, a través de un plano-contraplano mediado por el hueco de un árbol en el que una mirada sintetiza un dilema político, confiar o sospechar frente a quien se presenta como un Otro desconocido define la política pretérita y presente de un país demasiado complejo como Estados Unidos. (Roger Koza)

4, 11, 18 y 25 de julio, a las 19.30hs: Los cineastas en la televisión

El decálogo, de Krzysztof Kieslowski, Polonia, 1989

500’ / +13

Esta obra mayor de Krzysztof Kieslowski incluye diez películas separadas, cada una de unos 50 minutos, principalmente ligadas a dos levantamientos en Varsovia. Las películas están concebidas como una reflexión contemporánea acerca de los diez mandamientos; o más precisamente se trata de una indagación sobre lo que implica en la actualidad no respetar tales mandamientos. Realizadas como una miniserie para la televisión polaca, un poco antes de que Kieslowski rodara La doble vida de Verónica y la trilogía de “Los tres colores”, cada una de las historias puede ser vista sin seguir un orden o una combinación particular, pues no dependen entre sí, aunque los personajes centrales de una historia pueden aparecer como extras en otra. Una de las razones por las cuales Kieslowski es en este caso controversial es que representa la tradición cinematográfica intelectual europea de los ’60 mientras que aquí analiza directamente cómo vivimos en la actualidad. El primer capítulo, “No tendrás dioses ajenos delante de mí”, se centra en nuestra confianza en las computadoras; las conexiones irónicas y ambiguas con los otros mandamientos y las historias respectivas no resultan del todo obvias. Una de las tradiciones de los ’60 que Kieslowski parece retomar aquí es aquella que concibe una película como si fuera un rompecabezas, aunque su aproximación es más seria que frívola, y está ligada en parte a una indagación ética. El cuarto capítulo, “Honrarás a tu madre y a tu padre”, por ejemplo, uno de mis favoritos, gira en torno a la revelación de los sentimientos entre una joven que estudia para ser actriz y un arquitecto que puede o no ser su padre, y el octavo, “No darás falso testimonio”, tiene como epicentro la investigación de una académica judía estadounidense acerca de la razón por la cual le fue negado un refugio cuando ella era una niña frente a la amenaza nazi. (Los capítulos 5 y 6 se convirtieron luego en Una breve historia sobre un asesinato y Una breve historia de amor). Una de las mejores ideas de Kieslowski fue la de emplear un director de fotografía distinto para cada película (con excepción del tercer y noveno capítulo, a cargo de Piotr Sobocinski, que también trabajó en Rojo), aunque el guión –al que Kieslowski le dedicó un año entero de preparación con su colaborador habitual Krzysztof Piesiewicz– es más importante aquí que la puesta en escena, lo que no suele suceder en las películas posteriores del director. Cada segmento está trabajado como una breve historia muy bien concebida, frecuentemente con un giro sardónico en el final. (Jonathan Rosenbaum)


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 172 seguidores