SEMANA DEL 09 AL 15/07 EN EL CINECLUB

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

LA PELÍCULA DEL MES

11 de julio, a las 20.30hs

El profundo mar azul, de Terence Davies, Reino Unido, 2011

98’ / +13

Mediometraje, a las 19.30hs: El decálogo: Capítulo 6 (55’), de Krzysztof Kieslowski, Polonia, 1989 

La última obra maestra de Terence Davies, una adaptación magistral de una pieza teatral de Terence Rattigan, protagonizada por Rachel Weisz, probablemente en el mejor papel de su carrera, es un melodrama preciso ambientado en la década del ’50 en Inglaterra y una lección única de puesta en escena. Aquí, la reconocida actriz interpreta a Hester, una joven mujer, casada con un juez bastante más viejo que ella, que se enamora de un hombre más joven, un aviador. El adulterio podrá ser una cuestión de moral, pero el deseo la desconoce. Los primeros minutos, donde se sintetiza el drama de Hester, musicalizado por el “Segundo movimiento del concierto para violín y orquesta” de Samuel Barber, constituyen una demostración inigualable de cómo puede concebirse la música en el cine, una especialidad del director. Los fundidos encadenados elegidos para mostrar a los amantes teniendo sexo son también de una elegancia propia de Davies, capaz de sostener cierto pudor prudente frente al placer ajeno. Son nueve minutos que culminan con un intento fallido de suicidio. La obligada escena en un pub inglés donde el pueblo se reúne a cantar y expresar sus alegrías y frustraciones, algo recurrente en los films del director, no falta aquí, y lo que sucede con Hester y sus expresiones faciales frente a este espectáculo popular es notable. Davies, que como pocos sabe filmar los mecanismos de la memoria, elige un plano secuencia que transcurre en una estación de subte donde la heroína recuerda su pasado. Es una secuencia gloriosa en la que a través de un travelling lateral se devela tanto el paso del tiempo y la experiencia personal de Hester como algunos acontecimientos dramáticos que marcaron la vida del pueblo británico. El plano final va en un sentido contrario al plano inicial: la cámara va abandonando el primer piso del departamento de Hester hasta llegar a un callejón de algún barrio proletario inglés. En todo ese recorrido, Hester quizás haya superado su melancolía y su excesiva dependencia emocional. Sin embargo, Davies finaliza el plano sobre un rincón misterioso del vecindario, un lugar indescifrable e inaccesible, del que seguramente surgen los sentimientos y el poder de su cine. (Roger Koza)

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