Archivos de la categoría ‘Crítica’

CON LOS OJOS ABIERTOS 2013: ÚLTIMOS DÍAS AQUÍ

diciembre 23, 2012
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Con Prividera en Cortópolis

El miércoles 26 de diciembre este blog dejará de estar activo (por un tiempo prudente quedará abierto sin publicación alguna hasta que nuestros lectores puedan enterarse en dónde estaremos). El mismo miércoles habrá una nota de despedida y haremos público la nueva dirección en donde nos podrán visitar.

Me seguirán acompañando Nicolás Prividera, Jorge García, Marcela Gamberini, Santiago Cragnolino y ocasionalmente algunos colegas que gentilmente me ofrecen sus textos para publicar, como recientemente lo hizo Fernando Martín Peña y Alejandro Cozza, como en otro tiempo lo hacía Fernando Pujato.

Los esperamos por ahí.

Roger Koza

EL CINEMATÓGRAFO 2012 (12/12) (SEGUNDO BLOQUE)

diciembre 20, 2012

Dialogo con Scott Foundas sobre Post Tenebras Lux

TIERRA DE LOS PADRES

diciembre 16, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

LAS BASES

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Tierra de los padres, Argentina, 2011.

Escrita y dirigida por Nicolás Previera

**** Obra maestra

La segunda película de Nicolás Prividera confirma la importancia de su cine en el contexto del cine argentino contemporáneo

“¿Cree usted que a punta de dicterios y de bayoneta conseguiremos alguna vez que de los elementos que nos ha legado la vida colonial; de la anarquía habitual que nos ha dado la república (…) salga una organización política intachable?”.

Entre las citas que leen los vivos de los muertos que reposan en la necrópolis aristocrática de la Recoleta, esta epístola de Alberdi a Sarmiento, de 1853, es mucho más que una cita en la extraordinaria Tierra de los padres. Es la evocación de una razón y una razonabilidad que no excluye a nadie: el bárbaro tiene sus razones, pues no es una bestia aún no redimida por la ilustración blanca. Más allá de aquel contexto, en el film de Prividera las citas de Alberdi instituyen un organizador conceptual para el conjunto de planos y lecturas que repiquetean como una batalla discursiva inacabable. El nacimiento de la nación fue violento, el desarrollo de su historia también.

Distintos lectores, casi siempre frente a las tumbas de los autores de los textos elegidos, ponen su voz. Militares, presidentes, comunicados anónimos, periodistas e incluso poetas son nuestros fantasmas. Lo que dicen aún pervive; aquellos textos pretéritos podrían haber sido escritos en el 2008, por ejemplo. Rosas, Mitre, Lavalle, Moreno, Urondo, Ascasubi, Silvina Ocampo, Lugones, entre otros, resucitan, y en sus palabras la lucha de clases, mucho más que un concepto marxista, palpita entre los silencios. Pero esto no significa necesariamente estar destinados a una confrontación campal.

No sólo están las lecturas y el mármol trabajado en símbolo; el cementerio, a pesar de su costado siniestro, es también un lugar vivo: están los turistas, los maestros y sus alumnos, los familiares, los animales. Unos gatos se disputan una paloma; una mariposa intenta remontar vuelo, los seguidores de Evita le cantan a su panteón la marcha peronista. Por cierto: la lectura de un pasaje de “Mi mensaje”, de Eva Perón, más que arengar por una empatía partidaria, se conjuga amablemente con varios planos de los trabajadores de la necrópolis, coronados por un plano justo sobre la tumba de David Alleno, un cuidador de mausoleos. La presencia de los trabajadores es una constante de la puesta en escena. No se trata de una inclusión caprichosa sino de una exposición ideológica. Los personajes conceptuales de los textos leídos se refieren en reiteradas ocasiones elíptica o metafóricamente a todos ellos: son los salvajes y los bárbaros, la mugre humana que supuestamente deshonra la estirpe de un país. En algún pasaje casi imperceptible, uno de los trabajadores habla en guaraní, un detalle exquisito, entre tantos otros, que constituye la materia del film.

La política formal de Tierra de los padres implica una forma de política. En principio no se trata de un film histórico, acaso habría incluso que retomar un viejo término de Nietzsche, lo intempestivo, para ubicar la fuerza secreta de la película. Aquí, ningún prócer resucita con sus patillas y atuendos para entrometerse en el cuadro cinematográfico y jugar con ese procedimiento absurdo y cómico, pocas veces conjurado en el cine histórico: la representación de una época. En esto Prividera asume completamente una evidencia: el cine sólo registra el presente. Pero, entonces, ¿cómo (de)mostrar las epistemes que configuran las luchas discursivas de la nación? La asumida veta Straub-Huillet es una huella menor, casi anecdótica (lo mismo respecto de la otra referencia ineludible, las tumbas de John Gianvito). ¿Por qué si alguien lee frente a una cámara ya debería ser decodificado en esas coordenadas? Prividera no busca la naturaleza ahistórica como escenario, una estrategia de puesta en escena por la que los viejos textos de antaño quedan destituidos de una referencia específica y de ese modo se derrota la representación. El extrañamiento radical de los Straub apoyado en una universalidad abstracta del escenario natural y conjugado con un antinaturalismo sonoro en las lecturas está ausente en Tierra de los padres. El procedimiento es casi opuesto. El cementerio funciona como una cantera arqueológica y fantasmal de los discursos del presente (de allí que hacia el final en los planos generales sobre el cementerio suenan al unísono todos los textos). Como espacio simbólico La Recoleta está saturada de signos y Prividera en su registro destierra cualquier gesto minimalista. La profusión de signos escritos y leídos, incluso las citas que se ven y no se leen, como la de San Agustín, entre otras, estimulan un hiperrealismo omnipresente e intempestivo de todos los discursos, modalidades de enunciación que chocan entre sí hasta el infinito. Se trata de una historia de la verdad acerca de la verdad de la historia, desde donde se fundamentan y se anclan las luchas del persente. En lo específico y singular reside la universalidad de la película. Prividera, en cierto sentido, no contrae deudas con ningún cineasta anterior, lo que no implica que esté buscando el reconocimiento de un supuesto mérito de originalidad. La forma elegida, en todo caso, es la que él cree necesitar en esta circunstancia.

Si bien el material de archivo que abre la película (un montaje visual con varios episodios sangrientos de la historia argentina del siglo XX, incluido el 2001, musicalizado con el himno nacional) y el magistral cierre (un travelling aéreo sobre el cementerio, con algunos compases de Verdi de fondo, que desemboca en el camposanto de aguas marrones sin tumbas) dan la impresión de que Argentina es toda un destino violento, hay voces que, sin negar los conflictos, prevén otros caminos. Es que en Alberdi, Walsh, Gianuzzi (y en este film de Prividera) se vislumbran otras bases discursivas para la república.

Esta crítica fue publicada en una versión diferente por el diario La voz del interior y en esta misma versión por la revista La rana, número 10, año 2012.

Roger Koza / Copyleft 2012

El CINEMATÓGRAFO 2012 (09/08): (SEGUNDO BLOQUE

diciembre 14, 2012

Entrevista con Nicolás Prividera a propósito del estreno de Tierra de los padres en la ciudad de Córdoba.

EL CINEMATÓGRAFO 2012 (25/10) (SEGUNDO BLOQUE)

diciembre 12, 2012

Aquí nos dedicamos a la ciencia ficción y el tema de los viajes en el tiempo: La Jetée, 12 monos, Volver a futuro, Deja vu

EL CINEMATÓGRAFO 2012 (25/10) (PRIMER BLOQUE)

diciembre 12, 2012

Críticas de La araña vampiro, Looper, Las estaciones (Pelechian), Una historia del viento (Ivens).

MANOEL DE OLIVEIRA: 104 AÑOS

diciembre 11, 2012

De Oliveira en el set de Gebo y la sombra

Espero poder escribir sobre Gebo y la sombra, la última película del señor Oliveira, como suele llamarlo mi querido amigo Joao Canijo. No obstante, declaro: una obra maestra, una de mis películas favoritas del año.

Evitaré decir que De Oliveira es el más joven de los directores. Lo que sí estoy seguro es que se trata de un realizador cuyo cine dialoga permanentemente con la civilización, y en ese sentido creo que son muy pocos los directores jóvenes que establecen ese vínculo entre el cine y el esfuerzo colectivo de la especie por conquistar su naturaleza animal.

Me decía Canijo, en octubre de este año, que el maestro no estaba bien de salud. No puede falta mucho para su despedida. Pero estarán sus películas, siempre.

Tres películas recientes del señor Oliveira

singularidades1Singularidades de una chica rubia, de Manoel de Oliveira, Portugal-España-Francia, 2009

“Lo que no se puede contar a un amigo o a una esposa, se lo puede contar a un desconocido”. Esto es lo que piensa Macário mientras viaja en tren, y efectivizará su pensamiento minutos después con la pasajera que tiene al lado. El relato en cuestión será la película, una historia de amor fallida entre él y una rubia bellísima y muy joven que verá por primera vez desde la ventana de su trabajo. No será la última vez que veremos a su confidente, pues la puesta en abismo articula el relato y no sólo habrá un par de flashbacks entre quien relata y el relato en sí sino también una visita a una casa dedicada a Eça de Queiroz, autor de la pieza aquí adaptada, y un homenaje a Fernando Pessoa (referencia constante en la obra de De Oliveira), citado y leído por el gran Luís Miguel Cintra: “Existir claramente, y saber hacerlo sin pensar en ello”, frase que pertenece a “El cuidador de rebaños” y que tácitamente alude al comportamiento del amante alicaído. La sencillez de la historia, un joven contador que pierde injustamente su trabajo y busca la forma de garantizar seguridad económica a su enamorada sin lograrlo del todo, hasta que su tío y previo empleador acepta la decisión del sobrino de casarse, se combina perfectamente con la magistral puesta en escena: el extraordinario uso de la profundidad de campo en varias escenas (como en varias ocasiones sucede con las miradas entre los enamorados desde las ventanas, o como se elige mostrar y vincular el recitado de Pessoa con el devenir del relato entre los personajes, durante una reunión social aristocrática), el contrapunto entre las convenciones y conductas de un cuento moral decimonónico y la contemporaneidad política aludida en algunas ocasiones y la inteligencia del director de 103 años para transmitir a través de planos generales de Lisboa y sus calles y monumentos la Historia (y la civilización) contenida en los ladrillos y el espacio público. (Roger Koza)

Unknown-1Palabra y utopía, de Manuel de Oliveira, Portugal, 2000

Es increíble ver a alguien de más de 90 años disfrutando de uno de los momentos más ricos y productivos de su carrera, cinco películas consecutivas, extraordinarias y muy diferentes, desde Inquietud (1998)… Palabra y utopía ofrece otro ejemplo de cómo Oliveira ha vivificado su majestuoso estilo a través de una dirección vigorosa de sus actores, principalmente de Lima Duarte en el papel de Antonio Vieira, un efusivo jesuita del siglo XVII que fue un pionero en la lucha por los derechos de los indígenas brasileños y que tuvo el apoyo del Papa y la reina Cristina de Suecia. Inspirada casi en su totalidad en los sermones y cartas de Vieira, que tanto el director como los actores utilizan como guía para las locaciones, los objetos artísticos del período y varias escenas dramáticas, y elegantemente fotografiada por Renato de Berta, la película sintetiza el profundo vínculo de Oliveira con la Historia, que profundiza y supera la sabiduría de la vejez. (Jonathan Rosenbaum)

Unknown-2El enigma de Cristóbal Colón, de Manoel de Oliveira, Portugal-Francia, 2007

No resulta nada fácil decidir qué clase de film es El enigma de Cristóbal Colón. ¿El desentrañamiento de una nacionalidad? ¿Una búsqueda personal a través de la ficción? ¿El mapeo de un (nuestro) devenir civilizatorio? ¿Una formidable lección de puesta en escena? ¿Un testamento fílmico más en la historia del cine, por parte de alguien que se niega a ser “momificado” dentro de ella? ¿Una pizca de orgullo lusitano? Oliveira nos muestra el tránsito de la existencia, las acciones de los hombres, las preocupaciones que los llevan a peregrinar por el mundo: el colonial, el de la posguerra europea, el de hoy. Pero éste es el film de un realizador que acaba de cumplir cien años y que nos instala en la bruma de un Manhattan adivinado por el esqueleto de un puente a través de la ventanilla de un auto. Allí trabajará y estudiará medicina Luciano, desde allí regresará a Portugal solo y allí volverá casi cincuenta años después. La niebla de un tiempo ya ido, que no permitía ver la Estatua de la Libertad, ha dado paso al luminoso contrapicado de unos edificios que hoy no “pueden” dejarse ver, y de una estatua a la que es preciso despojar del lugar (físico) simbólico que ocupa. Sólo basta una poesía para apropiarse de esa idea, de ese lugar. Esa poética no sólo está en los versos que Silvia (la esposa de Luciano, la esposa de Oliveira) rememora en el periplo de ambos por el interior de Portugal tras las huella de El Navegante, en la extática exploración de museos, iglesias, fortificaciones y abadías, en saber que el saber “ayuda a comprender”, y en la certera presunción de que un sextante es –debería ser– el paralelo anticipatorio de un navío espacial. Está también en la conmovedora secuencia de dos ancianos en los que aún perdura el amor. Uno de los últimos planos del film es el de Luciano (el propio Oliveira) abriendo la puerta del auto para que suba Silvia; es el mismo gesto de cuando iniciaban su luna de miel. El coche puede ser más moderno, con otros tonos de colores, y posiblemente se deslice un tanto más suave que el de hace un tiempo atrás. Pero sigue siendo un vehículo de transporte, algo (una herramienta) que puede ser utilizado para escapar, para correr, para aturdirse, para llegar a un destino, o simplemente para recorrer un camino. Es muy agradable saber que alguien puede abrirte la puerta del coche para que te sientes y te acomodes confortablemente, que va a sentarse a tu lado conduciendo, y que, si uno sabe mirar hacia el frente y hacia los costados e imaginar lo que no se ve detrás, puede ser el inicio de una clase diferente de viaje. El cine es el vehículo del director portugués Manoel de Oliveira. (Fernando Pujato)

Aquí se puede leer dos críticas sobre El extraño caso de Angelica.

Aquí sobre Belle Toujuors

Roger Koza / Copyleft 2012

LAS PELÍCULAS SECRETAS (04)

diciembre 11, 2012

UnknownViento de tierra / Vento di terra, de Vincenzo Marra, Italia, 2004

Por Roger Koza

El segundo largometraje del joven y lúcido director italiano Vincenzo Marra es extraordinario; la historia sobre una familia de clase trabajadora napolitana atravesada por una realidad socio-económica desprovista de toda esperanza conmueve sin apelar jamás al sentimentalismo kitsch propio de un tipo de cine social. ¿Neorrealismo del siglo XXI? Aquí un joven intenta buscar un horizonte vital mientras que sus opciones laborales y existenciales son plegarse a la mafia o traficar drogas. Y elige una posibilidad no menos cuestionable, la carrera policial y militar, en el seno de una institución bestial no exenta de peligros, algunos inimaginables. Drama seco y elegante, el título del film alude a un tipo de viento que aleja a los marineros de la costa, metáfora perfecta de cómo la alienación aleja a la gente de una vida digna. Indirectamente, esta película es la mejor exposición crítica sobre el efecto estructural del reinado de Berlusconi en la vida del pueblo italiano, y advierte además que las nociones de Primer y Tercer mundo ya se aplican al interior del llamado Primer mundo. Puede gustar o no, pero, como dice su realizador, nadie objetará su verdad.

Roger Koza / Copyleft 2012

EL SECRETO DE ALBERT NOBBS / ALBERT NOBBS

diciembre 10, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

TRAVESTIDOS POR UN SUEÑO

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El secreto de Albert Nobbs/ Albert Nobbs, Reino Unido, Irlanda, Francia, EE. UU., 2011

Dirigida por Rodrigo García. Escrita por John Banville y Glenn Close

*Tiene un rasgo redimible

El hijo de Gabo y director de Nueve vidas y Madres e hijas no supera una vez más la medianía de sus previos films, a pesar de que el período elegido en esta ocasión y el tema central del film nunca dejan de ser interesantes. 

Glenn Close despertará admiración. Un poco por el exceso de maquillaje, otro poco por la psicología represiva del personaje, que incita casi a un grado cero de expresividad. Su composición de Albert Nobbs, una mujer escondida en el semblante de un sirviente, consiste en un dominio selectivo de ciertas expresiones faciales mínimas y un trabajo meticuloso sobre el lenguaje corporal.

El contexto no podría ser otro que el de la era victoriana, aunque este drama íntimo y social tiene lugar en Dublin. Nobbs es uno de los muchos sirvientes de un hotel para aristócratas; vive en una pieza del edificio y durante décadas obedecer y atender ha delimitado su vida. De su salario y sus propinas sueña con comprar una propiedad, abrir una tabaquería y unos años después irse a vivir al lado del mar.

Si bien el sexo es un accidente que tiene lugar en la vida de los otros, Nobbs concebirá algo parecido al erotismo después de conocer al pintor del hotel, un tal Hubert Page, con quien tendrá que compartir involuntariamente su habitación. Nobbs no está sola: disfrazarse de hombre parece un método de supervivencia para muchas mujeres victorianas, pero en el caso de Page viene acompañado de una revelación: él (o ella) se ha casado con una mujer.

Así, Nobbs empezará a pensar en un posible matrimonio con una de las criadas de la casa, alguien con quien podría compartir la utopía burguesa de ser dueña de su propio negocio, pero la joven está enamorada de un empleado del hotel cuyo objetivo es emigrar a “América”. No tienen dinero; Nobbs, sí: el conflicto es inminente.

Basada en Vidas célibes (1927), una novela de George Moore, la sensiblera versión cinematográfica de Rodrigo García, hijo del mítico García Márquez, incorpora mecánicamente cierta sensibilidad sociológica de Moore. La opresión de clase se percibe mediante un registro en el que predominan los planos cerrados, y es por eso que un paseo a la orilla del mar, tras una hora de metraje, es visualmente un alivio. Pero García no puede con su genio y necesita subrayar la felicidad del personaje pidiéndole a su actriz un gesto unívoco de alegría. Un ademán semejante en primer plano invoca la ridiculez: ¿qué decir entonces de las secuencias donde los sueños de Nobbs se “hacen realidad”?

Travestirse para sobrevivir. En esa decisión se condensa el misterio de un orden simbólico; en El secreto de Albert Nobbs tan sólo vemos la primera capa de su maquillaje.

 Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior en el mes de noviembre 2012.

Roger Koza / Copyleft 2012

UN REINO BAJO LA LUNA / MOONRISE KINGDOM (2)

diciembre 7, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

LAS AVENTURAS DE LOS INOCENTES

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Un reino bajo la luna / Moonrise Kingdom, EE. UU., 2012

Escrita y dirigida por Wes Anderson.

**** Obra maestra

El especialista en adolescencia y excentricidad demuestra una vez más todas sus virtudes como cineasta. 

Los grandes cineastas evitan duplicar con sus cámaras el mundo que los rodea. Se abstienen de copiar y se limitan a observar; de él sustraen cuidadosamente la materia para inventar e imponer una forma y un mundo. Un plano de Jacques Tati, de Pedro Costa, de David Lynch se reconoce al instante. Lo mismo sucede con Wes Anderson, el más grande de los cineastas norteamericanos de su generación.

Anderson es casi un demiurgo, y en el planeta simbólico que ha concebido desde su primer filme no vemos otra cosa que un universo de obsesivos queribles, pequeñas comunidades excéntricas y dilemas existenciales que se mantienen un poco al margen de la historia y la rosca política.

Es 1965, nos informa un narrador, y todo transcurre en una isla de Nueva Inglaterra. En esta ocasión el tema es el amor preadolescente entre Suzy y Sam. Suzy (Kara Hayward), a quien le gusta mirar el mundo a través de binoculares, y sus tres hermanos menores se entretienen escuchando a Benjamin Britten y leyendo literatura. Sus padres (Bill Murray y Frances McDormand) no parecen ser felices juntos (véase una escena magistral en la que la pareja verbaliza su decadencia) pero sí son buenos padres.

Suzy conoció a Sam (Jared Gilman) en una función de teatro escolar. Este huérfano se siente más a gusto entre boy scouts que conviviendo con su familia adoptiva. Para ambos fugarse juntos rumbo a un territorio indígena despoblado es un plan perfecto. Son aventureros por naturaleza y están viviendo su primer amor. Como en cualquier fuga serán buscados, pero eso es tan sólo una anécdota.

La proliferación de travellings laterales y hacia atrás y adelante con los que arranca Un reino bajo la luna parece responder a una geometría secreta. Anderson delimita su mundo: los colores, los objetos, los mapas y los personajes expresan un microcosmos regido por la exuberancia y la rareza. Los detalles que pueblan cada plano denotan una obsesión. Tanto los personajes como el director se empecinan en ordenar y controlar el mundo, que resulta siempre ligeramente amenazante. Será por esto que una tormenta colosal terminará casi con el campamento de los scouts y el pequeño pueblo. Extraña paradoja y estrategia inconsciente: el universo seguro pero asfixiante del obsesivo requiere para su mantenimiento de aire y de la libertad nacida del caos.

Pero lo más importante de todo es otra cosa: el amor aquí es empírico, se ve más que se enuncia. Y se confirma en la ternura que experimentan el policía interpretado por Bruce Willis y el líder de los scouts a cargo de Edward Norton; su preocupación por el joven huérfano revela la naturaleza amorosa de los filmes de Anderson. La hostilidad del mundo siempre es conjurada en alianzas secretas entre desamparados.

(AQUÍ SE PUEDE LEER UNA CRÍTICA DISTINTA Y MÁS EXTENSA QUE ESCRIBÍ SOBRE ESTE FILM)

Esta crítica fue publicada en el diario La voz del interior en el mes de diciembre 2012

Roger Koza / Copyleft 2012


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