Archivos de la categoría ‘Crítica’

UN REINO BAJO LA LUNA / MOONRISE KINGDOM

diciembre 6, 2012

Juventud divino tesoro

moonrisekingdom

Por   Alejandro Cozza

No es fácil en la actualidad encontrar películas que se puedan habitar, en donde uno pueda penetrar en ellas y quedarse a vivir en el mundo que el director propone, con sus personajes, situaciones, lugares. Al mismo tiempo, es difícil despegarse de estas películas cuando terminan, la función acaba y salir de ellas no es algo deseado. Pero si podemos llevarlas, porque si no podemos habitarlas por siempre, ellas si pueden vivir en nuestro interior. De esa clase de películas es Moonrise Kingdom, el último film de Wes Anderson.

La historia, ambientada en la década del ’60, comienza cuando un niño, Sam, huye de un campamento scout. Empieza así la búsqueda del pequeño que ira envolviendo a una serie de personajes del pueblo cuando descubren que el niño no sólo era huérfano, sino que con él escapó también su amada Suzy, hija de una familia del lugar. De ahí en más, la historia de amor entre los niños tomará el relato y se contrapondrá a los amores frustrados de los adultos que se ven inmiscuidos en la historia. Los incapaces de amar que tampoco dejan que los niños lo hagan. Podrá recordar esta anécdota al clásico film Melody (1971), cosa que no negaremos, pero el mundo cinéfilo de referencia de Wes Anderson se acerca en esta película, al cine francés de Truffaut, del Godard de Pierrot el Loco (1965), o de Jacques Tati, e incluso al de Jean Renoir en la Regla de juego (1939) cuando los prismáticos que permanentemente se usan en la película remiten al clásico del director francés, film del que también se toma su espíritu lúdico. La escena idílica entre los niños en una bahía lejana, filmada con gran libertad, es la más bella representación de un amor que pueda dar el cine actual. Incluso, lo idílico no está exento de una fuerte carga erótica. Podrá ser un film sobre niños, pero para nada infantil ni ingenuo. Sam le realiza un agujero a la oreja de Suzy para poder pasarle unos aros que le ha hecho, siendo una de la más sutiles y discretas referencias a la perdida de la virginidad jamás filmada.

Moonrise Kingdom no es ajena al sistema formal usado por Wes Anderson para sus películas, siempre reconocible e intransferible, siendo tal vez una de sus cimas creativas. Puede que sea Anderson el nombre mas importante surgido en el cine norteamericano en los últimos 15 años, solo Kelly Reichardt puede pedir esa corona también. Salido dentro de una generación de realizadores en donde la música es clave en su concepción y formación. Generación MTV se llamó a un grupo de directores que hacia sus primeras armas dentro del videoclip: Spike Jonze, Michel Gondry, Sofia Coppola, David O. Russell. Y si bien Anderson nunca dirigió un videoclip, usa en sus películas la música pop como ninguno. Componiendo pequeñas suites al interior de sus filmes, haciendo que cobren vida dentro el argumento. En Moonrise Kingdom un disco de Françoise Hardy bailado en la playa por los niños, marca el pulso emocional de la película y confirma su universo de referencia francés. Sus imágenes de clara vocación plástica, le ganaron la fama que una cantidad de imitadores trataron de copiar. Todo director “indie” norteamericano trato infructuosamente de tomar algo de ese sistema formal. Pero nadie hace películas de Wes Anderson mejor que Wes Anderson. Sus planos, en su frontalidad, parecen heredados de un pictograma egipcio. Los frecuentes paneos horizontales en su obra son como desplegar un papiro sobre la pantalla y efectuar su lectura. Su notoriedad de autor iconoclasta le permite poder contar con elencos multiestelares, pero en donde ningún actor se comporta como estrella, sino que cada uno se adapta a la concepción de Anderson, siendo como figuritas a pegar dentro de su cuidado esquema estético. Es llamativo, al mismo tiempo que maravilloso, observar en Moonrise Kingdom a actores de la talla de Bruce Willis, Edward Norton, Frances McDormand, Tilda Swinton, Bill Murray, Harvey Keitel, por separado o todos juntos en un plano, someterse a los juegos y caprichos del director.

Sus películas pueden ser mundos personales y cerrados sobre si mismos, es cierto, y a su vez iguales entre si. Su filmografía como una galaxia en si misma con diversos planetas. Sus personajes pueden cambiar de rostro pero no de actitudes frente a la vida. Si pensamos su obra, hay una idea capital que la atraviesa y es el de los (tras)pasos de las etapas vitales de una generación a la otra. Las idas y vueltas que puede haber de la niñez a la adolescencia, y de esta a la adultez. Sea en Bottle Rocket, Tres es multitud, Los Excéntricos Tenembauns, Vida acuática, El fantástico señor Zorro, o Viaje a Darjeeling. Cada una de estas películas tienen su especificidad, pero la idea rectora es siempre la misma: pasar de un estado al otro nunca se da de forma natural, sino que allí siempre hay una escisión, una herida. Sobre ella se posa la cámara de Wes Anderson. Sólo que en Moonrise Kingdom, el director parece tomar una decisión tajante para con su obsesión: no hay porque madurar más. Que sea al revés, el mundo es el que debería quedarse en el lugar de pertenecía originario, la niñez, y desde allí revisar sus reglas. El campamento scout de Moonrise Kingdom como lugar de pertenencia inicial pero también como apoteosis final. El cambio no es posible ni necesario, y mejor que no lo sea. El círculo se cierra y mejor estar del lado de adentro, allí bailan todos felices.

Esta crítica fue publicada en el diario Alfil de la ciudad de Cordoba

Alejandro Cozza / Copyleft 2012

27 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA (2012): DIFÍCIL DE OLVIDAR

diciembre 5, 2012

Sobre The Land of Hope, de Sion Sono, Japón, 2012

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Por Santiago González Cragnolino

La última edición del festival internacional de Mar del Plata contó con más de 300 películas. En medio de semejante oferta es entendible que muchas pasen desapercibidas. Es llamativo cuando una de ellas es de un autor que cuenta con tanto consenso crítico como el japonés Sion Sono. Es quizás más comprensible si pensamos que The Land of Hope (2012) muestra un cambio evidente en algunos aspectos con respecto a sus películas más celebradas: Suicide Club (2001), Cold Fish (2010), Guilty of Romance (2011). Estos films podrían entenderse cómo fantasías sórdidas sobre la sociedad japonesa que jugaban con en el cine de género (policial, thriller, terror).

El último film de Sono es un drama que aborda el desastre que azotó a la prefectura de Fukushima luego del accidente de su central de energía nuclear. Ambientada en la ficcional Nagashima, el film se enfoca en la vida de tres parejas de distintas generaciones que habitan un barrio donde las autoridades establecen el límite entre una zona contaminada por la radiación y otra que estaría limpia de sus efectos. Estas zonas están separadas por un ridículo vallado de madera y una cintita amarilla: los que están de un lado de la cerca deben ser evacuados inmediatamente, los del otro pueden continuar con sus vidas.

Ante esta nueva situación las tres parejas protagónicas adoptan posiciones diferentes.

La pareja de ancianos deciden quedarse en su hogar, una casa en la zona límite con la parte prohibida del barrio. Otra de las parejas decide marcharse lejos del lugar para poder tener un hijo, temiendo los efectos de la radiación. La pareja más joven huye también del lugar por los medios de evacuación que dispone el Estado, para finalmente escapar del albergue provisional donde se encuentran para ir en búsqueda de la familia de la chica. Para ello deben internarse en la zona prohibida de Nagashima.

Llegado este punto, las ideas del director sobre lo sucedido inmediatamente después de la catástrofe ya son claras. Se procedió de manera confusa y negligente para con los habitantes de las zonas afectadas. Se muestran formas de violencia de las que dispone el Poder que no nos resultan tan evidentes como el poderío de un ejército, pero que siempre están a mano. Se muestra la violencia de la burocracia, la violencia del manejo de la información, la censura permitida y legitimada. Que se puede decir, hacer, ser: hasta acá se llega, allá no; esto se muestra, esto no. Límites materiales y simbólicos que se imponen. Sion Sono cruza las líneas y se mete de lleno en la realidad de Fukushima, donde fue rodada gran parte de la película. Podemos aplaudir su coraje, pero eso es sólo un comienzo: acá es donde empieza el trabajo del cineasta, no donde finaliza.

No se trata de imponer su mirada sobre los acontecimientos, se trata de volver a Fukushima y crear un paisaje donde no sea sólo constatable la devastación. Se trata de crear un paisaje vívido a través de las herramientas del cine, un paisaje donde no se puede separar a los sujetos del espacio que habitan. Quizás el director cae en el trazo grueso y en el subrayado de sus ideas a lo largo de la película, pero al arribar a Fukushima todo eso se disipa. El paisaje no es una justificación del drama, más bien lo contrario.

En sus grandes encuadres, en su recorrido de la mano de sus personajes por los pueblos fantasma, Sono hace una arqueología del presente inmediato. Los escombros no sepultaron la historia, son la historia viva del lugar. La cámara de Sion Sono dialoga con las ruinas.

Santiago González Cragnolino / Copyleft 2012

LAS PELÍCULAS SECRETAS (02)

diciembre 4, 2012

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Bumazhnyy soldat / Solado de papel, Aleksei German Mi, Rusia, 2008

Por Roger Koza

Esta discreta obra maestra sobre la carrera espacial soviética en la década del ’60 en plena guerra fría no es ni un ejercicio de nostalgia sobre los viejos tiempos, ni una crítica reaccionaria de un período histórico que se concibió como utópico y demostró ser su opuesto.Soldado de papel revela una mentalidad (la rusa), una cultura (literaria) y un proyecto (cosmológico). German centra su relato en la historia de un médico recién divorciado que trabaja en la preparación física de los astronautas en un campamento en Kazajistán (el astronauta Yuri Gagarin es uno de los personajes secundarios). Hijo de un médico, cree, como su padre, en el progreso, y entiende que su esfuerzo escribe la Historia, aunque el título del film contradice su credulidad no exenta de cuestionamientos (en efecto, el nombre de la película remite a una canción tradicional en la que un soldado de juguete quiere cambiar el mundo y termina en llamas). Los planos secuencia coreográficos demuestran un dominio absoluto del espacio cinematográfico, y el expresionismo sonoro de la banda de sonido indica una tradición estética. Metafísica y materialista al mismo tiempo, Soldado de papel expresa en fotogramas la quintaesencia del pueblo ruso.

Roger Koza / Coypleft 2012

SEMANA DEL 3 AL 9 /12 EN EL CINECLUB

diciembre 3, 2012

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

 5 de diciembre, a las 20.30hs: Cierre de temporada

 UnknownSibila, de Teresa Arredondo, Chile, 2012

 95’ / +13

 La directora estará presente en la función

 La joven directora chilena Teresa Arredondo vuelve sobre un personaje central de su historia familiar, su tía Sibila Arredondo, viuda del famoso escritor peruano José María Arguedas, con quien compartió momentos importantes de su infancia (después del golpe de Pinochet en 1973, su padre tuvo que exiliarse en Perú, donde vivía Sibila y donde conoció a la madre de la directora). A través de material de archivo, entrevistas, películas familiares, Arredondo intenta descifrar el silencio de su familia, que un día determinado dejó de hablar(le) acerca de su tía. Sucede que Sibila fue arrestada y juzgada por un tribunal sin rostro del gobierno de Fujimori por terrorismo y por sus vínculos con Sendero Luminoso. Tras catorce años y medio de cárcel, Sibila quedó en libertad y después de un tiempo se fue a vivir a Francia. Arredondo recoge los testimonios de su madre, su padre, su abuela, una hija de Sibila y otros familiares. La directora permanece siempre en un fuera de campo visual, aunque está presente a través de sus preguntas, que sí se escuchan; en ese sentido, nosotros vemos y nos movemos junto con Arredondo, en una suerte de plano subjetivo diferido y amable con el que participamos de su conciencia e inquietudes. Es evidente que la directora profesa admiración por su tía, pero esto no implica necesariamente comprender del todo su experiencia. El gran momento de Sibila es su desenlace. Allí se da un choque de conciencias: Sibila responde a los cuestionamientos de su sobrina sobre el accionar de Sendero Luminoso; es un instante relámpago en el que la brecha entre dos tiempos y dos modos de estar en el mundo deviene visible. (Roger Koza)

LA CASA

diciembre 1, 2012

LA ESPESA SELVA DE LO REAL

Sobre La casa de Gustavo Fontán

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Por Marcela Gamberini

Gustavo Fontán apunta a la pura materialidad cinematográfica: la luz y su densidad, la luz y su contrapartida la sombra, la luz y su fuera de campo. Como destellos, como reflejos, como haces refractarios, los distintos modos de la luz son la materia prima del cine de Fontán. Como la magdalena de Proust, la luz es la que dispara los recuerdos y reconstruye las historias, sugiere, perturba, invade, muestra, oculta. Atraviesa el pasado con el presente y deja entrever el porvenir. El recorrido de la luz y el paso del tiempo (imposible no dispararse hacia El sol del membrillo de Erice). Rescatar momentos fugaces, instantes largos en su duración, alterar la temporalidad. Iluminarlos, ensombrecerlos, vaciarlos de palabras, llenarlos de sentido. Hacer un parate, dejar que la cámara fluya y con ella la memoria, lo visto, lo oído, lo vivido. Justamente en ese parate de la cámara reside la estrategia casi musical de Fontán, precisamente al revés de los que estamos acostumbrados a ver, en este caso la cámara se encuentra con la experiencia, con las cosas, con la gente, con sus fragmentos, con sus fantasmas y las atraviesa. El lento fluir de la cámara sugiere la contemplación estética como uno de los modos de acercarse al mundo, como cierta forma de aprehenderlo que es, en definitiva, la manera privilegiada de alcanzar el conocimiento. Construir un relato dejando que la cámara fluya, que se organice en torno a una percepción. La percepción entendida como un código no lingüístico, como una manera de representar fuera de los cánones habituales, percibir es hacer algo presente a través del cuerpo, de las sensaciones y no de las palabras. Pareciera decir Fontán que lo único que se puede filmar es aquello que se puede percibir, sentir. Su cine, filosóficamente, instaura una sucesión que no es la del tiempo cronológico, sino la de la percepción, entendida como aquello que nos acerca y nos distancia de lo real.

Lo que fue presencia en Elegía de abril o en El árbol, ahora en La casa se vuelve ausencia, el paso del tiempo es implacable y se lleva cuerpos, gestos, sombras, casas y árboles. Los signos de Fontán abren abanicos de lecturas, el sentido siempre es escurridizo y lábil. Todo es posible de ser resignificado. El sentido es la experiencia vital, es el núcleo duro: la casa, la familia; es aquello que la cámara (y nosotros) percibimos muy lejos o muy cerca, y justamente es lo que aparece cuando cesa el lenguaje. Casi no se habla en las películas de Fontán, nadie lo necesita. El lenguaje se acalla, se desarticula y en ese silencio (a medias ocupado por los sonidos de lo cotidiano) aparece el sentido: la experiencia, tal vez aquello de lo que hablábamos mas adelante “lo real”. El movimiento hacia lo real es incesante, la cámara va y va, fluye, refleja, refracta; sin embargo Fontán sabe que, en definitiva, ese real en su totalidad es inaprensible, es cambiante, varia con el tiempo, se modifica, es inasible. Aquello que fue cuerpo ahora es fantasma, aquello que fue casa ahora es demolición, aquello que fue luz ahora es sombra. Este es el movimiento fundante de la esta trilogía, la búsqueda incesante de lo real como motor narrativo que en su recorrido nos deja ver caras, paredes, sombras, reflejos, arboles, fantasmas. Desmenuzando los planos, haciendo refractaria la luz, descomponiendo las imágenes, evidenciando los mecanismos de la percepción, Fontán nos dice que el cine, esa extraña manera del registro, es uno de los modos de relación del hombre con el mundo.

El cine silencioso de Fontán está habitado por varias voces, que hablan al oído, que susurran: la poesía de Calveyra y de Juan L. Ortiz, la narrativa de Saer, de Borges o de Proust, el cine de Víctor Érice, los encuadres de Renoir, la luz de Rembrandt. El Macondo de García Márquez, la Santamaría de Onetti, el Yoknapatawa de Faulkner, el Colastiné de Saer; son los espacios que confluyen en el gran espacio del cine de Fontán: la casa. Todas estas corrientes son los afluentes del gran río que no cesa de las películas de Fontán.

Un cine-poesía que se acerca al espectador como una caricia, dejando la tristeza que emerge de las cosas, la melancolía por aquello que desaparece, la alegría por el porvenir, la solapada fiesta de una conversación en el anochecer, la cotidianeidad de la leche derramada, el asombro ante el libro encontrado. La Trilogía cierra un ciclo y abre otro que esperamos con curiosa ansiedad. Los poemas de Gustavo Fontán aplacan tanta desmesura, tanta rapidez, tanto atolondramiento al que estamos perezosamente acostumbrados.

Marcela Gamberini / Copyleft 2012

MARADONA -MÉDICO DE LA SELVA-

noviembre 29, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

EL FILÁNTROPO DESCONOCIDO

Maradona -Médico de la selva, Argentina, 2011

Dirigida por Martín Serra. Escrito por Rodolfo Martínez Mendoza y Martín Serra.

*** Hay que verla

Excelente retrato de un personaje misterioso y complejo. 

No es fácil librarse de la tentación de vender un santo. Esteban Laureano Maradona, nacido en Esperanza, en 1895, poseía varias aristas para hacer de él un ícono de la perfección humana.

Médico, naturalista y escritor, Maradona pasó más de 50 años ejerciendo la medicina en Estanislao del Campo, un pueblo perdido de Formosa, y a sus 100 años murió junto algunos familiares en Rosario. Sus pacientes fueron mayoritariamente indios. A mediados del siglo XX, junto a un inglés llamado Dring, Maradona formó una comisión indigenista y fundó una colonia llamada Juan Bautista Alberdi. Vivió en la pobreza y por mucho tiempo pasó inadvertido.

El director Martín Serra se desmarca con elegancia y precisión de la hagiografía. No hay duda de que entre los testimonios que recolectó de amigos, vecinos, periodistas, historiadores y familiares, estaba el deseo de conmemorar a Maradona, deseo que no siempre puede conjurar el impulso de su canonización. Es ostensible en el relato de uno de los periodistas y alcanza la ridiculez obscena en una entrevista televisiva a cargo de una famosa diva platinada, cuando Maradona ya se había convertido en el ejemplo moral de turno. Rigoberta Menchú se llevó el Premio Nobel de la paz en 1992, aunque Maradona no estuvo lejos de ser el elegido.

Serra parece advertir el problema y sorteará exitosamente el imperativo social de postular en Maradona un ideal platónico que todos deberían imitar. Hacia el final, Abel Bassanese, un querido amigo del médico y quien lee una conmovedora carta en su entierro, recapitula un deseo tardío de Maradona: “Si dicen alguna inexactitud, aunque me favorezca, desmiéntala”. Serra es fiel al mandato.

El plano inicial se repite varias veces. Se trata de un plano subjetivo que se adentra en la selva, el paisaje en el que Maradona vivió la mayor parte de su vida. La selva es un bioma demasiado exuberante para conocer en su totalidad. Lo mismo sucede con Maradona: hay algo de él que se resiste a ser develado. una suerte de “no pasar” como la advertencia del famoso plano inicial de El ciudadano Kane. El ascetismo del médico es tan inescrutable como el gorro que solía llevar puesto; sabremos que alguna vez amó a una mujer y que ella murió demasiado temprano, pero nunca sabremos la razón de su inquebrantable soledad. ¿Era anarquista? ¿Un católico de izquierda? Fue perseguido por la policía en la época del presidente de facto José F. Uriburu y al escapó al Paraguay, donde terminó sirviendo como médico en la Guerra del Chaco. De este Maradona se podrían hacer miles de películas.

Serra combina armónicamente fotografías, material de archivo, videos familiares y entrevistas para retratar a su personaje. Cuando el filme descubre al naturalista a través de los libros escritos e ilustrados a mano por Maradona, la sabiduría del personaje alcanza su esplendor. Él, un ilustre médico, dice haber aprendido mucho en la “universidad de los indios”. Y allí reside la hermosura del personaje (y del film): el amor por el conocimiento no está desligado del amor al prójimo.

Maradona -Médico de la selva- (como lo fue Regreso a Fortín Olmos, de Patricio Coll y Jorge Goldenberg) es una de esas películas que nadie ve y pasa inadvertida por largo tiempo. Pequeño secreto del cine argentino reciente y film a contramano de los festivales, el Oscar y las salas comerciales, Maradona -Médico de la selva- es una película tan valiosa como el personaje al que retrata.

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La voz del interior en el mes de noviembre 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

CRITICAS BREVES (07): HOLY MOTORS

noviembre 27, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

Holy Motors, de Leos Carax, Francia, 2012 (****)

¿La película del año? Entre las cinco mejores, sin duda. Holy Motors, de Léos Carax (Los amantes de Pont-Neuf), con el protagónico de Denis Lavant, fue la película cinéfila del último festival de Cannes. Todos reconocían los guiños, y si bien para muchos acreditados la película podía parecer un delirio, era bastante evidente el subtexto: film sensible, libre y feliz sobre el cine como motor de los sueños y los deseos. Como en un sueño, justamente, un sujeto no identificado, interpretado por el propio Carax, encuentra una puerta mágica en su propia casa que lo conduce a una sala de cine. De allí en adelante habrá un corte imperceptible y Lavant tomará las riendas del relato como el señor Oscar. Varias situaciones inverosímiles conforman la película. Oscar viaja en una limusina que principalmente funciona como un camarín. Allí se disfraza, muta y sale a la calle con una misión. En un momento es “el hombre verde”, en otro un millonario, después un pordiosero, el padre de una adolescente, un matón, un bailarín ninja. Cada personaje remite a un género cinematográfico que se celebra, y el film no es otra cosa que un gran relato amoroso sobre el cine como motor de nuestras fantasías. Carax orquesta algunas secuencias inolvidables: aquel personaje espantoso del film Tokio reaparece. Ese engendro genético sin habla sale de las alcantarillas y arremete contra todo lo que encuentra. Pasará arriba de un ciego, correrá por las calles y llegará a una sesión de fotos en un cementerio (en una lápida se lee “Visite mi website” con la dirección incluida) donde una modelo está posando. Pasará de todo y el cierre de la secuencia parece una iconografía religiosa. Este episodio corresponde al cine de terror. También al comienzo Oscar se convertirá en un bailarín luminoso que baila en un cuarto oscuro; vemos sus movimientos extraordinarios como unos puntos de luz difuminados por un traje especial y espacial. En algún instante se incorporará una bailarina. Aquí estamos frente a ese género ultramoderno impreciso en el que el cine deviene en videojuego, pero el ballet futurista de Carax supera con creces la estética característica de esas propuestas y es también, paradójicamente, una evocación de la prehistoria del cine: ¿no se trata de ver el movimiento y estudiarlo como lo hizo Étienne Jules Marey? El último plano del film es una larga conversación entre automóviles, como si se tratara de Cars pero en versión no animada y para adultos. Al empezar los créditos finales se ve una foto de la bellísima actriz, recientemente fallecida, Yekaterina Golubeva. Es mucho más que una dedicatoria, como lo sugiere el último episodio, un musical en el que una azafata salta desde la terraza de un edificio. Hay películas que nos recuerdan que el cine todavía puede reinventarse, devenir, mutar. Tabú, Like Someone in Love y Holy Motors son tres ejemplos recientes.

Este texto fue publicado en La maleta, diario del Festival Internacional de Cine de Valdivia, durante octubre de 2012. 

Roger Koza / Copyleft 2012

LAS COMPARACIONES NO SIEMPRE SON ODIOSAS: INFANCIA CLANDESTINA Y SIBILA

noviembre 27, 2012

Infancia clandestina

Por Roger Koza

Más que de un gesto revisionista se trata de una inquietud generacional: los hijos y familiares de militantes vuelven imaginariamente al pasado, lo examinan, lo filman, lo interrogan. M y Los rubios fueron películas pioneras y paradigmáticas; recientemente, un filme como El premio, de la cordobesa Paula Markovitch, resultó una contribución importante. Infancia clandestina, de Benjamín Ávila, y Sibila, de Teresa Arredondo, son las dos películas más importantes estrenadas este año sobre la militancia y las relaciones problemáticas que se establecen entre historia política e historia familiar.

Como se sabe, Infancia clandestina será la representante argentina para el Oscar (si es seleccionada por el comité de la Academia). En principio, resulta sorprendente que un filme sobre Montoneros y su contraofensiva en 1979 sea un filme oscarizado. Sucede que el procedimiento narrativo universaliza un idealismo abstracto de justicia y a su vez lava bastante la ideología de la organización armada. Como en Diarios de motocicleta, a propósito del Che y su genealogía como revolucionario, aquí también el humanismo sustituye a la política, aunque la violencia histórica en Infancia clandestina sí tiene picos importantes y la decisión de estetizarla, a través de animaciones, es un acierto indiscutible. Se trata de la mirada de un niño sobre una experiencia de adultos, y de ese modo el director consigue transmitir el carácter traumático de la (y su) experiencia.

Sibila

El contexto de Sibila es otro. La protagonista, Sibila Arredondo, estuvo más de doce años en la cárcel por su vínculo con Sendero Luminoso. La esposa chilena del escritor peruano José María Arguedas dejó Chile por amor, pero al llegar al país de su marido sintió la necesidad de trabajar por la emancipación de los oprimidos. Para los familiares chilenos, la militancia extrema de Sibila se transformó en una zona de silencio. “¿Por qué ya no se habla de mi tía?”, se preguntaba la niña Teresa en plena década del ’70. Unas décadas después, Arredondo reconstruye la historia y destituye el silencio familiar, y además va en búsqueda de su tía, ahora en libertad. El reencuentro entre sobrina y tía es extraordinario: no sólo se precipitan distancias generacionales insalvables, sino que también tiene lugar un choque ideológico sobre los límites de la lucha armada. La película alcanza paulatinamente su clímax y devela un dilema clave de la teoría política y su praxis.

Un mismo tema, dos modelos cinematográficos: una película clásica, la de Ávila, más cerca de Hollywood en su concepción narrativa pero teñida de un drama vernáculo, y un documental cuya estética pertenece ostensiblemente a lo que se conoce como “documental de creación”. Títulos ideales para revisar la historia y el presente y al mismo tiempo poder apreciar las poéticas del cine contemporáneo.

Roger Koza / Copyleft 2012

Roger Koza 2012 / Copyleft 2012

EL CINEMATÓGRAFO 2012 (27/09): (SEGUNDO BLOQUE)

noviembre 27, 2012

Sobre el plano secuencia y Bela Tarr

27 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA (2012): BUSCO MI DESTINO

noviembre 26, 2012

The Age Is

 Por Roger Koza 

Ver para creer. Una película experimental y serena como The Age Is… llena una sala. ¿Quién puede imaginar que un filme de un director como Stephen Dwoskin sobre la vejez, una película desprovista de diálogos y sobre situaciones en donde la decrepitud, la ternura, la constatación del tiempo en la anatomía y la piel, apenas acompañado por un motivo musical de Alexander Balanescu, puede convocar a unas 200 personas?

Entre otras cosas, el apologista del conservadurismo cinematográfico dirá que todos los asistentes eran criaturas snobs dispuestas a cualquier cosa. Pero no es así. En esa sala el público era variado y sintetizaba la experiencia marplatense. Jóvenes, jubilados, profesionales del cine, curiosos, espectadores ocasionales y cinéfilos, entre otros, solamente confirmaban el sentido de un festival; se trata, en efecto, de hacer una experiencia con el cine, modelar de otro modo la propia sensibilidad, disfrutar, divertirse, probar, sorprenderse. Las cifras de la 27 edición del Festival Internacional de Mar del Plata indican que el festival superó la cantidad de espectadores del año pasado. Y el éxito, en este caso, no es fruto del azar, pues tiene una explicación y responde al trabajo de sus programadores.

Sucede que las tres competencias oficiales tuvieron un nivel consistente y parejo. Por primera vez en muchos años, ningún filme parecía desentonar, y la competencia argentina, una zona problemática del festival, dejó varios títulos importantes. Mar del Plata avanza.

Como es sabido, la ganadora principal fue la película rumana Beyond The Hills, de Cristian Mungiu. El film que había obtenido un premio importante en el momento de su estreno mundial en Cannes, aquí obtuvo el máximo galardón. Está claro que a Mungui le gusta la controversia filosófica. En esta ocasión no se trata de cavilar (y aleccionar) sobre el el tema del aborto en tiempos de Ceauscescu y la sordidez pretérita de una Rumania comunista como en 4 meses, 3 semanas y dos días, sino de presentar un dilema teológico en pleno siglo XXI: ¿es posible todavía hablar de posesiones diabólicas y exorcismos?

Alina y Voichita fueron compañeras en un orfanato. Mucho tiempo después se reencuentran en una visita inesperada de Alina al monasterio en el que su amiga se ha confinado para entregar su vida al Altísimo. La nueva vida de Voichita no le es indiferente, pues no sólo la dedicación absoluta le roba el tiempo de estar juntas, sino que ya no podrán, como antaño, dormir juntas. ¿Un viejo amor? Tal vez, pero lo que empieza siendo una posible crisis de celos deriva en un brote psicótico, o algo peor: una intromisión del demonio en el cuerpo de una criatura huérfana.

La profesionalidad de Mungiu es incuestionable: sus planos secuencia y sus encuadres son virtuosos, y su bravura como director es evidente cuando frente a todos estos elementos su drama resulta verosímil. Si bien es cierto que Mungiu no juzga a sus personajes, ya que de fondo lo que sucede aquí es un homicidio metafísico, Mungiu sí juzga con contundencia el mundo en el que vivimos: la Tierra es un descampado de crueldad, un lugar roñoso que ni siquiera la religión puede conjurar. La pesadez metafísica recompensa.

***

Fango

Las películas argentinas podrían haber ganado tanto en la competencia oficial como en la competencia latinoamericana. El impenetrable, La forma exacta de las islas, La música acallada, El ojo del tiburón, cuatro documentales muy distintos entre sí, bien podrían haberse llevado premios; hubiera sido justo, y si no sucedió (excepto por El impenetrable, de Daniele Incalcaterra y Fausta Quatrini, un notable trabajo sobre el concepto de propiedad que se llevó el premio del público) fue por cuestiones circunscriptas al gusto de los respectivos jurados. La solidez de esas películas es incuestionable.

Por otra parte, en la competencia nacional, más allá del premio obtenido por un filme de género como Hermanos de sangre, de Daniel de la Vega, una película que trabaja sobre un costado perverso de la amistad en clave cómica, hubo títulos destacados como Huellas, Me perdí hace una semana, Calles de la memoria, entre otros. Y aquí, una vez más, el inimitable cineasta bonaerense José Celestino Campusano obtuvo el premio a mejor director de la competencia nacional. Su película Fango, como dijo uno de los jurados en algún momento, el influyente crítico de cine y programador estadounidense Scott Foundas, “es un verdadero ovni”.

Sucede que mientras Campusano cuenta la historia de dos grandes amigos que intentan formar una banda de “tango trash” (cruza de heavy metal vernáculo y el famoso género musical por el que reconocen a los argentinos en el mundo), Fango devela un mundo desconocido y pletórico de personajes inolvidables. Un buen sociólogo postulará una sociedad marginal pero la mirada del cineasta va un poco más allá; Campusano retrata un mundo complejo y una cultura incompatibles con las categorías burguesas para interpretarlos. Su cine es en sí una experiencia, y extraordinaria.

Secciones como “España Alterada” y “Postales del sur: nuevo cine coreano”, la consolidación de un cineasta como Campusano y una curación más exigente en las tres competencias, y en todas secciones indican que el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata está listo para dar un salto cualitativo y reconquistar su prestigio perdido. Falta ahora una decisión política y muy consciente por parte de sus últimos responsables.

Este texto fue publicado como balance de la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, por La voz del interior en el mes de noviembre 2012

Roger Koza / Copyleft 2012


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