Archivos de la categoría ‘Críticas breves’

CRITICAS BREVES (07): HOLY MOTORS

noviembre 27, 2012

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

Holy Motors, de Leos Carax, Francia, 2012 (****)

¿La película del año? Entre las cinco mejores, sin duda. Holy Motors, de Léos Carax (Los amantes de Pont-Neuf), con el protagónico de Denis Lavant, fue la película cinéfila del último festival de Cannes. Todos reconocían los guiños, y si bien para muchos acreditados la película podía parecer un delirio, era bastante evidente el subtexto: film sensible, libre y feliz sobre el cine como motor de los sueños y los deseos. Como en un sueño, justamente, un sujeto no identificado, interpretado por el propio Carax, encuentra una puerta mágica en su propia casa que lo conduce a una sala de cine. De allí en adelante habrá un corte imperceptible y Lavant tomará las riendas del relato como el señor Oscar. Varias situaciones inverosímiles conforman la película. Oscar viaja en una limusina que principalmente funciona como un camarín. Allí se disfraza, muta y sale a la calle con una misión. En un momento es “el hombre verde”, en otro un millonario, después un pordiosero, el padre de una adolescente, un matón, un bailarín ninja. Cada personaje remite a un género cinematográfico que se celebra, y el film no es otra cosa que un gran relato amoroso sobre el cine como motor de nuestras fantasías. Carax orquesta algunas secuencias inolvidables: aquel personaje espantoso del film Tokio reaparece. Ese engendro genético sin habla sale de las alcantarillas y arremete contra todo lo que encuentra. Pasará arriba de un ciego, correrá por las calles y llegará a una sesión de fotos en un cementerio (en una lápida se lee “Visite mi website” con la dirección incluida) donde una modelo está posando. Pasará de todo y el cierre de la secuencia parece una iconografía religiosa. Este episodio corresponde al cine de terror. También al comienzo Oscar se convertirá en un bailarín luminoso que baila en un cuarto oscuro; vemos sus movimientos extraordinarios como unos puntos de luz difuminados por un traje especial y espacial. En algún instante se incorporará una bailarina. Aquí estamos frente a ese género ultramoderno impreciso en el que el cine deviene en videojuego, pero el ballet futurista de Carax supera con creces la estética característica de esas propuestas y es también, paradójicamente, una evocación de la prehistoria del cine: ¿no se trata de ver el movimiento y estudiarlo como lo hizo Étienne Jules Marey? El último plano del film es una larga conversación entre automóviles, como si se tratara de Cars pero en versión no animada y para adultos. Al empezar los créditos finales se ve una foto de la bellísima actriz, recientemente fallecida, Yekaterina Golubeva. Es mucho más que una dedicatoria, como lo sugiere el último episodio, un musical en el que una azafata salta desde la terraza de un edificio. Hay películas que nos recuerdan que el cine todavía puede reinventarse, devenir, mutar. Tabú, Like Someone in Love y Holy Motors son tres ejemplos recientes.

Este texto fue publicado en La maleta, diario del Festival Internacional de Cine de Valdivia, durante octubre de 2012. 

Roger Koza / Copyleft 2012

SEMANA DEL 12 AL 18/11 EN EL CINECLUB

noviembre 12, 2012

LA CUMBRE: EN EL CINE LUIS BERTI, BELGRANO 470

14 de noviembre, a las 20.30hs:

El día que él llega, de Hong Sang-soo, Corea del Sur, 2011

79’ / +13

Cortometraje, a las 20.10hs: La morte rouge (32′), de Víctor Erice, España, 2006

Pocos directores consiguen trabajar temas tan poco triviales como el deseo, la (in)comunicación entre hombres y mujeres, la contingencia de todas las cosas y la repetición de la vida cotidiana en un registro liviano y ocasionalmente humorístico. El maestro surcoreano Hong vuelve a demostrar todo su talento a partir de una anécdota: un director de cine llamado Yoo Sungjoon regresa a Seúl y visita a su amigo Youngho. Se encontrarán e irán a un bar. Hablar y beber son marcas registradas del cine de Hong, y no pasará mucho más, aparentemente. A partir de ese mínimo motor narrativo, Hong insiste en las variaciones de ese hecho menor pero placentero al que se suman cuatro mujeres (la dueña del bar, una vieja amiga de los dos amigos, una amante y una actriz) y tres estudiantes de cine. Como suele suceder en Hong, los veloces zooms funcionan como reencuadres en vivo de la escena en desarrollo e indican a su vez una variación en el curso de la conversación, que suele estar focalizada en dos tópicos: el poder de la descripción de un otro sobre uno mismo y la falibilidad e inexactitud de toda descripción, a pesar de sus efectos sobre el yo, y el carácter azaroso de todos los hechos que se concatenan en nuestra vida cotidiana: no hay ningún motivo secreto detrás de nuestros actos; tampoco hay grandes certezas sobre quiénes somos. Lo genial es que los postulados filosóficos de Hong no se enuncian sólo en palabras sino a través de la naturaleza de los vínculos y el juego de variaciones con el que trabaja las escenas. (Roger Koza)

27 FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE MAR DEL PLATA: LA IMPERDIBLE

noviembre 7, 2012

VIDA EN SOMBRAS, DE LORENZO LLOBET GRÀCIA, ESPAÑA, 1949

Los festivales tienen la obligación de programar películas nuevas, pero a veces también incluyen películas secretas, títulos intempestivos o, simplemente, películas eternas, como Vida en sombras. La única película de Lorenzo Llobet-Gràcia, protagonizada por el gran Fernando Fernán Gómez (por razones dramáticas, canalizando físicamente a Laurence Oliver) es uno de los pocos films que revelan el sentido de la cinefilia: la vida y el cine se yuxtaponen, como en Primer plano, Innisfree o La vida útil.

Un niño nacerá en plena función de una película en una feria a principios del siglo XX. Se llamará Carlos y su vida estará signada por el cine: lo amará en su niñez, de adulto escribirá sobre cine, y hasta filmará. En cierto momento, por una desgracia, vida y cine se enfrentarán, pero, viendo Rebeca de Hitchcock, Carlos conjurará la oposición.

En este film en el que se enuncia precozmente la famosa política de los autores el cine captura los devenires históricos y políticos, sirve para descubrir el mundo y convoca materialmente a los fantasmas de quienes hemos amado. (Roger Koza)

CRÍTICAS BREVES (06): 24 CITY

octubre 22, 2012

*** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

Ciudad 24, de Jia Zhang-ke, China, 2008 (***)

Este soberbio y conmovedor documental, de uno de los grandes maestros del cine contemporáneo y figura rutilante de la Sexta Generación del cine chino, no es otra cosa que un intento de retener la memoria histórica y política de un tiempo ya acontecido (la China maoísta) en el discurso y experiencia de sus protagonistas (los obreros de una fábrica). El traspaso de las tierras de la vieja fábrica 420 de Chengdu, alguna vez centro de fabricaciones militares en donde trabajaban 30.000 operarios, ahora plataforma de un futuro complejo privado habitacional moderno, le sirve al “sismógrafo” Jia para documentar la instauración de un nuevo estilo de vida. “El socialismo chino como experimento ha concluido en su costado económico”, dice el director y agrega: “Lo que estoy enfrentando es la memoria de aquel experimento y los modos en los que afectó la vida de los trabajadores”. Mientras los entrevistados (la mayoría ex-operarios de la fábrica) reviven oralmente la Historia, Jia registra la demolición paulatina de una arquitectura cuyos cimientos son manuscritos indirectos de otro tiempo. El devenir capitalista de China se percibe tanto en las trasmutaciones edilicias como en la conducta de sus personajes, sobre todo en quienes pretenden ser entrevistados pero que en realidad son actores reconocidos interpretando a hijos de operarios. Joan Chen, por ejemplo, encarna a una mujer soltera de Shangai cuyo apodo coincide con el nombre de un personaje de un film interpretado por la misma Chen. Jia filma los espacios como entes animados; la música revela el ánimo de distintos períodos (cuerdas para el pasado, música electrónica para el presente); los rostros y los cuerpos expresan un código lejano. Así, los planos iniciales en los que se ven los rostros de cientos de operarios en una ceremonia denotan los vestigios del colectivismo de antaño; los planos finales en los que la figura de Zhao Tao prevalece son su respuesta dialéctica: el rostro de esa mujer de negocios condensa un fenómeno reciente, el individualismo extremo, una modalidad de subjetividad inimaginable en tiempos en los que el bienestar personal (y privatizado) detenía la marcha de la Historia.

Roger Koza / Copyleft 2012

(Hoy a las 20.30hs se podrá ver en Cinéfilo Bar, Bv San Juan 1020)

CRÍTICAS BREVES (05): LA CASA

septiembre 20, 2012

*** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

La casa, de Gustavo Fontán, Argentina, 2012 (****)

En La casa, última película de la trilogía de Gustavo Fontán sobre su casa paterna en Banfield, el director no sólo consigue plasmar el crepúsculo de ese espacio familiar, plagado de recuerdos y todavía habitado por tenues fantasmas que parecen despedir la casa, sino que se dispone a filmar sin vacilación alguna la destrucción total de ese refugio y perímetro de auxilio. Es difícil describir el poder material y persuasivo de los planos cinematográficos de La casa. ¿Es un documental sobre espectros? ¿Se trata de una poesía fílmica, tan melancólica como fetichista, acerca de los ladrillos como últimos vestigios de una historia familiar pretérita? No hay duda de que La casa es un filme-trance: el movimiento perpetuo de sus imágenes y el hipnotismo sonoro de su banda de sonido funcionan como una experiencia sensorial incesante. La luz sobre los pisos y las paredes, los vidrios y sus reflejos, los objetos que conservan historias se yuxtaponen en una imagen total de un espacio viviente, de tal modo que Fontán parece estar filmando al unísono todas las memorias de quienes han transitado ese recinto. Allí pasaron niños, viejas y nuevas familias, jóvenes y ancianos. Y llegará el final: las grúas derrumban la vieja casa de barrio, demuelen el rastro de la memoria. Un árbol será el único sobreviviente, junto con su contraplano secreto: la cámara que filma.

Roger Koza / Copyleft 2012

LAS ENTREVISTAS DEL BAFICI (03): LUQUE Y MEDINA, LOS INDEPENDIENTES MEDITERRÁNEOS

abril 17, 2012

Por Roger Koza

Las dos películas cordobesas que participan de la competencia oficial argentina del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI), sin duda uno de los 10 festivales clave del cine contemporáneo, son producciones absolutamente independientes. Salsipuedes, de Mariano Luque, que a pesar de su austero presupuesto pasó recientemente por la Berlinale, y El espacio entre los dos, de Nadir Medina, cuyo costo es del orden de lo impensable para cualquier productor, grande o pequeño, son películas que representan muy bien al cine independiente realizado en la provincia, una vía ostensible del llamado Nuevo Cine Cordobés.

Como sucedió primero con Criada, de Matías Herrera Córdoba, y luego con Yatasto, de Hermes Paralluelo, que pasaron por el BAFICI en el 2009 y en el 2011 respectivamente, la presencia de Salsipuedes y El espacio entre los dos confirma no sólo el excelente momento que vive el cine cordobés sino una renovación general detrás de las cámaras: Medina tiene 22 años y Luque 26.

Salsipuedes circunscribe su relato a la violencia familiar (como en su excelente cortometraje Secundario). Un campamento en el bosque, una mujer, su esposo y parte de la familia. El rostro de la protagonista funciona como prueba: los golpes maquillan perversamente, los cómplices también lo hacen. El espacio entre los dos resulta casi una anécdota: tres amigos de la infancia, ya adolescentes, tienen una banda de rock. Malena y Pablo están en pareja; ella toca el bajo y canta, él es el baterista. El otro en cuestión es Tomás, el guitarrista. Se quieren, se cuidan, aunque es evidente que a Tomás lo incomoda la relación sentimental de sus amigos de toda la vida. El filme simplemente registra el concierto casero y algunas horas posteriores. Aparentemente, no pasa nada, excepto un potencial conflicto afectivo. Pero Medina parece interesado en otra cosa. Su película habla más bien de un limbo transitorio, de ese momento en el que los jóvenes sienten que un mundo inmenso está por abrirse y nada será igual.

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EL JOVEN LUQUE

Roger Koza: Después de Cannes y Berlinnale, ¿qué expectativa tenés en el BAFICI?

Mariano Luque: Me pone muy contento participar del BAFICI; es un festival al que valoro mucho porque suele tener películas con propuestas arriesgadas. Se ocupa del cine que no llega a exhibirse en salas comerciales y es opacado por las películas industriales y de entretenimiento. He asistido las veces que he podido; además de las proyecciones, también es un gran marco de encuentro que da la posibilidad de debatir y reflexionar sobre el cine como búsqueda artística. Ir por primera vez con una película es muy emocionante. Serán las primeras presentaciones públicas en Argentina, tengo mucha intriga cuál será la recepción local.

RK: ¿Cómo fue la recepción en Alemania?

ML: El estreno se hizo en una sala hermosa e histórica que está en el museo del cine de Berlín; para nuestra sorpresa estaba repleta y luego de la proyección, las instancias de charla y debate fueron muy interesantes. La gente se quedaba a dialogar demostrando curiosidad; es muy estimulante encontrarse con interpretaciones que uno ni siquiera había pensado, es como si revivieran a la película en diferentes sentidos. Además de las devoluciones sobre los criterios estéticos, había un particular interés alemán por el modo en el que se relacionan los personajes, la cantidad de matices de insultos y bromas amigables, o los constantes comentarios irónicos que existen en algunos diálogos. Fueron 4 funciones públicas en cines que se ubican en diferentes puntos de la ciudad, unas salas increíbles; toda la organización del festival es impecable, los que trabajan allí fueron muy cálidos y amables.

RK: ¿A qué se debe el interés de los festivales por tu película?

ML: No sabría responder esta pregunta, los procesos de selección son completamente subjetivos y por lo general, los programadores intentan tener cierta coherencia o tratan de elegir un grupo de películas que dialoguen sobre algún aspecto en común, por lo tanto es bastante azaroso e incierto. Los comentarios o devoluciones que hemos recibido de los programadores han sido variados, con diferentes puntos de vista, dando su foco de atención en aspectos diversos.

RK: ¿Cómo fue tu experiencia en Cannes? ¿Qué fue lo más importante?

ML: Fue una experiencia muy linda y excitante; es un festival muy grande e intenso que cuesta un par de días poder adaptarse, pero se disfruta muchísimo. Además de lo placentero, es una instancia de legitimación sobre un largo proceso de trabajo y se intentaron aprovechar las posibilidades al máximo. Uno tiene la posibilidad de conocer, compartir y hablar de películas o proyectos con personas de muchísimas partes del mundo. También fue muy emocionante presenciar los estrenos de películas de directores que admiro mucho.

Cuando se proyectó Salsipuedes, ocurrió algo que me llamó mucho la atención: en el público había grupos de personas de diferentes partes del mundo, y según lo que sucedía en las escenas se escuchaban reacciones muy marcadas en diferentes sectores de la sala. Sobre algunas secuencias, recibimos interpretaciones variadas, fue muy interesante.

Además de una mayor exposición a la película en particular, creo que la finalidad o lo que se trata de perseguir, mediante estas instancias, es la continuidad. Poder seguir haciendo cine. Es un privilegio poder participar en festivales y mostrar la película terminada, pero estoy mucho más interesado y entusiasmado en el trabajo con nuevos proyectos.

RK: ¿En qué ha cambiado Salsipuedes?

ML: Entre el primer rodaje y el segundo de Salsipuedes hubo un intermedio de un año casi exacto. Durante ese año probé muchísimas formas de montar la película. Intenté separarlo lo más posible del guión o las intenciones previas; terminan siendo más interesantes los descubrimientos sobre lo que uno no esperaba. Al editar se hace más palpable o evidente una búsqueda que en el guión es muy incierta. En el segundo rodaje se aprovecharon estas certezas, se agregaron nuevas escenas con la intención de matizar en forma más rica y ambigua el carácter o el perfil de los personajes. Por suerte el equipo y los actores estuvieron dispuestos a ese segundo rodaje. He podido continuar y concluir algunos descubrimientos formales que no habían sido planificados y que sólo se pudieron ver en el montaje. Por ejemplo, el equipo de foto, Natalia König, José Benassi, Keila Santaella y Sebastián Messana, durante el rodaje habían tomado la iniciativa de filmar muchos planos de paisajes en el bosque. Durante la primer edición descubrimos que la armonía de la naturaleza en estas tomas funcionaron como una contraposición a la presencia imperfecta y violenta de los personajes, generando una complejidad más interesante.

RK: ¿Con qué presupuesto filmaste la película?

Con un presupuesto muy acotado. Es una película independiente realizada en formato digital con el aporte de todos los integrantes del equipo. Hemos recibido apoyos de diferentes instituciones, pero todo se ha hecho de una manera muy austera.

RK: Tus dos películas más conocidas giran en torno a un tipo específico de violencia: ¿a qué se debe?

ML: No ha sido una preocupación consciente de antemano, en mi caso no me gusta trabajar a partir de un tema como punto de partida. Uno tiene algunas certezas temáticas y estéticas de lo que quiere hacer al principio y las va profundizando o deshaciendo durante el proceso de trabajo. Ese proceso es bastante colectivo, en la construcción de la película están las opiniones de colegas y amigos.

El guión y la idea del corto Secundario ha sido coescrita con el realizador local Juan Bianchini.  Sobre el trabajo narrativo de Salsipuedes he recibido una gran ayuda de Julia Rotondi, Ricardo Ryser, Alejandro Cozza e Iván Fund. En ambos casos hay una huella de agresión física como punto de partida, pero el tratamiento principal es en torno a una violencia doméstica que ocurre de forma implícita. La idea fue intentar plasmar un tipo de violencia escondida y naturalizada, donde el mecanismo de agresión es más verbal que físico y los límites son algo difusos. Los conflictos son sostenidos por los personajes con actitudes de complicidad e hipocresía. Me es más atractivo esto que trabajar sobre un tipo de violencia explícita, donde la evidencia es directa y no hay muchas vueltas que darle. Pienso en la violencia que se ve comúnmente en las películas de perfil más comercial, sobre todo las de Hollywood, donde hay grandes carnicerías y pasan como si nada, como una distracción pasajera e hipócrita. Está tan banalizado que resulta una burla. Las formas son tan artificiosas y espectaculares que uno lo ve como algo ajeno y no pasa más allá del efecto momentáneo. La idea también fue intentar algo que sea todo lo contrario a eso.

RK: Tus películas tiene un rasgo distintivo: no hay plano-contraplano, seguís a menudo a tus personajes desde atrás y priorizas el plano secuencia; son rasgos autorales fuertes. ¿De dónde provienen esas decisiones? ¿Cómo llegás a tomar un camino formal tan evidente y personal?

ML: Las decisiones formales que se ven en el resultado final también tienen causas colectivas generadas durante el proceso de realización. En lo personal, además de las influencias cinematográficas, también le doy mucha importancia al arte plástico, historietas y dibujos. En la plástica uno tiene que sintetizar todo lo que quiere expresar en una imagen, me gusta intentar tomar esta premisa al hacer un plano, darle esa validez en el sentido espacial y temporal. Tratar de que la mirada no sea únicamente una herramienta funcional al relato. Que sea evidente que el plano está escondiendo otras cosas y el sonido sea quien termina narrando. Me interesa tomar decisiones en base a la experimentación, que exista una búsqueda incierta que justifique lo que estoy haciendo. Disfruto más del proceso que del resultado. El resultado termina siendo un registro concreto de lo que se pudo o no  legar a hacer, para compartirlo, aprender, etcétera, pero principalmente para dar con nuevas preocupaciones o búsquedas. Más allá de que uno experimente algo que ya lo hizo un tipo hace 50 años (está claro que es difícil inventar algo nuevo), esa búsqueda siempre es personal y particular. Muchas veces reniego con el cine porque soy muy ansioso en ese sentido; hacer una película implica un tiempo de trabajo muy largo y uno tiene que mantener una decisión estética durante uno o dos años hasta poder terminarla y presentarla. Un tipo que es dibujante puede descubrir que antes de finalizar un dibujo, necesita hacer otro nuevo porque lo que ha hecho hace instantes le resulta viejo. No tiene más que agarrar otra hoja y listo. Lamentablemente con el cine, por lo general, esta posibilidad es muy difícil que suceda. Entonces al presentar un trabajo terminado, además de la alegría de haber llegado, creo que también existe como una especie de liberación de todas esas decisiones formales para afrontar o escapar hacia otras nuevas.

RK: ¿Qué están filmando?

ML: En este momento estoy filmando de a pedacitos una película codirigida con un amigo. Vamos planeando, filmando y editando sobre la marcha porque tenemos cerca a las protagonistas. No hay un tiempo asignado de rodaje, estamos muy entusiasmados y es interesante lo que va surgiendo. Además estoy en la etapa de desarrollo de un guión nuevo que quisiera filmar el año que viene.

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EL JOVEN MEDINA

RK: Tres personajes unidos por un pasado común y un presente musical (una banda de rock). Lo que filmás es casi una anécdota, pero el modo de contarla implica, para quien mira, ser testigo de tres vidas, todavía pletóricas de posibilidades. ¿Cómo llegaste a concebir El espacio entre los dos?

Nadir Medina: El espacio entre los dos surge como guión allá por marzo del 2011, pero hacia bastante tiempo que tenia la historia dando vueltas en la cabeza. Más que la historia, tenía imágenes e inquietudes. Sabía que quería hacer una película que retratara ese momento específico por el cual estaba transitando, ese cúmulo de sensaciones y estados que significa dejar la adolescencia y hacerse cargo de la vida. En definitiva, tomar decisiones. Así que, desde ese punto de vista, surge como una necesidad, como una búsqueda personal. Además de eso, había cosas puntuales que quería contar: la amistad y el amor, y cómo, en cierto modo, la sexualidad, los miedos, la conciencia social de un pueblo, la música, la cotidianeidad, llegan a moldear el interior de una persona. Ahí surgen los tres personajes y la intención de contar el ida y vuelta en su relación. De ahí también el nombre: El espacio entre los dos. La intención era contar ese espacio, ese aire que existe entre las personas que tienen una relación ya sea de amistad o de cualquier índole, y que se construye desde lo invisible, desde lo que no se dice, desde lo que se siente.

El modo de llevar todo esto a una ficción fue contarla desde un lugar que me es propio: la de unos pibes que tienen una banda de rock, que comparten todo lo que eso implica, y que viven en un pueblo que te da la libertad de convertirlo en tu propio mundo. Y sobre esa base, construir este triangulo sentimental entre los personajes, que te permite descubrirlos como personas y acompañarlos en este viaje interno hacia el mediodía de, posiblemente, un domingo cualquiera.

RK: Tu película pertenece a una suerte de tradición minoritaria del cine independiente global, si se quiere expresarlo así, un cine que se ocupa de una franja acotada de tiempo en la vida de sus personajes, todos jóvenes, una especie de limbo momentáneo, un tiempo de suspensión en el que el adolescente que ya no es adolescente todavía no es tampoco un adulto; filmes como Glue y Tilva Ros, por citar dos ejemplos extremos. ¿Cómo sitúas El espacio entre los dos?

NM: Es cierto que la película se podría incluir dentro de ese grupo al cual yo le suelo denominar “películas paréntesis”, porque roban un instante en la vida de los personajes para mostrártelo. Pasa sobretodo en este tipo de historias, que hablan sobre la adolescencia y que en inglés suelen llamar “coming of age tale”, en donde todo es urgente y efímero. Aunque en general, esas películas hablan de una iniciación, sobretodo del despertar sexual. Yo quería evitar eso; no deseaba narrar una experiencia iniciática sino hablar de un estado de los personajes, de los sentimientos, y poder así construir un relato que indague sobre la sexualidad sin hablar de sexo, y que hable de la amistad y el amor como base de las relaciones humanas. Por ahí la veo más cerca de Somers Town o de Funny Ha Ha, si bien son propuestas muy diferentes, que de Glue (a Tilva Ros no la vi, así que no puedo hablar de ella).

RK: La caracterización de los tres personajes dista de ser negativa o pesimista, un lugar común a la hora de pensar sobre los jóvenes de hoy. Son personajes que afirman sus vidas. ¿Esto es azaroso o responde a una perspectiva tuya respecto de la generación que retratás?

NM: En ese aspecto había una decisión muy marcada: quería retratar una juventud con futuro. El cine argentino de los últimos años, sobre todo del Nuevo Cine Argentino, nos muestra a los adolescentes perdidos en si mismos, sin saber a dónde ir, incluso de un modo bastante nostálgico. Y creo que eso es una característica muy relacionada con la década del ‘90 y el pensamiento de esa época. Yo crecí y desarrollé mi pensamiento crítico después de la crisis del 2001, en donde la juventud se reconcilia, por decirlo de algún modo, con la utopia. Vuelve a ocupar un rol central en la sociedad, vuelve a pensar en el futuro y a trabajar activamente sobre eso. Algo que se ve sobretodo en la participación política como método de construcción social.

Creo que es un rasgo característico de mi generación y era algo que me interesaba mucho reflejar en la película. Si bien no es un film político, más bien esta muy lejos de serlo, creo que construye un discurso sobre la realidad de muchos jóvenes de hoy en día. Es algo muy sutil, pero creo que les da una identidad muy marcada a los personajes.

RK: La película prácticamente no presenta grandes conflictos, excepto uno, el que se anuncia desde el inicio y es de orden afectivo, pero que elegís suavizarlo hasta su disolución. ¿A qué se debe esta elección y qué crees que el film obtiene a elegir esta operación dramática?

NM: Plantear un gran conflicto, de esos “vida contra muerte o buenos contra malos”, era traicionar lo que en realidad quería contar. De todas formas hay un conflicto que lleva la historia adelante, que son esos sentimientos encontrados de Tomas entre la atracción, el amor y la amistad. Pero son sentimientos ocultos, entonces la trama se construye sobre esa clave, va implícita en todo lo que no se dice en palabras, en las miradas, en los gestos. Hay una evolución en el personaje que termina disolviendo ese conflicto porque creo que era la única manera en que podía “resolverse”. En la realidad las cosas nunca se solucionan del todo, y en la gran mayoría de las veces ni siquiera se solucionan. No hay un gran final para los problemas, como te lo quiere pintar el cine de Hollywood. No todo es vida o muerte, hay cosas que hay que dejarlas seguir y ni siquiera hay que entenderlas. Creo que esto le da una coherencia a la película con relación a lo que propone: el conflicto viene de antes y probablemente siga mucho después; y lo que vemos es una mañana en la vida de los tres chicos, en un momento muy particular para ellos.

RK: La música juega un papel fundamental en la película. ¿Por qué elegiste literalmente incluir varios temas musicales que funcionan como un extraño musical sin interrumpir el tiempo del relato? Tenías un riesgo: convertir algunas escenas en un clip, y no sucedió.

NM: En la vida de los personajes, la música funciona como un motor. Entonces surge ese tema, ¿Cómo hablar de la música, de la fuerza que tiene, de lo que construye, sin serle infiel, sin dejarla como un mero adorno? Lo que encontré fue eso: incluir partes musicales, en donde la música sean canciones enteras y que no funcionen como un elemento extradiegético que subraye un estado anímico o dramático, sino que sea un ente con autonomía, en cierto modo un personaje más. Sabia que era un riesgo, sobretodo porque podía desestructurar el relato, sacarte de la historia. Por eso buscamos que se integraran, que fueran como un respiro en donde el conflicto desaparece y emerge eso que genera el hacer música, la unión y la amistad, y que sumara a la construcción de la historia y de los personajes. Por eso también la progresión cronológica dentro de los mismos. Tuvimos la suerte de encontrarnos con las canciones de Francisco Kreiman, que es el hermano de uno de los actores, Gustavo, que interpreta a Tomas. Apenas las escuché sabía que era justo lo que la película necesitaba. Probablemente con otra música, todo hubiera sido otra cosa.

RK: Hay algo transgresor en el tiempo de duración de las escenas. El personaje de Tomás en un momento se esconde primero y luego descansa en un techo. Es una escena que expresa una gran libertad, una tipo de espera en un supuesto tiempo muerto que no responde a la ortodoxia narrativa. ¿Cómo pensaste los cortes y la duración? ¿Fue algo que supiste desde un inicio o fue un descubrimiento en el y del montaje?

NM: Había mucho pensado de antemano. Sabía que las escenas tenían que tener una duración justa para que funcionaran, sobretodo la del baño y la del techo, y que si había cortes tenían que ser muy precisos. Ya había algo de eso en el guión que se fue cimentando con los ensayos, al ver como los actores se manejaban en el espacio. De todas formas fuimos descubriendo los tiempos justos en todo el proceso. En el rodaje surgían cosas inesperadas que se fueron aprovechando, y al llegar al montaje, terminaron imponiéndose por si solas. La etapa de montaje fue crucial, porque había muchas opciones, así que fuimos haciendo varias pruebas y charlándolas en conjunto, hasta que encontramos lo que nos parecía lo mejor para la película.

El espacio es bastante acotado en el film: una casa y el recorrido de una calle. Aún así, el film transmite movimiento. Esto en ocasiones está vinculado a una predilección del plano secuencia. ¿Cómo trabajaste entonces la relación entre el espacio y los actores? Hay una escena inicial que denota una precisa idea de puesta en escena; me refiero a la de Tomás en el baño.

Siempre pensé la peli como una especie de road movie interna de Tomas, en donde sus sentimientos van y vuelven, están en movimiento constantemente. Pero todas las acciones se resuelven en muy pocos escenarios, y con los personajes bastante estáticos, charlando entre ellos tres, o cuando Tomas esta solo, siempre se mueve en un espacio reducido. Entonces surgió la necesidad de trasladar ese dinamismo a la puesta de cámara, en mano, con un foco que va y vuelve, que busca las reacciones constantemente. La elección de los planos secuencias fue una decisión dramática. En la escena del baño, Tomas revela su crisis en silencio, aislado en esa especie de refugio momentáneo. Hacerla por cortes, en varias tomas, probablemente hubiera agregado un dramatismo innecesario, o por el contrario, hubiera roto esa sensación que genera la actuación. El plano secuencia cumple esa función, busca darle la libertad a los actores de construir el drama por si mismos.

RK: ¿Cómo elegiste a los actores y cómo fue el proceso de dirigirlos, ya que la película depende casi exclusivamente de ellos?

NM: Hicimos un par de castings, pero muy reducidos, a 10 o 12 actores nada más. De ahí, hicimos una segunda instancia en donde los probamos a los tres juntos, para ver cómo funcionaban. A Santiago lo conozco hace mucho, es un gran actor y un gran amigo. A Florencia me la habían recomendado mucho, además ya la había visto en varios cortos y me había gustado, tiene una naturalidad y una espontaneidad que iba perfecto para el personaje de Malena. A Gustavo lo conocí en el primer casting, y apenas hizo la prueba, sabia que era él. Nunca probamos a nadie más en el papel de Tomas.

Elegir a los actores era fundamental, porque la película son ellos, y si fallaban, no había película. Cuando los definimos, empezamos a ensayar. Ensayamos muchísimo, casi tres meses, en donde reescribimos prácticamente todos los textos del guión en conjunto. Reescribir es una forma de decir, porque en realidad nunca lo trasladamos a papel. Nos basamos en la confianza entre nosotros, en la relación de amistad que surgió en los ensayos y en la profesionalidad con  que cada uno encaró el proyecto. Si bien todo estaba muy ensayado y había muchas marcaciones, siempre dejamos espacio a la improvisación, siempre sabiendo hacia donde iban las escenas para no perder el rumbo. Incluso hay una escena que no ensayamos nunca, cuando ellos están por entrar al jardín de infantes, y que la armaron ellos solos. Yo la vi por primera vez cuando la filmamos. Fue una propuesta de ellos que me pareció buenísima. Nos jugamos a esa, confiamos siempre en la capacidad del otro, lo cual para mi era muy importante dado que es mi primera película.

RK: ¿Fue una película muy costosa?

NM: No estoy seguro de cuanto gastamos realmente, pero no fueron más de 15 mil pesos en total, y la mayor parte de esa plata surgió de una campaña de crowd funding medio casera (la Campaña Amistosa) que hicimos a través de Facebook y del boca en boca, en donde se sumó muchísima gente aportando plata, desde 10 pesos hasta 500.

Si bien era un proyecto bastante caro porque teníamos que trasladarnos a Río Ceballos varios días, la preproducción fue importantísima y conseguimos muchas cosas y muchos apoyos. El equipo técnico y los actores no cobraron nada, y los equipos de cámara y luces fueron prestados. El proyecto había empezado como algo muy chiquito y fue creciendo, se fue sumando gente, aportando trabajo, equipos y fuerza. Terminamos siendo un equipo técnico de más de 20 personas, todos confiando en el proyecto y pensándolo como propio. Eso fue algo fundamental: todos los que formaron parte se adueñaron de la película y la hicieron propia. Todas excelentes personas y grandes profesionales. Creo que en parte la película tiene ese espíritu colectivo. Lo disfrutamos muchísimo, y siento que eso se nota cuando ves la película.

RK: ¿Cuánto tiempo llevó el rodaje y cuánto tiempo el montaje?

NM: Filmamos en dos etapas: todos los exteriores en Río Ceballos, en el mes de Septiembre durante 5 días. Ahí frenamos, nos reacomodamos, e hicimos los interiores en Córdoba, en un fin de semana de Noviembre. En total fueron 7 días de rodaje. El montaje fue mucho más largo, porque al haber filmado a dos cámaras, había muchas formas de montarlo, así que fuimos probando muchísimas opciones hasta tener el corte final, a mediados de febrero.

RK: ¿Qué cine te interesa?

NM: No se si hay un cine en particular que me interese, creo que me gusta el cine como arte en general, y como espacio de discusión. Creo mucho en las películas por si mismas, más que en los géneros, estilos o procedencias. Es cierto que hay películas que me gustan más que otras, eso es indudable y es una cuestión de gustos. Me interesa mucho el cine argentino, las películas de Lisandro Alonso, Ezequiel Acuña, Santiago Loza, Albertina Carri, Anahí Berneri, Mariano Llinás, Pablo Fendrik, la película de Paula Markovich, la de Santiago Mitre. El Nuevo Cine Rumano me parece impecable, las películas de los hermanos Dardenne, de Gus Van Sant, las dos pelis de Xavier Dolan, Morir como un hombre de Rodrigues,  Funny Ha Ha de Bujalsky. Siento que me olvido de un montón de nombres, pero hacer un listado siempre es odioso a los recuerdos del momento.

Si estoy seguro de que hay un tipo de películas que no me gusta, y son esas en que se banaliza el contenido, sin búsquedas reales, que no piensan ni se piensan a si mismas, y que solamente se conciben como un producto de entretenimiento que genera ganancias, y que termina teniendo una bajada de línea lava mentes. Creo que en el cine como genero discursivo, generador de contenidos sociales y artísticos, y creo en el cine que se hace cargo de eso, y que de una o otra forma aportan una mirada sobre el mundo, ya sea puntual o general, extremadamente personal o sumamente universal.

RK: ¿Cómo ves tu película en el contexto del llamado Nuevo cine cordobés?

NM: Creo que se suma desde la variedad. Si hay algo que se le puede atribuir a este “encasillamiento” dentro del Nuevo Cine Cordobés, es su diversidad. El espacio entre los dos, a mi entender, no comparte ni una temática ni un estilo con las demás producciones locales, aunque en realidad creo que ninguna lo hace. Son todas películas muy diferentes, pero que dialogan entre si desde nuestra identidad como cordobeses, y creo que ahí esta lo importante y lo trascendental. Hablar de cine cordobés como un bloque es probablemente más atribuible a una cuestión de producción, que busca potenciar las películas bajo un concepto de explosión y descubrimiento. Pero es indiscutible que se están haciendo películas a las cuales se le puede decir “cordobesas” con todas las letras y sin dudarlo. El cine cordobés es una realidad, las películas lo demuestran, habrá que ver cómo se perpetúan en el tiempo, y ahí es en donde nosotros como realizadores tenemos el compromiso de decir “presente”.

Ambas entrevistas fueron publicadas en otras versiones por el diario La voz del interior durante el mes de abril 2012

Roger Koza / Copyleft 2012

CRÍTICAS BREVES (05)

marzo 14, 2012

*** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

George Washigton, David Gordon Green, EE.UU., 2000 (***)

George Washington es la soberbia ópera prima de David Gordon Green. En este filme hipnótico y desconcertante, socialmente apocalíptico y a la vez discretamente utópico, el relato casi cubista que propone Green sobre la vida cotidiana de varios adolescentes afroamericanos en algún pueblo no identificado de Carolina del Norte no es precisamente una postal del sueño americano, ni mucho menos del famoso sueño de Martin Luther King. Es la América de Bush padre, como se indica en dos ocasiones mediante un retrato fotográfico. En el filme de Gordon, Estados Unidos parece literalmente un país en ruinas y sus criaturas meros sobrevivientes de un mundo desolado. El nudo narrativo pasa por un accidente y la muerte de un adolescente (escena extraordinaria). La paradoja es que no se trata de un filme oscuro y nihilista: la interacción entre blancos y negros y el amor visible y creíble entre los jóvenes funcionan como un contraste dialéctico entre los paisajes y los vínculos. El lirismo de Green y sus decisiones formales remiten al primer Malick, de tal modo que hablar de cierto esplendor visual y poético no es un firulete retórico: se lo puede verificar en cada fotograma.

Hoy, a las 21hs se proyecta en Cinéfilo Bar, Bv. San Juan 1020, miércoles 14, a las 21hs.

CRÍTICAS BREVES (04)

enero 9, 2012

*** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

Cuatro muertes y ningún entierro / A film with Me in It, de Ian Fitzgibbon, Irlanda, 2008 (*)

Comedia menor, previsible en sus cálculos humorísticos, a veces sugerente, y probablemente un pasatiempo aceptable, según el estándar de exigencia con el que se la mire, Cuatro muertes y ningún entierro pertenece al club de la comedia de habla inglesa, en este caso irlandesa, en donde el humor negro y la suspensión de la moral articulan situaciones complejas en clave irrisoria. Mark tiene un hermano en estado vegetativo y duerme en su cuarto. Es actor, más bien un desocupado, que insiste legítimamente en su profesión. El plano de apertura, tal vez la mejor secuencia del filme, consiste en esa humillación sistemática conocida por los actores que jamás ven el lado luminoso de su carrera: el casting. La entrevista es civilizadamente salvaje. Mark vive con Pierce, un director de cine, guionista y “a veces camarero”, al menos así se presenta en una reunión de alcohólicos anónimos, en donde no explicita su compulsión por el juego. Mark, además, tiene una novia y un perro. En algún momento habrá un accidente. El perro será el primero, y de allí en adelante los cuatro muertos del título en español se irán acumulando en la casa de Mark, hogar poco dulce que parece literalmente una casa inteligente y asesina. En menos de una hora, Mark y Pierce serán potencialmente sospechosos y, por las circunstancias de los accidentes, la culpabilidad parecerá más factible que la inocencia. ¿Cómo eludir la evidencia? El título en inglés es A Film with Me in It, algo así como “Una película en la que estoy”. Por momentos, Ian Fitzgibbon y Mark Doherty (guionista y quien además interpreta a Mark) parecen sugerir que un modo de conjurar y ordenar los accidentes recae en una especie de instinto de ficción. Ése será el método de escape, aunque las conductas de los personajes, si se las interroga a fondo y más allá de cierta inverosimilitud, lo que no es necesariamente incompatible con la ficción, insinúan un narcisismo light que araña en algún caso la psicopatología. Pero estos señalamientos son improcedentes cuando se trata de una comedia que no aprovecha del todo sus premisas y se contenta con ser agradable y, en sus propios términos, correcta.

Las canciones del amor / Les chansons de l’amour, de Christophe Honoré, Francia, 2007 (***)

La quinta película de Honoré está en sintonía con los legisladores del congreso nacional cuando un mes atrás se dieron cuentan de que el amor es pluralista, y de que la voluptuosidad no es un yerro de la naturaleza. Libre, existencialista y ligera, Las canciones del amor empieza con un ménage à trois romántico: Ismaël, Julie y Alice viven juntos, o están experimentando una relación amorosa compartida. En un travelling elegante pueden verse los títulos de los libros que están leyendo antes de dormir: “La felicidad perfecta”, “Placeres voluptuosos”, “Política”. Son tres títulos que de algún modo explicitan el espíritu del film. Un accidente inesperado cambiará los vínculos, y entre el luto y la reparación, siempre acompañado por la familia de quien ha dejado de existir, Isamël proseguirá con los dictados de su deseo, y no tomará el camino más ortodoxo. Pero Las canciones del amor es antes que nada un musical, que está en consonancia con la Nouvelle Vague: si el final parece un homenaje actualizado a Una mujer es una mujer, de Godard, Louis Garrel luce como un doble perfecto de Jean-Pierre Leaud y las calles de París no parecen haber cambiado mucho después de 60 años. Honoré se obliga a destituir la convención del videoclip: un fundido encadenado entre un primer plano de Ludivine Sagnier y un plano general de Garrel caminando es el ejemplo más extremo, aunque el logro ostensible del film descansa en el hilo secreto que une a sus personajes: el amor, la generosidad y solidaridad entre ellos es casi una utopía.

La cueva de los sueños olvidados / The Cave of Forgotten Dreams, de Werner Herzog, EE.UU-Francia-Canadá-Reino Unido-Alemania, 2011 (***)

Una decisión precisa y clave: el plano inicial de la extraordinaria La cueva de los sueños olvidados es un travelling hacia adelante sobre un viñedo. Al ser un filme en 3D, la decisión formal no debe pasar desapercibida. Las imágenes no saldrán de la pantalla; somos nosotros quienes debemos ingresar al plano. El genial y mítico director de Fitzcarraldo y Un maldito policía de Nueva Orleans elige el camino menos transitado en el uso del cine estereoscópico: las imágenes no deben venir hacia nosotros, pues la experiencia hiperreal comporta otro secreto y otra naturaleza. La especialidad de Herzog ha sido siempre los límites de la civilización. En este caso, el director que más ha hecho por vincular el cine a la aventura filosófica, más que explorar los límites, se encuentra con los orígenes de la civilización. En esta cueva descubierta en 1994 en el sur de Francia por tres exploradores, entre ellos Jean-Marie Chauvet, yacía, en las profundidades, una suerte de museo paleolítico. Hallar pinturas y restos fósiles de más de 30.000 años no es otra cosa que un milagro arqueológico y un pasadizo alucinatorio entre el pasado remoto y el presente. Si la filosofía nació del asombro, aquí eso se constata no sólo con el intelecto sino con la totalidad de los sentidos. El 3D, en manos de Herzog, es casi una experiencia táctil. Precisamente, la experiencia tridimensional es la única forma de adentrarse en la cueva y reproducir, más que representar, la experiencia de pasear por ella. Dado que el ingreso a la cueva está prohibido por razones científicas, Herzog reconoce su responsabilidad histórica: democratizar el privilegio de mirar no sólo la obra de los primeros artistas sino incluso el origen del cine y la invención del alma humana. Es casi imposible ser indiferente ante los caballos, rinocerontes, leones y huellas dactilares pintados en la roca. Herzog interpretará en esas imágenes y representaciones un deseo de movimiento. Es cine prehistórico. Pero este viaje en el espacio y el tiempo excede totalmente la genealogía de un arte específico, pues se trata de un acontecimiento cósmico y un periplo empírico sobre el origen (simbólico) de nuestra especie.

Roger Koza / Copyleft 2012

CRÍTICAS BREVES (03)

diciembre 10, 2011

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Koza

Poesía para el alma / Shi, de Lee Chang-dong, Corea del Sur, 2010 (****): 

Es comprensible que se crea que el lenguaje sirve esencialmente para comunicar. Noción pragmática, concepción incuestionable del sentido común: hablamos y escribimos sólo para entendernos. Pero el lenguaje es algo más. Determina nuestra experiencia de estar en el mundo, define secretamente nuestra percepción y nuestra relación con las cosas, constituye quiénes somos. No es extraño entonces que Poesía para el alma, originalmente “Shi” (sólo “Poesía”), se articule filosóficamente a propósito de dos situaciones: una mujer de 66 años empieza a olvidar algunos términos. Su médico no tardará en decirle el nombre de su problema: Alzheimer. Al mismo tiempo, Mija, que trabaja de asistente de un discapacitado de su misma edad, se anotará en un curso de poesía. La doctrina elemental de su profesor se sintetiza así: “Para escribir poesía hay que ver. Lo más importante en la vida es saber ver”. No son sólo las palabras del maestro, también expresan la concepción de Lee Chang-dong, el cineasta contemporáneo más importante de Corea del Sur. En efecto, para ver (y hacer) cine hay que aprender a ver. El plano inicial combina serenidad y espanto: sobre las tranquilas aguas de un río viene flotando un cadáver. En menos de 10 minutos, Lee orquestará situaciones, eventos y detalles: la progresiva enfermedad de Mija, el nieto enajenado que vive con ella, su paciente, el suicidio de una adolescente, la madre de la adolescente, la investigación policial están finamente urdidos en la trama desde el comienzo. Un ejemplo: no es casual que “cartera” sea una de las primeras palabras olvidadas por Mija. Sociología imperceptible pero señalamiento lúcido: la relación con el dinero atraviesa la conducta de todos los personajes, de lo que se predica una mirada crítica sobre la sociedad coreana. La sentencia de Hölderlin “poéticamente el hombre habita sobre la tierra” alcanzará su magnificencia en los últimos 7 minutos. Dos voces “leerán” una poesía. Dado que el lenguaje puede ser música, Lee jamás impone emociones a través de una banda de sonido. Las palabras y las imágenes son casi siempre suficientes, hasta pueden materializar un fantasma y conjurar su tristeza.

Las acacias, de Pablo Giorgelli, Argentina-España, 2011 (***):

El plano general en contrapicado sobre un bosque de acacias abre la película de Pablo Giorgelli. El plano final es un sostenido primer plano sobre el rostro de uno de sus protagonistas, un camionero, que suele viajar desde Paraguay llevando troncos de ese árbol magnífico y noble. Los 80 minutos entre un plano y otro son discretamente extraordinarios. Del inicio al final, se podrá verificar la mutación silenciosa de Rubén, el solitario conductor de esta road movie, transformación jamás subrayada, siempre sugerida y, fundamentalmente, involuntaria. Serán una mujer paraguaya y su hija de 5 meses los motivos y estímulos de su cambio. Respondiendo sin mucha convicción al pedido de un amigo, Rubén llevará a Jacinta y Anahí a Buenos Aires. En un par de días de viaje, la cabina de su viejo Scania anaranjado se transfigurará en un heterodoxo escenario amoroso. Las acacias limita su acción a una tarea casi científica: detectar y seguir el nacimiento de los sentimientos. Giorgelli demuestra que es posible filmar la ternura sin efectos especiales. Nada de música, pocas palabras: se trata de esperar el gesto amoroso y la invisible vibración afectiva que se erige en el espacio que va de un cuerpo al otro y los afecta. Así, ni siquiera los paisajes distraen, excepto, quizás, aquel en el que los tres protagonistas descansan frente a un río. Notable proeza: la dignidad de una mujer, la carencia afectiva de un hombre y la mera existencia de una bebé alcanzan para hacer buen cine.

Una misión en la vida / The Human Resources Manager, de Eran Riklis, Israel-Alemania-Francia-Rumania, 2010 (*): 

La ganadora del premio del público en el festival de Locarno 2010 tiene un arranque poderoso: Yulia, inmigrante de algún país ex comunista de Europa del Este (no se especifica, pero es Rumania) y empleada extranjera de una empresa panadera en Jerusalén, muere en un atentado suicida. Un cheque la vincula con la compañía, lo que lleva a un periodista a publicar una historia sobre el maltrato de las empresas con los extranjeros. El director del departamento de Recursos Humanos intentará frenar la arremetida amarillista y terminará involucrado con el destino de los restos de la víctima en un viaje a través de la tierra de la difunta acompañado de su hijo adolescente. Algunas secuencias formalmente interesantes y elementos iniciales de la trama, como cuando el gerente entiende las razones del despido de Yulia, o el registro general de la vida cotidiana de Jerusalén, van desdibujándose a medida que el relato avanza. La transformación de un drama sugestivo en una comedia picaresca, que intenta ser una crítica de la burocracia y una alegoría sobre la condición errante del pueblo judío, todo matizado por el humanismo elemental característico del cine de Riklis, no alcanza para redimir un guión descabellado poblado de lugares comunes y estereotipos

Todas las críticas fueron publicada por La voz del interior entre noviembre y diciembre 2011

Copyleft 2011 / Roger Koza

CRÍTICAS BREVES (2)

marzo 20, 2011

**** Obra maestra  ***Hay que verla  **Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

http://www.leercine.com.ar/image_custom/notas/amigos-con-derechos.jpgAmigos con derechosNo Strings Attached, de Ivan Reitman, EE.UU., 2010 (**): el secreto de esta comedia romántica sobre la transferencia amorosa, sin por esto desestimar la legítima posibilidad de que un hombre y una mujer (u otras combinaciones posibles) puedan disfrutar de tener sexo sin constituir una pareja, consiste en una excelente combinación entre un guión sólido y una puesta en escena inteligente. Aquí, los personajes parecen personas, las locaciones de Los Ángeles lugares reales, a pesar del artificio edilicio de esa ciudad espectáculo. Desde adolescentes, Adam (Ashton Kutcher, quien parece ser un Kevin Costner de su generación, es decir, un actor clásico que los supuestos grandes intérpretes salidos de la fábrica gestual del Actors Studio), un escritor que trabaja como asistente de dirección en una serie televisiva, y Emma (Natalie Portman, en otro papel sufrido pero con matices e instantes de placer, es decir, más una neurótica que una psicótica en tutú como en El cisne negro), una médica exigente, se gustan, pero pasarán muchos años hasta que finalmente empiecen primero a acostarse y después a enamorarse. Ivan Reitman y Elizabeth Meriwheter asumen las premisas del género en clave contemporánea, y si bien los clisés característicos están presentes (la consagración del romance, una boda, un funeral, amigos compinches, y la familia como una institución omnipresente), el director y la guionista le imponen al relato una madurez poco frecuente en la construcción de los sentimientos y el vínculo entre los personajes, sin apelar al conservadurismo típico en donde el sexo se ordena en función del amor; esencialmente, Amigos con derechos es una película libertaria, y el retrato de la psicología femenina es más complejo de lo que parece. El excelente gag sobre un remixado de temas musicales que directa e indirectamente sugieren el período menstrual es un brebaje sonoro ideal para conjurar la truculenta oda de Arjona al sangrado mensual del supuesto sexo débil.

http://www.cinefreaks.com.ar/archivos_remotos/arch_400/4070_foto_the_next_three_days_320-0.jpg Sólo tres días, de Paul Haggis, EE.UU., 2010 (*): este thriller esencialmente ridículo se predica de una forzada escena pasajera en donde Russell Crowe, antes de devenir en una suerte de detective, ejerciendo como profesor de literatura expone el nudo problemático del Quijote en torno a cómo ciertas circunstancias nos llevan a la irracionalidad, aunque el comportamiento y las decisiones del personaje de Crowe, más que irracionales, son casi sin excepción inverosímiles. ¿Qué tal un profesor de literatura a los tiros con unos dealers en los suburbios de Pittsburgh? El amor lo puede todo, se dirá, aunque la moraleja del film es que en Internet se puede aprender de todo, desde hacer llaves maestras hasta abrir autos con pelotitas de tenis. Tras una secuencia inicial en la que se establece el conflicto (el malestar de la mujer de Crowe, Lara, interpretada por Elizabeth Banks), una dulce escena familiar con el único vástago de la familia tiene lugar. Es un instante de amor puro interrumpido por un allanamiento policial violento anticipado por un piloto con sangre. Lara irá presa, y toda la evidencia confirmará su culpabilidad. Tras varias apelaciones, la decisión de Crowe es liberar a su mujer en sus propios términos, y bien le servirán los sabios consejos de un Houdini penitenciario encarnado por Liam Neeson. El apóstata de la Cientología, también guionista y director, Paul Haggis suele apostar por la tragedia y las situaciones límite para hilvanar sus historias con pretensiones existencialistas. Como en todo drama penitenciario, la simpatía por la fuga de un inocente es atravesada por el suspenso de saber si logrará o no escapar, y es aquí donde la imaginación de Haggis resulta esquemática y acomodaticia. Musicalizada hasta el hartazgo y exorcizada la trama de toda ambigüedad para evitar cualquier gris moral, excepto si se trata de matar drogadictos, el destino final del héroe y su familia ni siquiera admite una lectura irónica o, en su defecto, ser interpretado como chiste político.

http://www.tvperu.gob.pe/noticias/images/stories/miscelnea/sanctum040211.jpgSanctum, de Alister Grierson, EE.UU-Australia, 2011 (°): este filme clase B, inspirado en un evento real, y que remite un poco a El abismo, una vieja película de James Cameron (que aquí oficia de productor ejecutivo, y de argumento de marketing), consigue lo imposible: convertir un filme de aventuras en unas cuevas subterráneas de Nueva Guinea (que parecen de la peor utilería), entre buzos y exploradores de otros mundos, en un insignificante drama filial en donde un padre dedicado a expediciones varias y su hijo, enojado con su progenitor por sus ausencias y distancias, intentarán sobrevivir junto a otros miembros del equipo de investigación, después de que un temporal los deje atrapados a miles de metros bajo tierra mientras paulatinamente el río inunda el lugar. “Confía en la cueva, sigue el río” es el mantra paterno, lo que cifra la esperanza de encontrar en ese laberinto acuático una salida al mar. Psicología berreta y poesía utilitaria, pues ni siquiera la repetición de algunos versos de “Kubla Khan” de Coleridge alcanza para remediar la fealdad de las cuevas, el poco ingenio para filmar en espacios reducidos y utilizar a favor los pocos planos abiertos, la grotesca profundidad psicológica de los personajes y los conflictos ilógicos que surgen a medida que el peligro difuso acecha, ya que en este ecosistema los animales, las plantas, e incluso los extraterrestres brillan por su ausencia.

Copyleft 2011 / Roger Alan Koza


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