Archivos de la categoría ‘Estrenos en DVD’

EL CINE DE LAURENT CANTET

Septiembre 23, 2009

Por Roger Alan Koza

Si un hipotético alienígena quisiera saber algo sobre nuestra especie, un medio privilegiado para ver cómo vivimos sería el cine. Los docentes, a menudo, saben muy bien que una película puede facilitar el proceso de comprensión de sus alumnos. En efecto, una película puede zanjar la distancia entre un concepto y una práctica social.

No necesariamente es el documental el género paradigmático para explorar nuestro mundo. Las ficciones, en ocasiones, son más poderosas. Un caso es el cine de Laurent Cantet, que gira en torno a la actividad que por excelencia, conscientemente o no, define parte de nuestra vida: el trabajo. Sus películas exploran las transformaciones del mundo laboral en nuestro tiempo.

Su ópera prima Recursos humanos (1999), precedida de dos cortometrajes y un mediometraje muy sugestivo llamado Los sanguinarios (1997), es un estudio conmovedor sobre cómo los nuevos paradigmas del managment y las políticas que se desprenden de esos saberes supuestamente orientados a la eficiencia y la participación del personal afectan la intimidad de los trabajadores y la vida familiar. En este caso, Cantet puntualiza el conflicto a través del vínculo de un padre y su hijo. El primero, operario veterano de una fábrica de provincia; el segundo, un pasante llegado de París en el departamento de recursos humanos cuya misión es despedir a varios empleados entre los que está su padre.

recursos_hEl empleo del tiempo (2001), su segunda película, es todavía más temible y fascinante. Un hombre es despedido de su empresa y vive 7 meses desempleado sin que su familia se entere y fingiendo, a su vez, que ahora trabaja para las Naciones Unidas, lo que lo obliga a viajar regularmente a una sede de la institución en Suiza. Inspirado ligeramente en un caso real, con reminiscencias del magistral cuento de Hawthorne Wakefield, Cantet utiliza el caso de Vincent, su protagonista, como una metáfora del trabajo (abstracto e invisible) en la era de la globalización, algo que su incomprendida tercera película, Bienvenidos al paraíso (2005), también visualizaba a propósito de la genealogía del turismo sexual como parte de la economía global.

Cantet obtuvo recientemente la palma de oro en Cannes 2008 por Entre los muros, un filme lúcido y lucido sobre la institución educativa en clave micropolítica: la vida de un aula no solamente es la reproducción muticultural de la vida contemporánea de Francia y un claro ejemplo del complejo trabajo de los docentes, sino también una exposición indirecta sobre el desfase histórico entre una concepción de educación pretérita y los estilos de vida de los educandos.

El cine de Cantet, accesible y actual, sintetiza un rasgo difuso pero esencial de la vida contemporánea. Sus películas sugieren que el trabajo ha cambiado de tal forma que ya no es un territorio firme para saber quiénes somos.

Fotos: 1) Cantet; 2) Recursos humanos.

Nota: este artículo fue publicado en La Voz del Interior durante el mes de junio a propósito de la salida en DVD de Recursos Humanos, El empleo del tiempo y Entre los muros.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA

ESTRENOS EN DVD (5)

Septiembre 12, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

ESTRENOS EN DVD (5)

VALS CON BASHIR /WALT WITH BASHIR, ARI FOLMAN, ISRAEL, 2008 (****)

vals-con-bashirEs una vergüenza que Vals con Bashir no se haya estrenado en salas. Después de su estreno mundial en el festival de Cannes 2008, esta película necesaria y lúcida sobre la esencia del conflicto entre palestinos y judíos no dejó de cosechar elogios y provocar debates. Quizás si hubiera ganado el Oscar a la mejor película extranjera, premio que obtuvo la japonesa Departures (otro hecho vergonzoso), el público hubiera tenido la oportunidad de descubrir esta obra maestra en la pantalla grande. Las grandes películas no merecen un destino plasma.

Este soberbio y heterodoxo documental animado sobre la primera guerra del Líbano (1982) no solamente constituye un triunfo sobre el glamour militarista sino que además es un discreto y eficiente señalamiento crítico contra la política exterior (e interior) del Estado de Israel. Como en otras películas israelíes como Z 32, de Avi Mograbi, y Beaufort, de Joseph Cedar, la mirada impía y sin concesiones se desmarca del frecuente antisemitismo solapado característico de los enemigos acérrimos del estado más problemático del siglo XX.

Visceralmente antibélica y formalmente psicodélica, Vals con Bashir es un tratado pop sobre el funcionamiento de la memoria y la propensión a la represión de los recuerdos, es decir, un estudio acerca de los efectos traumáticos derivados de una situación y acción vergonzosas y dolorosas sobre el psiquismo personal y colectivo. Aquí, Ari Folman, director del filme, que participó en su juventud en las masacres de Sabra y Shatila (después del asesinato del líder cristiano Bashir Gemayel, aliado de los israelíes), dibuja su doble animado. Folman no recuerda y, asistido por un psicoanalista amigo, emprende un periplo de reconstrucción del pasado visitando a viejos amigos y compañeros del ejército.

Es que la memoria es colectiva, y la película se nutre de esos fragmentos que devuelven lo no simbolizable, aquello que se resiste a ser pensado. Lo reprimido siempre vuelve, aquí, principalmente, como sueños: unos perros corriendo por Tel Aviv, un hombrecito que flota sobre el cuerpo de una sirena, y una reiterada escena en la que unos hombres desnudos salen del mar. La animación aliviana la narración, pero Folman jamás protege al espectador, sin por esto agredirlo o hacerlo partícipe de una orgía castrense.

Vals con Bashir es precisa: la neutralidad no existe en el campo de batalla; décadas atrás alguien “olvidó” a los judíos, décadas después alguien decidió “mirar” la masacre contra palestinos.

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JUEGO SÁDICOS / FUNNY GAMES, US, MICHAEL HANEKE, EE.UU., 2007 (**)

JUEGOS_SADICOS_POSTER“Es un caballo de Troya”, decía Haneke sobre Juegos sádicos, respondiendo a una pregunta sobre la naturaleza de esta remake obsesiva y prácticamente idéntica a otro filme de su autoría, Funny Games (1998). Metáfora bélica direccionada al corazón de Hollywood, el enemigo estético y político que Haneke ha tenido en su mira durante años. En efecto, su ingreso a la capital del imperio audiovisual exhibe un objetivo preciso: destruir (y deconstruir) en sus propios términos la lógica de un cine que excede al entretenimiento. Hollywood, en su diagnóstico, naturaliza la violencia; el espectador aprende, se entrena, acepta. Una pedagogía del embrutecimiento.

Juegos sádicos es narrativamente sencilla: dos jóvenes arios vestidos como golfistas se meten en la casa de una familia norteamericana de clase alta. Papá, mamá y el vástago de la familia están de vacaciones en su casa junto a un lago. No navegarán, ni descansarán, más bien serán sistemáticamente aterrorizados. Matarlos es la última etapa del juego, pero lo que importa es el camino, no el destino.

Los personajes de Juegos sádicos podrían ser los nietos del mítico Alex de La naranja mecánica. Son exponentes, acaso un axioma que condensa una cultura. Haneke sugiere que se trata de una cultura en la que existe una circularidad entre la ficción y la realidad, de tal modo que el ejercicio de la violencia es prácticamente un capricho narrativo. En algún momento, el “golfista” interpretado por Michael Pitt rebobinará, literalmente, la película.

Si bien es la película menos lograda de Haneke, la precisión de su puesta en escena es reconocible: la tortura física queda siempre fuera de campo, los planos son extensos y simétricos, las convenciones del género son transgredidas.

Más que una película, Juegos sádicos es un experimento sociológico cuyo cobayo es su audiencia. La película funciona como un test sobre las expectativas de quien mira esperando ver otro episodio de El juego del miedo. Se vende como una película de tortura, pero los rehenes de este juego macabro son sus espectadores. En otras palabras, no podrán ni disfrutar, ni desesperar ante la tortura ajena, sino que serán inducidos a pensar por qué han elegido consumir la tortura como entretenimiento. Autoconsciente, el filme da su respuesta en un pasaje clave en el que uno de los personajes pregunta a su captor: “¿Por qué no nos mata?” La respuesta es una tesis: “No debes olvidar la importancia del entretenimiento”.

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MAL EJEMPLO / ROLE MODELS, DAVID WEIN, EE.UU., 2008 (**)

mal%20ejemploEn un pasaje clave y sorprendente, el personaje interpretado por Seann William Scott, prototipo de la vulgaridad estadounidense, le explica a un preadolescente negro casi inadaptado y sexópata en potencia el origen y secreto hermenéutico de la banda Kiss: “Son cuatro tipos muy inteligentes. Son unos judíos que nacieron en Nueva York y cantan y se maquillan para conseguir chicas: ¡y todas sus canciones son sobre c…!”. El púber responde: “Creí que los judíos no cantaban eso”. Una película con una línea semejante no puede flotar en la insignificancia.

Aquí, dos adultos, uno sarcástico (Paul Rudd, también guionista) y el otro grosero (W. Scott), tienen que elegir entre ir a la cárcel por un mes o servir 150 horas a la comunidad. Danny (Rudd) y Wheeler (Scott) trabajan hace años como promotores de una bebida energizante y suelen visitar las secundarias disuadiendo de tomar drogas al alumnado. En vez de estupefacientes, la propuesta es beber “orina nuclear de caballos a 6 dólares la lata”. Es un trabajo alienante: Danny lo sabe pero lo acepta resignado. Es así que, tras un impulsivo momento de entusiasmo seguido por un sentimiento de furia, el cáustico Danny habrá de perder su trabajo, su licencia de conducir y su novia, comprometiendo a su amigo en una causa penal sin mucha importancia.

Sentenciados a participar de un programa social en donde los adultos deben acompañar a niños y preadolescentes solitarios cuyos padres no pueden hacerse cargo, Wheeler velará por un niño obsesionado con los pechos de las mujeres y Danny tendrá a su cargo a un nerd fanático de Tolkien. En ese intercambio intergeneracional, Kiss y El señor de los anillos habrán de comportar un código común por medio del cual grandes y chicos se enfrentan al desamparo, un sentimiento que desconoce estadios de crecimiento.

Políticamente incorrecta y secretamente humanista, la película de Wein es un buen ejemplo tanto de las patologías de una sociedad consumida por el consumo y el kitsch como de las expresiones culturales que les conceden a sus miembros algún consuelo cotidiano, incluso un sentido más allá del craso materialismo. Es por eso que debajo de los disfraces medievales y rockeros palpita un tipo de nobleza a contracorriente de una sociedad hechizada por su opulencia.

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MIL AÑOS DE ORACIÓN / A THOUSAND YEARS OF GOOD PRAYERS, WAYNE WANG, EE.UU., 2007 (*)

200809180710_01292800-pelicula-mil-anos-de-oracionEl nombre Wayne Wang puede sonar extraño, hasta quizás pueda asociarse con el personaje principal de Kung Fu, pero Wang fue el director (y Paul Auster el guionista) de Cigarros, aquel hit de la década del ’90, ese tiempo pretérito en el que se inscribía en nuestro vocabulario el término ‘cine independiente’.

Cuando Wayne no hace cine por encargo, sus películas parecen circunscribirse a la intimidad de sus personajes y a cómo éstos se permiten o no expresar aquello que les es más reservado y valioso. En Mil años de oración, cuyo título se explica en el relato y expone el milagro de que dos sujetos puedan volverse íntimos, Wang se concentra sobre los vínculos parentales y las diferencias culturales: un padre se reencuentra tras doce años con su hija; él vive en China, ella en alguna ciudad de Estados Unidos. La ascética bienvenida en el aeropuerto denota una distancia que excede el territorio.

La aculturación de la primogénita es evidente. Vive y piensa como una estadounidense, mientras que su padre, un viejo comunista convencido aunque no enceguecido (“el comunismo no es malo… Está en malas manos”), intenta descifrar la conducta de su hija recién divorciada para así poder ayudarla. En sus tiempos libres, el padre cocina, pasea, lee y observa. Desde su ventana, descubre el país de la libertad, y en sus caminatas construirá una amistad con una mujer iraní.

Los mejores momentos de Mil años de oración transcurren, precisamente, en el banco de una plaza mientras la iraní, que ama a los EE. UU., conversa, ocasionalmente en inglés y casi siempre en farsi y mandarín, con el comunista, que ama a su hija. En efecto, este casi aceptable drama familiar, que por momentos remite al cine de Ozu, pletórico de planos generales y medios extensos, aunque a veces suavizados por una tenue melodía de piano, sugiere que la identidad depende de la pertenencia lingüística, fenómeno que toda migración radicaliza.

En una escena clave, en donde habrá varias revelaciones, la hija dice: “Si creces con un lenguaje en el cual nunca aprendiste a expresar tus sentimientos, se vuelve más fácil aprender un lenguaje nuevo. Te convierte en alguien nuevo”. Un dilema que en el cine se duplica y que para Wang no es ajeno: ¿cómo filmar en un país desconocido, cómo hacer que el plano cinematográfico deje de “hablar” en inglés?

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LA CIUDAD DE EMBER / CITY OF EMBER, GIL KENAN, EE.UU., 2008 (*)

Gil Kenan, director de la interesante película animada Monster House (2006), no consigue llevar adelante esta fantasía civilizatoria en la que un grupo de sobrevivientes de la humanidad vive bajo tierra sin saber que el mundo experimentó hace 200 años una catástrofe. Los ciudadanos de Ember tienen sus mitos, su gobierno y un particular sistema de división social del trabajo llamado “el día de la asignación”, y enfrentan un problema energético que pone en riesgo su supervivencia. Dos jóvenes intuyen que existe una salida. Esta aventura, que remite por momentos a Brazil de Gilliam, aunque en una versión infantilizada y victoriana, es narrativamente estéril y mecánica, solamente digerible por su asombroso diseño de arte, pues ni siquiera Bill Murray, Martin Landau y Tim Robbins pueden redimir la insipidez de un relato a la deriva.

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UN PAPÁ MUY PODEROSO /SWING VOTE, JOSHUA MICAHEL STERN, EE.UU., 2008 (*)

Este filme menor dirigido por Joshua Michael Stern y protagonizado por el siempre injustamente devaluado Kevin Costner es una fábula política y una cabal exposición del imaginario estadounidense en toda su “inocencia”, que bien remite a los clásicos de Frank Capra. Un ex músico y actual empleado de una fábrica en un pueblo perdido de Nueva México apenas puede cuidar a su hija. Más bien es ella la que lo cuida a él, incluso vota por él. Un pequeño accidente en el cuarto oscuro convertirá a Costner en el votante que decidirá el futuro presidente de los Estados Unidos, lo que implicará una campaña exclusiva de seducción por parte de los candidatos dirigida a este borracho bonachón. Es una lástima que el material adicional de Gativideo no proporcione mayor información: las entrevistas a Stern y Costner están recortadas, y el “Detrás de escena” no está lejos de ser un tráiler heterodoxo con algunas opiniones de los protagonistas. El legendario Dennis Hopper, que interpreta al candidato demócrata, dice: “Es muy divertida, pero a la vez es muy seria. Es un enfoque interesante hacia los políticos”. No hay duda de que el filme demuestra el divorcio entre cualquier posicionamiento ideológico y la conquista del poder, aunque finalmente hay una apuesta utópica. Como dice Stern: “El mensaje de la película es que cada voto cuenta. Cada uno de los involucrados en el proceso cuenta”. Milagro de la democracia representativa, una superstición que sostiene todo un sistema.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

Esta crítica fue publicada en otra versión por el diario La Voz del Interior en los meses de julio, agosto y septiembre de 2009

ESTRENOS EN DVD (4)

Julio 15, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

ÚLTIMA PARADA 174, BRUNO BARETTO, BRASIL, 2008. (*)

aff_227Los planos iniciales de la decimoctava película del director de Gabriela y Doña Flor y sus dos maridos, Bruno Barreto, son elocuentes: se ve un televisor en donde se transmite una de las tantas telenovelas brasileñas. Son actores caucásicos cuyos dramas pasionales no solamente son ridículos, sino obscenos. La cámara abandona el rectángulo catódico y se focaliza en una mujer que mientras fuma amamanta a su hijo. Es una casa humilde. Acusándola de adicta, un líder de una banda de las favelas se lleva a su hijo. La madre desolada sale a caminar. Barreto opta por un paneo horizontal de izquierda a derecha. Desde la favela el paisaje explicita la desigualdad. En efecto, la composición edilicia de Río de Janeiro es una evidencia sociológica: la riqueza está concentrada, la pobreza también. Es un buen inicio para un filme que pretende inspeccionar dramáticamente los antagonismos e injusticias de un país paradigmático de Latinoamérica.

El punto de partida de Barreto es la toma de rehenes por parte de un joven desesperado llamado Sandro en un colectivo de línea de Río de Janeiro, en junio del 2000. Acontecimiento mediático memorable: dos años más tarde, José Padilha realizó un documental sobre el caso, Bus 174.

Inspirado tanto por aquel suceso como por el documental, Barreto intenta reconstruir en clave de ficción la vida y el contexto del protagonista, aunque también presta atención a la supuesta madre del desposeído (Última parada 174 sugiere que la madre de Sandro quizás no era su madre). Sandro vivió casi toda su vida en la calle, tomó y vendió drogas, permaneció analfabeto, estuvo preso y quiso ser rapero. Ni el reencuentro con su madre, ni la ayuda de un asistente social de una ONG prototípica de los ’90, pudieron redimir los efectos que tiene un sistema socioeconómico sobre la constitución de la identidad de una criatura reducida a la supervivencia salvaje.

Última parada 174 no es una gran película, pero evita la estetización sinvergüenza del mundo marginal como ocurría en Ciudad de Dios, y también la mirada fascista de Tropa de elite, dos películas abominables sobre los destituidos ciudadanos de las favelas cariocas. Aquí, las calles y los personajes dotan de autenticidad a este relato esquemático y con algunos subrayados innecesarios, pero, finalmente, rescatable, pues Barreto dista de ser pretencioso y prescinde de los característicos golpes bajos del género.

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HERMANASTROS / STEP BROTHERS, ADAM MCKAY, EE.UU, 2008 (**)

step-brothers-poster-ferrel “Es en la familia en donde nuestra nación encuentra esperanza, y nuestros sueños tienen alas”. Parece la declaración de un mediocre filósofo chauvinista, o la sentencia de un poeta kitsch que ve en la patria una inspiración excluyente. La primera reacción del espectador puede ser de sospecha. Pero, tras unos segundos, se revela el autor: George W. Bush. Es un anuncio que condensa el espíritu de la comedia: doblegar el sentido común; deshacer, gentilmente, las expectativas y las creencias que resguardan el orden establecido. Toda gran comedia es una secreta denuncia sobre el estatuto de nuestras prácticas cotidianas.

El punto de partida de Hermanastros es la inverosímil situación de dos hombres de cuarenta años que todavía viven con sus padres: el comediante Will Ferrell y uno de los mejores actores secundarios de Hollywood: John C. Reilly. En una conferencia, el padre de uno y la madre del otro terminarán compartiendo una noche de pasión y una vergonzosa aunque común confesión: sus hijos, verdaderos adultos, todavía viven con ellos. De la cama al altar, se constituye una nueva familia. En un principio, los hermanos rivalizarán por todo, pero la convivencia y otros miembros de la familia habrán de unirlos inesperadamente. Infantiles y narcisistas, pero también auténticos y socialmente inadaptados, los hermanos confrontarán con todos aquellos que les demanden normalidad, en especial el padre, interpretado por el excelente Richard Jenkins. Así, la realización de un videoclip sellará el fin del consentimiento paterno.

Como sucedía en Napoleón Dinamita, Hermanastros exacerba la estupidez extrema de sus héroes, de tal modo que el contexto social parezca inteligente y los otros personajes representen el arquetipo de lo correcto y normal, hasta que paulatinamente ese modelo se trastoque en una imbecilidad irredimible. La persistencia en la irresponsabilidad por parte de los personajes de Ferrel y Reilly doblega, en el desenlace, toda una concepción respetable de cómo se debe vivir. Justo cuando parecen ser domesticados, el disparate prevalecerá: Ferrell canta ópera mientras Reilly toca la batería. Es el sonido de una rebeldía que ya ni siquiera los jóvenes parecen cultivar.

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EL BAÑO DEL PAPA, CÉSAR CHARLONE Y ENRIQUE FERNÁNDEZ, URUGUAY, 2007 (**)

Calurosamente recibida en el Festival de Cannes 2007, esta comedia ligeramente anticlerical y, por momentos, costumbrista, gira en torno a una visita del Papa Juan Pablo II a un remoto pueblo de Uruguay, en la frontera con Brasil. Es 1988, y el pueblo en su conjunto lo experimenta no sólo como un evento de fe, sino también como una oportunidad económica. Ésa es la lectura que hará Beto (César Troncoso), un simpático contrabandista menor, que montará un baño público para los miles de fieles que visitarán, hipotéticamente, el pueblo.

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AMOR EN LA NIEVE / SNOW CAKE, MARC EVANS, CANADA-REINO UNIDO, 2006 (°)

Drama predecible y supuestamente intimista, en el que un hombre, tras haber cumplido una condena penitenciaria, se ve involucrado en el destino fatal de una familia, después de tener un accidente automovilístico cuando viajaba junto a él la hija de una madre autista. Esta película de segunda categoría abrió el festival de Berlín en el 2006, probablemente porque Alan Rickman (el ex-convicto) y Sigourney Weaver (la progenitora) garantizaban cierto glamour. Pero lo único valioso de este telefilm con ribetes de autoayuda es la presencia de Carrie-Anne Moss (la Trinity de Matrix), quien interpreta a una vecina liberal de la damnificada; un alivio para el personaje de Rickman, y también para el público.

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RODNEY, DIEGO RAFECAS, ARGENTINA, 2009 (°)

Después de su sobrevaluada Un Buda, Diego Rafecas prosigue en su búsqueda metafísica con esta pieza de esoterismo trash, con toques de policial y retrato costumbrista, en la que un niño (índigo) de 10 años, espiritualmente avanzado, vive con su madre incapaz de sostener material y simbólicamente su vida. Todos los personajes que giran alrededor de su vida experimentan crisis diversas, aunque encuentran cierto sosiego en el bar que le da nombre a la película. Es un acierto que el director no juzgue a sus personajes, pero su crítica al materialismo secular se diluye en el último pasaje del filme, en donde el sustento de la vida espiritual yace en las bondades de un familiar millonario.

Todas las críticas fueron publicadas por el diario La Voz del Interior durante otoño 2009.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA

ESTRENOS EN DVD (3)

Junio 30, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

PELIGRO EN LA INTIMIDAD / BUG, WILLIAM FRIEDKIN, EE.UU., 2006 (***)

bug2Probablemente pocos reconozcan el nombre William Friedkin, pero todos conocen ese clásico de los ’70 llamado El exorcista, del que Friedkin es responsable. Cuando Peligro en la intimidad tuvo su estreno en la Quincena de los Realizadores en Cannes 2006, se decía que se trataba de otra alegoría política en clave de terror. Sea como fuere, la última película decepcionará a los consumidores de películas trash de terror y será objeto de placer para el cinéfilo que reconoce en este tipo de filme la firma de un autor.

El plano de apertura es inobjetablemente virtuoso: se ve Oklahoma a través de una panorámica aérea que finaliza en un motel miserable, escenario principal de la película. Habrá dos secuencias breves, una en un supermercado y otra en un bar, que darán respiro a un relato cuyo tema específico es la psicosis y que como tal reclama planos cerrados. El psicótico quiebra su vínculo con el mundo y la traducción estética de esto consiste en circunscribirse a espacios privados. Friedkin no solamente habrá de mostrar el funcionamiento psíquico de un paranoico, sino que hará palpable la desesperación persecutoria.

Una mujer llamada Agnes (Ashley Judd) ha perdido a su hijo hace años. Su ex acaba de salir de prisión, y en su ausencia ha trabajado en un bar lésbico y ahora sale con una compañera de trabajo. Su novia le presenta a un tal Peter, quien terminará durmiendo con Agnes. Este nuevo vínculo funcionará como un consuelo afectivo entre dos criaturas necesitadas de cariño. El problema es que Peter es un fugitivo esquizofrénico, quizás ex-combatiente en Irak, y cree haber sido objeto de experimentos científicos: de su interior emergen insectos y esto, “lógicamente”, está conectado con planes secretos de banqueros, políticos y altos ejecutivos. En el delirio paranoico todos los acontecimientos están ligados, un modo de razonar que lleva a Agnes, en su trauma irresuelto, a incluir la desaparición de su hijo.

Los últimos veinte minutos son inquietantes. Ver la racionalidad paranoica en acción es más temible que observar a cualquier monstruo o poder sobrenatural castigando a nuestra especie. En efecto, el verdadero terror es aquel cuya genealogía se localiza y se produce en el desconocido universo del cerebro.

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BIG BANG LOVE, TAKASHI MIIKE, JAPÓN, 2006 (***)

b6u714Takashi Miike fue el gran descubrimiento del BAFICI durante sus primeras ediciones. Se trataba de un director japonés cuyo nombre remitía al consagrado Takeshi Kitano, aunque el cine de Takashi iba más allá de la violencia y lirismo característicos del director de Flores de fuego. Las películas de Takashi eran inclasificables, impredecibles, hiperviolentas, divertidas, repulsivas. Dead or Alive parecía una típica de yakuzas (mafias japonesas), pero su prólogo de 7 minutos y su desenlace cósmicamente ridículo invitaban a sospechar que Takashi desconocía restricciones. Alguna vez dijo que el único límite que reconocía era hacer llorar a un niño frente a una cámara.

Big Bang Love, Juvenile A (el título en japonés se traduciría como El amor de 4.600 millones de años) es una de sus películas más herméticas y extrañas, y, sin duda, una obra muy personal. ¿Un filme de terror gay? ¿Una meditación darwinista sobre los vínculos amorosos? ¿Una lectura subversiva del género nipón carcelario de mujeres?

Filosóficamente sugestiva y formalmente vanguardista, la volátil narración de Big Bang Love gira en torno a un asesinato cometido en una celda del futuro. Shiro (Masanobu Ando) ha sido estrangulado, quizás por Jun (Ryuhei Matsuda), aunque no todo es lo que parece: ¿eran amantes? Más allá de todo erotismo, Jun y Shiro sí sabían compartir su soledad metafísica. Viajar al espacio o llegar al cielo (escalar una pirámide o despegar en una nave hacia el infinito), metáforas precisas que la película materializa. Habrá otros sospechosos: el director de una penitenciaria, otros reclusos, incluso hasta fuerzas no humanas.

La resolución del argumento, como suele decirse en el triste y reduccionista vocabulario con el que se habla de cine, poco importa. La belleza de Big Bang Love radica en su invitación sensorial y en su radicalismo estético, que revelan una experiencia del mundo que alude tanto a la lógica de los sueños como a un tipo de observación proclive a la entomología. Hay pasajes notables, como la danza inicial, los planos generales en la cárcel, la homogeneidad cromática de los colores, los intertítulos godarianos. El plano final del filme indica, poéticamente, que estamos mirando una especie, la nuestra, que la película caracteriza como un animal que sueña, relata, ama y mata.

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Las horas del verano / L’Heure de été, de Olivier Assayas, Francia, 2008 (***)

Esta pieza de cámara magistral de Olivier Assayas gira en torno al devenir de un grupo familiar, después de que el miembro más viejo del clan pasa a otra vida y una herencia, que involucra una casa e importantes obras de arte, redefine los vínculos de (y entre) los herederos. Los planos secuencia coreográficos de Assayas son admirables y evidencian una concepción del espacio cinematográfico. La película es una meditación sutil sobre cómo distintas generaciones valoran los objetos, las propiedades y el arte.  

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La duda / Doubt, de John Patrick Shanley, EE.UU., 2008. (*)

Este drama moral sobre la sospecha de una monja que dirige un colegio religioso de una parroquia en el Bronx, en 1964, respecto del cura de la institución, humaniza la concepción paradójica de un Dios que ama y que también imparte justicia y castiga. Quedará en la conciencia del espectador decidir si el cura interpretado por Seymour Hoffman es un pedófilo o un religioso amoroso que cuida especialmente del único alumno negro de la escuela. Lo que es indudable de este telefilm pletórico de dilemas morales y huérfano de ideas cinematográficas es que su ambigüedad corre a la par de su imprecisión narrativa.

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El curioso caso de Benjamin Button / The Curious Case of Benjamin Button, de David Fincher, EE.UU., 2008. (*)

Este bodrio simpático y rústicamente filosófico sobre la irreversibilidad del tiempo, basado en un breve cuento del gran Fitzgerald, no desacredita la interesante carrera del realizador David Fincher, que logra sacar a flote un par de secuencias notables, como aquella en donde se ve a unos soldados de combate vencer el paso del tiempo. La historia de un hombre que nace anciano y muere como infante es atravesada por la gran Historia del pueblo norteamericano. Otro protagonista del filme es el huracán Katrina, aunque la atención narrativa se circunscribe al intempestivo romance de Benjamin con una bailarina. 

Todos las críticas fueron publicadas por el diario La voz del Interior en el mes de junio 2009.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

ESTRENOS EN DVD (2)

Junio 3, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

FROST/NIXON, RON HOWARD, EE.UU., 2008 (**)

frost_nixon_ver2Días atrás un presidente argentino visitó un programa paródico de otro programa también paródico de la vida contemporánea. Llámese Gran Hermano o Gran Cuñado, lo cierto es que hace décadas que la política es un espectáculo, un show permanente en donde la distinción ficción y realidad es indiscernible. La naturalización de este espectáculo forma parte del menú del entretenimiento infinito del ciudadano devenido en televidente. La película dirigida por Ron Howard, Frost/Nixon revisita, indirectamente, la genealogía de este fenómeno: la política en la era de la imagen.

Basada en una pieza teatral de Peter Morgan, Frost/Nixon no solamente reproduce fragmentos de las cuatro míticas entrevistas de 90 minutos que el animador británico David Frost le hiciera, en mayo de 1977, al presidente Richard Nixon, el primero en renunciar a su cargo (tras el escándalo de Watergate), sino que imagina los entretelones del primer evento mediático en la materia. Aquí, la licencia poética consiste en una supuesta llamada telefónica que un Nixon borracho le hiciera a Frost, en la que nada particular se revela excepto la soledad del personaje, a pesar de que el llamado servirá para que Frost investigue un archivo que obligará a la confesión del mandatario: “Cuando un presidente lo hace, no es ilegal”. La resonancia actual de esa confidencia no necesita explicaciones.

Howard no es precisamente un director delicado. Su noción de polémica es pugilística. El set de televisión funciona como un cuadrilátero. Los argumentos son metáforas de una izquierda al mentón. ¿Nixon es Balboa? La trivialización acecha, pero se neutraliza en parte por la excelencia dramática de Langella en el papel de Nixon y por el texto original de las entrevistas, que aquí se reproduce en varias ocasiones.

1 millón de vietnamitas, 21.000 soldados norteamericanos son algunos “números” de los daños colaterales de la administración Nixon. Frost/Nixon como película política es estéril, pues su análisis no va más allá del sentido común. Pero el filme de Howard sí sugiere el poder de la televisión en la formación de la opinión pública. O cómo un primer plano de un hombre omnipotente se transfigura en una existencia vacua. No hay asesor de imagen que no lo sepa. Ver para creer, creer para votar.

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AURORA BOREAL /AURORA BORALIS, JAMES BURKE, EE.UU., 2006 (**)

AuroraBorealisUSDVDHay un adjetivo típico entre quienes programan películas en los festivales o entre los que escriben sobre ellas: películas pequeñas. Aurora boreal es un ejemplo paradigmático de esa descripción: como su protagonista, carece de grandes ambiciones; como todos sus personajes, destila honestidad. No se trata de un filme estéticamente inquieto, ni existencialmente complejo. Es prolijo en todos sus rubros y funciona bien como un relato sensible sobre los vínculos afectivos (familiares y amorosos). Su máximo atrevimiento es intuir que el deseo de vivir no es obligatorio; su observación más aguda pasa por describir cómo los hombres prefieren lo seguro en lugar de probar lo que desconocen pero intuyen, secretamente, como más valedero. Esta película de James Burke es una película menor, pero, debido a que no todos los hombres y mujeres aspiran a tener vidas extraordinarias, Aurora boreal cuenta una historia que le pertenece a una gran mayoría.

Una historia sencilla: Duncan (Joshua Jackson) tiene 25 años. Su padre, exitoso y adicto, ha muerto hace mucho. Su mundo ha sido siempre Minnesota: la lealtad con sus amigos y el acostumbramiento respecto de su entorno le permiten a Duncan vivir sin meta alguna, excepto la infinita búsqueda de trabajo, pues no solamente tiene un gran talento para jugar al hockey sino también para ser despedido de sus empleos. Pero su equilibrio conservador se trastocará cuando conozca a la enfermera (Juliette Lewis) de su abuelo (Donald Sutherland), quien muestra síntomas de un posible Alzheimer mientras que su fiel esposa lo acompaña. En algún momento, Duncan tendrá que elegir entre el frío de su tierra natal y una vida más templada en alguna ciudad de California.

Quienes deseen ver ese fenómeno misterioso llamado aurora boreal tendrán que buscar otra película. Aquí, el término no denota manifestación cósmica alguna: el abuelo dice verla desde su ventana, una afirmación antojadiza, pues todos los miembros de la familia la desestiman. Lo que Aurora boreal sí permite visualizar es el esfuerzo perpetuo por sostener la existencia e inventarle un sentido. Duncan quizás pueda dársela amando y estudiando, pero su abuelo, que no votó “a esa aberración humana con traje” (Bush), como sostiene en un test médico, sabe que pronto ya no sabrá nada: será olvido, pura incoherencia y malestar para los otros. ¿Por qué insistir?

Quizás Burke musicaliza en demasía, pero esto se compensa por el registro preciso de la ciudad, y, fundamentalmente, por la elegancia y profesionalidad de un elenco que transmite humanidad y carece del narcisismo típico de las estrellas.

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ASFIXIA / CHOKE, DE CLARK GREGG, EE.UU., 2008 (*)

La ópera prima del actor Clark Gregg, basada en la novela de Chuck Palahniuk (El club de la pelea), gira en torno a la vida de Víctor (Sam Rockwell), un adicto al sexo que trabaja interpretando a un sirviente irlandés del siglo XVIII en un parque temático. A menudo visita a su madre hospitalizada (Angelica Huston), quien padece demencia precoz. Madre soltera y una suerte de aventurera nómade, quizás haya concebido a su primogénito con material genético del hijo de Dios. Pero no todo es lo que parece, incluyendo la película, pues esta fallida comedia surrealista no deja de ser una interesante meditación desordenada sobre la contingencia de la identidad, y su tono cínico jamás eclipsa el dolor del personaje.

Las reseñas sobre estrenos en DVD han sido publicadas por el diario La Voz del Interior durante el mes de mayo y junio.

Copyleft 2009 / Roger Alan Koza

ESTRENOS EN DVD (1)

Abril 18, 2009

**** Obra maestra  ***hay que verla  ** Válida de ver  * Tiene un rasgo redimible ° Sin valor

Por Roger Alan Koza

DOMICIO DESCONOCIDO / UNKNOWN ADDRESS, KIM KI DUK, COREA DEL SUR, 2001  (*)

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Autodidacta, provocador, ex-militar, pintor, extrañamente popular en Occidente e impopular en su país de origen, Kim Ki-duk debe ser el único director coreano cuyo nombre no es ajeno a la audiencia vernácula. El fenómeno de Primavera, verano, otoño invierno… y otra vez primavera, esa película falsamente budista que tanto le debe a Mandala y ¿Por qué Bodhidharma se ha ido al Este?, lo convirtió en una suerte de gurú sofisticado de un difuso género en alza: el new age cinema.

 Dirección desconocida habrá de ser una desilusión si el espectador está ávido de experiencias transcendentales. Nada de incienso, artes marciales, mantras, simbolismos y prácticas ascéticas, a lo sumo un par de escenas con flechas, aunque lejos del bestseller Zen en el arte del tiro con arco. Lo que sí se podrá verificar es la genealogía de la violencia de todas las películas de Kim.

En efecto, esta película coral que transcurre en la década del ‘70 refleja con nitidez los efectos sombríos de la Guerra de Corea, la posterior participación de Corea del Sur en la Guerra Fría y la extensa dictadura del general Park. No se trata de una película de guerra, pero sí cómo ésta se interioriza. Así, Kim elige mostrar la vida de cinco jóvenes: un mestizo, hijo de un soldado estadounidense, cuya madre espera por una carta de su marido; una chica con un ojo enceguecido, hija de un héroe de guerra; un joven pintor, también hijo de un soldado condecorado; dos estudiantes patoteros obsesionados con la cultura yanqui. El resto de los personajes son “sobrevivientes” de guerra, aunque la presencia bélica por excelencia son los soldados norteamericanos de una base militar cercana al pueblo. Los aviones, los helicópteros, la pornografía, las drogas, la lengua inglesa atraviesan la vida cotidiana. No hay una historia particular, excepto la que se desprende de la interacción cotidiana de todos sus personajes.

El film más político de Kim hasta la fecha no economiza en metáforas: las vidas de estos hombres y mujeres son vidas de perros. En su característico lirismo grotesco, varios perros se molerán a palos, aunque en esta ocasión la violencia extrema no será sublimada por ningún bellísimo plano saturado de compasión budista.

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PIÑA EXPRESS / PINAPLE EXPRESS, DAVID GORDON GREEN, EE.UU, 2008 (**)

pineapple_expressCualquier película (y género) tiene derecho a existir. En el paraíso imaginario del séptimo arte, un filme sobre dos fumetas irresponsables pero queribles, que terminan participando en una suerte de guerra de pandillas vinculada a las drogas, posee la misma legitimidad que una película sobre la marginalidad o la esperanza. Aunque si uno mira sin prejuicios, Piña express no es ninguna tontería. En última instancia, ésta es una película sobre la amistad masculina, no exenta de un difuso erotismo, en donde se respira libertad y se ve una saludable anarquía narrativa.

El elegante plano inicial muestra un desierto y en esa nada se percibe una entrada camuflada. Es 1937. Dos militares se adentran a ese centro de experimentación clandestino del ejército: allí, un soldado lleva siete minutos fumando el artículo 9, una poderosa cannabis sativa que décadas más tarde se llamará “pineapple express”. Interrogado por un superior, el soldado responde con una pregunta: “¿Sabe cuál es mi problema con este circo llamado ejército? Muchos hombres”. Luego hace un llamado a la libertad. Dictamen del General sobre el artículo 9: “Es ilegal”. Los placeres no son convenientes para las sociedades puritanas.

 Después de este prologo, filosóficamente esencial, sigue un disparate, en donde Seth Rogen y James Franco (el primero un notificador legal, el segundo un dealer que vive en pijamas y vende la yerba en cuestión), en el transcurso de un día, quedarán involucrados con mafias diversas. Mientras escapan nacerá una amistad.

El productor (y a veces director) Apatow es conocido por Ligeramente embarazada y otras películas y series. Pero la diferencia de este delirio que remite por momentos a las películas de Cheech y Chong y varios títulos del género “buddy movies” es quién está detrás de cámara: el poeta cinematográfico de Carolina del Norte, David Gordon Green, un “familiar” de Terence Mallick, cuyo filme Legado de violencia destilaba todo su talento. Verlo dirigir este filme “menor” es una sorpresa, aunque si uno mira con atención los tiempos de las escenas, las persecuciones automovilísticas, y, en especial, toda la secuencia que transcurre en un bosque, podrá reconocer la firma de un cineasta. No se equivocaba Emmanuel Burdeau, el editor de los Cahiers du cinéma, cuando en un simposio en el festival de Nueva York celebraba la existencia de Piña express.

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El último bandoneón (**): Documental honesto y didáctico, aunque a veces en el límite del género, sobre el tango en general y el bandoneón en particular, en torno a la figura del gran Rodolfo Mederos y una de sus alumnas, Marina Gayotto. La película de Saderman se dedica a seguir los pasos de Gayotto, una joven bandoneonista que toca en los colectivos y que, tras una audición, estudiará con Mederos y formará parte de la Nueva Orquesta Típica. Un retrato multigeneracional sobre el tango, que, como dice Mederos citando a Macedonio Fernández, “es lo único seguro en la cultura porque no consulta con Europa”.

Esta reseñas fueron publicadas en el diario La Voz del Interior durante el mes de febrero y marzo.

COPYLEFT 2009 / ROGER ALAN KOZA